Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Noches de bodas (Sirius y Luna)

Sirius odió, nada más ver, al secretario que había mandado el Ministerio mucho más que al señor Whinther. ¿Por qué? Sencillo. El hombre era joven, de no más de veinte y pico de años, y mirada mucho más atrevidamente a Luna. Ni siquiera escuchó su nombre cuando se presentó. Sólo pudo ver aquella estúpida sonrisa que algunas mujeres podrían considerar sensual, esos ojos verdes que a él le parecían de enfermizos y ese cabello rubio que llevaba atado en la parte de atrás de su cabeza y que, según Sirius, lo hacía ver como un sucio Hippie. O así habría sido si no hubiera estado vistiendo un lujoso traje debajo de su reluciente capa.

Se acercó a Luna y la aferró con posesividad por la cintura mirando a aquel jovencito impertinente a los ojos retándolo a hacer o decir algo que no debiera. Pero el muy descarado sólo sonrió.

-Felicitaciones por este matrimonio, señores Black- les dijo- ¿Ya saben cuál es la función que a mí me compete?

-Sí- dijo cortante Sirius.

El jovencito impertinente asintió con la cabeza y le lanzó una mirada a Luna. Sirius gruñó suavemente haciendo que ésta lo mirara confusa ya que no comprendía el extraño comportamiento de su nuevo marido.

-Muy bien- dijo el hombre- Entonces, háganme el favor de entregarme sus varitas. Cuando yo me retire no los molestaré en llamarlos e interrumpirlos sino que simplemente éstas aparecerán en el interior de su cuarto. Sin más, que disfruten la noche.

Ambos tuvieron que entregar sus varitas e ingresaron al cuarto principal dejando que la puerta se cerrase detrás de ellos.

Sirius abrió inmensamente los ojos cuando vio que la antigua habitación oscura y tétrica había desaparecido dejando lugar a una que, a pesar de estar tenuemente iluminada con las llamas de las velas, daba la sensación de calidez, confort y romanticismo. No le cupo duda de que Hermione había tenido que ver con todo aquello pero lo que no se explicaba era el porqué de tal cosa. Tanto Remus como ella sabían que nada iba a suceder esa noche (ni las demás, se recordó). Miró a Luna y noto que la expresión de ella era de asombro, como la de él. La escuchó lanzar un suspiro y murmurar unas palabras que no logró escuchar bien.

-¿Dijiste algo?- le preguntó.

-No- dijo ella demasiado rápido.

-Y… Sólo nos queda esperar- comentó con calma Sirius mientras iba a la cama y apartaba las blancas sábanas de seda- El baño está en aquella puerta- le dijo señalando.

Luna asintió y se encaminó hacia allí con un neceser pequeño en el que Hermione había colocado sus pertenencias.

Mientras tanto, Sirius aprovechó para comenzar a desvestirse. Batalló unos segundos con el nudo de su corbata hasta lograr sacársela y luego se quitó el molesto traje. Odiaba al maldito secretario por no permitirle tener su varita, al menos, si la tuviera, podría haberse desvestido más rápidamente. Fue a uno de los armarios que había allí, grande y de madera tallada, y sacó su pijama que consistía en un simple pantalón de seda azul oscuro. Se lo colocó y fue a acostarse en la cama colocando sus manos detrás de su cabeza sobre la almohada. Cerró los ojos intentando no pensar en que a unos pocos metros de él se encontraba Luna desvistiéndose.

Fracasó desastrosamente en el intento.

Maldijo en voz baja por tener esa clase de pensamientos libidinosos hacia su nueva esposa. Claro, en cualquier otro caso ese no sería un problema ya que los maridos, por lo general, terminan llevándose a la cama a sus mujeres antes del matrimonio. Pero en él, la situación era muy diferente. Tenía que recordarse que Luna era su amiga. Tenía que concentrarse en ese hecho y no perderse en pensamientos como acariciar la suave pie de sus pechos con sus dedos o su lengua… No debía pensar en volver a besarla mientras deslizaba sus palmas por las curvas de su cuerpo sintiéndola temblar y gemir mientras él lo hacía...

¡Detente!, gritó la parte cuerda de su mente porque su cuerpo comenzaba a sufrir las consecuencias de esas imágenes ficticias.

Abrió los ojos rápidamente y se encontró con la mirada curiosa de Luna.

-¿Te encuentras bien?- le preguntó ella.

-Eh… Sí- se aclaró la garganta porque le parecía que voz había salido demasiado ronca- Sí, me encuentro excelente- así estaba mejor.

Luna se subió al otro lado de la cama y se sentó con las piernas cruzadas. Sirius la contempló y reprimió un suspiro de alivio. Por lo menos ella no usaba nada provocativo. Más bien, llevaba puesto un infantil pijama de pantalón largo y camisa de una tela rosa estampada con ositos de felpa.

-Lindo pijama- le dijo sinceramente sonriéndole.

Luna se sonrojó y él no entendió porqué. Lo que Sirius no sabía es que Luna había descartado en verdadero pijama que Hermione le había reservado para ella en esa noche. Tuvo un ataque de pudor y no logro encontrar la valentía necesaria para usar aquel diminuto pijama de ceda y encaje que dejaba poco a la imaginación.

Sin saber qué hacer ni cómo abordar el tema del plan que ella había diseñado para ahuyentar rápidamente al secretario comenzó a hacerse una trenza en su cabello sintiendo la mirada penetrante de Sirius. Lo contempló de soslayo y tuvo que hacer un gran esfuerzo para que su mirada no recayera demasiado tiempo en aquel pecho bien formado. Se mordió el labio inferior y apretó sus manos en su cabello conteniendo el impulso de extenderlas y tocarlo.

-Espero que el idiota ese se vaya pronto- dijo Sirius con tono molesto.

-Yo sé qué podemos hacer para lograr que se marche- indicó finalmente ella mirándolo a los ojos y con media sonrisa en sus labios.

...

Del otro lado de la puerta se encontraba el secretario recostado contra la pared con aspecto aburrido. La pareja llevaba más de quince minutos allí dentro y él no tenía ningún indicio de si ya podrían estar consumando el matrimonio o no. Aquello daba para rato aún.

Detestaba su trabajo. Se sentía como un idiota metomentodo cuando le tocaba hacer esto o tenía que enfrentarse a parejas tímidas que no parecían querer colaborar y tardaban horas y horas en lograr "Finalizar con el proceso de consumación".

Al menos, en este caso, podía soñar despierto con la bella novia. Sonrió al recordar la mirada asesina del señor Black cuando él se fijó en su nueva esposa. Pero aquel viejo se iba a tener que acostumbrar a que los demás hombres hicieran eso. La nueva señora Black era hermosa. Se preguntó como habrá hecho aquel tipo para lograr conquistar a un ángel como ese. No era usual que bellas jovencitas se casasen con viejos ancianos ex presidiarios… ¡Maldito afortunado!

Suspiró. Esperaba que ellos no tardasen demasiado.

Fue en ese momento cuando comenzó a escucharse unas especies de gemidos suaves femeninos. Abrió grande los ojos y agudizó sus oídos. Sin duda alguna, esos gemidos era los de la nueva señora Black. Gemidos que fueron aumentado de intensidad hasta hacerse gritos.

-¡Aaaahhh! Siiiiriuuussss…- se escuchó del otro lado de la puerta- Siiiiiii… ¡Más! ¡Por favor! ¡MAS! ¡Te quiero entero!

-¡¿Quieres más?- preguntó el señor Black-¡Te daré más!

-¡Ssssssssiiiiiii!

Nuevos gemidos de parte de los dos.

-¡Uuh! ¡Síii! ¡Dale! ¡Aaaahhh!

-Yo te voy a hacer disfrutar… Sólo yo soy tu dueño y el que te da placer… ¿Quién es tu dueño?

-Tuuuuuuuuuu…. ¡Siiiiiii!... ¡Siiiiiriiiiuuuuuuussssss!

La respiración del secretario se había acelerado al escuchar aquellos gemidos de la esposa de Black. Se dio cuenta que estaba respirando agitadamente y que si no se iba pronto iba a terminar avergonzándose a sí mismo. Hizo aparecer las varitas en la habitación y rápidamente se marchó de allí.

Cuando Sirius y Luna vieron sus varitas sobre la mesa se miraron fijamente y luego estallaron en sonoras carcajadas. Ambos estaban vestidos y la cama estaba arreglada. Lo habían engañado perfectamente.

La idea de Luna había salido a la perfección.