Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Primer beso.
Luna estaba sentada mirando el techo de la cocina mientras Sirius, Remus y Hermione charlaban. Pero ella no prestaba atención a lo que decían. Mantenía su mente en su padre, a quien le había mandado una carta diciéndole que se casaría con Sirius Black ese día. Él le había enviando una nueva carta a modo de respuesta en un pergamino de casi medio metro de largo donde le daba consejos valiosos para averiguar si su esposo se había convertido en un vampiro después de haber navegado por las aguas de oriente medio en busca de Nargles. Ella se había reído divertida al leer aquello porque la idea de que Sirius sea un vampiro le causaba gracia; claro que nunca podía descartar esa idea sin antes asegurarse bien pero no lo creía así.
Tal vez empezara con las pruebas al día siguiente…
De repente escuchó a su nuevo esposo hablar quejarse sobre el Ministro que los había casado y fue ahí cuando recordó la sospecha que había tenido al verlo.
-Creo que el señor Whinter es un semi-elfo- dijo en voz alta.
Todos se quedaron mirándola fijamente en silencio.
-¿No lo creen?- preguntó tranquila.
-Luna, los semi-elfos no existen- le dijo Hermione sonriendo nerviosamente lanzándole una mirada a su marido.
-Sí existen- le aseguró ella con convicción- Yo tenía un primo segundo que lo era. Pero un vampiro lo mordió y se transformó un semi-elfo vampiro que disfruta de beber sangre. Hace un par de años fue a visitarnos antes de que un grupo de mortífagos lo reclutara. Al final, lo mataron porque él había succionado un la sangre de varios mientras estaba limpiando una habitación.
Sirius rió divertido ante esa loca historia. Hermione y Remus rieron nerviosamente con suavidad sin saber qué decir.
-¿Por qué dices que el señor Whinther es un semi-elfo?-le preguntó Sirius.
-Porque es bajo, su piel está arrugada y miraba mi vestido fijamente… y todos saben que los semi-elfos detestan el color blanco.
Hermione ocultó una sonrisa tras su mano al ver la expresión de Sirius.
-Él no miraba tu vestido porque fuera blanco- le dijo enojado- Sino porque es un libidinoso viejo sátiro.
-¿Un sátiro?- preguntó asombrada Luna sin poder creerlo.
Había pensado que esos seres sólo existían en la imaginación de los muggles. ¡Cuando se enterara su padre de esto le iba a dar un ataque de la emoción!
-¿Eso quiere decir que tu también lo eres?- le preguntó Remus a su amigo sonriendo- También te quedaste mirando su… vestido.
Sirius le lanzó una mirada molesta a Remus y luego volvió a mirar a Luna que estaba toda ruborizada. Él sonrió. Sí, al menos Luna sabía que él no era ningún Sátiro y comprendía las razones por las cuales la había estado observando. Se veía tan adorable cuando se sonrojaba.
-Empezaré a preparar la cena- dijo Hermione levantándose.
-Te ayudaré- se ofreció Luna.
-No, no- se apresuró a responder ella- Vayan con Sirius a la sala, Remus me ayudará aquí. Ustedes son los recién casados y tienen que disfrutar estas horas antes de que llegue el secretario.
-Sí, vamos, señora Black- dijo parándose y tendiéndole la mano a su ahora esposa.
Luna contempló aquella mano durante unos segundos pero en seguida la tomó y se levantó. El entrelazó sus dedos y la llevó hasta la sala donde se sentaron en un viejo sillón verde oscuro doble.
Luna giró los ojos a su alrededor contemplando la sala. Era algo tétrica y oscura pero le gustaba así. Quién sabe cuántos seres aun no descubiertos podrían esconderse dentro de esas viejas paredes.
Su nuevo esposo le apretó la mano suavemente.
Estaba casada con Sirius Black, el hombre del cual se había enamorado gracias a una picadura de un Skowtoas y estaba reuniendo el valor necesario para pedirle que la bese. O tal vez ella debía acercársele directamente y hacerlo, esperando a que él respondiese. No lo sabía y le avergonzaba que él pudiese pensar que, además de loca, era atrevida. Porque a pesar de que no le afectaban demasiado los comentarios de los demás, ella sabía y escuchaba cada uno de los rumores que corrían por allí y sobre su apodo "Lunática". Y sin duda alguna le importaba lo que pensara de ella el hombre al que amaba.
¿El amor verdadero sería diferente al que producían lo Skowtoas? Le gustaría enterarse alguna vez. Tal vez tendría que encontrar a alguien de quién enamorarse de verdad, pero no lo haría por el momento. Ahora solo le bastaba con amar a Sirius.
-¿En qué piensas?- preguntó éste sacándola de sus pensamientos.
-En Skowtoas, en besarte, en el amor, en mi apodo, en rumores…- comenzó a decir pero Sirius la detuvo con un movimiento de su mano.
-¿Cómo puedes pensar tantas cosas…? Un momento, ¿Dijiste besarme?
Luna enrojeció. Tal vez ya había actuado de manera atrevida, pero aún así asintió con la cabeza. Ya lo había hecho y no había vuelta atrás.
Sirius sonrió.
-No me importaría complacerte si eso es lo que quieres- le dijo.
-Eso es lo que quiero- le contestó ella mirándolo.
Sirius inclinó su rostro hacia ella y bajo sus ojos hacia los labios de Luna y vio que se abrieron ligeramente. Tragó saliva sintiendo que la sangre comenzaba a recorrer a gran velocidad su cuerpo. No pudo resistirse a esa silenciosa invitación así que la besó. Lenta y suavemente, con un cuidado desmedido, presionó sus labios contra los de ella. Una corriente eléctrica recorrió cada parte de su cuerpo y casi gimió sobre su boca. Bajo él, la sintió estremecerse, y eso le dio ánimos para seguir.
Quiso sostenerla en sus brazos y presionarla contra él, pero este era el primer beso de ella. Él único primer beso que habría entre ellos, y quería que fuera especial. Que ninguno de los dos jamás se olvidara de él. Cerró los ojos e hizo que el movimiento de sus labios fuera aún más lento mientras permitía que sus lenguas se rozaran con la misma suavidad.
Se sintió mareado de placer. Este era, sin duda alguna, el beso más dulce que alguna vez había compartido con alguien, y estaba seguro que jamás podría haber otro más perfecto.
Sólo tocaba su boca con la de él, y la mejilla con la punta de sus dedos, que no eran más que un roce como alas de mariposa. Ella no estaba apretada en sus brazos, ni sus cuerpos se rozaban de manera provocativa. Sin embargo, con este más puro de los besos, ella tenía el poder de convertir su sangre en un simple polvo y hacer que el latir de su corazón se transforme en un zumbido.
El roce de sus labios era apremiante y lo hacía sentir increíblemente feliz. Sintió la tirantez en su pecho producto de la fuerte emoción. Fue entonces cuando se retiró, sintiendo la necesidad de respirar, pero a la vez de querer seguir besándola sin dejar que otra cosa interfiera entre ellos.
Sus dedos, que nunca dejaron de tocarla, la sintieron temblar nuevamente.
Intentó hablar, decir cualquier cosa, pero su corazón estaba tan desbocado, su respiración tan agitada y su cuerpo tan excitado, que su lengua se trababa dentro de su boca. Intentó tranquilizarse, pensar en cómo se sentiría nadar en plena noche de invierno en el Lago Negro…
-¿No te gustó?- preguntó con preocupación Luna al ver que Sirius no decía nada.
Sirius reprimió una maldición a sí mismo.
-¡Por Merlín! Luna… Me encanto.
La sonrisa que le obsequió la joven volvió a dejarlo sin aliento y a caldearle la sangre.
Quiso pegarse por tener esa clase de pensamientos hacia ella. Pero se había prometido que no la tocaría y él no rompería esa promesa. Luna se movió, inclinándose hacia él dejándole ver el nacimiento de sus senos, y le dio un casto beso en la mejilla.
-Gracias- le dijo sonriendo contenta.
Sirius sólo asintió sin decir palabra alguna. Algo le decía que esos meses que permanecería al lado de Luna serían los más calientes, frustrantes y largos de su vida.
