Disclaimer:No, los personajes no son míos –I wish- Son de Meyer.

Summary:Edward la abandonó porque ella ya no significaba nada; Bella quedó destrozada después de aquel último adiós en la banca de aquel parque. ¿Qué pasará años después cuando se vuelvan a encontrar? ¿El amor renacerá o la sombra del odio seguirá?

5. Capítulo.

"Por más que desee que él se alejara de mi, soy lo suficientemente egoísta como para no querer que él se vaya de mi vida".

Best of you

"Or are you gone and onto someone new?" (Foo Fighters)

By Mommy's Bad Girl

—Uf… vamos Emmett… más, más… más rápido. Así… uf… la tienes taaaaaaaaaan grande. Y taaaaaaaan pesada— Gemí al ver el tamaño de aquella cosa tan gigante.

—¿Te gusta, Bebé? — Preguntó mi oso en un jadeo y mi mirada viajó hacia su abdomen que estaba bañado en sudor y era tan jodidamente sexy. Maldito Emmett y sus gotas de sudor.

Lamí mis labios.

—Me encanta…— Susurré sin aire y sentí sus manos sobre las mías. Amaba hacer este tipo de cosas con él porque de todas las personas que había probado, mujeres y hombres, él era el más experimentado para hacerme sudar de esta manera. Él era el unico que podía sacar ese tipo de sonidos de mi boca.

—Vamos, bebé. Puedes hacerlo mejor esta vez. Sólo siéntela en tus manos… déjate llevar. ¿Qué sientes cuando la tocas? — Mis manos recorren con firmeza aquel animal y siento que quiero desmayarme. Es tan… grande y… pesada, pero sé que cuando todo termine valdrá la pena. Mi cuerpo lo necesita, yo lo necesito.

¡LA HUMANIDAD LO NECESITA!

La pone encima de mí y al instante siento que el aire se me va de golpe y los pulmones se asfixian. ¡Es demasiado grande! ¡Demasiado pesada!

—Emmett, levántala. ¡Me está aplastando! — Grité histérica mientras intentaba moverme debajo de eso. De un momento a otro sentí que Emmett me quitaba de encima esa cosa gigante y yo sentía que Robert Pattinson bailaba desnudo frente a mi, o sea... me sentía endemoniádamente.

—¿Te encuentras bien? — Preguntó preocupado después de algunos segundos y yo tuve que respirar porque el aire me faltaba y mi corazón estaba muy agitado.

—Sí, sólo que me agarró por sorpresa lo grande que era— Murmuré y observé con rabia las pesas que ahora descansaban a un lado del banquillo.

Emmett y yo decidimos venir a hacer ejercicio al gimnasio que estaba cerca de mi departamento y ¡Mierda! Jodidas pesas estaban gigantes. Y como Emmett si podía cargar las más pesadas el idiota creyó que yo también podría.

E ahí el resultado de intentarlo. Me dolían las jodidas manos, pero al menos había sudado demasiado con el ejercicio previo que habíamos hecho.

Me levanté del banco donde estaba y, aunque sudorosa, abracé a mi oso. No sabía que hubiese hecho sin él en estos momentos.

—¿No quieres que te lleve al hospital? — Preguntó y le dio un beso a mi frente.

Negué contra su pecho. Lo que menos quería es que un maldito doctor pervertido me estuviera examinando y que me dijera que no podría trabajar o algo por el estilo porque me había lastimado.

Prefería… usar ropa de Sears… no, no. Prefería el doctor pervertido.

El simple pensamiento me dio escalofríos.

Me separé de Emmett y le sonreí, el bajo su rostro y me dio un rápido beso en los labios antes de caminar hacia nuestras mochilas y lanzarme una botella de agua. Sonreí… él sí sabía cómo tratarme.

Tome la toalla que estaba a un lado de mi maleta para el gimnasio y me sequé el rostro y el pecho.

—B, hoy tenemos la firma del contrato y para celebrar en la noche iremos a cenar con los de CM al "Sho Shaun"* — Murmuró Emmett observándome con recelo mientras tomaba agua.

Mierda…

Habían pasado cuatro días desde lo ocurrido en la sala de juntas y ejem… lo que sucedió con Emmett. Él no había hecho preguntas al respecto, me había dado mi espacio para poder arreglar lo que sea que tuviese dentro de mi loca cabecita y yo se lo había agradecido completamente. ¿Cómo le explicas al hombre que adoras y que te salvo la vida que tu pasado está de regreso y que por cierto usa traje Armani?

Im-po-si-ble.

Me había convencido mentalmente de que Edward estaba de paso en la ciudad, que lo odiaba con todo mi corazón, que era un pendejo, que si me volvía a tocar haría que se retorciera en un charco de su propia mierda hasta que su estúpido cuerpo de dios griego no se moviera y que en cuanto sucediera eso ahora sí bailaría desnuda a su alrededor cantando "Shala lala lalalaaaa lala" y sonreiría y inclusive me tiraría a Emmett frente a él. ¿Voyeur? Sí… ya lo habíamos hecho demasiadas veces antes ¿Por qué no ahora?

Mierda… ¡Qué buenos recuerdos!

Por último me había convencido de que realmente lo que había sentido era una secuela del daño que me había hecho. Era imposible sentir cariño por una criatura tan despreciable, por la persona que me había convertido en lo que ahora soy. Era un humano que no podía amar realmente por miedo, era fuerte pero a la vez era demasiado frágil en lo que se refería a mi corazón.

—Llevaré a Alice— Murmuré y me acerqué a Emmett quien ahora me veía con un brillo de curiosidad en su mirada.

—Entonces yo llevaré a Stacey— Sonrió y rodé los ojos. Stacey era la asistente/fucki-amiga/Affair/ te-voy-a-tirar-cuando-Bella-no-esté-de-humor & todas las mierdas fantasiosas de Emmett.

—¿Celos? — Preguntó y pude notar su tono juguetón. Negué con la cabeza inmediatamente por realmente no tenía nada a qué tenerle celos… Él siempre regresaba a mí, ese era el punto. Podíamos estar con quien quisiéramos siempre y cuando fuéramos los principales.

—No te preocupes, Bebé. No son celos ya que dudo demasiado que ella te pueda hacer lo mismo que yo te hago sentir con mi boca— Sonreí inocentemente y Emmett se carcajeo.

—Demasiada razón, nena. Demasiada razón…— Murmuró y se inclinó para besarme.

—¿Le gustaría ser mi cita para hoy, señorita Swan? — Preguntó a dos centímetros de mis labios y yo no sabía si asentir, golpearlo o llorar porque no me besaba.

—Sólo si me besas…— Susurré y él sonrió antes de unir, por fin, sus labios con los míos.

Amaba la calidad que provenía del cuerpo de Emmett. Era como si toda mi vida estuviese bien alrededor de él, como si mi cuerpo y mi mente estuviesen protegidos cuando sus manos estaban encima de mí. Era como el osito de peluche que solía tener para poder dormir por las noches.

—Cielo, me encantaría seguir con esto… pero si no nos vamos ahora no te vas a poder arreglar y créeme, sé que te pones histérica cuando no tienes tiempo suficiente y, aunque para mí ya eres hermosa, necesitas ponerte aun más— Susurró contra mis labios y yo suspiré. ¡Cuánta jodida razón tenía!

—De acuerdo, bebé— Contesté y me separé de él. Tomé mi maleta, metí mi botella de agua y saqué mi Blackberry para marcarle a Alice, era la única persona que conocía la cual podría vestirme decentemente en menos de- Chequé mi reloj- Dos horas…

Espera.

¿Dos horas?

—¡EMMETT! ¿¡CUÁNTO TIEMPO ME QUEDA PARA ARREGLARME! — Chille histérica mientras el idiota de mi oso se carcajeaba, me tomaba del brazo y me arrastraba hacia la salida.

—Si mis cálculos están bien, dos horas— Contestó y caminó hacia su auto. Me dio un rápido beso y me dio la espalda agitando su mano—. ¡Te recojo en dos horas, B! ¡No te pongas histérica! — Gritó sobre su hombro y yo marqué como desesperada a Alice mientras le quitaba la alarma a mi auto, me metía al asiento del piloto y aventaba mi mochila al asiento de al lado.

No dio ni dos timbrazos cuando Alice ya había contestado.

Hola, Isa ¿Qué pasa? — Preguntó y yo sonreí. Encendí el auto y aceleré, rebasando a Emmett que me veía con una sonrisa por su espejo retrovisor.

—Tú y tu pequeño culo tienen que estar en 20 minutos en mi departamento, me tienen que arreglar y me tienen que acompañar a "Sho Shaun" porque hoy nos juntamos con los de CM para celebrar la firma del contrato— Metí quinta y aceleré.

Tuve que separarme el teléfono del oído 10 segundos mientras Alice gritaba sobre vestidos y tacones, honestamente su voz tenía la capacidad de dejarme aturdida, pero no podía quejarme… ella era mi mejor amiga. En otros momentos la hubiera acompañado en su emoción, pero el dolor de cabeza que tenía no me dejaba pensar ni siquiera en las rebajas de Prada.

Uh… rebajas.

¡Concéntrate!

—Ok, ok… Alice, te veo en 20 en mi departamento. Un beso— Dije y colgué la llamada. Estaba segura que la duendecilla me iba a matar por haberle colgado, pero era eso o estar escuchando toda una plática con respecto a si el azul se ve mejor en mi piel que el negro.

Bleh.

Ok, tenía que empezar a mentalizarme que hoy iba a ver a Edward "Espero-que-te-mueras-muy-pronto" Cullen. Tenía que tranquilizarme porque no quería que me diera, de nuevo, el ataque de nervios que había experimentado el lunes. Dudaba que Emmett lo dejara pasar esta vez y honestamente… no quería demostrarle que era débil, que sólo por verle cambiaría mi vida de nuevo. Si bien, el me había orillado a ser como era ahora, y no lo cambiaría por nada del universo.

Esta era yo le gustara a quien le gustara y él no tendría opinión en ello.

Los primeros días sin él fueron increíblemente dolorosos, inclusive no los recordaba del todo bien. Caminaba por este mundo sin vivir... no era como si alguien me hubiese dejado, era como si alguien hubiese muerto. Como si yo hubiese muerto...

Como si realmente mi mundo hubiese pasado a manos de otra persona y yo sólo fuese un espectador de aquello a lo que llame "entorno" por tan poco tiempo.

Fue como morir en vida... respirar sin aire.

Amar sin corazón.

Apreté el volante hasta que mis nudillos se volvieron blancos.

Yo podría haberlo amado toda mi vida, hace siete años podría haber dado mi existencia completa por él, le había entregado mi corazón inocente…

Una sola de sus sonrisas me ponía de rodillas, una sola de sus palabras me cambiaba la vida… todo lo que él decía, todo lo que él hacia… todo era para mí una maravilla.

Todo esto era cuando tenía 17 años, sin rastros de una vida destruida.

Pero... como todo en esta vida, él era demasiado bueno para existir... La única persona que realmente no sabía porque seguía a mi lado, porque era lo más parecido a un ángel que conocía, era Emmett.

Bueno... a un ángel sexópata, drogadicto... y... con unas manos que me hacen ver las estrellas.

El punto en todo esto era que él era lo único bueno, aparte de Alice, que me había traído esta experiencia... eso y los millones de dólares, mi auto y mi apartamento.

Demasiado superficial, lo sé... pero aprendí del mejor.

Manejé como psicópata por los próximos cinco minutos hasta llegar a mi apartamento. Mi mente volaba entre vestidos, tacones, la cara del imbécil, la cara de Emmett... y... sexo.

Necesitaba sexo, locamente. Necesitaba... esposas, látigos, cera, cuero... necesitaba palabras sucias y todo eso a lo que Emmett me había tenido tan mal acostumbrada.

S

E

X

O

Hmm...

Llegué a mi lugar de aparcamiento y estacioné el auto. Tomé mi maleta, y baje de este, encaminándome hacia el elevador. Tenía muy poco tiempo para arreglarme, ya que lo que Emmett tenía de sexy, lo tenía de puntual... entonces tenía menos de dos horas para arreglarme.

Subí a mi apartamento, entré y aventé la maleta a "quien-sabe-donde" en el pasillo, me desvestí conforme entraba a mi habitación y me metí en el baño.

Sabía que la duendecita tardaría otros 10 o 15 minutos en llegar y en cuanto pusiera un pie en mi apartamento se iría directo a mi closet para sacar lo que sea que ya haya escogido en su loca cabecita.

Cuando el agua tibia pegó contra mis músculos hechos bola, todo mi cuerpo se relajó. Era como una buena dosis de sexo pero sin penetración. Aparte de que estaba frustrada desde hoy por la mañana. Emmett se la había pasado molestándome, tocándome de maneras inocentes que sabía perfectamente que me ponían más caliente que un jodido horno en una panadería.

—¿Se podía estar mas putamente frustrada? —Murmuré en voz alta, dejando que el agua cayera por mi espalda haciéndome sacar un gemido de dolor. Me cansé de estar de pie, así que abrí la llave para llenar la tina masajeadora o como Emmett solía llamarle "Tina-para-quitarte-el-estrés-con-sensaciones-bonitas" y me recosté. Todo el trabajo duro en el gimnasio me había puesto aun peor. Estaba de un humor asqueroso y todo por los jodidos calentones que, al parecer, Emmett disfrutaba hacerme. Hijo de puta.

Abrí las piernas y accidentalmente, el chorro del agua rozó la parte más cercana a mi entrepierna, mandando unas descargas deliciosas a todo mi cuerpo.

Si la montaña no iba a...bueno, me valía un cuerno como era eso, ni yo era la montaña ni el chorro era... Mahoma o esa mierda. El punto es que tomé mi decisión. abrí mis piernas y el agua caliente chocó gentilmente contra mi clítoris, aunque no era lo suficientemente duro, era constante y tenía presión. Se sentía putamente como el cielo... como...

Argh... sí... eso... más ¡uf! Así... dedos... Emmett... así ¡AH!

El jodido cielo era una mierda al lado de esto. Sí, sí... era como... ropa de segunda mano. No como si no lo hubiera hecho antes y no lo hubiese disfrutado, pero recientemente no había tenido la necesidad dado que Emmett siempre me mantenía satisfecha y sólo usaba esto cuando el maldito estaba de viaje y todos mis amigos estaban ocupados, raramente sucedía, pero se daba el caso. El muy maldito de Emmett sabía a lo que jugaba, le encantaba hacerme, literal, gruñir por estarme jodiendo con sus toques. Maldito.

Así que mientras el chorro de agua caía con fiereza, mis manos comenzaron a recorrer cada parte de mi cuerpo, desde mis pezones hasta mi entrepierna y de regreso. Podía imaginar que mis dedos eran los de Emmett largos y grandes. Me faltaba grosor y tamaño, pero mi mente era una jodida caprichosa, así que podía imaginar lo que quería, como lo quería y en donde lo quería. Tomé uno de mis pezones con un poco de fuerza, mientras la cara pre-coital de Emmett aparecía en mi mente como un anuncio de "Vacaciones pagadas a todo el mundo. Ven, disfruta y orgasmeate".

Mierda.

Solté un gemido, que mas bien sonó como si alguien me estuviera asesinado y mi cuerpo sufrió una descarga eléctrica que hizo que ese sonido se repitiera una y otra y otra vez. Emmett me las iba a pagar por esto. Dejé que mi mano cayera hasta la zona mas palpitante de mi cuerpo e introduje uno de mis dedos, sintiendo al instante que no estaba en el cielo, sino a cinco mil metros de él. Decidí que quería más así que juguetee con otro de mis dedos antes de meterlo, bombeando con mas fuerza cada vez mientras el agua seguía haciendo estragos en esa parte sensible de mi cuerpo. Mi cuerpo ya no sólo sudaba por los vapores de el agua caliente, sino que ahora sudaba por todas las sensaciones de las que Emmet me había privado últimamente y que sin darse cuenta, me estaba haciendo sentir en ese instante.

Juraba que por momentos podía escuchar su masculina voz murmurando en mi oído palabras que me ponían a 100 y que sólo él podía entenderlas.

Los dedos de mis pies comenzaron a doblarse y podía sentirlo muy, muy cerca. Comenzaba a tensarme y esos deliciosos escalofríos dibujaban mi espalda una y otra vez.

Más... sigue... más...

Así...

Y de pronto... el pendejo que menos quería ver apareció como un anuncio gigante en mi cabeza. Edward se presentó en mi mente en ese momento, justo cuando iba a venirme, justo cuando estaba todo casi listo. ¡MIERDA! ¿POR QUÉ APARECÍA? ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¿POR QUÉ?

Mi bien elaborado orgasmo se fue al culo.

Sus ojos verdes y helados eclipsaron cualquier tipo de placer que estaba sintiendo en ese puto instante. Mi mano busco más fricción con mi clítoris y mis dedos pellizcaron más duro mis pezones. Yo quería terminar, ¡YO NECESITABA TERMINAR O EL MUNDO IBA A SUFRIR LAS CONSECUENCIAS! así que me conforme mi visión e introduje otro dedo, tenía que llegar, o si no sería, oficialmente, la millonaria más putamente frustrada de la historia de las masturbaciones. ¡ARGH!

Duro... así... ¡AH!

Bombee con más fuerza, mientras recordaba aquella noche con Edward. No como si hubiera disfrutado mucho...en realidad dolió un puto infierno...literalmente, pero su rostro mientras me embestía desde arriba jamás había sido superado...por nadie.

¡Maldito Bastardo de mierda!

Solté más gemidos, estaba apunto de llegar...

Tan... jodidamente... cerca...

—¡Bella! — ¡NO! ¡NO! ¡POR FAVOR! ¡NO!- ¡Saca tu estrecho culo del baño o no llegarás a ningún lado! —La idiota de Alice me gritó, tocando con fuerza la puerta del baño y yo quise echarme a llorar en ese instante.

¿Que demo-

¿Ed-

¿Acas-

¡MIERDA!

¿POR QUÉ, COÑO, ME ESTABA MASTURBANDO CON LA CARA DEL PUTO IMBECIL? ¿QUÉ MIERDA TENÍA EN LA CABEZA?

¡Ugh! Me sentía enferma...

Él y luego... yo...

Y las manos... y ¡RAWR!

¿Qué jodidos había sucedido?

¡DIOS!

—¡YA VOY! — Grité con la voz ronca por mi "Casi-orgasmo" y me levanté rápidamente de la tina.

Sentía descargas en todo el cuerpo, pero también me sentía asqueada. ¿Por qué su cara había aparecido en mi mente? ¿Por qué él? De todos los hombres con los que había tenido sexo ¿¡POR QUÉ ÉL! No, no...

¡NO!

¡CARAJO!

Lavé mi pelo con el champú de fresas y lavé mi cuerpo con el jabón de fresias rápidamente e hice una nota mental para ir a comprar más jabón, porque se estaba terminado.

Me sentía confusa, quería saber por qué mi mente había sacado a... el pendejo de Cullen en ese instante. O sea, no pudo ser cuando estaba lavándome los dientes, viendo algún papeleo, cocinando... ¡NO! ¡TENÍA QUE SER EN EL PUTO MOMENTO EN EL QUE ME ESTABA MASTURBANDO EN LA DUCHA!

¡DIOS ME ODIA!

No, no... no... todo esto era el nerviosismo por verlo hoy ¡Eso era! Yo no podía excitarme por pensar en él... sí, de acuerdo, lo aceptaba. El paso de los años le había sentado increíblemente, y el hombre tenía un cuerpo para querer morirse y renacer en una de las células de su piel, pero ¡NO! ¡NO! Esto no podía pasar... yo no podía caer ¡ARGH!

Cuando terminé de enjuagarme, salí y me envolví en una toalla. Mi baño reflejaba mil veces mi cuerpo, en todas direcciones, de todas maneras, reflejaba mi rostro confundido, mis mejillas sonrojadas, mi ceño fruncido... No, no. tenía que estar bien para cuando saliera de este puto baño, no quería las típicas preguntas que sabía que Alice me haría. Necesitaba dejar todo este tema para luego, para cuando estuviera sola y tuviera tiempo de reflexionar por qué mierda ese imbécil había aparecido en mi mente. Dios... necesitaba a Emmett... lo necesitaba, ahora.

Necesitaba una linea de cocaína, Emmett... y ¡Argh! No, ya... ¡CONCENTRATE!

Abrí la puerta para salir hacia mi cuarto y escuché sonidos provenientes de mi closet, donde sabía que la duendecilla estaba.

—¡IIIIIIIISSSSSSAAAAAA! ¡PONTE LA ROPA QUE TE DEJE EN LA CAMA! ¡ES TARDÍSIMO! ¡POR DIOS! — Gritó Alice, asomando su cabeza por la puerta de mi closet y yo quise carcajearme en ese momento, a pesar de la puta situación. Parecía que la duende estaba entrando en crisis porque no encontraba lo que fuera que estuviese buscando en el closet, y eso jamás era bueno.

Asentí sin dejar de reírme y me giré hacia la cama, donde se encontraba un juego de ropa interior de "La Perla" en color negro y de encaje. Suponía que Alice comprendía completamente que yo no llegaría a dormir a mi apartamento hoy por la noche, ya que estaba escogiendo el tipo de ropa que volvía loco a Emmett y yo necesitaba volverlo loco. Necesitaba olvidarme de todo esto, necesitaba sacar su rostro de mi mente.

Me puse la ropa interior y Alice salió dos segundos después con un vestido negro en la mano, un saco en la otra y una caja de tacones debajo de su brazo.

—Listo, ahí. Póntelos ¡AHORA! — Chilló y se regreso al closet, donde suponía ya tenía su atuendo. Me enfundé en el vestido que me dio y me puse los tacones. Alice salió medio segundo después con un bonito vestido en color amarillo con negro y me arrastró hasta el tocador, sentándome frente a él.

—Veamos quien se verá más bella... si tú, o las mujeres de "Los Cullen" — Me guiñó el ojo y yo sonreí forzosamente.

Por primera vez en toda mi existencia, no me interesaba averiguarlo.

—Nos vemos en el Sho Shaun— Grité sobre mi hombro a Alice, que seguía sumergida en el baño y salí por la puerta. Emmett me había marcado minutos antes para decirme que ya iba en camino y decidí esperarlo en el Lobby. Mientras más rápido fuera todo esto, mejor.

—¡Los alcanzo en 10! — Gritó de regreso la duende y yo salí por la puerta y fui directa al elevador. Tomé mi Blackberry del bolso y abrí mi e-mail para checar si el abogado de CM nos había enviado la clausula global del contrato para ver si estaba todo en orden.

No había ni un solo correo de él... pero si había uno de una de las personas que más odiaba en este mundo.

Tanya Denali.

Suspiré y abrí el correo. Si bien, con los únicos con los que seguía teniendo contacto era con Carmen y Eleazar, ya que tenían varias acciones en nuestra empresa, pero con ella casi no me hablaba.

La muy estúpida me había buscado cuando se enteró que dirigía una de las empresas más famosas a nivel mundial y que mi socio estaba en el top 5 de los solteros más deseables del mundo.

Imbécil.

Ese día llegó como si fuera su casa, entró a mi oficina diciéndome "Hermana" y la mierda. Emmett estaba conmigo en ese momento y, de no haber sido por él, la hubiera matado a golpes. Alice tuvo que llamar a seguridad porque estuve a dos segundos de aventarle mis caros zapatos de diseñador. La estúpida de Tanya me pedía disculpas, ¿Disculpas?, Por Dios... tiempo después me enteré de que se había casado con un hombre que cayó en bancarrota y que ahora se refugiaba en casa de sus papis porque la "sociedad" jamás la vería igual.

Kate e Irina... ellas eran otro caso. Por lo que tenía entendido, Kate se había casado con un tal Tyler y ahora vivían en París, de acuerdo a lo que Carmen y Eleazar me habían dicho. Ahora, con respecto a Irina... ella se había venido a vivir aquí en Nueva York, era con la única, aparte de con los padres, que seguía teniendo contacto. Irina jamás se había portado del todo mal conmigo, más bien siempre me había ignorado al igual que yo a ella, por lo cual ahora teníamos una relación "Formal" Y aparte, a la perra no le convenía tenerme de enemiga porque yo era la dueña de la mitad de su empresa y si quería, todo se le iba al caño.

Ahora, con respecto a Carmen... esa mujer me sigue odiando, aunque dijera que no. El día en que nos reencontramos me observó de arriba a abajo como si no me conociera. Y, al ver que Emmett me tomaba de la mano, juraría que sus ojos casi se iban a salir. Fue divertido... La perra no supo qué le cayó encima. Con respecto a Eleazar, él seguía igual de serio y reservado, pero un brillo en su mirada cada vez que me veía, le delataba.

Sabía que me tenía cariño, aunque no lo demostrara, y con eso yo podría estar feliz.

Y bueno, básicamente el correo de la idiota de Tanya decía que iba a estar de visita en la ciudad la próxima semana y que si nos podíamos ver porque necesitaba hablar conmigo. ¿Esta perra qué quería hablar?

"Bella... discúlpame por haber sido tan maldita. Ahora ¿Me prestas tus zapatos de diseñador?"

Estúpida.

—¡Hey, B! — Gritó Emmett desde la ventanilla del auto y yo salí de mis lagunas mentales. Metí la BlackBerry sin contestar el e-mail, ya tendría tiempo de eso, y corrí hacia el auto de Emmett.

Lo juraba, cada vez que veía este auto me daban ganas de convertirme en cera y que me embarraran encima de él. Uf... sexo.

Me subí al asiento del copiloto, le di un beso a Emmett en los labios y me puse el cinturón de seguridad. Dejé mi saco en mi regazo, al igual que mi bolsa y me giré para ver al grandulón. Su musculoso cuerpo estaba enfundado en un traje a la medida Hugo Boss, color azul oscuro que al instante me hizo agua la boca.

Maldito...

—Bebé, te ves increíble— Murmuré con voz suave y me acerqué para darle un beso en el oído.

Un jadeo salió de su boca.

—B... — Advirtió, y yo me hice hacia atrás con una sonrisita. Siente lo que yo siento... maldito oso.

—E, no te quejes. Me has tenido igual toda la jodida semana— Mascullé y volví a enojarme al recordar lo sucedido horas antes en la ducha.

—Nena, sabes que sólo me gusta fastidiarte. Aparte... ¿No disfrutaste lo de ayer? — Preguntó y enarcó una ceja, aun viendo hacia la carretera.

Ayer... Esposas, su Jacuzzi, palabras... su lengua...

Un escalofrío me recorrió el cuerpo.

—Sí... tanto que hoy estaba en un intento por hacer una jodida repetición y Alice me lo arruinó— Murmuré distraídamente mientras me retocaba el maquillaje.

—Bella... — Gruñó Emmett a mi lado y apretó el tabique de su nariz.

—¿Qué sucede? — Pregunté inocentemente aunque por dentro me estuviera carcajeando.

—Eres increíble... — Contestó como si hubiera hecho el descubrimiento más grande del planeta y yo me reí.

—Lo sé... Pero... eso es lo que tú me causas— Metí el labial en mi bolsa y me arreglé los cabellos sueltos del moño que me había hecho.

—No sabes las ganas que tengo de dar media vuelta, llevarte a tu departamento, desnudarte y meterme en ti— Contestó y yo saqué un gemido involuntario. Sólo él...

—Emmett... — Volví a gemir y sentí como mi cuerpo comenzaba a tener las reacciones que ese hombre siempre me hacía sentir.

Una sonrisa se expandió en todo su rostro y a mí, a pesar de todo, me iluminó la noche.

El auto se quedó en silencio por varios segundos, segundos en los que por un extraño instante nuestra conexión se hizo aun más fuerte.

Emmett era mi vida, era como el pilar que me detenía a cada instante... no era sólo sexo, jamás había sido sólo eso. Desde el primer instante en que mis ojos se cruzaron con los de él en esa cafetería era como si el cielo me hubiera mandado lo "bueno" de mi vida.

Emmett podría tener sus defectos, pero era lo que lo hacían completamente perfecto. Sus padres eran unas personas increíbles las cuales habían criado a un hijo que valía más que todos los millones que pudiéramos tener en nuestra cuenta bancaria.

Esthela MCcarty y Stephen MCcarty eran los padres que todo niño desearía tener. Emmett me había llevado a conocerlos una semana después de que nos hubiéramos visto por primera vez. La casa de los MCcarty era una de las mansiones más gigantes de las afueras de Nueva York. Stephen era dueño de la firma de arquitectos más famosa del país y su madre era una muy reconocida cantante.

Cuando puse, por primera vez, un pie en esa casa, quise echarme a correr. Emmett tuvo que tomarme de la mano toda la visita porque, bajo el escrutinio de miradas, me sentía demasiado nerviosa. En un principio, Esthela y Stephen no me aceptaron del todo bien, pero con el tiempo se fueron acostumbrando hasta el punto en el que ahora ya era un miembro más de la familia. Desayunábamos todos los domingos en su casa e, inclusive, yo ya los sentía como si fuesen mis padres.

Esthela un día había comentado que, a pesar de que me amaban como una hija, sería increíble que Emmett y yo formáramos una familia. Ese día casi me ahogo con el vino de mesa que estaba tomando. Jamás condenaría a Emmett a vivir atado a mi, con todos mis cambios ariscos de humor. Él... urgh, esto era demasiado complicado.

—Emmett... — Susurré— Tanya me mandó un e-mail hoy. Viene de visita la próxima semana.

Los ojos de mi oso se posaron en mí por varios segundos, pero yo no levanté la mirada. Me sentí por un instante como si tuviera 7 años, bajo el escrutinio de mi padre y como si hubiese hecho una travesura. ¡Urgh!

—¿Y qué le dijiste? — Murmuró y la mano que tenía en la palanca tomó la mía.

—No le he contestado— Contesté y sonreí tristemente.

Todo volvió a quedarse en silencio.

Cinco minutos después Emmett estaciono el auto fuera del edificio donde estaba el restaurante y me abrió la puerta.

—¿Lista? — Preguntó y yo asentí.

—B, no dejes que esas personas te hagan desconfiar de lo que eres. Eres perfecta... para mí, siempre serás perfecta— Murmuró, besó mi frente y me jaló hacia el interior del edificio, y yo me sentí feliz.

Feliz aunque era cuestión de minutos para que viera la cara del imbécil.

Feliz aunque hoy hubiese sido un día de mierda.

Feliz porque con un sólo toque de su mano todo parecía perfecto.

Feliz... porque por momentos entendí que la vida de Emmett giraba alrededor de mi y viceversa.

Feliz, porque sólo él podía ser lo que yo más necesitaba y podía tener en ese instante.

Sonreí mientras subíamos por el elevador, con nuestras manos unidas, como siempre lo hacíamos cuando estábamos fuera de la oficina.

El elevador se detuvo y yo suspiré, sabiendo que mi muerte estaba del otro lado de esas puertas de metal.

Emmett tomó mi barbilla en un rápido movimiento y besó mis labios.

—Todo estará bien— Susurró contra estos y por un breve instante me olvidé de dónde estábamos, a dónde íbamos, a quién veríamos.

Todo desapareció, menos sus labios.

Pudieron haber pasado segundos, horas, días. Podría quedarme en esta posición un sin fin de tiempo, con él era todo tan... natural. Tan raramente natural que era casi perfecto.

Y ese casi se debía al PUTO GARRASPEO DE UNA PUTA GARGANTA QUE NOS INTERRUMPIÓ.

—Encantadora imagen... — Murmuró una aterciopelada voz frente a nosotros y yo en ese instante quise matar a alguien.

Cinco pares de ojos nos observaban desde la entrada del restaurante.

Y por milésima vez... todo se quedó en silencio.

—Esperamos no haber interrumpido su Romantica escena—La voz de Edward habló y mis ojos volaron directamente hacia los suyos. Ese verde que por años me había cazado ahora refulgía con intensidad, penetrándome. Haciéndome recordar lo de ésta tarde, haciéndome recordar siete años atrás; una noche, la luna danzante, una cama, palabras, besos, caricias, "te amo" mil veces y suspiros.

Me hizo recordar lágrimas y "Adiós" y ese último beso...

Y todo.

—No se preocupe, Sr. Cullen. No interrumpió nada que no pueda ser terminado después— Contesté con una sonrisa sardónica y me giré hacia Carlisle Cullen que me veía con una ceja enarcada.

Se escuchó una risa ahogada que reconocí como la de Jasper y un jadeo proveniente de alguien más. Emmett sólo apretó mi mano un poco más fuerte y yo seguí sonriendo. No porque el imbécil me recordara cosas, tenía que decir que dejaría mis barreras abajo.

Eso jamás.

—Sr. Cullen, un gusto volverlo a ver— Murmuré y Carlisle dio un paso hacia donde yo estaba. Necesitaba salir de esta situación antes que nada sucediese, o moriría en ese instante.

—Srita. Swan, Sr. McCarty, es un gusto... verlos—Contestó y sonrió. ¡Uf! Entendía de dónde había sacado el pendejo esa sonrisa tan increíble. Carlisle era portador de una de las sonrisas más perfectas que había visto en mi degenerada vida.

—Les presento a Esme, mi esposa— Con un movimiento de la mano apuntó hacia una hermosa... ¿Hermosa? Increíblemente bella mujer que se encontraba a su lado. Su cabello color caramelo caía por sus hombros y estaba enfundada en un hermoso vestido gris que gritaba por estar en mi armario. Sus ojos eran tiernos y de un hermoso color azul que penetraba hasta los huesos. Por un instante... me recordó a Renée mi madre.

—Un gusto, cariño— Dijo y dio un paso hacia adelante para darme un beso en la mejilla y un suave abrazo, el cual regresé. A Emmett lo saludó de igual manera y fue demasiado tierno ver la imagen de la pequeña de Esme abrazando a mi oso.

Casi... si no fuera por que alguien me estaba asesinando con su mirada verde.

Imbécil.

—Ella es Ever Von Teese, la novia de Jasper— Carlisle siguió la presentación y me encontré con una pelirroja, delgada, pequeña y con cara de bebe. Sus facciones eran tan angelicales que parecía una muñeca. Tenía los ojos de un gris tan claro que parecía blanco, su rostro era redondo y su piel tan tersa que parecía que en cualquier momento se fuese a romper. El color rosa de su vestido hacía resaltar más sus sonrojadas mejillas y el moño color cereza que traía en la cabeza la hacía ver aun más niña.

—¡UN GUSTO! — Chillo con un muy, exageradamente marcado, acento francés y al instante me di cuenta de que esta mujer rara no era de América. Me abrazó fuertemente antes de echarse a los brazos de Emmett y hacer lo mismo—¡OH POGH DIOS! ¡QUELLE ÉMOTION!* ¡HE ESPEGHADO TODA LA SEMANA PAGHA CONOCEGHLOS! ¡UF! ¡SON TAN BEAU* LOS DOS! ¡POR CIEGHTO, BELLA! ¡AMO TU BOLSO! ¡ES INCGHEIBLE! ¡Y EMMETT! ¡EGHES MÁS GUAPO DE LO QUE POGHIA IMAGINAGH!

Y así siguió chillando, tanto que por un instante me recordó a Alice.

—Buenas noches. Isabella, Emmett— Murmuró Jasper con un tono de voz serio y sus facciones endurecidas. Debía de decirlo, él si me daba miedo cuando estaba así. Se veía tan... poco Jasper. No era que hubiese convivido con él y que lo conociera a la perfección, pero él siempre había tenido este... carisma. Sí, carisma. El punto es que él siempre me había dado confianza, ahora... viéndolo de la mano de aquella mujer, que parecía más bien una niña pequeña, era como si el Jasper que yo había conocido se hubiese ocultado debajo de aquella mascara de seriedad.

—Jasper— Asentí con la cabeza y besé su mejilla. Emmett le dio la mano y proseguimos con el grupo.

Los elevadores de detrás de nosotros sonaron y escuché el sonido de unas zapatillas contra el piso de mármol.

—¡ISA! — Gritó Alice y yo me giré para verla. La pequeña traía un vestido amarillo con negro, unos tacones del mismo color al igual que su saco. Se veía increíble.

—¡Alice! — Susurré y me acerqué a ella—, Gracias a Dios que llegaste— Mascullé y Alice sonrió más brillantemente. No lograría pasar esta velada sin su ayuda

—Carlisle, deseo presentarte a mi mejor amiga y asistente personal. Mary Alice Brandon— La presenté y la pequeña saludo a todos con un asentimiento de cabeza.

—Alice, te presento a Carlisle, su esposa Esme. Jasper, su novia Ever. Y... — Me giré hacia el bastardo— Edward—"La persona más indeseable que he conocido en mi existencia"

—Un gusto— Susurró y un color carmín cubrió sus mejillas cuando sus ojos se posaron en el rubio frente a nosotros. Hm... raro.

—¿Pasamos? — Pregunté pero Carlisle negó con la cabeza.

—Espero que no les moleste, pero estamos esperando a Rose— Contestó y por el rabillo del ojo pude ver que la sonrisa de Edward se ensanchaba más y más.

¿Qué mierda estará tramando este hijo de puta?

—¿Quién es... — Mi pregunta se cortó por el sonido del elevador.

Todos nos giramos hacia las puertas y cinco segundos después la rubia más jodidamente buena y hermosa, sin caer en lo vulgar, se apareció frente a nosotros. Enfundada en un diminuto vestido rojo y unos tacones increíbles, su belleza me impactó. Sus helados ojos fríos observaron a todos por una fracción de segundo antes de que su perfecta y delineada boca roja rompiera en una sonrisa sarcástica.

—Familia... ya llegué— ¿En serio? Y yo que pensé que eras un holograma. Mierda, hasta su jodida voz era exuberante.

¡GHOSE! —Chillo la jodida ardilla francesa que estaba detrás de mi y por un instante quise ahorcarla a ella y a su vocesita castrosa.

—Rose, cariño... — Murmuró la aterciopelada y jodidamente perfecta voz de Edward y apareció en mi campo de vista. Tomó la mano de la rubia despampanante y la besó, para luego girarse hacia donde nosotros estábamos.

—Emmett, Isabella— Sus ojos estaban llenos de una mezcla entre burla y orgullo—, ella es Rosalie Hale... Mi prometida.

Y así, como 7 años antes... como aquel día en la banca de aquel parque... como aquellas palabras que se escurrieron por sus labios... Así como en esos momentos...

Así mi mundo, de nuevo, se vino abajo.