Saciado
-¿Es suficiente?
La sangre había comenzado a bajar también desde la cadena alrededor de sus brazos. No era tan copiosa como para pertenecer a una arteria pero el olor fresco volvió a despertar la erección recientemente calmada de Luciano.
-¿Lo que preguntas es si ya estoy aburrido? Casi.
Pasó la hoja por la piel enrojecida debido al látigo que descansaba junto al cuerpo desnudo y sujeto a la mesa de torturas que ejercía para otro propósito aquella…noche transformada en mañana.
-Luciano…quedamos en que solo por un día. Tenemos cinco para nosotros. Debes encargarte de mis heridas o nos harán preguntas. Tengo tu marca por todos lados.
-¿Qué pasó con "Amo"?
Gino sonrió con cansancio, el filo del cuchillo cerca de su ojo y aún sin miedo.
-Mejor mastica esto.-sugirió Bradley, fingiendo fastidio, metiéndole el mango entre los labios hasta la garganta, ahogándole un gemido y bajándole la venda de cuero sobre los párpados.
Volvió a penetrarlo, desnudo como también estaba, con la lanza de carne levantada y aún solicitando una última atención antes del colapso. El miembro de Weinberg a penas y le respondió las bruscas caricias, reaccionando mejor ante los mordisqueos perezosos. Seis veces eran el límite de su dueño, aparentemente.
Luciano se carcajeó con malicia, clavándole las uñas en las tetillas.
-¿Y si simplemente te dejara aquí para violarte hasta que te secaras como una pasa o se me antojara comerte? Nadie sabe que has venido, después de todo.
Saboreó el temor de Gino antes de meter la llave en la vieja cerradura oxidada, liberando sus muñecas, permitiendo que él se arrancara la mordaza improvisada y la venda. A penas y lamió las heridas que aún sangraban brillosas en la luz tenue del sótano convertido en mazmorra para juegos de poder.
-¿Y qué de nuestro trato?-demandó saber sin aire lord Weinberg, sonrojado, acariciándole los cabellos mojados en sudor a Luciano.
Lord Bradley puso los ojos en blanco y procedió a transformar su succión de los cortes -que él mismo había hecho- en besos suaves.
