Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.
Un plan, una disculpa y Minerva
Sirius la escuchó aparecerse en la sala y en menos de cinco segundos él también estuvo allí, a su lado. La contempló fijamente, sin perderse detalle de su rostro y su cuerpo, como si esa fuera la primera vez que la observaba. Y le pareció la cosa más hermosa que pudiera existir en el mundo. Ella se mordió el labio inferior suavemente delatando su nerviosismo pero cuando él posó sus ojos allí no pensó en nada más que tomarla entre sus brazos y besarla. Pero recordó la carta que le había mandado Remus minutos antes, en la cual le daba una serie de consejos de cómo conseguir el perdón de una mujer. Durante unos momentos, pensó en tirarla a la basura pero luego se dio cuenta que en esta ocasión tendría que dejar su maldito orgullo herido de lado y aceptar esa ayuda.
Dio un paso hacia adelante, quedando justo enfrente de ella y, alzando su mano, acarició con la punta de sus dedos la mejilla de ella que rápidamente adoptó un adorable tono rosado. Nuevamente los deseos de tomar sus labios con los suyos se hizo presente pero, haciendo uso de todo su autocontrol, se resistió. Primero tenía que llevar a cabo el plan que había ideado para conseguir que ella lo perdonara.
Sin decirle nada, la empujó suavemente hasta el sillón donde la hizo sentar mientras él se apartaba. Lanzó un suspiro mientras miraba nerviosamente el suelo de la sala. ¿Cómo rayos se empezaba? Agitó su cabeza y decidió que la mejor manera de hacerlo era siendo él mismo… pero sin la parte idiota… ¡Ah, Merlín, qué dilema!
—Luna… —comenzó—Se que estuve…—se detuvo e intentó empezar de nuevo—Soy un idiota. ¿Me perdonas?
Él miró expectante a Luna, deseando que ella de una vez por todas le dijera que lo perdonaba y que luego se le tirara encima y que hicieran el amor descontroladamente en la sala… Sí, su plan era muy bueno. Pero cuando vio que Luna apretaba los labios con fuerza y luego sus hombros comenzaban a moverse temblorosamente, pensó todo lo contrario. ¿A caso ella estaba a punto de llorar?
Pero no, Luna estaba conteniendo la risa. Y, cuando ya no pudo hacerlo más, la carcajada que salió de su boca resonó en aquella habitación. Sirius frunció el ceño confuso por la actitud de su esposa. ¿Qué le pasaba?
—Eh… ¿Estás bien?—le preguntó.
Ella asintió sin dejar de reír. Incluso de podían ver que salían unas pequeñas lagrimitas de sus ojos.
—¿Esto… esto es lo que tenías planeado?—le preguntó ella sin dejar de reír—¿Esto es lo que le dijiste a Remus?
Sirius la miró ofendido. A él le había parecido un buen y elaborado plan: 1-disculparse. 2-besarla y 3- hacer el amor. Además, por qué tenía que ir contándole su supuesto amigo a Luna lo que había ideado. ¡Eso era traición!
—Me disculpé, ¿No?—dijo con cierta molestia.
—Sí, pero no era necesario—indicó ella—Yo le dije a Hermione que sería yo la que debería hacerlo puesto que fue mi idea besar a Ron y…
—Sí, sí, sí—la interrumpió él mientras se sentaba a su lado y la tomaba por la cintura para atraerla hacia él—Te perdono, me perdonas… Ahora bésame.
Esas últimas dos palabras se las susurró, mirándola con deseo mientras le dedicaba una de sus desbastadoras sonrisas que le aceleraban el pulso. Sirius se le acercó más, y la respiración de Luna se hizo más pesada, como siempre sucedía cuando lo tenía demasiado cerca, sin que él siquiera la tocara. Ambos se miraban a los ojos. Sirius sacó una de sus manos de la cintura de ella y la subió hacia su rostro, acariciándolo nuevamente como momentos atrás pero, esta vez, bajando lentamente por el camino que trazaba su cuello hasta el borde de la blusa azul que ella estaba usando. Luna cerró los ojos inconscientemente, totalmente perdida en aquella caricia que se sentía enardecida… delirante.
Sirius comenzó a empujarla suavemente hasta hacerla recostar en el sillón, quedando encima de ella pero procurando que no tuviera que soportar demasiado el peso de su cuerpo. Pero el sentirlo de aquel modo ayudó a que el cuerpo de ella aumentara su temperatura y sólo deseara tenerlo aún más cerca. Fue ella la que buscó sus labios, pero él, tentándola, sólo se aproximaba un poco a rosarlos antes de apartarse.
Luna alzó sus brazos hacia el cuello de él y con sus manos detrás, empujó su rostro hacia abajo logrando capturar su boca antes de que Sirius lograra apartarse nuevamente. Al principio sólo se trató de un beso suave pero luego, poco a poco, se fue tornando más y más violento, como una especie de batalla donde sus lenguas no dejaban de rosarse entre ellas, buscándose con desesperación.
Luna lo empujó suavemente para atrás, pero sin dejar de besarlo, hasta que en un rápido e increíble movimiento, lo hizo quedar de espaldas en el sillón y ella encima de él sentada a horcajadas. Sirius llevó sus manos de la cintura de ella a sus muslos vestidos por un pantalón de jean. Primero lo acarició por el exterior y luego por dentro, ocasionando que ella se estremeciera y, repentinamente, cortara el beso.
Ella le sonrió pícaramente y bajó nuevamente el rostro de él hacia su cuello donde comenzó a dejarle besos húmedos y cálidos. Lentamente iba descendiendo a medida de que desprendía los botones de la camisa de él. Y bajaba y bajaba con esos enloquecedores besos y alguna que otra caricia de su lengua que le daban locas y libidinosas ideas a Sirius. Pero de pronto, cuando sintió que la lengua de ella formaba un círculo alrededor de su ombligo, comprendió lo que se proponía su traviesa esposa. Pero el saberlo no disminuyó la sorpresa y el placer que se llevó cuando ella colocó sus manos en su abultada entrepierna sobre el pantalón. Gimió cerrando los ojos con fuerza. ¡Merlín, esa muchachita lo volvería loco!
Los labios de Luna siguieron descendiendo un poco más mientras sus ágiles manos desprendían el cinturón.
Pero antes de que ella pudiera llegar a su objetivo el timbre de la puerta de entrada sonó haciéndola detenerse. Sirius maldijo su mala suerte.
—Ya se irá—le dijo él con la esperanza de que continuaran en lo que estaban.
Pero el timbre no sonó sólo una vez más, sino que fueron cinco veces. La persona que se encontraba allí, obviamente, no deseaba marchase sin ser atendida.
Luna se levantó de encima de Sirius, que volvió a maldecir, y se acomodó su blusa que había quedado un poco torcida y peinó su cabello con sus dedos para que no estuviera tan alborotado. Claro que el rojo de sus labios, el brillo de deseo en sus labios y su rostro sonrosado no podía ocultarse con la misma facilidad. Y tampoco Sirius podía calmar su… parte afectada… tan rápidamente. Luna se dio cuenta de esto y le sonrió con tranquilidad. ¡¿Cómo rayos podía estar tranquila?!
—Ve a darte una ducha, yo iré a atender.
Sirius gruñó molesto mientras escuchaba nuevamente como sonaba el timbre.
—Tengo una mejor idea: mira quién es, mándala a volar y luego ven que seguimos. Pero esta vez intercambiamos papeles.
Luna se sonrojó aún más y apartó la mirada. Sirius sonrió al verla marcharse hacia la puerta pensando que, tal vez, había aceptado cumplir su plan. Pero cuando escuchó la voz de su esposa diciendo: "Buenos días, profesora McGonagall. Qué sorpresa verla" supo que su plan tenía que esperar. Sin perder tiempo, se levantó de un salto y corrió al baño de su habitación para darse una rápida pero fría ducha.
Para cuando volvió a la sala lo primero que se dio cuenta era que las dos mujeres reían alborotadamente sin parar. Las contempló anonadado puesto que había pensado que aquella anciana mujer había ido preparada para darles batalla, amenazándolos con contarle su plan al Ministerio. Y él se había preparado mentalmente para confesarle la verdad: se había enamorado perdidamente de su esposa.
Cuando Minerva alzó el rostro hacia la entrada de la sala, sonrió amigablemente al ver a Sirius parado allí.
—¡Oh, Sirius, querido, qué alegría verte después de tanto tiempo!—exclamó la mujer.
—Ah… ¿En serio?—preguntó algo dudoso.
—Claro que sí. Aunque estoy algo molesta con ustedes dos—dijo señalando a Luna y a él—¡No me invitaron a su boda!
Sirius estaba que no se creía todo aquello. Miró a Luna interrogativamente pero ella simplemente le sonrió a modo de respuesta. ¿Qué le sucedía a Minerva? Primero amenazaba a Luna con expulsarla del colegio y confesar lo que él le había contado con tal de impedir la boda y ahora… esto. O estaba bajo un hechizo o, simplemente, cada día se volvía más loca.
Para su desgracia, la mujer estuvo allí una larga y eterna hora, hablado con Luna sobre la boda. De vez en cuando le hacía alguna que otra pregunta a Sirius que simplemente respondía asintiendo o negando con la cabeza. ¡¿Por qué no se marchaba de una maldita vez para dejarlos solos?!
Cuando finalmente ella se marchó, él no tardó en tomar a Luna por la cintura y apoderarse de su boca. Luna le devolvió el beso con igual pasión y la ducha que se había dado Sirius fue como si nunca hubiera existido.
—¿Qué le hiciste?—le preguntó a Luna cuando se separaron con la respiración agitada.
Ella volvió a sonreír.
—Digamos que… sólo le dije la verdad.
Él frunció el ceño sin comprender. Iba a preguntárselo pero Luna volvió a besarlo y pronto estuvieron continuando lo que habían interrumpido McGonagall.
