Kushina


Disclaimer: Ya, Naruto no me pertenece.


Último capítulo.

Un poquito fuerte, si sos sensible. Nada loco.


Con que de esa forma había muerto. Que ridículo. Que absurdo y cruel. Kushina llevaba días parada en un rincón de aquella curiosa sala acolchonada que pensó solo existían en las películas sobre lunáticos. Pero Minato lo era, después de todo. Un maldito loco, desequilibrado. Pero desde el otro lado de la habitación, él la miraba con una cara que rogaba perdón pero al mismo tiempo lucía desconcertada. Como si no hubiese sido él quien la mató, como si él no hubiera sido su asesino.

Pero ella había visto, detrás del hombro de los policías, el video. La sádica filmación que el asesino había grabado para su regocijo personal, donde ella gritaba, mirando a la cámara como si ésta pudiera salvarla. No se reconocía a sí misma. Con el pelo hecho jirones, la cara embarrada de sangre coagulada, y los ojos llenos de lágrimas densas.

Había estado rogando para que la matara de una vez, luego de días de tortura. Ya había asumido, pensó, que él no iba a dejarla vivir. Entonces le pedía a gritos que la matara, que no prolongara su dolor. Pero el sonreía, se reía, y la mutilaba antes de lanzarle acido sobre la piel. En ese momento entendió por qué la reconocieron por su registro dental. Nada más podía ser reconocible luego de aquello.

Kushina miraba sus manos fantasmagóricas mientras pensaba en cuanto debió haberle dolido que le arrancara las uñas con un cuchillo de carnicero. O como debió gritar cuando él le quitaba la piel con una navaja. Ella apretó los ojos, y las manos, cuando le dio rabia. Su cuerpo había quedado como un carbón amorfo.

De poder llorar, pensó Kushina, ya lo habría hecho. Pero aquel cuerpo inexistente en el que habitaba, o era, no podía. Solo se limitaba a quedarse en una esquina de la celda que le habían asignado a Minato en el hospital psiquiátrico de la ciudad. No podía ir a la cárcel, dijeron en el juicio que ella presenció en silencio, porque padece un trastorno disociativo con múltiple personalidad.

Así que allí estaba él, con su camisa de fuerza. Y cada tanto, a veces días, otras veces tardaba varios meses, su personalidad cambiaba. En ocasiones era el Minato tímido que encontró en un bar, que la miraba con suplicas y no paraba de llorar suplicándole perdón. Las enfermeras, que no podían verla, decían que deliraba y lo sedaban hasta que el caía tendido en almohadones mirándola y susurrando "Yo te mate, lo siento, te mate, perdón, perdón." hasta que las drogas se lo llevaban.

Y luego estaba el otro, que la miraba con una sonrisa sádica y se le reía en la cara. Aquel Minato, que aceptaba haberla asesinado con los ojos brillantes de expectativa, le narraba una y otra vez como la había matado, paso a paso, incluso como había planeado todo desde un inicio. La eligió por su cabello, sus ojos, y ese vestido negro.

Pero lo torturaba, al Minato asesino, lo alteraba, retándolo a que la matara de nuevo y embravecido por la furia luchaba contra la camisa de fuerza y lo drogaban de nuevo, mucho más agresivamente y en ocasiones lo golpeaban. Entonces ella se reía de él, mientras se dormía.

Pero con la versión dulce de Minato, ah, a aquella la amaba. Y entonces recordó por qué fue con él el día que la asesinaron. Era porque estaba enamorada de él, y Minato se había ofrecido a explicarle una materia. Ella feliz, termino viendo como Minato cambiaba de personalidad y concluyo con ella encerrada rogando piedad.

Piedad que nunca llegó.

De modo que se acunaba a su lado, le cantaba con su dulce voz y procuró quedarse allí y esperar a que las dos almas que habitaban el cuerpo de Minato se separaran al morir. Al asesino lo llevaría ante la corte divina para que ardiera en el fuego del infierno, y al dulce, oh, a él le cantaría hasta que la eternidad le quitara la voz.

"Lo siento, lo siento…" Susurraba y ella le cantaba con suavidad, sin tocarlo "Kushina, lo siento."


Esto es… raro. Sí, no sé de donde sale esto, pero es lo que salió. Espero que no los haya decepcionado, porque curiosamente a mí me gusta bastante. No, no soy sádica. Un beso a todos. Gracias por leer y a quienes comentan, mis especiales agradecimientos.