Kushina
Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Ella no puede correr a ningún lado, tiene las piernas quebradas y no hay manera físicamente posible de que siquiera logre mantenerse en pie. Kushina se arrastra, gimiendo de dolor con su cabello revuelto en un esplendoroso charco de sangre. La muchacha llora, retorciéndose en la esquina a la que ha llegado. El ambiente huele a quemado, y es ella, y su vestido a medio consumir por las flamas. Un olor corrosivo invade sus fosas nasales y le dificulta la respiración. Todo su cuerpo arde y el dolor la abruma.
La pelirroja tiene los ojos desorbitados, busca una salida, tratando se gritar con su garganta cortada y casi inútil. Su asesino está pensando cuanto más resistirá antes de desmayarse de una vez. Los ojos de ella se expanden aún más de miedo, y encuentra un poco de voz entre el pánico:
"Por favor, vuelve en ti" Suplicante, Kushina se aferra a un pantalón café.
Entonces una mano la jala por el pelo, le susurra con voz amenazante que se ha cansado de escucharla hablar y luego de tirarla al suelo, con la misma cuchilla con la que le mutilo anteriormente, le corta la lengua. Kushina es hermosa, aún más cuando no puede hablar.
La sangre brota y todo se mancha. Kushina se retuerce. Esta muriéndose.
Minato se despierta acelerado, con el corazón a punto de salirse de su pecho. Mira a su lado y encuentra a Kushina sentada, con las manos donde antes estaba su cabeza. Lo entiende casi de inmediato, ella estaba tratando de pasarle sus recuerdos perdidos mientras dormía. Una "cosa loca" que Kushina había encontrado buscando en google "cosas locas sobre fantasmas".
— ¡Estás loca, Kushina!
Ella frunció el cejo, molesta.
—Estoy muerta, imbécil, levántate y salgamos a buscar algo sobre mí.
Kushina llevaba una semana atormentándolo, cual fantasma con cadenas que deambula por las noches. La única diferencia yacía en que Kushina lo atormentaba mientras dormía, metiéndose en su cabeza e introduciendo "recuerdos" que ella era incapaz de ver. Para eso se sentaba o flotaba, o algo como eso, arriba de él y colocaba sus inexistentes manos en sus sienes.
La joven muerta intentaba meterse en su cuerpo, gracias al cielo sin lograrlo, le hablaba dentro de su cabeza, caminaba detrás de él donde quiera que fuese. Lo seguía, sin descansar, todo el tiempo. Minato no se acostumbraba.
A veces, cuando el tomaba apuntes en sus clases ella le cantaba números al azar, y terminaba escribiéndolos. Otras, se plantaba frente a el con su figura holográfica semi-trasparente, nublándole la visión. La odiaba. Era molesta, grosera, una total loca. Hasta que al fin, había aceptado por cansancio ayudarla.
No fue porque ella le gritara, lo molestara o lo siguiera. Ella le partía el corazón. Una noche la encontró llorando en una esquina de su cuarto, sorprendido de haberse despertado por sollozos fantasmagóricos, y ella lloraba desconsoladamente, tratando de calmarse. Se enfado al verlo parado y se apresuro a limpiarse las lagrimas, avergonzada.
—Pensé que no podrías escucharme — Se excusó, retomando su carácter rudo.
Pero Minato tomó sus manos, supuestamente intocables, y descubrió que por alguna razón ellos sí podían tocarse.
Minato sabía lo que era no recordar nada. Años atrás, luego de un accidente, había perdido la capacidad de almacenar recuerdos recientes. Lo último que recordó durante semanas fue el accidente. Hasta que de a poco, dos años luego, podía presumir que sus lagunas mentales eran escasas.
Aunque no se fueron, nunca de iban. A veces sus recuerdos desaparecían, se esfumaban, y no podía decir con precisión donde se encontraba por días. Entonces comprendía a Kushina, que no sabía más de sí misma que él. La abrazó, y le prometió que encontrarían a su familia, para que ella se despidiera al menos.
— ¿Qué quieres?
Ella lo miró profundamente esa noche, tomando aire.
— Quiero ver lo que yo era, y descubrir si merecía morir de la forma tan horrible como la que tu viste. Si era una basura, me ire en paz. Si era una buena persona, inocente… yo, solo quiero saber quien me mato y por qué.
.
Tres días de búsqueda los llevaron a un parque, donde un grupo de pelirrojos de apariencia triste trataban de jugar con un par de niños escandalosos. Uno de ellos pregunto por Kushina, a lo que el mayor negó con la cabeza y dijo "ella está durmiendo".
El parentesco entre los pelirrojos y Kushina era obvio. Minato se acerco a ellos y tomó asiento. Todos parecían rudos, de miradas penetrantes, pero no lo molestaron. Kushina insistía, pero no sabía cómo empezar.
—Ustedes… son familia de Kushina ¿No? — Los tres jóvenes lo miraron fijamente antes de asentir — Lo lamento mucho. Yo era su compañero y amigo.
El agrego esto último para explicar las posteriores preguntas.
— Ella no se merecía eso…
Más+- tarde, luego de una conversación rara donde temió por su integridad física, se entero que era primos de Kushina y que, en verdad, ella era una buena chica. Recorrieron las escuelas donde asistió, sus compañeras de trabajo de medio día, y nadie les dijo una sola vez que ella fuera aborrecible. Un poco malhumorada a veces, demasiado efusiva. Nada grave.
Kushina a cada paso se enfurecía y se desesperaba un poco más. Al final del día tenían información suficiente para deducir que ella era, en verdad, una buena chica. No tenía novio, era amante del ramen, una estudiante normal… nadie que mereciera morir de esa forma.
Kushina se quedo parada al lado de un banco en una plazoleta cercana al departamento del chico, notando que este estaba cansado. Ella no sentía cansancio, ni dolor, ni hambre, ni nada de eso. Pero él tenía necesidades básicas, y los músculos de sus piernas dolían por el esfuerzo de recorrer toda la ciudad en búsqueda del pasado de la pelirroja.
Por las noticias no pasaban nada relevante, solo que finalmente habían encontrado la escena del crimen y estaban buscando a un sospechoso luego de soltar a un par de jóvenes inocentes. Minato se sentó en el banco arruinado por los años, con la pintura a medio salirse. Suspiró.
— Ahora que sabes que eras una buena chica ¿Qué harás?
Kushina entendió al instante, Minato la estaba echando. Lo entendía. Lo había acosado para ser su vocero con el mundo tangible. Ahora sabía quien era, como era su rutina diaria y que su familia la amaba. Habían pasado por su casa, y dentro de ella nadie lloraba, pero todos estaban ocultos y solos, con los ojos irritados y melancólicos. Tristes.
— Irme, creo.
Él asintió lo comprendía. Ella lo miró unos segundos, agradeciéndole en silencio y pensando que lo había fastidiado suficiente.
— Te acompaño a casa, y me largo.
A Minato le sorprendió la iniciativa de ella, pero acepto de todas maneras, luego de poco más de una semana con ella había aprendido a aceptar su presencia fría. Caminaron por las calles en silencio. El cabello rojo se balanceaba y atravesaba a la gente ya sin sorprenderse. Kushina se había acostumbrado a actuar como un fantasma. Minato por otro lado, ya no le temía y se había acostumbrado a verla como un espíritu.
— ¿Esa no es tu puerta?
Minato prestó atención hacia donde Kushina señalaba y encontró con sorpresa a un pequeño grupo de policías que estaban fuera de su departamento tocando la puerta con brusquedad, llamándolo.
— Yo soy Minato Namikaze ¿Necesitan algo? — Pregunto confuso.
Los policías lo miraron, y casi automáticamente lo apresaron, diciendo cosas sobre guardar silencio y sus múltiples derechos que jamás pensó oír. Kushina insultaba y gritaba como si alguien pudiera escucharla más allá de Minato. El joven no entendía nada, no se resistió a sabiendas que eso no traería nada bueno.
Kushina voló detrás del automóvil policial, gritándole qué demonios había hecho. Y luego lo escucho:
"Queda arrestado como principal sospechoso del crimen de Kushina Uzumaki"
Y Minato abrió la boca como un pez.
¿Qué el había hecho qué?
Bien, esta historia no tiene más de cuatro capítulos. Más un epilogo. Cuando pensé en esta historia, antes de escribirla, pensé que tendría máximo eso. Lo subo ahora porque recién regreso de Bariloche ¡Yeah!
Un beso, gracias por comentar.
