Capítulo cuatro: We found Love—Rihanna
A través de la ventanilla ella veía como todo se alejaba, no sólo las casas y los edificios de Londres se esfumaban sino también todos aquellos pensamientos angustiantes que habían estado oprimiéndole el pecho durante todo el verano. Por fin era libre, volvería a Hogwarts y lo que era más importante: volvería a toparse con esos ojos plata. Sin embargo en cuanto esa persona aparecía en su mente no todo era bueno, una fuerte decepción se anidaba en su alma y poco a poco se convertía en rabia; nunca lo iba a perdonar por no haber cumplido con su promesa. Ella era demasiado rencorosa como para olvidar el hecho de que él hubiese olvidado su cumpleaños, o lo que era peor aún, que no le hubiera enviado una sola carta en todo el verano.
Antes de que Rose se diera cuenta la velocidad del vehículo fue disminuyendo, hasta que en un momento este ingresó al aparcamiento de la estación y ocupó uno de los últimos lugares libres. Hermione fue la primera en descender sin dejar de mirar continuamente su reloj de pulsera.
—Chicos, ¡apresúrense o se irá el tren!—decía ella, viendo con una mirada fulminante a Hugo, que parecía no querer bajarse del auto.
—No seas exagerada Hermione, todavía faltan veinte minutos—le contestó su marido con una sonrisa a la vez que salía del asiento del conductor. La castaña suspiró molesta y comenzó a discutir nuevamente con el pelirrojo, Hugo que ya estaba más que acostumbrado al comportamiento de sus padres solo descendió del coche. Rose por su parte, en cuanto notó que ya habían llegado a King Cross descendió con rapidez, tomó su baúl de la valija del automóvil y comenzó a caminar hacia el andén a grandes zancadas.
Pronto perdió de vista a su familia e ingresó a la plataforma nueve y tres cuartos, estaba ansiosa por saber el motivo por el cual Scorpius se había comportado así, ya había pensado miles de suposiciones pero no iba a estar conforme hasta que lo oyera directamente de sus labios.
Ni bien se rencontró con esa enorme locomotora una sonrisa apareció en su rostro, luego admiró el lugar como siempre lo hacía, adoraba ver todas aquellas familias desprendiendo alegría, deseándose un buen inicio de curso con un reconfortante abrazo. Pero ese día había algo diferente a las veces anteriores en las que la pelirroja había estado allí, para empezar las chicas parecían más alteradas, como si algo realmente asombroso hubiera ocurrido; sus gritos, chillidos y murmullos seguían a la Weasley donde quiera que fuera haciendo que esta comenzara a sentir curiosidad sobre lo que estaba sucediendo.
De pronto un brazo tocó su hombro por detrás y ella se volteó con cientos de esperanzas en mente, las cuales se desvanecieron de golpe al ver aquellos ojos verdes.
—Albus, eres tú—dijo Rose intentando ocultar su desilusión. Se sentía verdaderamente avergonzada con ello puesto que no podía creer que su mente solo tuviera lugar para esa persona en esos momentos.
—¿Esperabas a alguien más?—adivinó el joven con una sonrisa comprensiva hacia su prima.
Rose automáticamente se sonrojó, el chico había entendido todo lo que pasaba por su cabeza en menos de un segundo.
—¿No te parece que hay demasiado ruido hoy?—preguntó la chica cambiando de tema y volviendo a fijarse en lo que estaba pasando en el anden.
—Tú también lo notaste—se sorprendió Albus—debe de haber empezado a circular un chisme nuevo, nunca las vi tan revolucionadas, ni siquiera cuando James puso ese puesto de besos.
La Gryffindor soltó una risotada al recordar ese vergonzoso evento que había hecho su primo como despedida de Hogwarts.
—No importa, seguramente sea alguna tontería—le restó importancia la Weasley—¿vamos a buscar un compartimiento?—propuso finalmente.
—Ve tú primero, luego te alcanzo—puso una cara de disgusto evidente—le prometí a Lily que conocería a su nuevo novio y me debe de estar buscando.
La pelirroja asintió con la cabeza y le sonrió débilmente a su primo para que se animara, entonces arrastró su baúl unos pocos metros más hasta alcanzar el tren. Al comenzar a caminar por el pasillo notó que casi todos los compartimientos estaban ocupados, no obstante en ninguno de ellos estaba Scorpius. Sus ojos no podían evitar buscarlo con ansias al mismo tiempo que su cabeza le decía que era mejor esperar a que él la buscara y se disculpara por su actitud distante.
Cuando dio con un compartimiento vacío dejó su baúl y se ubicó junto a la ventanilla. Había notado que en todo el trayecto hasta allí casi todos los estudiantes tenían una revista entre sus manos, aunque pronto lo atribuyó a la salida del especial de Corazón de bruja, el cual sus primas habían esperado tanto durante casi un mes. No era extraño que todo el mundo la hubiera comprado antes de un largo viaje, de todas formas a ella no le agradaban ese tipo de revistas, prefería una novela muggle, como las que le regalaban sus abuelos maternos para cada uno de sus cumpleaños.
Faltando unos minutos para la salida del tren los ojos azules de la chica comenzaron a buscar entre la multitud a su familia, desde la ventana no lograba visualizarlos así que sacó su cabeza a través de ella para poder buscar mejor. Tanto sus padres como sus tíos se hallaban todos juntos y Rose pudo ver como charlaban animadamente, les sonrió como siempre lo hacía y ellos le devolvieron el saludo con energía. Antes de volver a su posición comprobó que en una de las entradas del tren se amontonaban una multitud de chicas, algo realmente extraño.
Entonces el silbato del tren anunció que el reloj ya había dado las once, las ruedas comenzaron a moverse y Rose se sentó adecuadamente con algo de nostalgia pues aquel sería su último viaje hacia Hogwarts. Pronto la locomotora partió y la chica recordó al rubio, una pesa volvió a hundirse en su estomago, no se sentía para nada bien. No obstante no hubo mucho tiempo más para que se sumergiera en sus pensamientos pues súbitamente la puerta del compartimiento se abrió.
Dos personas aparecieron jadeantes, como si hubieran llegado corriendo hasta donde estaba ella. Albus y Lily la miraban con los ojos totalmente abiertos como si acabaran de haber visto un milagro hace tan solo unos segundos, aquello desconcertó enormemente a Rose.
—¿Qué sucede?—los interrogó la chica pensando lo peor.
—Tienes que ver esto con tus propios ojos—la incitó Al entregándole una revista. Ella la tomó totalmente confundida, su mirada se detuvo en la portada cerca de un minuto.
—Rose…—murmuró Lily tristemente a la espera de la reacción de su prima.
Efectivamente como ella pensaba aquel ejemplar era el especial aniversario de esa tonta revista cursi que toda la población femenina de Hogwarts excepto ella, leía. Lo más sorprendente de todos modos, era la persona que se encontraba en la portada .Un joven posaba sin camisa un escultural cuerpo, a su vez sus cabellos dorados se hallaban desordenados y mojados, sin olvidar el hecho de que su mirada provocativa le daba un aura desafiante a esa fotografía.
—N…no entiendo—balbuceó la muchacha sin retirar su vista de aquella revista.
—Es Scorpius—le explicó su prima con calma.
—¡¿Qué?!—gritó ella atónita—es imposible, ¡no puede ser él!—se negó la Gryffindor poniéndose de pie furiosa.
Los hermanos Potter se miraron y entendieron que la dulce Rose se había transformado en algún tipo de bestia salvaje, y su deber era calmarla antes de que escupiera fuego o los quemaría vivos.
—Yo tampoco lo podía creer Rose, ¡pero es él!—le contó Albus—cuando estaba buscando a Lily vi la revista y le pregunté a una de las chicas y me dijo…
—Voy a buscarlo—lo interrumpió la primogénita de Ronald y Hermione Weasley, la chica ya podía percibir como su sangre hervía, esa situación cada vez se ponía peor y ella necesitaba de inmediato una explicación o cortaría cabezas.
—Espera—la detuvo Lily—lo mejor será que te calmes antes de que le hables.
Rose le dedicó una mirada asesina que hizo que la muchacha retrocediera asustada, las veces que la pelirroja se enojaba nadie se atrevía a interponerse entre ella y su objetivo o saldría mal parado, eso era una ley para sobrevivir dentro de la comunidad Weasley.
Como una ráfaga huracanada la pelirroja salió al pasillo, necesitaba desahogarse y vomitarle todo aquello que sentía, cada uno de sus pensamientos, necesitaba liberarlos o explotaría.
Aún con la revista apretada en una de sus manos a ella prácticamente se le paró el corazón al ver que justo delante de sus narices la puerta del compartimiento frente a ella se abría. Lo menos seis chicas salieron primero, parecían emocionadas y rodeaban como pequeñas abejas a un joven. Este no era otro que Scorpius Malfoy. Los ojos de Rose se encendieron y su corazón se disparó, sentía dos emociones totalmente opuestas y no sabía como controlar esa situación así que sólo siguió su instinto.
—Tenemos que hablar—exigió ella con una voz potente que llamó la atención de todas aquellas chicas. Sin embargo al rubio pareció no importarle ya que continuó con lo que estaba haciendo. Al ver su reacción la pelirroja empujó a las estudiantes que lo rodeaban y después las alejó con una de sus famosas miradas, su varita no tardó en estar lista para atacar. Atemorizadas todas ellas huyeron y en el pasillo solo quedaron los dos.
Con furia empujó al Gryffindor hacia el interior del compartimiento y cerró la puerta. Al principio la pelirroja lo analizó con sus ojos azules tan penetrantes, nunca se esperó que en un verano una persona pudiera cambiar tanto, a simple vista el chico que tenía frente a ella no era Scorpius Malfoy. No tenía esas gafas gruesas, habían desaparecido esas playeras con caricaturas y esos pantalones varios talles más grandes, su cabello había crecido bastante y hasta contaba con un piercing en una de sus cejas. A pesar del aspecto físico su corazón le decía que él era mismo, que debía alegrarse al verlo parado frente a ella, despertándole todas las emociones que habían estado dormidas, pero su cabeza no pensaba igual.
—¡¿Me puedes explicar esto?!—le reprochó ella, tirándole la revista directo al pecho. Él la atrapó en el aire y evitó nuevamente su mirada.
—No hay nada que deba decirte—dijo él con arrogancia.
—Para empezar como pudiste caer tan bajo para salir semidesnudo en esta estúpida revista, ¿no tienes vergüenza?
Malfoy sonrió forzosamente—Acaso ¿no te gusta mi cuerpo? , no siento vergüenza de mostrarlo a diferencia de otras que piensan tan infantilmente—respondió él con una voz grave y fría.
—No soy infantil, no busco, como tu, que un grupo de chicas tontas me sigan babeando a todas partes—contratacó Rose, no entendía porque él se estaba portando así y eso la desconcertaba cada vez más—igualmente no vine sólo por eso, puedes hacer con tu vida lo que te plazca.
—No veo que más tenemos que decirnos—expresó el rubio con desagrado.
La cara de la pelirroja comenzó a deformarse de rabia—¿ni siquiera piensas disculparte por lo que me hiciste?
El dueño de aquella mirada fría como el hielo se rio con sarcasmo
—¿Yo?, ¿Qué te pude haber hecho yo a ti?
—Soy tu mejor amiga y no te dignaste a enviarme una sola carta este verano, tampoco me saludaste para mi cumpleaños y ahora te comportas como un verdadero cretino, eso es lo que has hecho—sintetizó Rose cruzándose de brazos y forzándolo a que la viera directo a los ojos.
—¿Mejor amiga?, me parece que estas equivocada Weasley—comenzó él—para mí no eres nada… entonces, ¿por qué debería enviarte una carta?
El corazón de Rose se fracturó en cientos de pedazos, la verdad le dolía en el fondo de su alma ya que no estaba preparada para oír esas palabras de él. En ese momento todas sus esperanzas se vinieron abajo, sus ojos le ardían y su presencia cada vez le hacia más daño.
—Vete—murmuró ella abriendo la puerta y señalándole el camino hacia el corredor, ya no soportaba los fuertes latidos de su corazón enamorado que le pedían a gritos que lo retuviera. Su orgullo estaba lastimado y quería sufrir sola, así que cuanto antes se fuera, mejor.
— ¿Me estas echando Weasl…
— ¿Eres sordo?, ¡te dije que te fueras!—gritó ella y con todas sus fuerzas lo empujo hacia el exterior del compartimiento.
Entonces cerró la puerta y todas aquellas fuerzas que había reunido, acabaron. Su cuerpo cayó en uno de los asientos completamente agotado, tenía ganas de gritar a los cuatro vientos lo estúpida que había sido en confiar en él, pero sabía que de todas formas nadie la escucharía porque estaba sola; sola en ese pozo de dolor y vergüenza. Había estado día tras día esperando verlo, ¿Cómo podía haber sido tan ilusa?, incluso había creído que no se había contactado con ella debido a algún problema serio, nunca supuso que mientras ella lo extrañaba a morir él estaba sacándose fotos para una revista, la sola posibilidad le hubiera dado risa.
Lágrimas de dolor surcaron pronto su rostro, se sentía abandonada con todos aquellos sentimientos fuera de lugar, los cuales la tenían presa y era incapaz de deshacerse de ellos.
—¿Por qué me tuve que enamorar?, se lamentaba ella con cada segundo que pasaba, la desesperanza y el miedo a seguir adelante, sin el que consideraba su mejor amigo, la hacían sentir miserable.
Lo mas triste de todo, era que en el fondo, Rose deseaba que él volviera, que le gritara y la insultara pero aun así que su mirada se posara en ella de nuevo.
No podía negar que seguía locamente enamorada, pero ya no le quedaba ninguna esperanza.
