Gracias por todos sus comentarios realmente me dan ánimos para seguir con este maravilloso reto :)

Capítulo dos: Amiga- Alexander Acha

Rose refunfuñó intentando hacerse notar, pero fue en vano, ellos seguían en la misma posición. Como parecía que ni un terremoto los podría detener, la chica optó por tomar medidas drásticas, después de todo sabía que su primo lo hacía a propósito; quería que ella actuara y por eso le mostraba como era la otra cara de la moneda. Cuando sus ojos no pudieron tolerar más aquella imagen, donde Albus y su novia se besaban como si en pocos minutos se fuera a acabar el mundo, se puso de pie. Podía sentir toda su sangre hirviendo de celos, y ella como toda una Weasley era una olla a presión, la cual lamentablemente ya había colapsado.

-Voy a buscarlo-indicó ella con decisión, la adrenalina la dominaba y ni siquiera era consciente de sus acciones así que al ver como los dos tortolitos mágicamente se separaban y la miraban con los ojos totalmente abiertos, sólo pudo anunciar-les puedo asegurar, que hoy, todo el tren se va a enterar que me gusta Scorpius Malfoy-.

Albus soltó una risotada pues intuía que la pelirroja había llegado a su límite de cordura y que en cualquier momento cometería una locura por primera vez en su vida.

La chica tras dedicarles un vistazo más se dirigió al pasillo como una ráfaga enardecida, debía encontrarlo. Aún recordaba como hace unas horas se habían separado debido a que él se había ido con sus compañeros del equipo de Quidditch de Gryffindor, recordaba como su corazón impaciente, que en ese momento creyó que había perdido su oportunidad, había sido iluminado por su sonrisa sincera, señal de que estaban destinados a verse antes de que llegaran a la estación.

Sus pasos fuertes resonaban en el tren mientras ella comprobaba cada compartimiento en busca de su amigo, finalmente al llegar a uno de los últimos, su corazón se aceleró y su estomago se encogió, allí estaba él.

Cautelosamente ingresó y una escena inesperada la asaltó dejándola desamparada en ese mar de sensaciones tan vividas que creía que se podría desmayar. El rubio dormía con la cabeza apoyada contra el cristal, consiguiendo que sus gafas se resbalaran ligeramente de su rostro. Toda aquella disposición, el valor que había juntado, todo se desinfló como un globo en cuestión de segundos, nuevamente no sabía que debía hacer. Caminó de puntillas hacia él y con cuidado le colocó las gafas en su sitio, luego lo miró detalladamente como si fuera algún tipo de obra maestra invaluable, su piel parecía porcelana y sus labios estaban entreabiertos. Antes de que se diera cuenta esos labios ya la llamaban a gritos, le costaba respirar y su razón se nubló. Más y más cerca su rostro se fue aproximando al de él, se preparó para el choque cuando a tan solo unos milímetros, sus ojos se abrieron. La impresión fue tan grande que la chica retrocedió de inmediato, terminando en el asiento que estaba frente a él con los ojos totalmente abiertos.

-¿Qué sucede?-preguntó Scorpius totalmente adormilado, soltando un bostezo antes de clavar su mirada en la pelirroja. Ella percibió como sus mejillas se coloreaban y rápidamente se puso de pie para disimular, pensando que después de todo aun le quedaba una chispa de esperanza, pues no parecía que él fuera consciente de lo que estuvo a punto de suceder, así que, no dudó en tomar una ruta de escape.

-Nada, solamente tenías las gafas fuera de lugar-manifestó ella con una sonrisa nerviosa comenzando a caminar por el compartimiento para aliviar ese ambiente tenso. Él pareció tragarse por completo la mentira ya que después preguntó notablemente preocupado:

-¿Tienes fiebre?, estas muy colorada-.

-¿Qué?-elevó la voz ella, tocándose apresuradamente el rostro-no, es que aquí hace mucho calor-se explicó apresurándose a abrir la ventana para de esa forma evitar su mirada por unos minutos, necesitaba relajarse o no podría continuar viéndolo a los ojos sin terminar lo que había empezado. Así que respiró hondo y lentamente se dio vuelta, el rubio no la había dejado de mirar por un solo segundo y eso la inquietaba aun más.

-Necesito decirte algo-dijeron ambos al unísono provocando que una sonrisa se iluminara en sus rostros.

-Tú primero-estableció la Weasley con rapidez, sentándose y tratando de mantenerse quieta, nunca se hubiera esperado esa situación ¿y si él terminaba confesándosele?, su corazón se aceleró al imaginar esa posibilidad y hasta era capaz de escuchar a la perfección los latidos dentro de su cabeza. El silencio comenzó a hacerse eterno, las palabras parecían no querer salir de la boca del chico, y la ansiedad estaba a punto de matarla.

Entonces un sonido se escuchó dentro del compartimiento; el cual demoró cerca de un minuto en ser procesado en el cerebro de la chica, donde finalmente adquirió sentido. Lentamente percibió como todo se venía abajo, y al igual que una torre demasiado frágil para resistir el viento, sus esperanzas se derrumbaron.

-Este verano no podré ir a la madriguera-esas eran las palabras que hacían eco en el lugar, cada vez más suaves hasta que fueron remplazadas por un silencio incomodo; Rose estaba perpleja.

-¿Por qué?-preguntó ella con inquietud, no fue hasta ese momento que notó que su mejor amigo no se encontraba como siempre, por más que fuera demasiado evidente ella no se había dado cuenta antes; él estaba pasando un mal momento y ella egoístamente solo se estaba preocupando por sus sentimientos.

Él totalmente apenado esquivó su mirada llena de interés y le tendió una carta, absolutamente arrugada, que conservaba en el bolsillo de su pantalón. Rose prácticamente se la arrancó de las manos y la devoró en cuestión de pocos segundos.

Querido Scorpius

No voy a volver a comentar sobre tus amigos, ya sabes lo que pienso al respecto sobre tu amistad con esa familia .Escribo para informarte que es tu obligación como Malfoy el visitar a tu abuela materna durante el verano, así que no podrás concurrir a la casa de los Weasley este año. Actualmente ella reside en Paris, así que al llegar a la estación mañana uno de los elfos te estará esperando para llevarte con ella. No quiero excusas, tu madre te manda saludos,

Tu padre

-¿Abuela materna?-repitió ella confusa pues en los seis años que lo conocía nunca la había siquiera mencionado.

-Así es-confirmó el rubio exasperado-no me hace ninguna gracia tener que reclutarme en su mansión todo el verano, ella es una persona muy especial, realmente no entiendo como puede ser mi abuela-.

El muchacho quedó callado inmediatamente después y Rose lo miró apenada, puesto que ella no solía tener problemas mayores con su familia más que una pelea con su hermano menor o con una de sus primas, no sabía que decirle para hacerlo sentir mejor.

-¿Qué era lo que me tenías que decir?-le recordó Scorpius cambiando de tema y volviendo a asaltarla con esa mirada tan brillante. Ella nuevamente se congeló, todo el asunto le había llevado olvidar ese pequeño detalle. Tragó saliva y lo meditó con la mirada fija en sus zapatos, ya no estaba segura si debía confesársele. Si debían separarse durante tanto tiempo ella creía que seria mejor si lo hicieran como amigos, era consciente de que las relaciones a larga distancia era muy difícil hacerlas funcionar; además aun no había tomado en cuenta un factor importante, no conocía sus sentimientos. No sabía si él solo la consideraba como una amiga o si al igual que ella sentía ese cosquilleo en el estómago cada vez que sus miradas se cruzaban.

En ese momento la puerta del compartimiento se abrió y una figura ingresó con prisa; la chica rápidamente se dirigió a Rose.

-El tren ya está por llegar al anden, deben venir al primer vagón estamos todos allí-informó Lily Potter, se notaba que había llegado corriendo hasta allí ya que su respiración era entrecortada.

Rose le dedicó una mirada a Scorpius y este entendió que ya era hora de despedirse, el gris y el azul se fundieron sin darse cuenta, ninguno quería ser el primero en decir adiós.

-Enseguida iré Lily, dame un segundo-le pidió la chica de ojos azules a la otra pelirroja a la vez que rogaba mentalmente para que no preguntara nada. Como si le hubiera leído el pensamiento la pequeña de los Potter se fue de allí en un abrir y cerrar de ojos.

-No te pongas así Rose-dijo el chico de gafas al captar el aura de tristeza que desprendía la pelirroja, entonces se puso de pie y la abrazó. En cuanto la cabeza de la muchacha se apoyó en el hombro del chico esta percibió una sensación de calidez que la envolvió, si fuera por ella el tiempo podría detenerse en ese mismo momento; de esa forma podrían quedarse así para siempre. Lamentablemente pronto se separaron y ella dejó de percibir su perfume.

-El verano pasará muy rápido y antes de que te des cuenta ya estaremos en este mismo tren como estudiantes de séptimo-la animó con una sonrisa-además prometo mandarte cartas todos los días, ¿Qué clase de amigo sería si me olvidara de tu cumpleaños?-indicó finalmente sin despegar su mirada de aquellos pozos azules. A medida que pasaban los minutos Rose sentía como su alma se desgarraba, no entendía como él podía usar todas aquellas técnicas con su pobre corazón, tan desesperado que se regocijaba ante cualquier muestra de aprecio. Eventualmente asintió con la cabeza y esbozó una ligera sonrisa, después de todo él era capaz de manejarla sin tener que esbozar una sola palabra, bastaba una mirada para que ella cayera rendida a sus pies.

El sonido de la locomotora pronto les indicó que en cualquier momento llegarían a la estación, automáticamente Rose abrió la compuerta y salió al pasillo, sus ojos no eran capaces de despegarse de la figura del muchacho. Lo último que vio, antes de que una masa de estudiantes la obligaran a avanzar hacia adelante, fueron sus ojos plata; testigos de que él mantendría aquella promesa.

Ella comenzó a correr hacia la parte de adelante del expreso intentando contener todas los emociones que llevaba guardadas en su pecho, todos sus arrepentimientos e inseguridades convivían allí en una brutal guerra y ya era hora de dejarlos salir.

Antes de que se diera cuenta poderosas lágrimas se escaparon de sus ojos, se sentía una cobarde hecha y derecha. Sin embargo sus pies siguieron su camino por pura inercia ya que su vista nublada no le permitía evitar ningún obstáculo. Inevitablemente chocó contra alguien.

-Rose ¿Qué pasa?-preguntó Albus consternado, al ver a su prima en ese estado lamentable, de inmediato la envolvió con sus brazos para intentar tranquilizarla de ese incesante llanto. Al principio la pelirroja no dijo ni un a palabra, solo se desahogó; no le importaba el hecho de estar rodeada de estudiantes ni que cualquier integrante de su familia pudiera verla así, solo quería llorar hasta que se le secaran las emociones. Luego pronunció dos palabras en una voz susurrante, las dos palabras que la definían en un momento como aquel:

-Me enamoré-.