Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Duchas frías
Sirius abrió los ojos y lo primero que sintió fue un terrible dolor que parecía partirle la cabeza por la mitad. Volvió a cerrar los ojos mientras gemía de dolor. Dio media vuelta en la cama sin darse cuenta que ya estaba en el borde y cayó en el suelo dándose un fuete golpe que lo hizo gemir de nuevo pero a esto le siguió una sonora maldición.
-¡Sirius!- gritó Luna mientras corría hacia donde él estaba pero se quedó de piedra al ver cómo se encontraba su marido.
La toalla que la noche anterior se había enrollado alrededor de su cintura se había desprendido y ahora descansaba tirada en la cama mientras que Sirius, tirado boca arriba en el suelo, dejaba ver toda su… hombría. Luna cerró los ojos, se los tapó con sus manos y se dio media vuelta inmediatamente. Pero ya era tarde, había visto aquello que nunca más podría olvidar y que le había acelerado el corazón. ¡Por Merlín! Si tan sólo cerrando los ojos podía recordar detalladamente los músculos de su estómago que bajaban hasta formar una V que había incitado a sus inocentes ojos a bajar más y más. Luna tragó saliva y trató de controlar su respiración que, repentinamente, había comenzado a agitarse.
Sirius, a pesar de estar medio dormido y con un terrible dolor de cabeza, sonrió pícaramente pero la sonrisa se fue borrando a medida que los recuerdos, algo borrosos, de la noche anterior lo invadieron. Se apoyó con sus codos en el suelo y tomó la toalla que había quedado en la cama para taparse mientras forzaba su mente intentado recordar más… Miró a Luna, de espalda y con sus manos cubriendo sus ojos, y escuchó, casi como si fuera real, una frase que lo heló: "Sirius… Detente". Era la voz de Luna el que pedía aquello y podía asegurar que con desesperación… ¡Por Merlín! ¿Qué había hecho? Forzó aún más a su mente a recordar pero el dolor fue demasiado así que desistió. Recordaba aquella frase, recordaba haber comenzado a besarla y haber estado sobre ella… Pero luego todo se volvía demasiado oscuro.
-¡Por favor, dime que no te lastimé!- pidió Sirius con voz implorante a Luna.
Ésta se volteó rápidamente confundida por este comentario. Agradeció en silencio que él se hubiera cubierto.
-¿Lastimarme?- preguntó frunciendo el ceño- No me lastimaste nunca, ¿Por qué lo dices?
-Anoche… ¡Lo siento tanto Luna!-exclamó avergonzado sin mirarla.
Ella se acercó a él y se inclinó a su lado. Tomó su rostro entre sus manos y con ternura apartó uno de los mechones oscuros de su cabello que caían sobre su rostro.
-Yo no te entiendo, Sirius- le dijo ella- ¿Por qué bebiste tanto?
Sirius abrió la boca pero no supo que contestar. Había sentido tanta rabia al verla marchase con ese muchachito molesto que no había podido pensar con coherencia…
-Ni yo mismo me entiendo a veces- le confesó a Luna con una tímida sonrisa- Entonces… ¿De verdad no te lastimé ni te… forcé?
-¿Forzarme a qué?- preguntó con inocencia Luna.
Sirius hizo una mueca de molestia. Adoraba la inocencia de Luna pero en este momento le hubiera gustado que ella comprendiera sin necesidad de dar mayores explicaciones.
-Eh… ¿Te forcé a… estar conmigo… a… hacerlo?- tartamudeó nervioso por primera vez rogando que la respuesta fuera un rotundo no porque sino era capaz de entregarse a sí mismo a Azkaban.
Luna lo contempló unos segundos fijamente con la cabeza levemente inclinada hacia un costado y la mirada confusa pero luego pareció entender a lo que se refería.
-¡Oh, no! Nosotros no hicimos nada anoche… te desmayaste y dormiste antes de que yo me rindiera- le contestó mientras se levantaba e iba hacia una de las mesitas que allí había con una tetera encima y varias tazas.
La vio servir una taza con un líquido verdoso humeante y se lo trajo.
-Es para la resaca- le contestó sentándose a su lado mientras le entregaba la taza- Tiene un sabor desagradable pero es efectivo.
Sirius tomó la taza, distraído, aún intentado averiguar lo que ella había querido decir con rendirse. Bebió un sorbo y cuando el sabor amargo y vomitivo invadió su boca escupió todo en el suelo.
-¡Esto es asqueroso!- exclamó haciendo una mueca de asco.
-Te lo advertí- le dijo Luna aproximando la taza de nuevo a su boca y obligándolo a beber un sorbo más.
Sirius lo hizo y contuvo las nauseas que lo invadieron. Después, cuando se recompuso, volvió a mirar a Luna frunciendo el ceño.
-¿Qué quisiste decir con "antes de que yo me rindiera"?- le preguntó curioso.
-Porque me estaba gustando lo que me hacías pero no podía suceder porque no era correcto- le respondió sin avergonzarse Luna mientras se levantaba y devolvía la taza a su lugar.
La sonrisa reapareció en el rostro de Sirius.
-¿Qué tanto te gustaba?- le preguntó.
-Mucho- Luna se volvió a él y cambió de tema- ¿Quieres almorzar conmigo? Creo que quiero comer pastas de nuevo…
Sirius rió mientras intentaba levantarse sin que la toalla volviese a caer.
-Todos los días que llevamos aquí no hicimos más que comer pastas de diferentes clases- le dijo-Algo con mucha carne no sería una mala idea para mi hoy.
Luna sonrió.
-Está bien- le respondió mientras se marchaba tarareando suavemente una canción que él no recordaba haber oído nunca.
Sirius sonrió. Luna lo desconcertaba, lo hechizaba de una manera única y era capaz de asombrarlo simplemente diciendo una de sus ocurrencias o siendo tan sincera que lo dejaba sin palabras… Pero era su Luna, su esposa y no iba a permitirse dañarla de ningún modo.
Se prometió a sí mismo compensarla por lo que había sucedido la noche anterior y así lo hizo. La siguientes dos semanas que pasaron en aquel país la llevó a todos lados, tanto sitios turísticos muggles como mágicos sin importarle nada más que hacerla feliz. Y cada vez que la escuchaba reír o veía esos ojos brillantes de felicidad se sentía bien consigo mismo como no había sucedido en mucho tiempo.
Dos días antes de tener que regresar a su país de origen una fuerte lluvia les impidió salir a disfrutar de las actividades del aire libre así que se vieron obligados a quedarse en la Posada. Uno de los problemas que tenía Sirius, y él no tenía problema en reconocerlo, era que se aburría con facilidad.
Frustrado y sin nada que hacer se sentó en la cama y se tiró hacia atrás dejándose caer sobre ésta mientras lanzaba un ruidoso suspiro. Cerro los ojos y repitió el suspiro.
-Maldita lluvia- masculló.
Luna, que se encontraba mirando la ventana perdida en sus pensamientos, se volvió a mirarlo con una idea en mente. Sin que se diera cuenta, intentando hacer el menor ruido posible, ingresó al baño con una sonrisa tirando de sus labios.
Lo próximo que sintió Sirius fue que algo le cubría el rostro. Levantó la mano con rapidez para quitarse aquello pero la mano de Luna sobre la de él lo detuvo.
-No te lo quites- le pidió- Vamos a jugar.
Aquello sonaba verdaderamente interesante. Sirius sonrió.
-¿Qué clase de juego es ese que necesito tener tapados mis ojos?- preguntó.
-Uno que yo jugaba con mi madre cuando era pequeña- le respondió ella.- Siéntate, por favor.
Él le hizo caso y ella se apresuró a cubrir bien sus ojos atando aquella tela en la parte de atrás de su cabeza.
-¿Cómo se juega? ¿Cuáles son las reglas?- quiso saber.
-Es fácil. Yo me moveré libremente por la habitación en silencio pero dejaré pistas por donde pase para que vos, a ciegas, puedas seguirme.- explicó Luna-La única regla es que no podrás usar magia.
-¿Y cómo podré atraparte si no te quedas quieta?
-Eso es lo divertido.- fue todo lo que le dijo ante apartarse de su lado- Listo, puedes comenzar.
Hacía años que Sirius no jugaba algún tipo de juego y menos esa clase que proponía Luna. Era algo infantil pero la idea de atraparla entre sus brazos le resultaba verdaderamente atractiva. Además, él no era de los que no aceptaban los retos y ese, definitivamente, era uno que estaba dispuesto a realizar. Se levantó de la cama y dio unos cuantos apresurados pasos hacia la derecha pero algo duro golpeó contra su rodilla.
-¡Mierda!- dijo mientras se inclinaba a frotar con sus manos la parte magullada.
-No tienes que apresurarte- escuchó que le decía la voz de Luna del lado contrario de la habitación.
-Al menos podrías decirme cuando estoy a punto de chocar contra algo- pidió mientras se movía lentamente hacia aquel lado con las manos extendidas delante de él intentando tantear algo.
-¡Eso no es justo!- exclamó Luna.
Sirius frunció el ceño. Ahora le parecía que la voz de ella venía del sitio en que hace segundos atrás había estado. Se giró hacia allí, con mucho cuidado, y tocó con sus manos la silla de madera con la que había tocado. Empezó a mover sus manos, quitándolas, pero de repente sintió que éstas se topaban con algo que identificó como el extraño y colorido collar que había estado usando su esposa. Sonrió. La primera pista. Se la colocó y escuchó una risa que rápidamente fue callada.
-Te voy a atrapar- la amenazó sonriente.
-Eso ya lo veremos- le dijo Luna al lado de su oído haciendo que su aliento chocara contra su piel.
Sirius se movió rápidamente extendiendo sus manos para atraparla pero no lo consiguió. Del otro lado suyo una pequeña mano acarició su mejilla. Él volvió a moverse pero nuevamente falló. ¿Cómo rayos hacia ella para moverse tan rápido? La risa de Luna se escuchó a lo lejos, casi del lado contrario de la habitación. Esto estaba comenzando a molestarlo. No le gustaba fallar. Intentó seguir las pistas para atraparla. Encontró uno de sus pendientes con forma de nabo, un broche con el cual sujetaba su cabello que recordaba de color rojo intenso con lunares blancos y uno de sus zapatos…
-¿Andas con un solo zapato?- le preguntó él divertido.
-No.
La respuesta vino justo delante de él, a centímetros de su rostro y casi podía jurar que sintió unos labios rozando los suyos. Pero tal vez había sido su imaginación. Movió sus brazos hacia delante pero sólo atrapó aire. Molesto por haber fallado tantas veces se quitó la venta. Giró los ojos por toda la habitación hasta que encontró a Luna sentada en medio de la cama, descalza, abrazando sus piernas.
Sirius no lo pensó dos veces. En menos de cinco segundos se había tirado en la cama y tenía a Luna debajo suyo. Metió una de sus manos debajo de la camisa que ella llevaba y comenzó a hacerle cosquillas.
-¡Eso es trampa!- gritó entre risas Luna- ¡No! Sirius… ¡Detente!- más risas.
Pero él no le hizo y soltó sus costados para ir hacia sus pies descalzos y apoderarse de ellos. Pasó una de sus manos suavemente por la parte de abajo y las risas de Luna se hicieron más fuertes mientras se retorcía por soltarse.
-Esta es mi venganza por ser tan escurridiza- le dijo sin parar de hacerle cosquillas.
Luna sentía que le faltaba el aire a causa de la risa y su corazón latía rápidamente. En un momento, Sirius volvió a quedar encima suyo y detuvo las cosquillas al darse cuenta que tenía los labios de Luna a centímetros de los suyos. Ella alzó los ojos y lo miró fijamente. Un escalofrió lo recorrió cuando su mente fue completamente consciente de todo lo que sucedía; porque no sólo quedó sobre ella sino que también podía sentir cada una de esas femeninas curvas amoldándose a él y aquel aroma a jazmín que desprendía y que cada vez que lo sentía la parte más primitiva y animal de él reaccionaba agitadamente y lo excitaba sin pudor. Y eso sucedía cada mañana que despertaba abrazado junto a ella… Y esa vez no fue la excepción.
Intentó apartarse para que Luna no se diera cuenta pero ella se apresuró a rodear su cuello con sus brazos y a acercar sus labios a los de él. Ese beso fue un potente afrodisíaco para él. Algo le decía que tenía que apartarse, que aquello estaba mal pero no podía contenerse y dejar de besarla. De hecho, no quería dejar de besarla a pesar de que no fuera un beso verdaderamente apasionado y sus labios se estuvieran rozando levemente.
Él rozó con su lengua el labio inferior de Luna pidiéndole permiso para adentrarla pero ella no se lo concedió. Sin decir nada, separó sus bocas y lo abrazó con cariño.
-Gracias por todo- le dijo al oído.
Luego lo empujó levemente y él estaba tan aturdido que se apartó dejándola marchar sin decirle nada.
-Nos vemos abajo- dijo Luna antes de salir del cuarto.
Sirius se tiró boca abajo en la cama. ¡Por Merlín! ¿Cómo era que esa muchachita tenía tanto poder en su cuerpo? Sólo fue un beso de agradecimiento, se dijo, sólo eso.
Pero sin importar la causa había sido un beso que, después de todo, había llegado a excitarlo dolorosamente. Sin más opción, se levantó y se dirigió al baño para darse una buena ducha fría. Duchas a las cuales ya se estaba acostumbrando.
