Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Diciéndole a Remus.

Remus miró a Sirius inclinando levemente la cabeza a un costado sin estar seguro de haber entendido bien lo que su amigo le decía. Pero estaba seguro que debía haber algún error, posiblemente él se estaba quedado sordo…

-Podrías repetir lo que me acabas de decir- le pidió.

-¡Me voy a casar!- exclamó sonriente por segunda vez.

Él había estado pensando en cuál sería la mejor manera de decirle a Lunático que iba a casarse con Luna pero no había encontrado otra más apta que ser directo y sincero. Después de todo, su amigo lo conocía y ya tendría que estar acostumbrado a estos actos casi bruscos de él.

-No creo haberlo entendido- indicó Remus negando con la cabeza- ¿Qué cosa vas a hacer?

-Casarme.

-¿Quién?

-Yo.

-¿Qué vas a hacer?

-¡CASARME!

Varias personas de aquel bar donde estaban bebiendo aquella noche (uno muggle al cual lo había llevado Remus) voltearon para ver a la persona que había gritado. Sirius miró a cada uno de esos rostros sin borrar su sonrisa.

-¡Voy a casarme, amigos míos!- gritó en voz alta extendiendo los brazos al techo- ¡Voy a casarme!

Se escucharon aplausos, felicitaciones y deseos de buena suerte en todo el local.

Un hombre que se notaba que estaba bastante pasado de copas le dedicó una sonrisa torcida y levantó la copa de Whisky en forma de saludo.

-A la salud del novio- dijo aquel extraño.

Sirius levanto su jarro de cerveza e hizo el mismo gesto.

-A salud de la novia- brindó él.

-Sólo espero que la tuya no sea igual que la mía- comentó el hombre con la mirada brillosa producto del alcohol.

-No lo será- se aseguró Sirius- Yo sólo espero que la mía…

-¡Sirius!- gritó de repente Remus.

-¿Qué?- inquirió éste con aire inocente.

-¿Casarte?

-¡Por Merlín, Remus! Cualquiera diría que estás asombrado.

-Es que lo estoy.

-No entiendo porqué- dijo Sirius con calma mientras bebía un sorbo de cerveza.

-¿Por qué? Apareces en mi casa pidiendo que te lleve a un buen bar para celebrar, acepto, venimos acá y me dices que te casarás.

Sirius lo contempló impasible esperando a que su amigo saliera de ese estado de estupefacción en el que se encontraba.

-¡Te casarás!- repitió Remus-¿Con quién? ¿Cuándo? ¿Por qué?

-Con Luna, el viernes, porque el Ministerio me pidió que lo hiciera- respondió en el mismo orden en que habían sido hechas las preguntas.

-¿Luna Lovegood? ¡Por Merlín! Con razón fuiste a casa con esa tonta excusa de las revistas… ¿Ella lo sabe?

Sirius se sintió ofendido por aquella última pregunta.

-Claro que lo sabe. ¿Por quién me tomas?

-Lo siento, Sirius… Es que eres… Sirius Black. Yo pensaba que ya nada de lo que hicieras podría asombrarme pero veo que me equivoqué.

-Yo también pensaba lo mismo.

Remus tomó su jarra de cerveza y apuró un largo trago antes de volver a hablar.

-Sigo sin entender cómo es que te vas a casar.

-Ya te lo dije- le respondió- El Ministerio me ordenó casarme si no quería ser acusado de los cargos de fuga e intento de asesinato.

-Pero… ¿Con Luna?

-Ella se ofreció- le contó- Fui a hablar con Minerva para ver si podía ayudarme a escapar de esto y en eso Luna escuchó nuestra conversación.

-¿Y Minerva estuvo de acuerdo?

-No, claro que no. Ella intentó retener a Luna amenazándola con expulsarla. Así que por eso nos casaremos en secreto este viernes por la noche.

-Si Minerva se entera la expulsará ¿Quieres arriesgarla a eso?

-Pero no se enterará si nadie le dice. Además, no entiendo porqué hay tantos problemas si sólo será por un par de meses.

Remus lo contempló confuso.

-¿Qué cosa será por un par de meses?- le preguntó.

-Nuestros acordamos eso. ¡Yo no quiero quedarme casado por el resto de mi vida! Es… como un contrato de palabra que hicimos. Ella se ofreció a ayudarme como buena amiga que es.

-Sirius, ni siquiera le habías hablado antes de esto. Es un error. No puedes hacerlo- intentó convencerlo.-Luna es como un ángel demasiado infantil, algo excéntrica, pero inocente al fin y al cabo como un ángel… y tu, por el contrario, eres un demonio. Tanto por lo de diablo como por lo de viejo.

-¿Viejo? ¿Y eso me lo dice alguien que se acuesta todas las noches con una joven que es sólo un año mayor que Luna?

Remus se sonrojó.

-No es lo mismo.- intentó justificarse- Hermione y yo… Ella y yo somos más parecidos, nos gusta leer y aprender cosas nuevas… En cambio, Luna y tú son como el agua y el aceite.

-¿Cómo Voldemort y Dumbledore?- preguntó Sirius intentando crear una comparación más apta.

-¡Exactamente! ¿Así que te das cuenta de lo que quiero decir?

-Soy consciente de que Luna es demasiado inocente para mí pero… Yo no la voy a contagiar de alguna enfermedad incurable ni le voy a arruinar la vida. Ni siquiera pienso tocarla en este tiempo que estemos juntos.

-¿Y qué harás cuando el Reformador pida una prueba de que el matrimonio ha sido consumado?- inquirió Remus alzando una de sus cejas.

Sirius rodó los ojos poniéndolos en blanco.

-Estas normas del Ministerio son tan medievales- se quejó- ¿No pedían ver la sangre en la sábana?

-Sí, pero ya casi no hay mujeres vírgenes que lleguen al matrimonio por lo que tuvieron que adaptarse. Ahora sólo mandan a uno de sus secretarios.

-¿Y qué hace el secretario? ¿Mirar o participar?- preguntó divertido.

-¡Por Morgana, no!- exclamó Remus horrorizado ante esas sugerencias- Sólo encierra a la pareja en una habitación quitándole sus varitas por el tiempo que cree necesario.

-¿O sea que estaremos Luna y yo encerrados en una habitación hasta que a ese tipo se le dé la gana?-preguntó Sirius aunque aquello sonó más bien como una queja.

-Sólo hasta que crea que ustedes ya… quiero decir, hasta que tenga una idea de que ustedes ya…

-¿Hicimos el amor? ¿Tuvimos sexo salvaje? ¿Nos exprimimos como a dos naranjas para jugo? ¿Lo hicimos en todas las posiciones creíbles e inimaginables?

Remus contempló a su amigo en silencio por unos segundos.

-Estas demente- le dijo finalmente.

-Lo sé- respondió éste sonriendo.

-No vas a cambiar de opinión ¿Verdad?- quiso saber Remus.

-No voy a cambiar de opinión ni si me ofreces a Hermione por una noche- contestó Sirius haciendo enojar a su amigo.

-¡Eres un imbécil! Jamás vuelas si quiera a insinuar algo parecido- exclamó Remus mirándolo molesto.

-Tu preguntaste- contestó Sirius con aire inocente.

Salieron de aquel bar a los pocos minutos después de pagar y se aparecieron frente a la casa de los Lupin. Apenas lo hicieron, la puerta principal se abrió dejando salir a una furiosa Hermione.

-Ya se lo dijo- murmuró Sirius preparándose para otra bandada de palabras llenas de recriminaciones, reproches, gritos y quejas que finalmente terminarían en resignación porque, como le dijo a su amigo, no había nada en el mundo que le hiciera cambiar de opinión.