Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

La boda.

Él no odiaba a Hermione pero estaba tan furioso con lo que había sucedido que el sentimiento que le inspiraba era muy parecido a éste. ¿Por qué tenía que ser tan insoportablemente perfeccionista y sobre protectora con sus amigos? La muy embustera lo había amenazado ¡A él! Diciéndole que si no esperaba a que Luna terminara el colegio iba a ir a contarle tanto a los del Ministerio su plan… ¿Y qué fundamentos para enfrentarse a ella podría tener él ante eso? ¡Ninguno! Así que se había tenido que guardar unos cuantos comentarios despectivos hacia ella por respeto a su amigo y mirar para otro lado mientras la oía parlotear sobre lo importante de terminar los estudios. ¿Acaso no pensaba que para él también era importante que Luna terminara el colegio? Él le había dicho que en verdad le interesaba y que quería lo mejor para ella ya que tan generosa había sido al ayudarlo, pero Hermione lo había contradicho diciéndole que si eso fuera verdad no arriesgaría su estadía en el colegio de aquella manera. Pero no comprendía, ¿Qué riesgos podrían existir si nadie abría la bocota? Aunque, claro, alguien lo había amenazado con hacer precisamente esto.

Pero finalmente el día había llegado. El día en que desposaría a Luna Lovegood para hacerla convertirla en su esposa para el resto de los tres meses que duraría aquel matrimonio.

La última vez que había visto a Luna hacía sido esa noche anterior en la cual le contó a Remus sobre sus planes, pero se habían estado comunicando (aunque no se decían muchas cosas) mediante patronus. Nadie más que los Lupin, Luna y él sabría sobre la realización de aquel casamiento y lo prefería así ya que nadie podría evitarlo. Si alguien más le decía que no debía hacerlo estaba seguro que no iba a soportarlo y le lanzaría una maldición imperdonable sin miramientos.

-¿Nervioso?- preguntó Remus adentrándose en la habitación donde Sirius se estaba preparando.

-Ni un poco- le contestó sonriendo mirando su reflejo a través del espejo mientras se anudaba la corbata.

O al menos lo intentaba porque hacía años que no usaba un traje de gala y se le estaba complicando demasiado.

-Maldita sea- se quejó deshaciendo el nudo- Juro que es la última vez que permito que tu esposa se salga con la suya. ¡Mira que convencernos de vestirnos acorde a la situación!

Remus rió mientras caminaba a ayudar a su amigo.

-Aparta- le dijo quitando las manos de Sirius y encargándose del nudo-Te aseguro que no dirás eso cuando veas a Luna.

-¿Luna? ¿Ya llegó?- preguntó sintiendo repentinamente un nudo en la boca del estómago.

-Sí, hace una hora y Hermione la encerró en una de las habitaciones- le dijo Remus adoptando un aire indiferente pero prestando atención a las expresiones de su amigo.-¡Listo! Ahora sí quedó bien.

Sirius se volvió de nuevo al espejo y se contempló. Se veía patético.

-Definitivamente el traje de gala no es lo mío- murmuró haciendo una mueca de asco en su rostro.

-¡Vamos! ¿No me vengas a decir que no quieres verte bien para Luna?

Sirius se encaminó a la cama y se sentó en el borde de ella para ponerse los zapatos que estaban al lado de ésta.

-No necesito vestirme así para verme bien- le contestó- Yo siempre soy atractivo, incluso para los ojos de mi futura esposa.

O al menos eso creía, o esperaba, o deseaba…

-Necesitas que alguien te baje de esa nube, Canuto- comentó Remus mirando a su amigo mientras lanzaba un suspiro de resignación.

-¿Qué nube?- preguntó él- Yo soy una de las personas que más cerca de la tierra vive. Soy realista y no me dejo llevar por estúpidas fantasía. Fíjate esta situación. El ministerio quería que me casase, lo haré pero seré yo quien tenga el control de la situación, no ellos.

-Si a eso llamas tu estar en la tierra- musitó Remus.

-Exacto, Lunático- dijo.

Terminó de colocarse sus zapatos y se paró.

-Estoy listo- le dijo sonriente.

La ceremonia se realizaba en el mismo salón de la casa de Grimmauld Place. Remus y Sirius habían despejado aquel sitio, limpiándolo todo y agregado algunos floreros con Orquídeas y Gladiolos blancos por insistencia de Hermione. El timbre de la casa resonó por todos lados anunciando la llegada del ministro que los uniría en matrimonio. Ante esto no tardaron en oírse en seguida los gritos del cuadro de la señora Black.

-¡Maldito traidor de la sangre, vergüenza de la pura estirpe de los Black! ¡Maldigo a ti y a tu prometida el día de su boda! ¡Que el dolor los invada…!

Sirius, molesto, se apresuró a cerrar las cortinas del cuadro con ayuda de Lupin pero no sin antes gritarles unas cuantas palabras que a su vez resonaron por toda la casa.

-Arpía insoportable- exclamó luego de hacerla callar.

-Cálmate, amigo- le dijo Remus-Ve a la sala que yo atenderé a este hombre.

Sirius asintió y se encaminó a la sala. No tardó mucho en aparecer Remus junto al Ministro de casamiento. Este era un hombre bajito, que no sobrepasaba el metro y medio, pelado y con inmensos anteojos cuadrados de marco ancho. Daba bastante gracia su aspecto ya que usaba una inmensa capa negra que lo cubría por completo.

-Sirius, aquí está el señor Whither que llevará a cabo la ceremonia.- dijo Remus formalmente- Señor Whither, éste es Sirius Black, el novio.

-Un placer, señor Black- dijo el hombre con una voz finita y chistosa que hizo que Sirius tuviera que contener una risotada para no ofenderlo-Lo felicito por su compromiso.

-Muchas gracias, señor Whither- le dijo Sirius- Ya… mi prometida ya llegará y podremos comenzar.

Justo en ese momento entró, casi corriendo, Hermione usando un formal pero simple vestido.

-Estamos listas- dijo colocándose al lado de Sirius y haciéndole una seña para que mirara en la dirección de donde ella ingresó.

Éste miró hacia allí y, literalmente, se quedó con la boca abierta.

Jamás en toda su condenada vida habría imaginado que bajo ese aire angelical de Luna pudiera existir aquella mujer hermosa. Miro el inmaculado rostro que presumía unos labios que le parecieron carnosos y apetecibles como nunca antes, credos para torturar a los hombres que los contemplaban con licenciosos pensamientos. Y esos serenos ojos inocentes estaban adornados por pestañas claras y largas que parecían haberse multiplicado dándole un aspecto divino a su mirada. Nunca en su vida había visto una piel tal lisa y luminosa como aquella. Parecía tan suave, radiante, etérea. Y aquel vestido blanco que se aferraba a cada una de sus curvas, especialmente a la de sus pechos y sus caderas ligeramente redondeadas no hacía más que hacerle desear quitárselo. ¡Por Merlín! Sentía un extraño hormigueo en sus manos ante el intenso deseo que sentía de extenderlas y acariciarla. Era una extraña necesidad de asegurarse que no se alejaría en un segundo volando al cielo, como el ángel inalcanzable que semejaba ser.

Se veía tan joven y hermosa; y eso le hizo recordar lo viejo que era y que comparado con ella él era un anciano decrépito.

Una mano se interpuso entre sus ojos y aquella imagen de Luna que parecía ser una visión celestial haciéndolo regresar a la realidad.

-¿Estás bien, Sirius?- preguntó Remus con una sonrisa en sus labios.

Él giró el rostro hacia su amigo pero no pudo decirle ninguna palabra.

-¿No está hermosa?- preguntó Hermione con un brillo de felicidad en sus ojos- ¿No, Sirius?- insistió para que él alagara a Luna.

-¡No!- exclamó él asombrando a todos, incluso Luna que se sintió decepcionada- ¡No está hermosa! ¡Está…! ¡Por las barbas de Merlín! ¡No puedo encontrar palabras… ¡Despampanante!

Sirius casi corrió a donde ella estaba olvidándose por un momento que ese matrimonio no iba enserio. La tomó por la cintura y la atrajo hacia él. Luna abrió grande los ojos pensando que él iba a besarla dado que se acercaba cada vez más y más a sus labios. Entró en pánico. No estaba preparada todavía.

-Hoy no hay Skowtoas- dijo antes de que él llegara a sus labios haciéndolo darse cuenta de lo que había estado a punto de hacer.

Sirius parpadeó, como saliendo de una ensoñación, y luego sonrió.

-Me alegro- le dijo dejando un casto beso en la frente de Luna para luego ofrecerle su brazo- ¿Vamos?

Ella sonrió.

-Vamos. Si no es probable que los kink interrumpan.

Sirius asintió mientras avanzaba. ¡Qué importaba en ese momento los kink! Aunque no tenía idea de qué mierda eran. Avanzaron hacia donde estaba el Ministro. Sirius gruñó molesto al darse cuenta que aquel hombre no le quitaba la mirada al cuerpo de su prometida. ¡Era una vergüenza! ¡Iba a ir a protestar al Ministerio por haberle mandado a alguien tan idiotamente incompetente que babeaba por su mujer!

La mirada del señor Whinther se cruzó con la de Sirius y todos pudieron escuchar cómo el hombre bajito tragaba saliva ruidosamente antes de aclararse la cabeza y empezar a hablar recitando las palabras que por cientos de años habían unido a dos personas en matrimonio.