Disclaimer:No, los personajes no son míos –I wish- Son de Meyer.
Summary:Él la abandonó porque jamás significó nada. Ella quedó destrozada hasta el punto de ser irreconocible. Años pasan, y el destino los junta. ¿Qué haces cuando encuentras al único hombre capaz de destrozar tu ya muy jodido corazón? .OOC
N/A:¡Advertencia!, éste fic tiene lenguaje vulgar, sexo desenfrenado y drogas. Es Darkward y BitchBella. Por favor, si no estás en edad de leer ésto, cierra la página :D estoy segura que existen muchos fics que sean adecuados para ti. Quedan advertidas.
1.- Capítulo.
"Espejos"
Best of you.
By Mommy's Bad Girl
"Everyone's got their chains to break…Holdin' you" (Best of you- Foo Fighters)
BPOV
24 de Mayo del 2010
7 años después.
BIP, BIP, BIP
BIP, BIP,BIP
–¡PU-TA-MA-DRE! – Grité mientras tomaba el despertador y lo aventaba al piso. ¡Lo odiaba! ¡Maldita seas Leonardo da Vinci por inventarlo! ¡Mierda!
La luz perlada entraba por el ventanal de mi habitación. Diría que era un día hermoso, con los pajaritos cantando y globos de colores… pero la verdad era de que si habían cosas emplumadas o no cantando en mi ventana, si había globos con forma de un pene navegando por ahí en el aire, me importaba un cuerno.
¡Odiaba levantarme tan temprano!
Restregué uno de mis ojos con la mano y me estire completamente. Odiaba los lunes… me ponían de mal humor, era como si toda la energía se escurriera de el cuerpo y solamente quedara el cansancio del fin de semana. Y claro, con esto me refería al cansancio post- coital al que me enfrentaba Sabados y Domingos. ¡Bienaventurado seas sexo!
Una ráfaga de viento me azotó el torso y mis pezones se endurecieron. ¡Maldito aire acondicionado! Pero era necesario, los veranos en New York eran la cosa más caliente que existía. Me había mudado aquí hace exactamente siete años y aun no podía superar las temperaturas elevadas de un lunes por la mañana en mayo. Era como estar en un maldito horno. Tu eres el pollo y la ciudad es el calor que te rostiza.
El calor me hace pensar estupideces.
Gruñí y me levanté lentamente de la cama. El frío, por supuesto, llegó a partes inesperadas de mi cuerpo. Caminé hacía el baño y prendí las luces. Mil reflejos de mi se pintaron en la pared como por arte de magia. Sé que a la vista normal el hecho de que mi baño con todo y el techo tuviese espejos se vería como un monumento al egocentrismo. Pero, la única persona que sabía perfectamente el significado de aquello era yo, era una promesa la cual había hecho hacía mucho tiempo. Era una de esas que, aunque élhaya rotó, yo seguiría cumpliendo. Porque así era yo, a pesar de todo siempre cumplía lo que prometía.
Observe mi reflejo. Había experimentado cambios radicales, aunque mi rostro seguía siendo el mismo. Grandes ojos marrones combinados a la par del cabello que caía en ondas por mi espalda y llegaba casi a la cintura; Nariz recta llena de pecas que lejos de ser marcas horribles eran adorables. Abdomen que antes era natural pero ahora estaba marcado por dos finas líneas verticales a cada lado de ombligo gracias al ejercicio al que me someto diario. Senos que antes parecían pequeños, pero que ahora son la fantasía del hombre que los vea. El mismo lunar en mi segunda costilla, un labio más lleno que el otro aunque aun así, si no los observabas detenidamente no lo parecían. Piernas torneadas y eso que tenía entre ellas había dejado de ser inocente.
Todo por él.
Cerré los ojos y tome aire. Aun, después de tanto tiempo, me costaba trabajo poder hablar de lo que sentía, de lo que había vivido, de la herida que había cerrado. Porque si, el tiempo cura todas las heridas.
Y la mía la había curado.
Un tacto cálido y a la vez leve tocó uno de mis hombros, siguió por mis costados, bajó por las líneas de mi cadera y se detuvo en mi bajo vientre. Un aliento delicioso se escurrió por mi oído y aquella voz masculina que había oído tantas veces antes murmuró con tono grave.
–Eres tan hermosa…– Su boca besó mi nuca y yo me recargué en el, sintiendo su erección contra mi trasero.
Sus grandes y blancas manos acunaron mis senos y con la palma de estas presiono mis pezones. Un gemido bajo salió de mi boca. Amaba este contacto, cálido contra cálido. Me gire y levante la cabeza para poder observar esos ojos grises que tantas noches vieron como mi cuerpo reaccionaba a sus caricias. Baje la vista un poco más y pude apreciar con todo detalle sus labios entre abiertos, color rosa.
–Buenos días– Susurré antes de besarlo lenta y seductoramente.
Este era nuestro juego, llevar los límites del deseo hasta que este mismo explotara en el cuerpo.
Sus dos manos volvieron a tomar mi cintura y me giro. Ahora los dos frente a frente en el espejo.
Podía sentir las yemas de sus dedos acariciando lentamente la línea de mi espalda. Sus húmedos labios dejaban besos en mis hombros y mi nuca haciendo que varios escalofríos me recorrieran la espina dorsal.
El maldito sabía exactamente donde tocarme y como tocarme. Todo este tiempo de encuentros casuales nos había ayudado para conocernos el uno al otro. Para saber explotar lo que nuestros cuerpos necesitaban, eso que nos hacía prendernos de solo pensarlo. Aquello que a él lo ponía duro como piedra mientras estábamos en alguna junta en la oficina y que a mí me ponía empapada frente a algún grupo de inversionistas de solo imaginarlo.
Una de sus manos se metió entre mis piernas y pude sentir su dedo pulgar masajeando mi clítoris. Yo, en un acto reflejo restregué mi trasero un poco más contra su miembro erecto y un sexi gruñido salió por su boca.
Sonreí. Una sensación más allá del placer lleno mi cuerpo. Amaba ser la que causaba esos sonidos; ser la causante de que todas las mañanas se despertara con una erección gracias a mí y a lo que le hacía cada noche. Porque sí, era casual… a pesar de todo el era el presidente de la compañía y yo su mano derecha, la vicepresidenta. Pero al final éramos hombre y mujer, los cuales se deseaban en un principio y llegaron a un acuerdo. Antes que nada somos amigos, dentro de mi pent house o el suyo no había rangos ni cohibiciones, solo éramos él y yo sin títulos. Eso era lo que habíamos acordado y lo respetábamos.
Si él quería salir con otras mujeres ¡Bienvenido seas! Pero, obviamente siempre con protección. Al igual que yo, no me iba a amarrar solo a un hombre por el cual ni siquiera tenía sentimientos románticos. Todo era puramente sexual… porque la mierda,ese hombre te hacía ver las estrellas de una manera única. Por eso estábamos juntos.
Porque los dos sabíamos perfectamente que era lo que queríamos.
–Por favor…– Susurré en un gemido y tome el lavabo con las dos manos.
–Dime que es lo que quieres…– Gruñó en mi oído. Su dedo dejo de ponerle presión a mi clítoris y deje escapar un gritito.
–Te quiero dentro de mí. Ahora– Demandé y me agaché un poco más para restregarme contra él. Las sesiones de sexo matutino eran las que me ponían de buen humor para ir a la oficina.
Volvió a besar mi nuca y de un solo tirón su miembro entro en mí. Jalo un poco de mi cabello para que mi vista se encontrara con nuestro reflejo en el espejo. Una sola palabra para describirlo: erótico.
Mis manos tomaron más fuerte el cristal del lavamanos mientras sus embestidas iban en aumento. Una de sus manos estaba sujetando mi cadera y la otra pellizcaba mis pezones poniéndolos aun mas erectos. El silencio era cortado por los gemidos que salían de mi boca y de la suya. Su boca se acerco a mi hombro y lo mordió suavemente. El contacto de sus dientes contra mi piel hizo que mi excitación subiera a niveles inimaginables.
–Dime, Isabella¿Te gusta? Mira que mojada estas para mí– Murmuró en mi oído y su lengua lamio mi cuello.
–¡Más rápido! – Chillé y moví mis caderas. Una de sus manos se estampo contra mi trasero y yo gemí más alto. Me encantaba que me azotara cuando teníamos sexo. Era vigorizante.
Sus dedos volvieron a mi clítoris y comenzaron a hacer movimientos circulares en el. Mis piernas comenzaron a fallarme y tuve que poner más presión en las manos. Estaba cerca, lo sentía.
Nuestros gemidos hacían eco en el baño y nuestros reflejos multiplicados por mil en el techo y en las paredes hacían como si esto fuese una película pornográfica. Mi propia película para adultos.
Minutos después me vine al mismo tiempo que el. Los dos gritando nuestros nombres como si la vida se nos fuese en ello.
Recargué mi cabeza en su hombro y sus labios besaron mi cuello y mi clavícula. Nuestras respiraciones aun seguían aceleradas y mi corazón latía con fuerza. Sí, lo seguía diciendo, el sexo era lo mejor que el humano había descubierto.
Observé sus ojos grises y pude ver como una sonrisa se formo en sus labios, yo le contesté de regreso. Él independientemente de ser el que hacía que mi cuerpo vibrara era mi mejor amigo, mi confidente. El único con el cual me sentía realmente a gusto, aunque en el trabajo fuéramos compañeros.
Besó de nuevo mi hombro desnudo y se separo de mí, me giré y lo besé suavemente en los labios.
–Interesante manera de comenzar el día– Susurró y se separó de mi con una sonrisa.
–Es para que nos dé más suerte. Hoy veremos el contrato con la firma CM– Contesté y abrí la regadera para meterme a bañar.
–Veras que todo nos sale bien. Tú eres mi amuleto– Sonreí y lo volví a besar.
–Te diría que me acompañaras… pero dudo mucho que tu pene se quede tranquilo– Dejé escapar una carcajada.
–Oh bueno…- Una sonrisa egocéntrica se formó en sus labios– Dudo que tú quieras que mi pene se quede tranquilo.
Le saqué la lengua y me metí bajo el chorro del agua para limpiarme el sudor y otros líquidos.
–Bella, me marcho. Tengo que irme a mi departamento y cambiarme. ¿Nos vemos en la oficina? – Gritó y yo asomé la cabeza por la puerta de cristal para verlo. Sus pantalones de mezclilla en la cadera baja, dejando ver su "Camino hacia la felicidad"la marca de ese diseñador famoso viéndose en sus bóxers negros, su abdomen perfecto y marcado, sus brazos duros y sus hombros anchos. Reparé al final en su rostro, aquél rostro de niño que me había atrapado aquel primer día en New York y que desde ese día no había dejado mi lado.
No, no lo amaba… o bueno, si lo querías poner que lo amaba como mi mejor amigo, confidente, amante sí. Pero en forma romántica sería imposible. Y sabía, porque él me lo había dicho, que se sentía de la misma forma conmigo. Como antes había dicho… esto era puro sexo. Exploración y conocimiento. Era algo que hacíamos porque lo necesitábamos y porque nos gustaba. Entre muchas de las cosas que hacíamos en nuestro tiempo libre. Así que no… por más que quisiera, porque sabía que seríamos perfectos como pareja, jamás lo lograríamos. Él porqué odia las relaciones formales y yo porque a pesar de todo… dejé de creer en aquello.
Esto era puro y mero sexo y le agradecía a Dios por eso.
–De acuerdo, nos veremos en la oficina– Contesté y me volví a meter a la ducha porque el jabón comenzaba a arderme en los ojos.
–Hasta luego, Bella– Gritó y escuché como la puerta de la habitación se abría.
–Adiós, Emmett– Chillé y dejé que mis ojos reposaran bajo el agua.
Maldito champú de fresas, ahora mis ojos estarían rojos.
Bah….
