Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Peligrosamente enamorado.
—Luna, preciosa… ¿Cuánto más tendremos que seguir?—preguntó cansado Sirius—Hace horas que estamos con esto.
—Anda, Sirius, pensé que hacer esto te encantaba.
—Si, pero después de tantas horas seguida es cansador. Y el placer se vuelve algo doloroso. Mucho más si estamos en la misma posición.
Luna rió divertida.
—Un poco más, por favor—le rogó.
Sirius suspiró.
—Está bien. Comienza a moverte de nuevo.
Luna le regaló una radiante sonrisa que lo dejó embobado, como siempre, y nuevamente aceleró la motocicleta. Ya hacía cuatro horas que estaban practicando y Luna, asombrosamente, lo hacía a la perfección. Y a pesar de sus protestas anteriores, verdaderamente, no le importaba ir sentado en la parte de atrás de la moto aferrándose a su cintura delicada. Esa era una linda escusa para tocarla. Si tan sólo pudiera besarla de nuevo… pero la tensión entre ellos que se había generado desde que él se negó a hacerle el amor la semana pasada se estaba yendo poco a poco y no quería hacer nada para que volviera a surgir. También quería preguntarle qué era lo que tanto habían hablado con Ron ese día que fueron a almorzar y porqué, cada vez que el pelirrojo venía a visitarla, ya sea solo o con Harry o Ginny, tenía una tonta sonrisa en su rostro que le hacían tener ganas de acercársele y pegarle un puñetazo.
Pero no lo haría, después de todo, estaba seguro que Luna jamás le sería infiel. ¿Verdad? No, no podía tener esas dudas. Él confiaba plenamente en ella en quien no confiaba era en los idiotas que la perseguían babeándole detrás.
Finalmente, una hora y media después dejaron la moto y entraron al número 12 donde Luna comenzó a hacer la cena. Sirius sintió la tentación de invitarla nuevamente a cenar fuera pero se contuvo de hacer la invitación. Decidió entonces abordar un tema seguro.
—¿Están listos los artículos para la gran primera publicación del nuevo Quisquilloso?
Luna asintió mientras le servía un plato de sopa humeante.
—Cuidado, está caliento—le advirtió—Sí, terminé de escribir los dos últimos con la ayuda de mi padre.
Sirius la miró asombrado.
—¿Cuándo fuiste a verlo?
—Ayer a la tarde fuimos con Ron. Él también me ayudó.
Ron. ¡Ron! RON. Todo Ron. ¿Acaso no podía hablar de otra cosa que no fuera el?
—Qué bien—Masculló Sirius entre dientes antes de tomar una cucharada de sopa sin antes soplar, quemándolo—¡Merlín!
Luna rió pero rápidamente se tapó la boca al darse cuenta que no era correspondiente burlarse de aquel modo. Sirius le lanzó una mirada entre molesto y divertido a la vez.
—Te dije que estaba caliente.
Sirius no dijo nada porque sabía que ella tenía razón. Porque no iba a confesarle que se había quemado por estar maldiciendo al estúpido, idiota, cabeza de zanahoria de Ron.
—¿Y qué es lo que escribieron?—le preguntó volviendo a tomar una cucharada de sopa pero esta vez enfriándola un poco.
—Varias cosas—contestó Luna completamente ajena al enojo de Sirius—Pero tenemos dos artículos principales que seguramente atraerán la atención de todos los lectores. Uno sobre cómo detectar a un vampiro basándome en las pruebas que te hice y otro sobre los Skowtoas, cómo prevenir sus picaduras y diferenciarlas del verdadero amor a primera vista.
Pero Sirius no había escuchado la última parte porque todavía en su mente seguían las palabras: "Basándome en las pruebas que te hice".
—Ya habías mencionado eso antes—dijo con cuidado él—Pero… eh… ¿Qué clase de pruebas me has hecho?
Luna sonrió misteriosamente.
—Ya te enteraras cuando leas el artículo.
Sirius hizo un ridículo puchero con los labios y puso mirada de cachorrito abandonado. Luna rió divertida de nuevo pero no cedió. Resignado, Sirius lanzó un suspiró y volvió a comer.
—¿Y cuál era el otro artículo?
—El de los Skowtoas.—repitió.
—Hay algo que no entiendo. ¿Cómo puedes escribir sobre esas cosas que nadie más conoce ni ve?
Al parecer la pregunta que él la había dicho sin malas intenciones había afectado a Luna. Ella bajó los ojos hacia su plato y comenzó a mover la sopa con la punta de su cuchara de un lado al otro.
—¿Tu también crees que estoy loca?—musitó Luna por lo bajo sin mirarlo.
—¿Qué? ¡No! Luna, ¿Por qué dices eso?
Ella alzó la mirada hacia él y Sirius pudo ver la tristeza en sus ojos grises.
—Porque en el colegio todos me decían lunática. Nunca me importó demasiado porque ellos eran los de mente estrecha que no eran capaces de aceptar que en el mundo hay cosas más allá de lo que ven sus ojos… Pero…—No terminó la frase.
—Pero, ¿Qué?—insistió Sirius.
—Pero no quiero que tú pienses eso de mí.
—No pensaría eso jamás de ti, Luna—le aseguró extendiendo su mano por sobre la mesa para tomar la de ella.
Luna le sonrió y Sirius se sintió feliz al notar que la tristeza había desaparecido.
Ya no había duda: estaba enamorándose peligrosamente de su esposa.
