Disclaymer:No, los personajes no son míos –I wish- Son de Meyer.
Summary:Edward la abandonó porque ella ya no significaba nada, Bella quedó destrozada después de aquel último adiós en la banca de aquel parque. ¿Qué pasara años después cuando se vuelvan a encontrar? ¿El amor renacerá o la sombra del odio seguirá?
2.- Capítulo.
"Los autos son mejores que los orgasmos"
Best Of You
By Mommy's Bad Girl
"Where you born to resist, or be abused?" (Best Of You- Foo Fighters)
Mierda, Mierda, Mierda, Mierda
—¡Mierda! — Grité como histérica mientras tiraba los tacones de la temporada pasada a un lado de mí. ¿¡Dónde mierdas estaba Alice cuando yo más la necesitaba! O sí, en un jodido viaje de mierda en Aruba. ¡Qué MIERDA! ¡Jodida la hora en que se me ocurrió darle vacaciones!
Sí, te lo preguntas pero no obtienes respuesta ¿Cierto? Ella es mi asistente personal alias mi mejor amiga alias el duende que mantiene mi closet en perfecto orden porque si no pasa esto. ¡Parece como si el jodido huracán Wilma hubiera pasado por aquí! ¡MIERDA!
Caminé de regreso a la habitación y tomé mi Blackberry de la mesita de noche. Marqué el número dos y esperé paciente. ¡Me tenía que contestar! ¡No porque fuera mi mejor amiga le daba el derecho a no contestarme!
¡Dios mío! ¡Parecía lesbiana con tanta obsesión! ¡Urgh!
—¿Sí? Dime, Bella ¿Ahora qué no encuentras en tu closet? — Preguntó la duende con voz tranquila. ¿¡Cómo demonios hacía eso!
—Stilettos rojos, Marc Jacobs— Mascullé entre dientes. Me puse el teléfono en el hombro y lo detuve con la barbilla mientras comenzaba a abrochar mi camisa blanca. Hoy llevaba una falda entubada negra y saco a juego, todo cortesía de mis queridos amigos Dolce & Gabbana. La firma les había comprado el 32% de sus acciones el año pasado y ahora parte de sus colecciones eran mías. ¡Bendito sea Emmett y sus fetiches de que tenga ropa de diseñador!
—Segunda puerta, lado izquierdo, hasta arriba— Dijo y soltó una risita—. ¡Tranquila, Bella! Regreso mañana. Aparte, recuerda que parte de tu histeria es porque hoy es lunes… día de cansancio post- coital. ¡No entiendo como Emmett y tú pueden tener tanto sexo! ¿Sabes? Esto puede caer en ninfomanía y puede ser peligroso.
—-Jaja Mira quien lo dice señorita "Me-cojo-a-lo-que-se-mueva" ¿Cuántos van, huh? ¡Te puedo apostar a que te tirarías a Tyler si no fuera gay! — Murmuré mientras tomaba los tacones de la caja y me los ponía.
—¡Para tu mayor información ya me tiré a Tyler! ¡Lloró como niñita cuando se vino! Fuera de que fue bastante patético, me hizo reír— Dejé escapar una risita ante la imagen. Sólo Alice se podría coger al Gay más grande de New York y vivir para contarlo.
—¿Ew? No sé ni porque estamos teniendo esta conversación— Murmuré y fui al baño para lavarme los dientes.
—¡Ay! ¡Ahora si habla la célibe! En fin dime ¿Hoy firman contrato con CM? — Me puse un poco de brillo y arreglé mi cabello para que no pareciera la melena de Mufasa.
—Mmm-Hmm— Contesté y comencé a ponerme rímel. ¡Malditas normas de etiqueta para la oficina! Pero bueno ¿A quién quería engañar? Yo misma las había puesto. No me gustaba otra manera de vestir que no fueran Stilettos y ropa de diseñador. Cuando tenía 17 amaba mis tenis Converse y mis camisas de franela a cuadros, pero eso ya había pasado. Todo lo que me había gustado se había ido a la basura junto con él, junto con los sueños de una niñita inocente que había amado. Ahí fue a donde fueron a parar todas las comodidades y sentimientos, a la mierda.
—¿Y ya conoces al dueño? — Preguntó Alice del otro lado de la línea.
—No, pero apuesto a que es un anciano de ochenta años que necesita Viagra— Murmuré y lancé un beso al espejo antes de apagar la luz y salir del baño.
—¿Por qué siempre estas pensando en sexo?
—Uh, no lo sé. ¿Tal vez porque es la cosa más deliciosa que existe y rige mi vida como Hitler regía el holocausto? Bueno pequeña te dejo, tengo que llegar a la oficina. Te espero mañana a primera hora aquí en mi departamento— Tomé mi bolso de mano, eché las llaves de mi auto, mi iTouch, mi cartera y la cerré.
—De acuerdo, Is. Te quiero, mucha suerte— Y con eso colgué el teléfono. Yo jamás contestaba ese "te quiero", no estaba acostumbrada y sí, la amaba como mi mejor amiga, pero a menos que me estuvieran ahorcando con unas bragas de látex, no se lo diría.
Sabía que estaba mal, pero así era como mi vida se movía. Esa palabra jamás salía por más que quisiera y por ello había perdido muchas cosas las cuales amaba de verdad. ¿Triste no? Pero nadie vino aquí para vivir un cuento de hadas. En esta vida de sufre para conseguir lo que quieres, y si eso no sirve sigues. Aunque las cicatrices del pasado sigan ardiendo ante los recuerdos.
Llegué a los elevadores y pulsé la letra E que estaba marcada en negro. Observé la vista por el vidrió del elevador mientras bajaba 59 pisos. Sí, ¿Exagerada? Pero amaba la vista de mi Penthouse, era perfecta porque daba hacia el Central Park y me hacía sentir en paz, sentimiento que pocas cosas podían lograrlo. ¿Otra cosa que me traía paz? ¡El sexo! ¡Bendito Adán y Eva cuando decidieron tragarse la manzana!
La música de fondo comenzaba a hartarme, era de esas que ponen en los típicos cocteles de bienvenida en las compañías en donde a nadie le interesa conocer a nadie y aún así te obligan a socializar con estúpidos que sólo te miran los senos. Gracias a Dios que Emmett estaba siempre ahí para mantenerlos en su lugar.
El simple recuerdo me daba escalofríos.
Antes de salir del elevador me di el último vistazo en el reflejo del cristal y salí caminando rápidamente. Tenía veinte minutos para llegar a la oficina o estaría completa y totalmente tarde. Saludé a Mr. Smith el señor encargado del estacionamiento y me subí a mi Alfa 8c spider. Amaba ese auto, una de mis más preciadas posesiones y todo gracias a que Emmett me había obligado a acompañarlo a la presentación del maldito auto. En cuanto lo vi supe que tendría que estar en mi lugar de aparcamiento y justamente una semana después ahí se encontraba. Simple y jodidamente perfecto.
La alarma sonó, abrí la puerta y me deslicé en el asiento del piloto. El olor a los interiores de cuero negro llegó a mi nariz mientras el techo comenzaba a moverse para que el auto se hiciera convertible. ¡Una jodida maravilla deportiva!
Conecté el iPod y lo puse en aleatorio, cualquier canción estaría bien para comenzar el día. Metí reversa y salí de mi lugar. Levanté la mano para despedirme del Sr. Smith y salí a toda velocidad del estacionamiento.
Amaba el aire a ciudad, la gente pasando alrededor tuyo, los grandes edificios y los parques. Era vigorizante, sabías que había vida aparte de ti y eso era lo que me encantaba, que me mantenía con los pies en la tierra. Todo este tiempo desde que él había desaparecido había sido un cambio muy grande, y no sólo a lo físico me refería, por lo cual algunas veces mi mente volaba y olvidaba que había otras personas en mi vida aparte de mí.
Benditos cambios.
Ya no era aquella niñita de 17 años la cual con decirle un "Te amo" caía rendida a tus pies. Él me había mostrado que en este mundo no hay personas buenas, sólo personas con buenas intenciones que terminan deshaciéndose con el paso de sus acciones. Después de aquel día en el parque de Chicago me di cuenta de que todas esas ideas que me había formado desde pequeña en donde el príncipe azul llegaba a salvarte sólo eran puras fantasías. Ideas traídas de la mente de una pequeña que se dejó llevar por un par de ojos verdes y un cabello rebelde perfecto.
¿Dolida? No, la verdad era que esa fase ya la había pasado, Emmett me había ayudado a salir un poco del hoyo negro en el que me encontraba, aunque jamás le dije quién era el que me había metido ahí y el jamás preguntó. No eran necesarias las palabras para saber que fuese como fuese yo jamás volvería a confiar en nadie de la manera en la que confié en él.
Cuando llegue aquí un frío 24 de diciembre hace siete años conocí a Emmett en una cafetería que estaba cerca del humilde departamento donde me estaba quedando. La verdad era que no tenía dinero ni para un café, todo estaba contado para pagar la renta y mi escuela. ¿Mis padres? Ellos habían muerto años antes, Renée y Charlie fueron los mejores padres que una niña pudo haber pedido, hasta que un accidente automovilístico los arrebato de mis manos. Viví en un orfanato hasta que a los 16 una familia me adoptó, y si se me permite ser honesta… hubiera preferido morir en el accidente de auto con mis papas a vivir con la familia Denali. Fueron mi peor pesadilla hasta que lo conocí a él.
Mejor amigo de mi hermana adoptiva, Tanya… él cambio mi vida, me hizo ver los pequeños detalles de otra manera, me enseñó a amar… claro, si a eso le podemos decir que al día siguiente que me entregue a él, me rompió el alma. Pero bueno… hasta cierto punto lo veo como mi culpa ¿Quién me manda a confiar y ponerle tanta fe a alguien? Y no saldré con el rollo de que era demasiado perfecto para mí y que tengo la autoestima del tamaño de una papa… porque no es así. Más bien, él fue el que no fue suficientemente bueno para mí… fue él el que desaprovechó una muy buena oportunidad. Después de todo ¿Cuándo te encuentras una mujer como yo?
Aunque a pesar de los años sí le agradezco una cosa… el hecho de que me haya sacado de mi estado de idiotez y me haya mostrado el mundo tal cual es. Aprendí que el que ama ciegamente muere por estúpido.
¿En qué me quedé de mi historia con Emmett? Sí, lo sé… el pasado en el pasado. ¿Cuántas probabilidades hay de que me lo vuelva a topar? Una en un millón… y esperaba que el millón ganara. No creo que pueda… olvídalo. Prosigo con la historia del grandulón.
Ese día yo estaba viendo por la ventana las tazas humeantes de café y los pastelillos en las vitrinas. Mi estomago se moría de hambre pero no era una opción el darme ese tipo de gustos. Recuerdo que una mano toco mi hombro y me giré asustada para ver de quien se trataba. Muchachita incrédula y lastimada… sí, ésa era yo. Ahí parado frente a mí se encontraba el que ahora es mi mejor amigo, con dos tazas humeantes de café y un paquete de panecillos. Se presentó como Emmett McCarty y por alguna extraña razón… a pesar de que la confianza se había esfumado, me sentí protegida con él. Me invitó a sentarme y comenzamos a charlar. Dijo que me había visto parada viendo por el cristal y que se le hizo extraño que no entrara… algunas horas después yo ya estaba desnuda en su cama y el encima de mí.
¿Rápido? Ponlo como tu mente lo desee… pero desde ese momento nos hicimos inseparables.
Él me ayudó justo cuando más lo necesitaba… y siempre ha estado ahí para mí. Es el único hombre que realmente dejo que se me acerque, y no sólo en el aspecto físico. Unos meses después me ofreció trabajo en la empresa que comenzaba a formar… y ahora soy vicepresidente de una de las empresas más conocidas a nivel mundial por comprar acciones y destruir los pequeños mercados de trabajo que sólo quitan el tiempo a los mercados grandes que realmente sí dan dinero. Éramos McCarty- Swan Business. ¿Vaya nombrecito hugh? ¡Pero qué bien se sentía llegar al edificio y ver tu nombre gigante hasta el último piso de este!
Bajé la velocidad a segunda y me estacione a un lado del Bugatti Veyro de Emmett. ¿Obsesión con los autos? Sí, pero cuando tenias el dinero para comprarte bebés deportivos… créeme, así te quedes un año sin sexo te los compras. ¡Eran mejor que un orgasmo estos autos!
Tome mi iTouch, mi bolsa, le puse el techo a mi tesoro y bajé del auto. La alarma sonó mientras iba caminando a los elevadores. Respiré profundamente porque sabía que en cuanto las puertas se abriesen en mi piso, la máscara de tranquilidad que mi rostro tenía tendría que desaparecer. En mi trabajo no me conocían específicamente por lo amable que podía llegar a ser, en sí… nadie me conocía por mi amabilidad a excepción de Alice y Emmett. No permitía a nadie llegar tan lejos como para que conocieran al verdadero yo.
Suspiré y observé cómo las puertas se iban abriendo lentamente. ¿Recuerdan la tranquilidad? Bueno, olvídenlo… la oficina parecía un caos total. Gente moviéndose a velocidad irreal… y yo, bueno, yo tomándome mi tiempo. Por mí que el dueño de CM esperara… de todos modos aquí era yo la que compraría sus acciones, no él a mí.
Caminé a paso normal hacia mi oficina y al instante Amber, mi secretaria, salió de una esquina y comenzó a balbucear sobre mis citas. Realmente no le estaba prestando atención, me dolía la cabeza de sólo pensar en lo que tenía que hacer hoy.
—¡Sh, sh, sh! Amber ¿Podrías callarte por un maldito momento? Tu vocecita no me deja pensar. Antes que comiences de nuevo con tu parloteo quiero mi café en la oficina y un Croissant de los de la esquina— Murmuré con cansancio y me giré a ver a la pobre muchachita que se encogió y me observé con miedo. "Así es perra, tenme miedo".
—De… de acuerdo Srita. Swan— Contestó y se giró en sus talones para salir como una flecha a los elevadores.
Dios… ¿Qué no le había quedado claro el primer día que entro a trabajar aquí que no me molestara con su maldita voz de pito en la mañana? ¡Urgh! ¿Tenían retraso o qué? Menudo sueldo se le pagaba para que fuera una incompetente.
Negué con la cabeza y caminé hasta mi despacho. El gran cristal que se encontraba detrás de mi silla me dejaba ver toda la ciudad, era de piso a techo así que… bueno ¿Privacidad? Sí la había, a menos que se subieran a un helicóptero y estuvieran en el piso 45 para poder verte.
Entré, aventé mi bolso debajo del escritorio y me senté a la espera de mi desayuno. Quince minutos y no habría más… quince minutos o si no despediría a la inútil de mi secretaria. El tener hambre me ponía de malas.
Encendí mi Laptop y el signo de Windows apareció en la pantalla. Abrí mi Messenger y al instante una ventanita con un mensaje se abrió.
McCarty dice: Me gustan tus zapatos… pero me gustaría más como se verían enrollados en mi cadera ¿Sabes?
Sonreí. Sí, esto era todos los días.
Swan dice: ¿Ah, sí? A mí me gustaría más como se vería tu mano en…
McCarty dice: ¿En dónde? Vamos, bebé. Dímelo.
Me carcajeé, siempre tan predecible.
Swan dice: En mi pelo… ¿Sabes? Tengo un pelo muy bonito.
McCarty dice: Claro… lo logro apreciar cada vez que lo jalo para que te excites más.
Swan dice: Hm…Chico sucio ¿por qué no vienes a mi oficina y te enseñaré lo que es verdadera excitación?
McCarty dice: Voy en camino bebé, pero siento decirte que en media hora llegan los inversionistas de CM y no podré investigarlo :(
Swan dice: Media hora es más que suficiente. Te espero.
Una sonrisa idiota se formo en mis labios mientras esperaba a que mi "Amigo" llegara. ¿Media hora? Bah, con quién creía que hablaba… sería más que suficiente para que se viniera en mi mano.
Exactamente cuarenta segundos después tenía a Emmett entrando a mi oficina y poniéndole seguro a la puerta. ¡Bendito seas, sexo!
Sin decir ni una sola palabra me abalancé sobre él y lo bese salvajemente. Era uno de nuestros encuentros en la oficina donde tendría que ser rápido. Nos ayudaba a sacar la tensión antes de cerrar los tratos.
Lo empujé hasta que quedó sentado en el sillón que estaba frente a mi escritorio y rápidamente desabroché sus pantalones. El pobre había estado tan estresado las últimas semanas por este cierre de contrato que tendría que ayudarlo a relajarse.
Un gruñido salió de su garganta cuando mi mano rozo su erección. Abrí el ziper de su pantalón y saqué su miembro de los bóxers. Mis ojos se iluminaron, jamás me cansaría de verlo. Me hinqué en el piso y acerque su pene lentamente a mi boca. Un gemido de desesperación salió de la boca de Emmett y yo solté una risita antes de pasar mi lengua suavemente por su cabeza.
Lo tomé con las dos manos y comencé a masajearlo mientras que con mi lengua saboreaba su punta. Como era de esperarse Emmett movió su cadera en un acto reflejo y sus dos manos tomaron mi cabeza para marcar el ritmo. Sus ojos se conectaron con los míos y me excitó aún más el ver su rostro de excitación. Si hay algo que podía matar a Emmett era que le hicieran sexo oral en la oficina. Ese hombre estaba lleno de fantasías.
-Bella…- Jadeó- Tu boca se siente tan bien. Vamos bebé, más rápido.
Lo obedecí, pasando mi lengua más abajo. Él gimió y volvió a mover la cadera. Yo por mi parte estaba mojada, si no fuera porque teníamos media hora este jueguito terminaría realmente bien.
Afuera todos seguían trabajando… y eso lo hacía más excitante.
Emmett se enderezó y una de sus manos acarició mi espalda y llego a mi trasero. Yo solté un pequeño gritito cuando sentí una nalgada. Dios, este hombre iba a matarme.
—Ugh… Bella…— Gruñó y yo aceleré los movimientos con mi boca.
Pasaron cinco minutos y mi lengua seguía haciendo círculos en él. Los gemidos de Emmett cada vez eran más altos y sentía que estaba cerca de acabar. Levanté mi rostro y mis labios dejaron su miembro, pero seguí masajeándolo.
—Vente, Emmett… quiero que te vengas. Vamos cariño ¿No te gusta lo que te hago? —Una sonrisa se formo en mis labios al ver que comenzaba a tensarse.
—Bella… Dios… sigue — Gruño y momentos después se vino con un gemido. Me bebí todo, no era como si no lo hubiera hecho antes… aparte, no podíamos dejar rastros en la oficina.
Dejó caer su espalda en el respaldo del sillón y suspiró. Yo sonreí y me senté a un lado de él. Besé tiernamente sus labios y acaricie su mejilla.
—Wow…— Susurró y se comenzó a abrochar los pantalones.
—Sí, es una manera de decirlo— Contesté y caminé de nuevo hacia mi escritorio.
—Al parecer alguien hoy está muy ambientada— Comentó con una sonrisa en su rostro—. No te preocupes cariño… deja que salgamos de aquí y te aseguro que con lo que te voy a hacer en la noche… mañana no podrás caminar.
Me gire y los ojos se me iluminaron. ¡Sí! ¡Sexo duro!
—¿Lo prometes? — Pregunté con un puchero
—Lo prometo— Contestó y besó suavemente mis labios.
—Por cierto. Prepárate… en diez minutos llegan los de CM— Susurró, me cerró el ojo y salió de la oficina. Dejé escapar una risita cuando varios de los empleados observaron a Emmett con morbosidad. Sí, no era un secreto el que él y yo teníamos sexo… todos en la oficina sabían que él y yo éramos "Pareja".
Me levanté del asiento y fui al baño privado de mi oficina. Comencé a arreglarme el cabello que estaba despeinado gracias a las manos de Emmett y el maquillaje. Me observe en el espejo y no pude evitar suspirar por lo que se venía.
Si… los de CM no sabrían que les caería del cielo.
Ahora bien ¿Dónde había puesto mi bolsa de maquillaje?
Demonios… tendría que marcarle a Alice de nuevo. ¡El duende me iba a matar!
¡Urgh!
