Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Problemas

Sirius bajó las escaleras presurosamente hacia la cocina. Luna, que ya se encontraba allí sentada con la mirada perdida, pero cuando él ingresó lo miró a los ojos, esos ojos que tenían el poder de hipnotizarla. Pero apartó la vista rápidamente antes de que él descubriera que, en el momento en que él hizo su entrada, ella estaba perdida en una especie de ensoñación romántica donde ellos dos eran los protagonistas. Sin decir una sola palabra él la hizo parar tomándola de las manos y la arrastró de nuevo hacia las escaleras. Subieron corriendo hasta el cuarto de ella donde él abrió la puerta de un tirón e ingresaron. Luna no entendía nada pero sólo se dejaba guiar por él pero la luz del entendimiento vino a su mente cuando la boca de su esposo cubrió la suya con desesperación, besándola como si su vida dependiera de ello, como si en su boca y en sus labios encontrara el placer absoluto y el tesoro que lo enviaría al paraíso.

Y como ella se había vuelto adicta a él no quiso separarse y comenzó a devolverle los besos con la misma efusividad.

-Te amo, Luna- murmuró él sobre sus labios.

Ella hubiera sonreído y saltado de alegría cuando escuchó esto pero hizo algo mejor, lo besó demostrándole que ese sentimiento era mutuo.

Sirius comenzó a acariciarle la espalda pero luego sus manos fueron recorriendo mucho más allá con completo descaro. Luna, asombrándolo a él, lo empujó hasta hacerlo caer en la cama y se le subió encima mientras le quitaba la chaqueta que estaba usando tirándola en el suelo sin mirar por dónde caía. A ésta le siguió la camisa dejándolo con el pecho desnudo. Ella cortó el beso bruscamente y bajó sus labios para comenzar a besar y lamer con desesperación la piel recientemente expuesta haciendo gemir a Sirius. Pero enseguida éste la volteó en la cama quedando sobre ella. Luna bajó la mirada y comprendió que estaba desnuda. ¿Cuándo había sucedido eso?, se preguntó confusa.

Pero en el momento en que él besó uno de sus senos, todo pensamiento quedó borrado y sólo pudo gemir mientras enredaba sus dedos entre los cabellos de su esposo.

-Luna- lo escuchó decir.- Luna… Luna… Luna, ¿Estás despierta?

-Mmm… Sirius…

-¿Luna? ¿Qué estás soñando?

-Contigo…

-¿En serio? ¿Qué cosa?

-Que…

De pronto abrió los ojos y se encontró con la mirada platinada de su esposo mirándola divertido. Ésta enrojeció notablemente mientras apartaba la mirada y se mordía el labio inferior. Sí, estaba en su cama y Sirius estaba a su lado pero él no estaba haciendo nada más que despertarla y todo no había sido más que un sueño.

-¿Qué?- insistió él sin dejar de sonreír.

-Nada-se apresuró a decir mientras se levantaba de la cama- ¿Necesitabas algo?

-Solo vine a buscarte porque te tengo una sorpresa.- le respondió.

-¿Qué clase de sorpresa?

-Ya verás- le dijo acercándosele y dejando un casto beso en su frente.- Te espero en la sala.

Luna se estremeció al sentirlo tan cerca ya que todavía los efectos de aquel sueño estaban en ella. Quiso poder extender sus brazos, tocarlo y dejar que él la tocara, pero hacerlo sería un error ¿No? Estaba confundida y tendría que pensar en cómo resolver este dilema.

Sirius salió de la habitación y ella se dirigió hacia el baño para tomar una ducha. Se vistió rápidamente y luego bajó casi corriendo las escaleras para ver qué era la sorpresa que le tenía Sirius.

-¿Lista?- le preguntó éste al verla.

Ella asintió sonriéndole.

-Vamos a aparecernos- le dijo tomándola de la mano.- Déjame que yo lo haga.

Y unos pocos segundos después ya se encontraban en el callejón Diagon. Como siempre, estaba muy concurrido, con muchos magos yendo y viniendo de aquí para allá mirando las vidrieras de los comercios.

-¿Qué hacemos aquí?- le preguntó Luna con curiosidad.

-Acá se encuentra la sorpresa que tengo que darte- le contestó él comenzando a caminar tomándola de la mano.

Ella aguardó en silencio hasta que quedaron frente a un local. Luna abrió los ojos inmensamente al darse cuenta del gran obsequio que estaba dándole Sirius.

El quisquilloso, se leía en letras llamativas colocadas en la pared de enfrente.

-Esto es…- comenzó a decir pero no pudo continuar porque la emoción que sentía era tan grande que se lo impedía.

-Ayer estuve hablando con Remus y dijo que necesitaba un trabajo para ocupar mi tiempo. ¿Y qué mejor trabajo que ayudar a la directora general de esta revista?

Sirius sonrió y la miró a los ojos.

-Si quieres contratarme, claro- indicó.

Luna, literalmente, se tiró sobre él y comenzó a darle besos continuos en todo su rostro y entre beso y beso le agradecía. Sirius rió divertido y feliz por la efusividad de Luna. Varios magos y brujas se los quedaban mirando pero a ninguno de los dos le importaba.

-Ven, vamos a dentro- dijo Sirius apartándola suavemente- Te mostraré lo que conseguí y dime si falta algo.

Entraron y Luna se quedó más maravillada, si eso fuera posible, ya que allí había muchas cosas más de las que había tenido con su padre antes del incidente. Si él pudiera verlo estaría muy feliz.

-¿Qué te parece?- le preguntó Sirius.

Luna le sonrió.

-Hay todo lo necesario- le respondió- Pero no tenías porqué hacerlo.

-Claro que tenía que hacerlo. Al menos quiero agradecerte de este modo por todo lo que estás haciendo por mí. Y cuando nos separemos no tienes que preocuparte por nada.

Luna borró la sonrisa cuando escuchó esto último y Sirius se dio cuenta.

-¿Qué sucede, preciosa?- le preguntó acercándosele.

-Tengo un problema grave, Sirius- le dijo intentando no alterarse por su proximidad y decidida a ser sincera con él.

-¿Qué problema?- inquirió él con preocupación.

-Te amo.

Sirius frunció el ceño.

-Pensé que eso ya te sucedía porque te picaron esas cosas… los…

Luna negó con la cabeza tristemente.

-¿No?

-No, Sirius. En verdad lo siento. No quise hacerlo pero terminé amándote, en serio. Pero eso no es todo.

-¡¿Hay más?- preguntó con voz apenas audible él y con una expresión de horror.

-También te deseo y quiero que me hagas el amor.