Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Indagaciones sobre los Lovegood.
Luna contemplaba a Sirius sin decir una palabra. El hombre tenía los ojos inmensamente abiertos, la mandíbula inferior de su boca entreabierta y, a pesar de no poder distinguirlo bien a causa de la penumbra, podía notar el asombro.
Sirius intentaba encontrar algún hilo conector en sus pensamientos que lo hiciera reaccionar de ese estado de estupefacción en el que se encontraba. Pero le resultó muy difícil lograrlo ya que en su cabeza no había nada más que aquellas palabras que había dicho la muchacha, palabras que resonaban una y otra vez sin darle descanso.
-¿Estás bien?- le preguntó Luna acercándosele un poco y mirándolo preocupada.
¿Bien? Se preguntaba cómo podría llegar a estar bien después de semejante confesión. Tal vez debía admitir su error y asegurar que McGonagall había tenido razón al decir que aquella idea era realmente absurda.
-Eh…- intentó hablar-¿Estás… segura de que me… amas?
Dijo aquella última palabra como si fuera una de las peores penurias que pudiera llegar a sucederle.
-Por supuesto- afirmó Luna con seguridad y convicción- Si no te amara no habría aceptado. Pero ya se me pasará.
Sirius estaba cada vez mas confundido.
-¿Se te pasará?- inquirió.
-Sí. Como te diste cuenta, los Skowtoas andan rondando. Estoy segura que uno me picó sin que me diera cuenta antes de entrar al despacho de la directora y por eso cuando te vi me enamoré.
Sirius mordió el interior de sus mejillas intentando no reírse. Aquella pequeña de verdad creía en esas cosas que para él eran desconocidas. Pero si para ella eso era excusa suficiente como para aceptar casarse con él no iba a desaprovechar la oportunidad que se le presentaba. Además, estaba seguro después de esta irracional explicación, si, verdaderamente, la pequeña sentía algo por él se le pasaría rápidamente cuando viera cómo en realidad era. No es que se considerara un hombre con muchos defectos (incluso muchas mujeres lo consideraban irresistible y encantador) pero tenía unos cuantos que estaba seguro que no gustarían.
-¿Y cómo sabes que es amor?- quiso saber.
-Es muy fácil- dijo ella como si fuera lo más obvio del mundo- ¿Qué sentiste la última vez que te enamoraste?
Él la contempló extrañado de nuevo, al principio con perplejidad pero luego con diversión. ¡Le encantaba esta pequeña! Siempre decía algo que lo tomaba por sorpresa.
-Jamás me enamoré- confesó sonriendo- Tendrás que decírmelo.
Luna sonrió.
-Ya lo sabrás cuando lo hagas. Si te lo digo, arruinaré la sorpresa.
-¿Qué sorpresa?
-La de enamorarse.
Sirius rió con ganas. Aquella conversación era completamente absurda, no tenía sentido pero ella decía todo como si estuviera completamente convencida de sus palabras. Seguramente lo estaba y Sirius no haría nada por contradecirla y arruinarle esa inocencia y felicidad natural que parecía sobresalir de la joven.
-Será mejor que me marche- dijo Luna mirando el cielo- Se está haciendo demasiado tarde.
Sirius asintió. Ya era demasiado tarde por la noche… y ahora que lo pensaba…
-¿Tenías clases tan tarde con la profesora Sprout? Ya era pasada la hora de la cena cuando aparecí en el castillo- le dijo mirándola con curiosidad.
-La profesora Sprout nos estaba mostrando la forma correcta de cultivar Lirios negros- explicó ella con calma-Y como sólo se abren de noche…
-Sí, entiendo- dijo Sirius- Bueno, Luna… Es verdad que tienes que irte pero no hemos hablado de lo esencial así que te propongo que nos veamos de nuevo. ¿Te parece?
Luna asintió sonriendo.
-Puedo salir mañana a la noche nuevamente- le indicó.
-Excelente. ¿Te parece que nos veamos mañana a las diez aquí?
-Sí.
Luna subió la capucha de su capa cubriendo todo aquel cabello rubio que parecía ser tan suave. Sin contenerse, Sirius se acercó a ella y cubrió mejor aquella cabellera y no tan accidentalmente rozó un mechón comprobando que en realidad sí era suave.
-No quiero que te descubran y te expulsen- le dijo a modo de excusar su comportamiento mientras daba un paso hacia atrás.
-No lo harán- aseguró Luna.
Ante sus ojos Luna desapareció. O al menos eso pensó hasta que bajó los ojos al suelo al sentir un suave ulular y contempló una pequeña lechuza marrón. No podía creerlo. La pequeña Luna era una animaga. La lechuza comenzó a mover sus alas hasta alzar vuelo. Dio un par de vueltas por sobre la cabeza de Sirius a modo de despedida y luego voló en dirección al castillo.
Sirius no borró la sonrisa de su rostro en todo el trayecto desde allí hasta su casa. Estaba seguro que no se aburriría esos meses que estaría casado con la pequeña Luna.
-¿Quién es?
Sirius alzó la mirada para ver a Lupin que estaba frente a él contemplándolo con los ojos entrecerrados.
-¿Quién es quién?- preguntó él a su vez.
-La mujer- contestó su amigo- No puedo atribuirle esa sonrisa a nada más.
-No es lo que crees- le aseguró sin dejar de sonreír- Es una mujer… pero no se trata de sólo sexo.
Remus resopló.
-¿No me digas que piensas que te enamoraste?- le preguntó.
-No, ¿Cómo puedes pensar eso?- le preguntó él mirando a su amigo como si hubiera dicho una atrocidad- Es sólo una… amiga que me ayuda a resolver ciertos problemas que se presentaron.
-¿Qué clase de problemas?- inquirió rápidamente Remus.
-Después te contaré bien- le dijo- Primero quiero hablar con ella bien para aclarar ciertos puntos.
-Sirius, no sé qué está pasando pero no me gusta nada de este misterio- le dijo serio- Somos amigos ¿No? Puedes confiar en mí.
Sirius puso los ojos en blanco. Claro que confiaba en Remus. Lo conocía de casi toda la vida y no podía pensar en una mejor persona para tener como amigo, pero el problema estaba en que si él le contaba la verdad cabía la posibilidad (y con eso quería decir que había cien por ciento de posibilidades de que sucediera) de que Remus no comprendiera la situación e intentara convencerlo de que lo que estaba por hacer era un error. Y él no tenía ganas de escuchar a su amigo ni a la mujer de éste (porque estaba seguro de que Hermione se enteraría) darle un largo discurso de porqué lo que estaba por hacer estaba mal.
-Confío en ti- le aseguró- Pero prefiero que hablemos más adelante de esto.
-Eso no augura nada bueno- comentó más para sí que para Sirius.
-No es nada tan malo- le aseguró con una sonrisa antes de levantarse y salir de la sala sin lograr tranquilizar a Remus.
Caminó hacia su habitación. Si esa noche, cuando viera a Luna, lograban llegar a un acuerdo respecto a lo que iba a ser ese "matrimonio" iba a entregarle el anillo que demostrara que pronto se convertiría en la señora Black. Rió divertido al imaginar lo que diría su madre, o mejor dicho, gritaría, si se enterase de lo que iba a acontecer. Y estaba seguro que el cuadro de ella que colgaba en la entrada lo haría cuando Luna viniera a vivir allí. Porque se suponía que tendrían que aparentar ser una pareja verdadera y vivir separados no era la mejor opción.
Entró a su habitación y fue directamente al compartimento secreto que había detrás de un viejo retrato de uno de sus antepasados. El anciano de la pintura sólo lo miró con desprecio cuando él dijo la contraseña que permitía la abertura de aquel compartimento. Metió la mano allí dentro y rescató del interior una pequeña cajita aterciopelada de color verde. La metió dentro del bolsillo interior de su saco.
Caminó lentamente hacia su cama y se recostó en ella colocando entre el respaldar y su espalda unas cuantas almohadas para mayor comodidad. Miró a su alrededor frunciendo el ceño. Todo parecía ser demasiado anticuado y necesitaba una urgente renovación. No sólo en esa habitación sino que en el resto de la casa. No estaba seguro que a Luna le gustase aquel sitio, probablemente no, ya que ella era una joven llena de vida y no encajaría en aquella casa tan oscura. Aunque, si lo pensaba, no conocía en absoluto a Luna como para saber qué le gustaba y qué no. Tampoco sabía nada de su familia. Se había enterado que su padre había sido el escritor del Quisquilloso, una revista que siempre lo divirtió incluso cuando sacaban tontas y absurdas notas sobre él; pero luego de que un grupo de mortífagos atacara la casa del hombre y éste resultara gravemente herido la revista había dejado de ser publicada. Así que no tenía idea de qué había sido de él ni cómo mantenía económicamente a su hija.
Tendría que preguntarle a Luna. Si, después de todo, ella iba a ser su esposa y, sin importar que fuera por un corto tiempo, sería descortés de su parte no conocer nada sobre sus gustos y su vida.
Esperó con paciencia, aunque en realidad, sin saber porqué, se sentía impaciente por volverla a ver. Bajó nuevamente a la cocina una hora antes de su "cita". Remus ya se había ido y no podía entretenerse con él. Pero podía ir a visitarlo y así, de paso, ver a Hermione e intentar robarle alguna que otra información sobre su futura esposa.
Asegurándose que llevaba el anillo todavía en el interior de su bolsillo desapareció de allí y reapareció frente a la casa de los Lupin. Todavía le costaba creer que su amigo se haya enamorado y casado con Hermione. No se quejaba, puesto que sabía que ambos se quería mucho, pero cuando se enteró se llevó una fuerte sorpresa.
Tocó la puerta con sus nudillos varias veces consecutivas con un ritmo que había adoptado para anunciar su llegada. En seguida ésta se abrió y dejó entrever a Hermione.
-Hola, Sirius- lo saludó ella sonriendo- Pasa, Remus está en la sala leyendo un libro.
No le extrañó escuchar eso.
-¿Nos acompañas, preciosa?- le dijo tendiéndole el brazo para guiarla empezando a planear el modo correcto para robarle información sin levantar sospechas.
Hermione sonrió mientras tomaba el brazo de Sirius. Ya estaba acostumbrada a esos coqueteos inofensivos del hombre.
Remus alzó la vista cuando los escuchó entrar y frunció el ceño, simulando estar ofendido por lo que veía.
-¡Traición!- dijo- ¡¿Quieres robarte a mi Hermione?
La joven se separó de Sirius y se fue a sentar al lado de su marido dejándole un pequeño beso en la mejilla.
Sirius se sentó enfrente de la pareja y sonrió al verlos tan felices. Él no necesitaba robarle la esposa a nadie, ya pronto tendría por unos meses una propia.
-¿A qué se debe esta imprevista visita?- le preguntó Remus a Sirius.
-¿A caso no puedo venir a visitar a mi buen amigo?- inquirió a su vez.
Remus y Hermione intercambiaron miradas cómplices que Sirius no tardó mucho en interpretar correctamente. Claro que aquel comportamiento no era normal en él. Su intento de no levantar sospechas se había ido a la mierda en cuanto hizo esa visita, pero ya estaba allí y no podía desperdiciar su tiempo.
-Si, necesito algo de ustedes- les dijo finalmente- Más bien… de Hermione.
La joven lo contempló confusa pero, como siempre, dispuesta a ayudar.
-Claro- dijo ella- ¿Qué deseas?
-¿Tienes algunas revistas del Quisquilloso viejas? Sólo leí algunas y siempre me gustaron. Sobre todos las que hablaban de mí.- expuso.
-Eh… creo que hay una caja con ellas y algunos periódicos por algún lado- contestó pensativa.
-Creo que están en el ático- indicó Remus.
Si al menos podían hacer leer a su amigo unas cuantas revistas viejas, ellos estaban medianamente contentos.
-Es una lástima que ya no las publiquen- comentó Sirius ocultando su verdadero interés.
-Es que el padre de Luna ya no puede hacerlo- explicó Hermione mientras se paraba e iba a buscar la caja.
-¿No puede?- preguntó a Remus que se había quedado allí.
Éste hizo una mueca.
-Xenophilius Lovegood nunca fue conocido por ser un mago completamente cuerdo- comenzó a decir Remus- No sé si te habrás enterado del ataque que sufrió a manos de mortífagos hace dos años…
-He oído algo.
-Bueno, después de que su parte de su casa se derrumbó sobre él quedó… mal. Muy mal, de hecho. Tuvo varios golpes en su cabeza que lo dejaron perturbado. La única que lo visita es Luna, su hija. ¿Te acuerdas de ella?
Sirius contuvo una sonrisa.
-Creo haberla visto- le contestó.
-Es ella la que se encargó de internarlo en San Mungo y, después, reconstruir su casa. Harry, Ron y Hermione la ayudaron. Pobrecita, es muy fuerte esa pequeña… y algo excéntrica.
En ese momento apareció Hermione con una caja mediana entre sus brazos.
-¡Aquí están!- le dijo entregándosela- Estoy segura que te entretendrás pero si quieres un poco más de lectura ligera puedes pasarte por la biblioteca de Grimmauld Place.
Sirius sonrió.
-Si, claro- fue toda la respuesta que le dio sobre el tema-Te agradezco por las revistas, Hermione. Será mejor que me vaya porque tengo una cita a la cual presentarme.
-¿A esta hora?- inquirió extrañada la joven.
-Cariño- le dijo Remus a su esposa- Se trata de una mujer.
-¡oh! Eh… entonces… intenta recordar su nombre, al menos- le aconsejó ella.
-Lo haré- le aseguró con sinceridad Sirius antes de salir de allí.
