Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

¡Finalmente!

Dos meses ya habían pasado desde que se casó con ella. Dos meses que había aprendido una cruda lección: casarse es peligroso porque podrías terminar enamorándote de tu esposa. Pero ya que se había hundido en ese foso de la perdición del cual no podía salir, ¿Para qué seguir luchando? Ahora lo único que importaba era poder confesarle, de una vez por todas, que estaba perdidamente enamorado de ella.

Le había pedido ayuda a Remus con esas cursilerías románticas y su buen amigo había venido predispuesto a ayudarlo. Se había ausentado todo el día a su trabajo. Tenía suerte de que fuera Luna fuera su jefa y que ella lo perdonara porque sino no habría podido hacer todo lo que en ese momento estaba haciendo. Que no era mucho, en realidad, ya que sólo repasaba la lista comprobando que todo estuviera listo.

Su querida Luna todavía estaba en la imprenta de "El quisquilloso" revisando que todo estuviera en orden para la nueva edición que saldría la mañana siguiente. Sabía que llegaría aproximadamente dentro de media hora así que volvió a mirar la lista.

. Jardín.

Listo. Todo el jardín trasero del número doce había sido limpiado y acomodado especialmente para esa noche. En el centro había una mesa cubierta con un pulcro mantel blanco y, alrededor de éste, dos sillas.

. Rosas

Listo. Las tenía sobre la mesa en un carísimo florero que a su madre le había gustado pero que para él no era más que un horrible artefacto. Pero debía admitir que tenía cierta elegancia con la docena de rosas en su interior.

. Velas

Listo. Estaban colocadas en puntos estratégicos para que iluminaran el ambiente dándole un aire romántico.

. Noche con Luna

Lista. Sin ninguna nube.

. Cena

Lista. Kreacher se había lucido preparando un exquisito platillo que le hacía recordar a los momentos que habían pasado en Italia en su supuesta Luna de Miel. Tal vez no sería mala idea ir de nuevo pero esta vez disfrutando mucho más de ella puesto que ninguno tendría la tonta idea de permanecer célibes.

. Obsequio

Listo. Había pasado toda la condenada mañana de local en local buscando algo que le pudiese dar a ella hasta que, de nuevo, gracias a la ayuda de Remus, lo había conseguido.

. Poema

Sí, el maldito poema que según Remus tenía que recitarle estaba listo. Aunque dudaba seriamente en hacer aquello puesto que le parecía demasiado cursi.

. Traje de gala.

Bajó su rostro hacia su cuerpo y comprobó que, efectivamente, estaba usando el mismo traje que en su boca.

Sonrió. Todo estaba perfectamente organizado. Jamás había preparado un plan tan detallado para nada, mucho menos para decirle a una mujer que la amaba.

De pronto, escuchó el sonido de la puerta de entrada de la casa. Abrió inmensamente los ojos sabiendo que se trataba de Luna. El pánico lo invadió. ¡Merlín! ¿Qué hacía ahora?

Miró a su alrededor nervioso. Enrolló la lista que tenía en sus manos y la arrojó por ahí sin siquiera mirar a donde caía. Se encaminó con largos pasos hacia la entrada de la casa y vio que Luna traía algunas cartas en sus manos que miraba con curiosidad.

—Hola, preciosa—le dijo él acercándosele para besarla.

—Hola, Sirius—le devolvió el saludo ella sin apartar la vista de las cartas y completamente ajena a lo que él deseaba.

Sirius frunció el ceño molesto.

—¿Qué tanto lees?—preguntó con tono molesto.

—Una carta de Ron—contestó ella para mayor enojo de Sirius.

—¡¿Y es tan importante que no puede esperar?!

Luna bajó la carta y le sonrió con tranquilidad. Había notado la manera en que él estaba vestido y Hermione ya le había contado lo que él y Remus habían planeado. Pero no pensaba decirle nada porque quería divertirse un poquito con él antes.

—Lo siento, Sirius–le dijo mientras dejaba que la carta cayera al suelo e iba a rodearle el cuello con sus brazos para acercársele y besarlo.

Sirius sonrió mientras le pasaba los brazos alrededor de su cintura para atraerla más a él.

—No importa, preciosa. Te tengo una sorpresa en el patio.

—¿Qué sorpresa?— se hizo la desentendida.

—Ya verás.

Sirius la llevó casi corriendo hacia el patio porque estaba realmente nervioso y no quería perderse de ninguna de las expresiones de Luna. Cuando llegaron él la miró expectante. Se la notaba realmente asombrada y, sin darle tiempo a reaccionar, se lanzó sobre él y lo beso con verdadero amor y pasión.

—Gracias. Gracias. Gracias—repitió una y otra vez ella sin dejar de besarlo.

Sirius no podía hacer más que reír como un idiota sintiéndose estúpidamente feliz por la efusiva respuesta de ella.

—Te amo tanto—le dijo Luna mirándolo a los ojos con esos ojos soñadores bañados en dulzura.

Sirius se perdió en esa mirada, ahogándose en ella pero sintiéndose más feliz que nunca. Jamás imaginó que, después de haber vivido todo aquello, pudiese sentirse así.

Era un jodido afortunado, ¿No?

—Yo también te amo—confesó por primera vez en su vida.

La sonrisa de Luna se hizo aún más grande.

—¿Te picaron Skowtoas?—le preguntó ella con cierta diversión.

Sirius rió y negó con la cabeza.

—Creo que no, pero uno nunca sabe…Pero tengo el leve presentimiento que esto no se acabará.

Durante el resto de la noche ninguno de los dos volvió a mencionar a Ron ni a ninguno de sus amigos. Sirius intentó concentrarse en no cometer ningún error. Al momento de entregarle el obsequio que había tardado tanto en seleccionar sus nervios volvieron. Maldito estado de enamorado en que se encontraba…

Miró con expectación mientras ella desenvolvía el paquete cubierto por un papel de regalos de un rosa delicado. Cuando ella quitó la tapa de la caja se quedó boquiabierta viendo su interior.

—Recuerdo que no te gustó mucho el anillo de compromiso de mi familia así que pensé que sería mejor comprarte uno mucho menos… verde—dijo él usando la misma palabra que ella la otra vez.

Luna no podía quitar los ojos del anillo, pero de pronto se dio cuenta que allí había algo más. Intentó no sonrojarse pero le fue imposible no hacerlo a medida de que sacó la pequeñísima prenda que, además de ser diminuta era puro encaje y tan sólo verla creía que no le cubriría ni una cuarta parte de lo que tendría que cubrir.

—Eh… y… ¿La parte de arriba?—preguntó con cierta vergüenza a Sirius que la miraba sonriente.

—¿Para qué te voy a regalar un sostén? Cuando esta noche me lo modeles para mi quiero tener al menos una parte de la panorámica.

Luna se sonrojó aún más ante este comentario pero aún así rió divertida. De todo el tiempo que llevaba haciendo el amor con él todavía le costaba no sonrojarse con sus comentarios y claras insinuaciones. Claro que ella también había aprendido a provocarlo.

—¿Estás muy seguro que lo modelaré para ti?

—Seguro, ¿Para quién más si no?

Luna sonrió.

—Está bien, lo haré, pero a cambio de otra cosa.

Sirius entrecerró los ojos y la miró con media sonrisa en los labios.

—Lo que quieras, preciosa.

Todo el sonrojo de Luna desapareció y se su sonrisa se hizo aún más ancha y coqueta.

—Que primero lo modeles tú para mí.