Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Enamorarse es horrible

Su vida era el mismo Caos. Era la peor cosa que le podría haber ocurrido a él, el gran seductor, el conocedor de los deseos más secretos de las mujeres… ¿Y ahora qué se suponía que debería hacer? Jamás le había ocurrido cosa semejante. ¡Era horrible! Una cosa era estar en la ignorancia, pero otra muy diferente era saber qué era exactamente lo que le ocurría.

¿Cómo no lo había visto venir si todos los síntomas de esa tediosa, horrible, escalofriante enfermedad estaban a la visa? Los nervios, la necesidad de tocarla, de besarla, de mantenerla alejada de cualquier otro hombre que la mirase con demasiado interés… Los celos, el miedo de que se apartara para siempre. El deseo de verla sonreír, de hablar con ella, de enterarse de sus pensamientos, de verla feliz. ¿Acaso no había caído a sus pies con una sonrisa? Si, estaba jodidamente enamorado.

Caminó por las calles de esa ciudad muggle sin saber qué hacer. Había escapado, espantado, como un maldito cobarde se había apartado de ella una vez que la consciente realidad lo invadió despejando las neblinas del placer. Aunque hubiera preferido abrazarla, mantenerla cerca de él y besarle la frente con cariño… disfrutar de la paz después de ese magnífico momento.

Sólo rogaba que Luna no se hubiera despertado y viera que él había desaparecido de allí. Pero ella correspondía ese amor, ¿No? Y si ella le correspondía no creía que hubiera problema alguno. Simplemente él tendría que decirle que la amaba, ella iba a estar feliz, y le diría que también lo amaba… Por lo menos eso esperaba.

¿Qué haría si ella ya no sentía lo mismo? ¿Moriría? ¿Se podría morir de amor? No estaba seguro. Sólo quería que eso acabase pronto. Porque con sólo confesar el sentimiento ya se sentiría mejor, ¿Verdad? ¿Tendría fin o estaba condenado a sentir aquello?

Quiso gritar de frustración.

Estar enamorado era la cosa más horrorosa que le podría haber pasado…. ¡Enamorado de su esposa! James, si aún estuviera, posiblemente se reiría de él y junto con Remus le dirían que finalmente había caído… ¡Pero qué caída! Enamorarse era horrible, pero tenía sus beneficios… como poder pasar las noches en brazos de tal belleza.

Lanzó un suspiro. Tal vez sería mejor que volviese a la casa y le confesara a Luna lo que sentía.

Sin perder tiempo, volvió al número 12 de Grimmauld Place. Sonrió al ingresar y ver vacío el sitio donde antes había estado el cuadro de la arpía de su madre. Y todo había sido gracias a Luna.

Pero cuando entró a la cocina vio a Kreacher preparando té. Sirius frunció el ceño.

-¿Para quién es eso?- preguntó.

El elfo le lanzó una mirada llena de odio, a la que ya estaba acostumbrado.

-Para la Señora Black y su amigo.

El elfo ya estaba acostumbrado a la presencia de Luna en la casa pero era la primera vez que la llamaba de aquella manera.

-¿Y quién es el amigo de la señora Black?- preguntó molesto.

-El señor Weasley.

-¿Arthur Wasley?- inquirió conociendo ya la respuesta.

-No, el hijo, traidor de sangre- musitó el elfo mientras tomaba la bandeja para llevarla a la sala.

-No, Kreacher- lo interrumpió Sirius- Yo se las llevaré.

El elfo lo contempló dudoso.

-Es una orden- indicó Sirius- Suelta la bandeja.

Él le hizo caso pero no dejó de mirarlo de mala manera.

-Si la señora Black se molesta, no venga con quejas a Kreacher- dijo el elfo.

-¿Desde cuando tanto respeto por Luna?

-Kreacher, respeta a la nueva señora Black porque la señora Black habló con Kreacher y le dijo que…

-¿Estás hablando de mi madre?- inquirió Sirius.

El elfo asintió.

-Está bien. Vete. Luna no se enojará por nada contigo.

El elfo se marchó, murmurando maldiciones hacia él. Pero no le hizo caso. Tenía una mejor idea. Miró hacia la puerta para comprobar que no había nadie y se encaminó hacia una de las estanterías superiores donde, tiempo atrás, la señora Weasley había guardado algunas pociones. Sirvió una taza de té más para él y en otra colocó un poco de poción laxante y lo mezcló bien. Tomó la bandeja y se apresuró a ir hacia la sala. Sí, allí estaban esos dos pero lo que vio hizo que se quedara de piedra en la entrada.

¡Luna y Ron se estaban besando!