Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Divorcio

La ceremonia había sido sencilla y hermosa; sólo concurrieron a ella los familiares y amigos más cercanos. Sirius había tenido que prestarle su pañuelo a Luna que había comenzado a sollozar emocionada. Él la había contemplado con cierta diversión pero, a la vez, con preocupación puesto que ella no era de las mujeres que lloraran por cualquier cosa. Lo mismo había sucedido la semana anterior cuando fuero a San Mungo a visitar al padre de Luna por su cumpleaños: el hombre le había dicho que se veía más gorda que la última vez que la vio y ella se había vuelto un mar de lágrimas y había salido corriendo de allí sin importarle haber capturado la atención de todos con los que se cruzaba. A él le habían entrado unas inmensas ganas de lanzarle un hechizo a aquel hombre. ¡¿Acaso ese no sabía que jamás en su vida debería decirle a una mujer que estaba gorda?! ¡Ni siquiera a su propia hija! Claro, él también había notado que Luna había subido un poco de peso pero, sinceramente, no le importaba.

La mayoría de los presentes se levantaron de sus asientos cuando una banda comenzó a tocar. Los novios fueron los primeros en salir. Ambos se notaban que verdaderamente se amaban. Ron no podía dejar de mirar a Hannah y ella a su vez tampoco a él.

Sirius aún no podrá lograr entender cómo esos dos habían acabado juntos. Pero no iba a hacer demasiadas indagaciones. Estaba demasiado feliz sabiendo que finalmente el molesto pelirrojo había dejado de creerse el enamorado de su Luna.

Giró su rostro hacia su esposa y notó que Luna los contemplaba con media sonrisa. Apoyó su cabeza en el hombro de Sirius y lanzó un suspiro.

—¿Quiere bailar conmigo, señora Black?—le preguntó sonriente.

Ella asintió y enseguida se paró. Fueron a la pista en el mismo momento en que comenzaba a sonar un tema más lento. Con cuidado, Sirius rodeó su cintura con un brazo atrayéndola a su cuerpo y tomó con su mano la de ella.

—Jamás hubiera imaginado que esos dos terminarían casándose—confesó él.

Luna sonrió.

—Te dije que lo harían—indicó Luna.

Sí, ella se lo había asegurado con tal efusividad que por un momento él pensó que estaba volviéndose loca. Pero allí estaban, dos años después, en el casamiento de Ronald Weasley y Hannah Abbott.

Después de ese baile ambos se sentaron un rato junto a Harry, Ginny, Remus y Tonks a hablar tranquilamente. La pareja de recién casado pasó a hablar con ellos y a agradecerles por su presencia. De vez en cuando también se veía correr de aquí para allá a Molly que observaba que todos estuvieran cómodos y disfrutando del momento.

Cuando, finalmente, la boda llegó a su fin, Luna y Sirius se aparecieron nuevamente en su casa. Ella fue a la habitación que desde hace dos años y medio compartían y se quitó el vestido de rojo que se había colocado para aquella ocasión. Sirius la contempló atentamente y con media sonrisa en sus labios. Jamás, en toda su vida, habría alguna vez imaginado que terminaría enamorándose; pero allí estaba, completamente loco de amor por su esposa. ¡Qué malditamente cursi!

Para su primer aniversario de casados habían ido nuevamente a Italia. No le agradó mucho tener que encontrarse con el mismo muchachito molesto que perseguía a Luna a todos lados pero, sin duda, valió la pena regresar. Esa vez no se contuvo y le hizo el amor cada vez que tuvo ganas, con desenfreno a veces y otras con el más infinito cuidado pero de ambas maneras demostrando lo mucho que la amaba.

Ella se vistió con un camisón blanco semitransparente que él le había obsequiado meses atrás y se acercó a donde estaba sentado en la cama. No tardó en darse cuenta que nuevamente se comportaba de manera extraña. Por lo general, ella saltaba a su lado y, rodeándolo con sus brazos níveos lo besaba… Pero ahora no hacía más que contemplarlo con profunda seriedad.

—Sirius, creo que tenemos que hablar seriamente—le dijo.

Él la miró con asombro.

—¿De qué quieres hablar?—le preguntó.

—Quiero el divorcio.

Sirius abrió inmensamente los ojos y la contempló sin poder creer lo que estaba oyendo.

—¿Qu…é? P… pero… Luna, yo… ¡NO!

—Pero, Sirius, piénsalo—insistió ella—Es lo mejor dada nuestra situación.

Él negó con la cabeza repetidas veces. Había pensado que todo lo que había entre ellos era especial, que él había estado llevando bien su papel de marido medianamente bien… ¿Por qué venía a pedirle aquello justo ahora? ¿Acaso había dejado de amarlo?

—¡Podemos intentarlo de nuevo! Sea lo que sea que haya hecho mal te juro que no lo volveré a hacer—dijo con desesperación tomando sus manos y besándolas—¡Dejaré de comer esas galletas que tanto odias porque huelen a queso podrido y que a mí me encanta! ¡No roncaré más por las noches! ¡Te lo juro! ¡No haré más bromas pesadas a nadie… mucho menos a Ron! ¡TE LO PROMETO!

Luna frunció el ceño y lo contempló con curiosidad.

—No hiciste nada mal, Sirius—indicó ella con calma—Todo lo contrario, creo que eres el mejor hombre que una mujer puede desear tener. Tus bromas son divertidas y no me molestas que ronques… y las galletas las soporto.

—¿Entonces por qué rayos me pides el divorcio?

Para su mayor enojo ella sonrió regalándole esa mirada soñadora.

—Porque te amo y me amas. Esas no son las mismas razones por las cuales nos casamos. Además, nuestra situación cambió.

El negó con la cabeza.

—No te entiendo, Luna.

Ella lanzó un suspiro y tomando una de las manos de él se las llevó a su abdomen levemente curvado.

—Estoy embarazada–le confesó finalmente—Y creo que si tenemos un hijo éste debe saber la razón por la cual sus padres se casaron. Yo no quiero decirle que fue porque su padre necesitaba urgentemente ayuda ya que si no volvería a prisión. Prefiero que sepa que nos casamos porque nos amamos. Así que quiero el divorcio para que luego podamos casarnos de nuevo.

Cuando finalmente finalizó de decir aquello miró a Sirius para ver qué tenía él que comentar al respecto pero luego se dio cuenta que él ni siquiera lo había escuchado. Todavía estaba con la mano en la panza de ella y no dejaba de ver fijamente aquel sitio sin poder creer que justamente allí se estuviera criando un hijo suyo.

—¿Cuándo..? ¡Pensé que me dijiste que estabas bebiendo la poción anticonceptiva!—dijo levantando la voz.

—Así era pero ¿Recuerdas aquel día en que empezamos a jugar con la pluma y el tintero y yo te hice un pequeño tatuaje en la punta de tu…?

—Sí, sí, si… Recuerdo aquello—dijo hablando rápidamente.

—Pues entonces ahí tienes tu respuesta.

—No, creo que no la tengo, cariño…

—¡Te dije que quería tener un hijo contigo y tú me dijiste que sí!

¿Él había dicho aquello? ¡Merlín, no recordaba! ¡¿Acaso uno podría recordar alguna conversación cuando tenía a Luna desnuda en la cama haciéndole endemoniadas cosas con una pluma?!

Alzó la vista hacia ella y vio como su expresión había cambiado. Ahora parecía preocupada. Ahora comprendía el porqué de sus cambios de humor y el hecho de haber subido de peso.

—¿Acaso no quieres que lo tenga?—le preguntó ella con nuevas lágrimas en sus ojos.

—¡¿Qué?! ¡Por supuesto que quiero!—se apresuró a decir abrazándola con felicidad—¡Merlín, voy a ser padre!

—¿Y también quieres casarte conmigo?—preguntó ella alegre.

Sirius asintió sonriendo y se acercó a besarla con infinito cariño.

¿Casarse con ella por segunda vez? Aceptaba sin dudarlo. Si haberla convertido en su esposa por primera vez había sido la mejor aventura de su vida, no quería ni pensar en lo que le esperaba la segunda vez.

Pero, desde ya, sabía que sería la cosa más maravillosa que le podría suceder en la vida.