Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Primer día de casados
Sirius se despertó y lo primero que sintió fue que alguien estaba acostado sobre su pecho, alguien que sin duda era una mujer por el suave perfume a jazmín que desprendía. Abrió los ojos y vio una cabellera rubia. Intentó recordar si había buscado a alguna mujer pero no lo recordó. Después de forzar su mente poco a poco fueron volviendo a él algunos recuerdos de lo que había sucedido el día anterior.
Sonrió.
Se había casado con Luna y la que dormía con su cabeza apoyada sobre su pecho, una mano cruzándose por sobre su estómago y las piernas entrelazada con las suyas no era nadie más que su mujer. Qué bien se sentía aquello. Nunca imaginó que le gustaría despertar así y desear que aquello se repitiera todas las mañanas. Pero no debía olvidarse que sólo ocurriría cada vez que el molesto secretario que mandaba el viniera a comprobar que lo suyo no era una farsa sino un matrimonio de verdad y sólo durante los tres meses siguientes. No dudaba que iba a extrañar estos momentos tan íntimos.
Sin querer despertarla volvió a cerrar los ojos y se durmió nuevamente con una sonrisa tirando de sus labios. A los pocos minutos fue Luna la que se despertó. Al darse cuenta de cómo estaba durmiendo todos los colores rojos volaron a su rostro. Intentando no despertarlo se apartó y con mucho cuidado bajó de la cama para ir al baño. Se cambió con prisa y cuando salió de aquel cuarto Sirius aún dormía. O eso creía ella porque apenas se cerró la puerta, éste abrió los ojos y rió divertido ante la suma inocencia y timidez de su nueva esposa.
Luna bajó las escaleras rogando que la imagen del pecho desnudo de Sirius desapareciera de su mente y que ese calor repentino que había comenzado a sentir cuando se despertó, literalmente, sobre él también se esfumara. Pero cuando llegó a la cocina sus mejillas aún estaban algo sonrosadas y Hermione, que preparaba el desayuno se percató de esto al voltear para saludarla.
-Buenos días, Luna, ¿Cómo pasaste la noche?
-Bien- contestó ella mientras iba a ayudarla - ¿Y tú?
-Muy bien- contestó Hermione algo ruborizada-Dormí como si estuviera en mi casa… ¿El secretario tardó mucho en irse?
Luna no se percató del repentino cambio de tema que hizo Hermione. Algo realmente raro, pero estaba demasiado perdida en sus pensamientos.
-No demasiado- le dijo- Porque estoy segura que nuestros gemidos lo ayuntaron.
A Hermione casi se le cae el pote de café que tenía en su mano al escuchar aquello.
-¿Qué?- inquirió- Tu… Tu y Sirius… ¿Hicieron qué?
-Imitamos gemidos, o más bien los gritamos- comentó Luna con calma.-Le dije que si le hacíamos creer al secretario que lo hacíamos iba a marcharse. Y así sucedió.
Hermione comenzó a reír divertida al imaginar aquella escena.
-¿Y el pijama que te di para que usaras?- le preguntó aún entre risas.
-Ah… No podía usar eso, Hermione- le dijo negando con su cabeza- Era demasiado pequeño para mí.
-No era pequeño-la contradijo- Ya la prenda es así.
-Bueno, entonces… No iba a usarlo de todos modos, ayer casi me ataca un sátiro y no quiero arriesgarme a que suceda de nuevo.
Hermione tardó en recordar la conversación que habían tenido el día anterior sobre el señor Whinther. Al parecer, Luna se había tomado muy en serio el comentario de Sirius sobre aquel hombre y su existencia como Sátiro.
-Luna, él no…
-¡Buenos días!- dijo Sirius entrando a la cocina con una radiante sonrisa en sus labio- ¿Cómo amanecieron este día, preciosas?
Hermione rodó los ojos pero sonrió ante ese comentario. Luna, por su parte, enrojeció, y de un tenue rosa pasó a un rojo cuando Sirius se le acercó y dejó un beso casto en su mejilla.
-¿Dormiste cómodamente?- le preguntó giñándole un ojo.
Luna entrecerró los ojos pensando en esa pregunta y luego cayó en cuenta de que él no había estado tan dormido como había supuesto.
-¡Estabas despierto!- exclamó acusatoriamente- ¿Por qué no me dijiste nada?
Sirius se encogió de hombros divertido.
-Quería ver qué hacías- le confesó- Quería saber si te atrevías a violarme o algo así.
-Jamás haría con eso- le aseguró ella tomándose seriamente aquello- Está mal.
Sirius lanzó una gran carcajada y le rodeó la cintura con su brazo atrayéndola contra su cuerpo. Le gustaba tener cualquier tipo de excusa para poder tocarla al menos de aquella forma inocente.
-Era una broma- le indicó
-No la entiendo- comentó Luna.
Sirius sonrió y alzó la vista encontrándose con la mirada interrogante y divertida de su amigo que en ese momento ingresaba a la cocina. Se puso serio inmediatamente. Se aclaró la garganta suavemente y se separó de Luna acercándose a la mesa.
Hermione y su nueva esposa comenzaron a servirles el desayuno y luego se sentaron a la mesa junto a ellos. Comenzaron a hablar de trivialidades, inclusive Luna que cada tanto salía con sus extraños comentarios que dejaban anonadados a los Lupin y le robaba sonrisas a Sirius.
En un momento Luna ve una pequeña marca en el cuello de Hermione que le llama la atención.
-¿A ti también te picó un Skowtoas?- le preguntó de repente.
Hermione la queda mirando sin comprender a qué se refería.
-El moretón en tu cuello- le comentó Luna señalándoselo- Cuando a mí me picó el Skowtoas en el brazo me quedó una marca parecida a la tuya.
Hermione y Remus intercambiaron miradas algo vergonzosas antes de volver a mirar de nuevo a Luna.
-Eh… No… No me picó ningún… eh…Skowtoas- dijo ruborizada Hermione- ¿Y que son esas cosas?
-Son unos pequeños animalitos de color rojo y del tamaño de un puño- indicó Luna cerrando su mano y mostrándosela a todos- Así… Pero nadie los ha visto nunca porque se esconden cuando los humanos se acercan. Son muy veloces.
La mirada de Hermione era de pura incredulidad.
-Y… ¿Qué se supone que hacen?- preguntó Remus.
-Te enamoran de la primera persona que ves- contestó con convicción Luna.
-Ah…- dijeron los dos a la vez.
Sirius lanzó una carcajada que retumbó en la cocina haciendo que las tres cabezas volvieran a mirarlo.
-Pero lo que le picó a Hermione no fue uno de esos sino uno más bien peludo y libidinoso- dijo él mirando pícaramente a la pareja que no dejaba de ruborizarse.
Luna contemplaba a Sirius sin estar segura de haber comprendido bien lo que había querido decir con aquello. Estaba por preguntárselo pero en ese momento hubo un sonido, el mismo que cuando alguien se aparecía, y Harry, Ginny y Ron estuvieron en la cocina en un abrir y cerrar los ojos.
-¡Luna!- exclamó Ginny mientras iba a abrazar a su amiga.
Sirius los saludó amablemente a cada uno, pero no tenía que ser un adivino ni meterse en la mente de su ahijado para conocer sus pensamientos. Era demasiado obvio. Habían ido allí para ver si los rumores de que él y Luna verdaderamente se habían casado.
-Y bien…- comenzó decidido a terminar con ese teatro- Ya comprobaron que Luna está aquí, ¿Necesitan algo más?
-¿A caso no puedo venir a visitar a mi padrino?- preguntó Harry con desmesurada inocencia.
-Sí, podrías- estuvo de acuerdo Sirius- Pero no lo has hecho por eso así que…
-¡Esta bien! ¿Por qué no nos dijiste que te casabas? ¿Con Luna?- miró a esta que estaba detrás sentada en silencio y le dijo- No es por nada. No quiero ofenderte.
Luna le sonrió calmada.
-No me ofendes, Harry- le dijo- Pero no quisimos decir nada a nadie porque se suponía que McGonagall intentaría impedirlo.
Ron, que estaba recostado por la pared con los brazos cruzados sobre su pecho dirigiéndole una mirada asesina a Sirius, murmuró unas palabras que sonaron a: "Por desgracia", pero nadie lo alcanzó a escuchar muy bien como para hacerle caso.
-¿Y puedo saber por qué se casaron?- preguntó Harry intentando comprender aquella locura que había realizado su padrino.
-Yo amo a Sirius- respondió Luna con toda su tranquilidad mientras daba un sorbo de té.
-Y nos vamos esta misma tarde de Luna de Miel- agregó Sirius.
Todos, incluidos los Lupin y Luna que nada sabían sobre esto, lo miraron asombrados.
-¡Iremos a Italia!-exclamó sonriente.
-Siempre quise conocer Italia-indicó Luna mirándolo sonriente- Será muy divertido.
-Lo será, preciosa- asintió Sirius- Ahora, ve a preparar tus maleta que dentro de dos horas salimos.
Luna saltó del asiento sonriendo y corrió hacia él para darle un beso en su mejilla antes de desaparecer de allí dando infantiles saltitos de alegría. Ginny y Hermione se apresuraron a seguirla diciendo que irían a ayudarla. Pero él era Sirius Black y conocía a las mujeres como para saber que no sólo harían eso sino que también chismorrearían sobre él y el sorpresivo viaje.
-¡¿Te has vuelto loco?- estalló Ron cuando las tres mujeres se fueron- ¡Te casaste con Luna!
Sirius lo contempló alzando una de sus cejas. No era difícil de adivinar lo que le sucedía a aquel muchacho y esa era la principal razón por la que había decidido ir de viaje.
-Sí, es Luna. ¿Hay algún problema?
-¡¿Problema? ¡Tienes la edad para ser su padre o su abuelo!- le gritó el pelirrojo.
Aunque su expresión permaneció impasible eso le dolió un poco a Sirius.
-Ron, Luna y yo estamos casados. No hay nada que puedas hacer al respecto- le indicó dándole una burlona sonrisa.
El joven enrojeció de la ira y le lanzó una mirada asesina antes de desaparecer de la casa.
-¿Qué rayos le pasa a Ron?- preguntó Harry en voz alta.
-Que está enamorado de Luna- contestó con calma Sirius- Pero no le permitiré que haga cualquier tontería para intentar arrebatármela. Ella es mía.- hizo una pausa- Al menos por tres meses.
-¿Qué quieres decir?- inquirió su sobrino.
Sirius suspiró.
-Explícale, Remus- le pidió a su amigo- Yo iré a preparar mi valija para un viaje a Italia.
No permitió que le hicieran ninguna pregunta más ya que salió presuroso de la cocina.
