Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Sirius nunca se enamora

Hacía exactamente un mes que estaba casado con Luna. Ni siquiera él podía creerlo. Las tres primeras semanas se lo habían pasado en Italia donde su autocontrol fue puesto a prueba a límites insospechados. Pero ya la cuarta semana, donde cada uno dormía en su habitación y el deseo podía ser contenido medianamente, otra clase de sentimiento surgió en él. Uno que, para ser sincero consigo mismo, había estado esperando.

La añoranza.

Cada vez que iba a acostarse tenía la urgente necesidad de sentir su cuerpo cálido ocupando el resto de la cama y por las mañanas despertaba extrañándola locamente, deseando tenerla sobre él dormida. Pero no, ella estaba a varios metros mas allá, durmiendo en su propia cama. Y por más extraño que pareciese, no deseaba que otra ocupase su lugar, la deseaba a ella, su esposa, su Luna. Pero sabía que eso era imposible ya que no tenía una excusa suficientemente buena como para engañarse y engañarla a ella y así traerá a su cama.

Una mañana se levantó malhumorado. Molesto consigo mismo por no poder contener sus pensamientos, con ella por causarlos, con Ron por venir a visitarlos el día anterior y haberse quedado a cenar con ellos y por mirar con descaro desvergonzado a SU esposa. Porque ante el Ministerio y ante todos ella era SUYA. Maldito fuera aquel pelirrojo impertinente. ¿Quién se creía? Si Ron no fue capaz de decirle a Luna lo que sentía por ella antes de que él la tomara por esposa era problema suyo porque si ahora le llegaba a poner una mano encima iba a matarlo… No, primero lo torturaría de forma lenta y dolorosa y después lo mataría…

Bajó las escaleras dando pesados pasos haciendo que estos se oyeran por toda la casa. En seguida su "querida" madre comenzó con sus gritos desde el pasillo de entrada de la casa.

-¡Maldito bastardo! ¡Te atreviste a envenenar el apellido Black y sin pudor desposaste a una chiflada! ¡Malditos sean los dos traidores de la sangre!

Apretando los dientes, Sirius fue hasta la cocina, tomó un filoso cuchillo y se dirigió hacia el cuadro. Se detuvo frente a él. El retrato del cuadro de su madre abrió inmensamente los ojos ante la mirada asesina de éste.

-¡Eres un maldito loco como tu esposa!- gritó la mujer del cuadro.

Sirius levantó el cuchillo preparado para intentar cortar el lienzo pero cuando estaba a punto de hacerlo una mano se atravesó.

-¡No!

Tomado por sorpresa soltó el cuchillo rápidamente pero antes éste logró cortar la piel de la otra persona. Luna dejó salir un pequeño quejido de dolor pero rápidamente cerró la boca y aprisionó sus labios.

Sirius no podía creer lo que había hecho. Tomó la mano de Luna y rápidamente hizo un hechizo para cicatrizar la herida que se cerró inmediatamente.

-Lo siento tanto, cariño- le dijo con voz suplicante-Perdóname… pero… ¡¿Por qué rayos te metiste?

Luna se acercó a él y le dio un beso en la mejilla. Rápidamente, Sirius se calmó. No entendía cómo ella podía tener ese poder en él, el poder de hacerlo llegar a la locura con el deseo, el poder de sacar lo mejor de sí y el poder de tranquilizarlo cuando estaba verdaderamente enojado.

-¿Sabes que te amo?- le preguntó ella desconcertándolo.

-Sí… sí… esa cosa que te picó…- tartamudeó.

-Un Skowtoas- le indicó- Sí, por eso te amo y porque te amo tengo que ayudarte.

Sirius frunció el ceño, confuso.

-¿A qué vas a ayudarme?- preguntó con precaución temiendo oír la respuesta.

-A entender que acuchillar el cuadro de tu madre no es el mejor modo de librarte de ella- respondió Luna con una sonrisa.- Si quieres yo puedo hacerlo.

-¿Vas a acuchillarla tu?- le preguntó con media sonrisa.

-¡No! Voy a hablar con ella- le contestó con calma.- Porque cuando las personas hablan, aunque sean cuadros o fantasmas, las cosas se solucionan.

-Cariño, hablando jamás conseguirás nada de esa vieja arpía.- le dijo.

El retrato, que había partido al ver a Sirius con el cuchillo, asomó su cabeza y lo miró con odio.

-¡Eres una vergüenza para la familia Black! ¡No mereces llevar el apellido!- comenzó a gritar viendo que ya no había amenaza.

Sirios amagó con buscar el cuchillo pero Luna se apresuró a intervenir.

-Vete durante el resto del día- le pidió- Yo hablaré con ella.

-¡Por Merlín, Luna!- exclamó exasperado- ¡Esta vieja loca no va escucharte!

Luna sonrió.

-¿Y qué otra opción tiene?- preguntó ella.

-No me iré a ningún lado- dijo con firmeza.

Media hora después…

-Esto es inaudito- mascullaba por lo bajo con los brazos cruzados sobre su pecho y la mirada perdida en un punto fijo de la pared- ¡Esto es el colmo! ¡Por eso los hombres no deben casarse!

Remus miraba divertido a Sirius. El pobre estaba realmente enojado.

-¡¿A caso Hermione es así?- preguntó Sirius-Tan… tan… condenadamente manipuladora como para hacerte hacer las cosas que no quieres hacer…

Remus no aguantó más y estalló en risas. Estaban en la oficina que tenía éste en el Ministerio. Sirius había ido a visitarlo y lo primero que dijo cuando entró fue: "Luna".

-¿De qué te ríes, idiota?- le preguntó mirándolo con odio- ¡Te burlas de mis penas!

-Aclárame algo, Canuto- le pidió Remus- ¿Qué es lo que hizo Luna?

-¡Me pidió que me fuera de mi propia casa por el resto del día!- exclamó levantando los brazos al aire- ¡De mi propia casa! ¡Y luego me miró!

-¿Te miró?

-Sí… Me miró de esa forma tan… tan… tan de ella. Con ese brillo que no… ¡Por Merlín! Me manipuló con esa mirada y yo no pude decirle que no porque… porque no quería ver la otra mirada de decepción pero ahora no quiero ver ninguna de las dos miradas porque…

-¡Cálmate! Cálmate…- intentó tranquilizarlo Remus porque su amigo hablaba cada vez más fuerte-Escúchame. Es mejor que te vayas acostumbrando. Yo lo hice- confesó sin avergonzarse.

-¡Tal vez tu porque estás acostumbrado a que te dominen!- exclamó sin pensar Sirius.

Remus lo miró molesto.

-Lo siento- se disculpó cuando se dio cuenta de lo que había dicho- Es que… Acepté irme así sin más. ¡Yo no soy así!

-Tal vez te estás enamorando- insinuó Remus sonriendo.

Sirius resopló colocando los ojos en blanco.

-Yo no me enamoro, Lunático- le dijo con un tono que decía "eso ya tendrías que saberlo".

-Piénsalo- insistió Remus- ¿Por qué otra razón harías algo así sino? ¿A caso no la extrañas cuando no está contigo, no tienes esa urgente necesidad de saber donde está y no quieres que nadie se le acerques porque tienes miedo de que te la arrebaten?

-No- mintió Sirius mirándolo como si estuviera loco por decir aquellas cosas-¡Me siento libre cuando estoy sin ella!

Fue el turno de Remus de resoplar.

-Eso ni tu te lo crees-le dijo mientras volvía a tomar uno de los papeles que tenía que leer- Ahora, si me disculpas, tengo trabajo que hacer.

-¡¿Qué? Vamos, Lunático, vayámonos por ahí a hacer algo divertido.

-Sirius, tengo trabajo. Tú también lo tendrías si hubieras aceptado el puesto que te ofrecía el Ministerio. Ya sé que no necesitas el dinero pero te mantendría ocupado.

-Sabes que yo no duraría ni una hora encerrado en una habitación con cientos de papeles que leer y firmar.

-Pues entonces consíguete otro- comentó sin mirarlo.- Algo que te guste.

Sirius lo pensó unos segundos.

-Tienes razón.

Remus levantó la mirada y abrió inmensamente los ojos.

-¿Tengo razón?- preguntó sin poder creer lo que oía.

-Sí, tienes razón- indicó Sirius sonriendo- Ya mismo me voy.

Y antes de que Remus pudiera preguntar algo Sirius se marchó con una sonrisa misteriosa en sus labios.

Cuando Sirius regresó a su casa se sentía feliz. Ya no le importaba lo que había sucedido con Luna esa mañana, después de todo, el único culpable de aquello era el mismo. Entró a la casa caminando por el pasillo de entrada pero de repente se detuvo cuando notó algo de suma importancia. Giró su rostro y miró con asombro que el cuadro de su madre ¡No estaba! Abrió inmensamente los ojos mientras una incalculable felicidad lo invadía.

-¡Luna!- la llamó a gritos mientras corría por la casa buscándola- ¡Luna!

Ella apareció en el umbral de la puerta de la sala.

-¡Amor!- exclamó él- ¡Eres magnífica!

Sin pensarlo se acercó a ella, rodeó con sus brazos aquella cintura que tanto adoraba y besó su frente, sus mejillas, sus párpados, su nariz y por último sus labios. Luna reía divertida por este ataque con besos que estaba recibiendo.

-Buenas tardes- gruñó una voz detrás de ellos.

Sirius levantó la vista y toda la felicidad se fue a pique cuando vio a Ron parado unos metros más allá mirándolo con cara de pocos amigos. Aferró posesivamente la cintura de Luna y la pegó a su cuerpo. Ella no se enojó, por el contrario, sonrió maravillosamente y lo abrazó a su vez.

-Buenas tardes, Ron- saludó entre dientes Sirius pero luego sonrió.

Se le había ocurrido una idea para deshacerse esa noche del molesto pelirrojo.

-Te tengo una sorpresa- le dijo a Luna- Esta noche saldremos a cenar.- se volvió a Ron- Lamento que no puedas ir. Ya hice la reserva y sólo es para dos personas.

Lo vio apretar los puños a sus costados y sonrió más abiertamente. Ese muchachito no sabía en qué se estaba metiendo. No por nada él fue y seguirá siendo el más conquistador y conocedor de las mujeres.

-Ya me iba de todos modos- gruñó Ron.

Pero para molestia de Sirius, Luna se desprendió de su agarre y se aceró a Ron. Éste enseguida tomó el rostro de ella entre sus manos y dejó dos besos, uno en cada una de sus mejillas, haciéndola ruborizarse.

-Muchas gracias, Ron- le dijo Luna también dándole dos besos.

Ambos parecían ajenos al estado enardecido de la ira y celos en que se encontraba Sirius. Ron se marchó y ella volvió hacia su marido con una sonrisa y su usual mirada risueña.

-Espera a que me cambie y nos vamos- le dijo antes de marcharse tarareando suavemente.

Sirius intentó calmarse y convencerse que aparecer en la madriguera para matar a Ron no era la mejor opción. Además, ahora tenía que pensar a dónde rayos iba a llevar a cenar a Luna.