Ese verano me volvieron a invitar a la Madriguera. Todos los veranos deseaba regresar, aunque fuera una semana, con la familia Weasley. Lo cierto es que en mi casa las cosas no marchaban bien así que deseaba huir de mi familia.
La guerra, aunque todavía no había estallado, ya estaba tocando a mi familia. Mi hermano se había estado comportando de forma extraña, pero no pensé… Nadie en mi familia pensó que fuera a unirse…
Que fuera a ser un jodido Mortífago.
…
…
Ese verano fue Fred el que al principio estaba muy raro conmigo. Acostumbrada como estaba a contarle todo me chocó que me rehuyese. Lo cierto es que me sorprendió sobre todo por el fin de curso que habíamos tenido. Podría decirse que coqueteábamos sin parar, y cuando ese verano dejó de hablarme… Dolió.
Lo raro es que me dolió más que cuando George y yo dejamos de hablar.
Fred siempre había estado ahí para mí y me sentía realmente vacía sin él.
Joder, estaba hecha un lío. Primero pensé que George me gustaba y luego resultó que de quién estaba enamorada de verdad era de Fred.
Recuerdo una noche… como a los 4 días de llegar a la Madriguera que no podía dormir y tras dar muchas vueltas en la cama decidí dar una vuelta a pesar de que por la noche la madriguera da un poco de miedo.
Cuando salí al jardín vi una sombra en uno de los arboles más cercanos a la casa y me quedé paralizada del miedo apenas unos segundo hasta que distinguí la figura de uno de los gemelos por lo que me acerqué.
Cuando se dio cuenta de que me acercaba se tensó, como si se pusiera alerta y estuviera a punto de lanzarme un hechizo para defenderse de mí.
Me quedé parada frente a él, a apenas un metro de donde él estaba, mientras él me observaba en silencio. Le sonreí con una sonrisa forzada pues me había puesto nerviosa al reconocer a Fred.
Él suspiró sin dejar de mirarme en la oscuridad. Apenas se veía nada pero sus ojos castaños me miraban fijamente haciéndome sentir muy incómoda, por lo que desvié la mirada hacia las estrellas, que esa noche brillaban con especial fuerza.
Fred carraspeó para aclararse la garganta y se echó a un lado para que me pudiera sentar a su lado, cosa que hice sin decir una palabra. Tragué saliva y le miré.
De cerca se le veía mejor. Tenía la mandíbula apretada y miraba en dirección a la casa.
Estuvimos un rato en silencio hasta que me harté y simplemente susurré su nombre. Su respuesta la llevo grabada desde entonces. Puede que por lo abrupta e inesperada que fue o puede que porque resumió todo lo que sentíamos el uno por el otro.
"lo mejor es que le elijas a él… a George" Acabada la frase me miró a los ojos para comprobar que lo había entendido. Que había entendido que él sabía que yo le quería a él, a Fred. Que había entendido que George me quería a mí. Que había entendido que él no quería hacerle daño a su hermano. Que había entendido que en realidad él, Fred Weasley, también me quería a mí.
Mientras me miraba volvió a apretar la mandíbula con fuerza y en su cara se dibujó una expresión que nunca había visto en Fred, pero enseguida desvió la mirada de nuevo en dirección a la Madriguera.
"Fred, yo… No voy a ser capaz de hacerlo"
En sus ojos pareció adivinarse un destello de alivio y sus facciones se relajaron. Su lengua humedeció sus labios para hablar de nuevo pero no dijo nada, solo cerró los ojos con una leve sonrisa.
"Liz… Te quiero" Me dijo mirándome a los ojos. Mi corazón se paró, pero no por esas palabras sino porque sabía que no era lo único que iba a decir "Pero no puedo… hacerle esto a George"
De pronto me entró frío y comencé a temblar por lo que me abracé a mí misma intentando reprimir las lágrimas. Fred me cogió de la barbilla y, mirándome a los ojos me besó suavemente, tan suave como sólo un beso de despedida puede ser.
