Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Preguntas
Se habían marchado de nuevo en la moto voladora sin haber cenado siquiera. Luna no había querido entrar al restaurant y Sirius no iba a presionarla. Sabía que demasiado mal se había comportado con ella como para seguir. Además, le había prometido responder todas las preguntas que deseaba hacerle. Pasaron por la heladería y ambos compraron un cucurucho antes de retomar su camino de regreso al número 12 de Grimmauld Place. Sirius se lamentó haber arruinado la noche de aquel modo enojándose. Después de todo, según lo que había entendido, el cuadro de su madre había sido quitado de la entrara y encerrado en la que antes era su habitación. No molestaría a nadie más.
Entraron a la casa y se fueron directamente a la sala. Luna se sentó en uno de los sillones dobles con las piernas cruzadas y Sirius se sentó a su lado intentando no mirar aquellas piernas para no tentarse y extender su mano para tocarla.
Al principio no hicieron más que comer el helado en silencio hasta que acabaron pero luego Sirius decidió que ya habían alargado demasiado el momento.
-Pregunta- le dijo.
-¿Con quién tuviste sexo por primera vez?- preguntó Luna mirándolo fijamente.
Sirius abrió los ojos inmensamente, asombrado por aquella osada pregunta. Pero se dijo que ya tendría que haberse acostumbrado a que Luna saliera con las cosas menos esperadas. ¡Aunque eso no se lo había esperado ni en sus más retorcidos sueños!
-Eh… fue una chica de Slytherin. Se llamaba Bridget algo… no recuerdo su apellido.- le contestó apresuradamente.
-¿Y cómo fue?
Sirius se atraganto con su propia saliva al escuchar aquello y comenzó a toser copiosamente. Cuando se recuperó de ese ataque de tos la miró anonadado.
-¿Cómo fue qué cosa?- preguntó haciéndose el desentendido.
-¿Cómo fue tu primera vez con Bridget?- inquirió Luna con tranquilidad.
-¡Por Merlín! ¿Por qué quieres saber eso?
Ella se encogió de hombros levemente.
-Curiosidad.
¡¿Curiosidad? ¿Qué clase de morbosa curiosidad era esa? ¡No estaba por contarle tal cosa! Era algo demasiado privado, demasiado… vergonzoso.
-Fue genial- le contestó sin mirarla y con un tono que no admitía seguir tocando ese tema.
Pero cuando escuchó la risa divertida de Luna se volteó a verla y frunció el ceño molesto.
-Eres un mentiroso- lo acusó ella.
-Eso no es cierto.
-Anda, ya dime qué pasó- pidió Luna sin dejar de sonreír mientras lo tomaba de la mano.
Y ese simple acto derrumbó las defensas de Sirius y sin siquiera ser completamente consciente de lo que hacía se vio contándole aquel humillante momento de su vida.
-Fue terrible- le dijo- Creo que no duré ni quince minutos.
Pero Luna no se rió cuando él confesó esto, por el contrario, con su cara seria y esa mirada soñadora se le acercó y lo abrazó apoyando su cabeza en su pecho.
-Gracias por compartir esto conmigo- le dijo.
Él no pudo hacer nada más que envolver sus brazos alrededor de ella sintiendo, no el usual deseo como cada vez que la tenía cerca, sino una tirantez en el pecho, una calidez profunda que venía del centro de su corazón. Asustado por esto se apresuró a seguir hablando mientras la apartaba suavemente.
-Siguiente pregunta.
Luna se sentó cruzando sus piernas nuevamente.
-¿Qué hizo tu madre cuando se enteró de que entraste a Griffyndor?
Sirius suspiró. Aquel interrogatorio seria peor de lo que esperaba.
-Se enojó mucho ya que era el primero de la "Noble familia de los Black" que no quedaba en Slytherin.- dijo con seriedad- Tanto que en todo ese año no me mandó ninguna carta de lo ofendida que estaba, ni ningún obsequio en Navidad ni para mi cumpleaños. Tampoco puedo decir que los esperaba pero me dolió en ese momento; tenía once años y un obsequio es lo mejor que puede desear un niño… Pero después me acostumbré a su indiferencia y a su preferencia hacia mi hermano.
-No sabía que tenías un hermano, ¿Cómo se llama?
-Llamaba- corrigió- Murió cuando fue a buscar uno de los horocruxes de Voldemorth.- hizo una pausa- Regulus Arcturus Black. Mis padres lo adoraban porque siguió sus ideas y después de terminar el colegio se volvió Mortífago.
-Siento mucho que sufras por su muerte.
Sirius alzó la vista rápidamente hacia ella.
-Yo no dije eso- le indicó.
-Pero se nota.- le respondió ella-Cuando estás triste tus ojos adoptan un brillo más oscuro y tu cabello parece más claro… Interesante, ¿No?... Pero eso prueba que no eres vampiro.
Él no sabía sin asombrarse o simplemente sonreír y dejar pasar aquel comentario sin preguntar nada. Pero la curiosidad le ganó.
-¿De dónde sacaste que puedo ser un vampiro?- le preguntó.
Luna simplemente sonrió misteriosamente, mirándolo con ese brillo soñador en sus ojos y pasó a la siguiente pregunta que tenía para hacerle.
-¿Cuál es tu color favorito?
-¿Eh? No tengo color favorito.- dijo mientras intentaba no reír ante la cara de decepción de Luna- ¿Y tu?
-El celeste- le dijo sin pensarlo demasiado- Y el gris.
-¿El gris? ¿Qué puede haber de ese color que sea lindo?
-Tus ojos- respondió ella sin dejar de sonreír.
Sirius abrió la boca y luego la cerró sin decir nada. Sentía como sus mejillas se estaban ruborizando por aquel pequeño cumplido. ¡Por Morgana y Merlín, no podía estar ruborizándose por eso! Se maldijo a sí mismo por eso. Pero para su suerte Luna siguió haciendo preguntas que lo mantuvieron ocupado. Algunas eran bastante infantiles, como la del color favorito, otras eran verdaderamente serias como el tema de su inocencia y estadía en Azkaban, y otras eran tan vergonzosas que lo hicieron ruborizar unas cuantas veces. Pero ella en seguía pasaba a la siguiente pregunta haciendo que el momento no fuera tan incómodo.
Sin darse cuenta estuvieron prácticamente toda la noche hablando y pronto él quién hizo preguntas esperando con ansias oír las respuestas que tenía ella que dar. Nunca hubiera imaginado que eso pudiera ser tan divertido, nunca hubiera imaginado que su esposa, su Luna pudiera ser tan interesante y que podría llegar a pasarla bien al lado de una mujer fuera de la cama.
Y en ese momento, mientras charlaba con ella en plena madrugada mientras todas las demás personas dormían, él se preguntó si las palabras que su amigo le había dicho esa tarde podían ser verdad. ¿Podría estar enamorándose de ella? La pregunta era tenebrosa. ¿Amor? No podía ni quería enfrentarse a esa posibilidad, porque, sencillamente, no sabía cómo hacerlo. La verdad era que tenía miedo.
¡¿Quién iba a decirlo? Un hombre que rondaba los cuarenta años, que había pasado catorce años encerrado en una prisión rodeado de los peores criminales del mundo mágico, asustado de un hermoso angelito con ideas excéntricas como era su Luna. Pero, qué se le iba a hacer. Creía que cosas más raras se habían visto en ese mundo.
Posiblemente este no era el mejor momento para preguntarse sobre sus sentimientos hacia ella porque éstos eran un torbellino difícil de descifrar. Además, sabía que enamorarse de ella era un terrible error que debía evitar a toda costa.
¡No podía enamorarse de su esposa!
Luna bostezó y Sirius sonrió al verla.
-Es tarde, preciosa- le dijo mientras extendía su mano para acariciar su rostro- Será mejor que nos vayamos a dormir.
-¡Una última pregunta, por favor!- pidió mirándolo de igual manera en que lo hizo cuando lo hecho de la casa.
Él quiso resistirse, probarse a sí mismo que no era como Lunático, pero no pudo hacerlo.
-Una última- le dijo y se sintió feliz cuando recibió una sonrisa de agradecimiento.
-¿Qué piensas de mi?
Sirius no tuvo que pensar demasiado antes de dar esa respuesta. Pero para dar mayor peso a sus palabras se acercó a ella, tomó su rostro con sus manos y acarició con sus labios los párpados cerrados de la joven.
-Pienso que eres la cosa más hermosa y maravillosa que me encontré en la vida- dijo sobre su piel mientras bajaba lentamente por sus mejillas dejando pequeños besitos-Que eres única, original, y no una copia barata de alguien más; y me gustas así tal cual eres.
Con sus pulgares acarició su rostro mientras que sus labios pasaban rosando los suyos pero sin tocarlos demasiado. La respiración de Luna se había agitado y Sirius podía jurar que escuchaba el desenfrenado latido de su corazón. ¿O era el suyo el que latía a esa velocidad?
-Creo que eres una mujer impresionante y que has sido mandada a donde me encuentro para volverle loco del deseo- siguió diciendo.
Él hizo que inclinara su rostro hacia atrás y comenzó a acariciar su cuello con sus labios, subiendo y bajando lentamente, una y otra vez, disfrutando del aroma que desprendía su piel hasta que se topó con el punto en donde sentía el palpitar de su corazón. Allí dejó un pequeño y lento beso. Uno de esos que hacen aquel sonidito tan lindo como para que todos los sentidos se diera por enterado de su ubicación.
-¿Me deseas?- inquirió Luna arrastrando las palabras porque estaba ahogándose en las sensaciones de aquellas caricias.
-Con locura- confesó él volviendo a besar su cuello un poco más abajo, casi tocando su clavícula.
Luna mordió su labio inferior con fuerza al sentirlo y alzó sus manos para entrelazar sus dedos en los cabellos de su esposo. Sirius bajó un poco más aún, justo donde terminaba el escote y comenzaba la unión de sus senos, y posó sus labios besando pero, atreviéndose a más, pasó su lengua seductoramente por aquel sitio logrando que ella soltara un tímido gemido que enardeció sus sentidos.
Iba a volver a repetir el gesto pero Luna se levantó rápidamente. Sirius alzó la vista hacia ella, tenía las mejillas sonrojadas, un brillo de deseo en sus ojos y los labios entreabiertos.
-Eh… Buenas noches- dijo Luna bajando la mirada algo tímida- Que duermas bien.
Sirius no pudo responderle porque ella se apresuró a desaparecer de allí con veloces pasos.
