Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Te amo, Luna.
Sirius se preguntaba si estaba soñando; si había posibilidades de que hubiera muerte y estaba en el cielo; si, tal vez, Luna estaba bajo un Imperius o si alguno de los dos había ingerido alguna poción. Pero, desafortunadamente, todas las respuestas a esas posibilidades eran negativas. Entonces, la única opción posible a considerar que quedaba era que, de verdad, Luna se encontrase frente a él confesándolo que lo amaba y le pedía que le hiciera el amor. Pero resultaba tan… irreal… y aterrador. Sin embargo, por muy tentadora que fuese la idea de acostarse con ella y hacerle toda la noche el amor, tocándola como deseaba, perderse en ella, no debía hacerlo (por lo menos intentaba convencerse a sí mismo de eso) ya que se había jurado a sí mismo que eso no sucedería. Aunque si lo pensaba bien, esa promesa ya había sido rota en el mismo momento en que la había pesado; tal vez podría… ¡No!... Él intentaría con todas sus fuerzas cumplir esa promesa por más que le doliera.
-Yo… eh…- comenzó a tartamudear.
-¿No quieres hacerme el amor?- le preguntó ella mirándolo con esos ojos soñadores e implorantes.
-¡Por Merlín, Luna!- exclamó él apartando la vista- Sabes que sí, pero…
-Porque es lo más lógico- siguió explicándose ella- Después de todo, eres mi marido y se supone que tienes que ser tu quien me tome; Además, te deseo y te amo. Jamás me entregaría a otra persona.
¿Por qué esto le sucedía a él? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
-Preciosa, yo…
-Por favor, te deseo con desesperación.
Sirius abrió la boca y la cerró nuevamente sin saber qué decir. La situación lo superaba. Lo deseaba. Él la deseaba. Ambos eran marido y mujer. ¿Cuál era el problema entonces? El jodido problema era que en ese momento el sentido de caballerosidad que tenía y que muy pocas veces usaba había decidido aparecer en ese momento. ¡Maldita sea él mismo!
-Luna…- aspiró profundamente- No… No.
Ella bajó los ojos al suelo avergonzada.
-Ah.- fue todo lo que dijo.
El resto de la mañana se la pasaron acomodando un poco aquel sitio, preparándolo para ponerlo en funcionamiento apenas tuvieran los artículos listos para imprimirlos. Luna no le hablaba más de lo necesario y él se sentía el peor monstruo de todos, pero, aún así, no le dijo nada ni hizo nada ya que quería mantener su promesa y si por esa casualidad ella insistía aunque sea una vez más no sabía si lo soportaría y terminaría haciéndole el amor allí mismo, en el suelo de aquel lugar. Pero por más que en ese momento ambos se sentían disgustados por la decisión que él había tomado, Sirius intentaba pensar que más adelante se darían cuenta que había sido la correcta.
-¿Quieres ir a comer al caldero Chorreante?- preguntó Sirius al ver que ya era el mediodía.
-No puedo- le dijo Luna sin mirarlo- Tengo que encontrarme con Ron en el local de Madame Rosmerta.
Sirius se puso rígido al momento en que escuchó esto. ¿Iría a ver a ese maldito pelirrojo? ¿Por qué?
-¿Para qué?- preguntó sin importarle que su voz se notara tensa- ¿A caso no lo viste ayer?
-Sí, pero justo llegaste y me invitaste a cenar- explicó Luna aún sin observarlo-Nos vemos.
Ella sin esperar a que él le devolviera el saludo se apareció. Sirius quiso poder encontrar alguna forma de retenerla porque la idea de que ella viera a aquel mocoso lo enfermaba pero no la había encontrado y ella se había marchado. ¿Por qué rayos le molestaba tanto saber que su Luna iba a ver a otro hombre, uno que si la amaba y que no dudaría en ir a hacerle el amor si se lo pedía? Pero Luna no le pediría una cosa sí a Ron, ¿No? No, no lo quería creer.
¡¿Qué rayos le pasaba? Él tendría que estar feliz porque posiblemente ella encuentre el verdadero amor con Ron ya que el matrimonio de ellos se fundiría dentro de un mes o dos… Pero no se sentía así. ¿Por qué?
-¡Ron!-exclamó Luna sonriendo cuando vio a su amigo sentado en una de las mesas de Las Tres Escobas.
-¡Luna!-Ron se levantó y nerviosamente fue a abrazarla-Pensé que no vendrías.
Ambos se sentaron uno enfrente del otro.
-Sirius me dio una fantástica sorpresa- explicó ella forzando una sonrisa.
Pero él no se dio cuenta del verdadero estado de desdicha en que se encontraba ella. Simplemente la veía y se quedaba fascinado mirando su rostro.
-¿Qué clase de sorpresa?- preguntó con curiosidad.
-Compró un local en el callejón Diagon para que comience a publicar nuevamente El Quisquilloso.
-¡Ahora podré verte más seguido, entonces!- exclamó.-Yo estoy ayudando a George en el local. ¡Ah! Me olvidaba, te traje algo.
El rostro de Ron se había puesto casi tan rojo como su cabello. Él se inclinó hacia la silla vacía que tenía a su lado y Luna vio como de allí sacaba un ramo de rosas. Nuevamente forzó una sonrisa cuando lo aceptó pero no pudo evitar ruborizarse al igual que él.
-Son hermosas, Ron. Muchas gracias- le dijo.
Ron enrojeció aún más.
-De nada.
En ese momento se le acercó la dueña del local con su característica sonrisa y meneando levemente las caderas sugestivamente a medida de que avanzaba. Ron se quedó embobado viéndola pero luego, al darse cuenta que tenía a Luna delante de él, apartó la vista.
-¡Buenos días, jóvenes!- exclamo la mujer acercándoseles- Hace mucho que no los veía.
-Buenos días- saludó Luna sonriéndole.
-¿Una cita?- les preguntó giñándoles un ojo.
Ron estaba a punto de asentir pero Luna se le adelantó y aclaró la situación.
-No, Ron y yo somos amigos solamente. Además, mi marido se disgustaría si tuviera una cita.
Madame Rosmerta la miró con asombro y a la vez interesada por querer enterarse de ese nuevo chisme.
-¿Casada ya, pequeña? ¿Y quién es el afortunado?
-Sirius- dijo dejando de sonreír y con cierta tristeza.
-¿Sirius? ¿Qué Sirius?- inquirió la mujer sentándose en un lugar vacío al lado de ella.
Ron la miró molesto porque se atrevía a interrumpir la cita entre ellos dos porque, dijera lo que dijera Luna, él la consideraba así.
-Sirius Black.
-¡No puede ser! ¿Sirius Black? ¿Mi Sirius Black?- inquirió la mujer con asombro.
Luna palideció aunque ninguno de los otros dos pareció notarlo.
-¿Su Sirius?- inquirió.
La mujer sonrió y luego lanzó una alegre carcajada que atrajo la atención de todos los presentes que voltearon su rostro para verla.
-Historia antigua, pequeña- le dijo ella haciendo un ademán con la mano para restarle importancia- Aunque siempre me place recordar aquellos momentos.- añadió con la mirada brillosa.
Luna apretó los labios molesta. Ya no le apetecía quedarse en aquel lugar pero no iba a dejar que aquella mujer se burlara de aquel modo. Colocando su mejor sonrisa en los labios le dijo:
-Bueno, al menos le queda eso. Yo tengo la fortuna de vivirlo todos los días.
La mujer pronto fijó sus ojos en la mirada soñadora de Luna y se puso seria.
-Es que Sirius es tan persistente, a veces- siguió diciendo ella con calma sin dejar de sonreír- En nuestra Luna de Miel le tuve que pedir que se detuviera porque estaba agotada.
Y lo que decía no era mentira porque ella recordaba habérselo pedido en el momento en que él comenzó a hacerle cosquillas, claro que eso no lo aclararía y dejaría que la mujer se creara sus propias ideas.
-¡oh! Bueno… -tartamudeó Madame Rosmerta nerviosa- Eso… eso… está bien… Eh… ¿Qué desean que les sirva?
-Yo quiero tarta de calabaza y una cerveza de Mantequilla- dijo Luna más animada.
Miró a Ron pero éste estaba completamente rojo y tenía la mandíbula apretada con fuerza mientras miraba la ventana que tenía a su lado.
-Ron-lo llamó ella preocupada sin entender porqué su amigo se encontraba así-¿Estás bien?
Ron giró el rostro hacia Luna y la miró durante unos segundos.
-Sí, bien- dijo- Quiero lo mismo que ella.
Madame Rosmerta casi corrió a buscar el pedido y luego hizo que uno de sus empleados se los llevara. Ron y Luna hablaron poco. Al menos Ron que solamente respondía escuetamente a alguna que otra pregunta que hacía ella. Cuando estaba por regresar a su casa, él se ofreció a acompáñala. Se aparecieron a dos cuadras del número 12 y comenzaron a caminar lentamente hacia allí.
-Ron, dime qué te pasa- pidió Luna.
Él pareció que estaba por negarse o decir alguna mentira pero luego lanzó un suspiro y le preguntó:
-¿Qué sientes por Sirius?
Luna frunció el ceño.
-Lo amo- confesó con tranquilidad- Al principio pensé que se trataba de la picadura de un Skowtoas pero luego me di cuenta que eso es imposible porque éstas no duran más que un par de semanas y yo llevo más de un mes amándolo.
-¿Y cómo sabes que es amor verdadero?
-Eso es sencillo de saber- indicó Luna con una tímida sonrisa y su natural mirada soñadora- Cada vez que lo tengo cerca siento como si cientos de plumas de Fénix revolotearan en mi estómago, y no me cuesta nada perderme en su mirada que es tan penetrante y cálida. ¡Y cuando me sonríe siento que soy la única mujer en su vida! Con él me siento hermosa y no un bicho raro o una Lunática como me llamaba en el colegio.
-Luna, no lo eres- le dijo Ron tomándola de la mano y sonriendo un poco al ver que ella no se apartaba.
-Lo sé- indicó-Con Sirius se me acelera el corazón y cuando está muy, muy cerca de mí solamente muero por besarlo. Y cuando nos besamos no quiero detenerme.
Ron tragó saliva sintiéndose incómodo y arrepintiéndose de haber hecho aquella pregunta. Pero ya estaba hecho y deseaba ser sincero con ella antes de poder llegar a la casa.
La detuvo haciéndola quedar delante de él. Luna, con aquella mirada tan particular que le fascinaba, lo contempló. Durante unos segundos se perdió en aquellos ojos grises. Se acercó aún más.
-Yo… yo siento eso cuando estas cerca- le dijo nervioso forzándose a sí mismo a mantener la vista en ella y no apartarla-No se que es besarte pero me gustaría descubrirlo. Yo… te amo, Luna.
Ella sonrió.
-Lo sé- le dijo- Siempre lo supe.
Ron la miró asombrado.
-Entonces… Sé que estás casada con Sirius, que lo amas pero aun así tenía la esperanza de que pudieras…
-Lo siento, Ron, no puedo. Yo sé que Sirius no es perfecto, hay varias cosas que me molestan que hace o dice, pero las acepto porque forman parte de él porque sé que es perfecto para mí. Ahora no puedo ni siquiera pensar en otro hombre- dijo con tristeza.- Pero hablaremos de esto de nuevo el mes que viene y tal vez de te una cita.
Ron frunció el ceño confuso.
-¿Qué quieres decir?
Luna solamente le sonrió mientras se acercaba a él y le dejaba un beso en su mejilla.
-Gracias por invitarme. Nos vemos.
