Cosas que me pertenecen: una ligera adicción a esos caramelos masticables que llaman gomitas.

Cosas que no me pertenecen: Los Juegos del Hambre. Acabo de fijarme, y no, no me pertenecen, siguen siendo propiedad de Collins. Eso significa que escribo sin fines de lucro y sólo por diversión.


Capítulo 14: la estrategia de Nigel

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Finnick y yo nos quedamos en silencio, mientras una pantalla muestra sobre un fondo rojo unas letras amarillas tamaño catástrofe con el texto Noticias de Último Momento brillando.

En pantalla aparece la presentadora de las noticias, una mujer con piel azul y tatuajes de estrellas y cometas dorados y plateados en toda la piel visible de su cara, cuello y brazos. El cabello es dolor dorado metálico, supongo que para combinar con sus dientes dorados brillantes.

—A menos de media hora del inicio de los Septuagésimos Cuartos Juegos del Hambre, el Jefe de los Organizadores de los Juegos, Seneca Crane, declaró que las acusaciones de que él les dio trabajo a dos cuñados y un primo suyo en la preparación de la arena es "un disparate" y mandó a quienes difundieron la versión "a ocuparse de algo importante". Del mismo modo, rechazó las denuncias de corrupción en las contrataciones de mano de obra y sobreprecios en la compra de materiales para la arena.

Corte. Toma del rostro ceñudo de Crane.

—Es una vil calumnia a la que no se le debe dar más importancia que la que merece: la de ser un rumor infundado, propagado por quienes quieren empañar el brillo de los Juegos por mezquinas razones personales —declara.

Corte. Toma del rostro de la presentadora, inexpresiva.

—Fue encontrado muerto en la periferia de la ciudad el prestamista desaparecido hace una semana. Los Agentes de la Paz sospechan de un completo de dos o más deudores que se unieron para quitarle la vida a Pluvius Zingraff, de treinta y nueve años.

Corte. Toma de una tela negra cubriendo un bulto de apariencia humanoide.

Nuevo corte. Toma de un hombre vestido con el característico uniforme de los Agentes de la Paz. Éste además tiene unas barras plateadas sobre los hombros del uniforme, lo que lo señala como un agente de alto rango.

—Sospechamos que Zingraff lleva al menos seis días muerto. Deben haberlo asesinado al mismo día en que desapareció, pero de eso se ocupará la autopsia. Lo seguro es que lo golpearon, estrangularon y apuñalaron… repetidas veces. Todavía no tenemos detenidos, pero estamos investigando el caso.

Corte. Toma del rostro sonriente de la presentadora.

—En otro programa de esta misma emisora, Peeta Mellark aclaró que el tributo femenino del Distrito 12, Katniss Everdeen, no es su amante, al mismo tiempo que confesó que está enamorado de ella y contó íntimas historias personales.

Corte. Toma de mi rostro.

—Quiero aclarar que no somos amantes —digo en la pantalla, muy serio—. Nigel Herbheart malinterpretó una situación completamente inocente. Sin embargo, es verdad que conozco a Katniss desde hace tiempo, y… estoy completamente enamorado de ella —corte. Toma de mi rostro desde otro ángulo—. Nunca le confesé lo que sentía —corte. Toma de mi cara del perfil derecho—. No me sorprendió en absoluto que tomara el lugar de su hermana. Katniss es la chica más valiente que conocí —nuevo corte. Toma de mi cara del perfil izquierdo—. Anhelo tenerla entre mis brazos, confesarle personalmente lo que siento… y pedirle perdón por haber tenido que llegar a esta instancia para reunir el valor necesario para confesar esto —otro corte. Toma de mi cara de frente—. Sólo deseo que salga sana y salva de la arena. Sé que si ella no sobrevive, mi razón de vivir se habrá terminado. No puedo ni imaginarme un mundo sin ella… ni quiero hacerlo. En el momento que ella muera, sea hoy o dentro de cien años, mi vida dejará de tener razón de ser. La amo con todo mi ser.

Corte. De vuelta a la cara de la presentadora, que tiene una sonrisa enorme en la cara.

—¡No se pierda esta noche una retransmisión completa de la entrevista con Peeta Mellark! En un aparte, estamos con Haymitch Abenarthy, quien fue mentor de Peeta y conoce personalmente a Katniss Everdeen. Vamos al móvil de exteriores, con nuestra corresponsal Albia Dusk.

Corte. Toma del móvil, donde Haymitch con una sonrisa feroz está junto a una mujer con una peluca gigantesca color violeta arreglada de forma que recuerda vagamente y con un cierto esfuerzo de imaginación a una flor. Imagino eso en parte por los tatuajes de hojas y enredadera que cubren la piel de la mujer.

—¡Gracias! Estamos junto a Haymitch Abenarthy, que nos da su opinión sobre el recién descubierto romance de Peeta Mellark y Katniss Everdeen. Señor Abenarthy, ¿qué puede contarnos al respecto? —le pregunta Peluca Violeta, alias Albia Dusk, con entusiasmo.

Sé cuánto odia Haymitch la prensa, de manera que me preparo para algún tipo de catástrofe en cuanto él abre la boca. Un insulto especialmente hiriente es lo menos que espero.

—Qué puedo decir, estaba esperando que el chico se decidiera a portarse como hombre de una buena vez y le dijera a ella lo que sentía, pero yo al menos creía que se lo diría a la chica personalmente —gruñe Haymitch con una sonrisa forzada.

—¿Usted sabía que están enamorados? —pregunta Peluca Violeta, excitada.

—Era obvio —Haymitch pone los ojos en blanco—. Sólo era cuestión de tiempo para que se decidieran a admitirlo.

—¿Es verdad que los dos son amantes? —pregunta la mujer en un tono pretendidamente confidencial.

Haymitch la mira como si estuviese loca. O, en términos del Capitolio, como si acabara de salirle un enorme, asqueroso y horrible grano en mitad de la cara.

—Ni siquiera se habían confesado el uno al otro que están enamorados, ¿cómo iba a ser amantes? —pregunta con estupefacción y un poco de burla.

—El deseo físico y el amor no siempre van de la mano —se defiende Albia Dusk, molesta, sacudiendo su cabeza con cuidado de no estropear el peinado violeta (supongo).

—Quizás es así en el Capitolio, pero en el Distrito 12 ninguna chica aceptaría consumar una relación antes del Tueste, y ningún chico se tomaría en serio a una chica que no pusiera al menos ésa condición —responde Haymitch, claramente esforzándose por ser lo menos antipático posible.

—¿Qué es el Tueste? —pregunta la mujer, confundida.

Haymitch describe brevemente la ceremonia del Tueste, y explica por qué es tan importante para nosotros (omitiendo cuidadosamente que para las generaciones más jóvenes no es tas estricto el no tener relaciones antes del Tueste, aunque sí se sigue considerando casada a una pareja sólo después de la ceremonia). Haymitch reitera rotundamente que es imposible que seamos amantes sin Tueste de por medio, y que no hay modo que hayamos tenido un Tueste sin que nadie más lo supiera, ya que es un evento público por naturaleza. De modo que no, no hay forma que Katniss y yo seamos amantes, sin importar lo que dijo Nigel.

—Pero él dijo que vio salir a Katniss del dormitorio de Peeta —insiste la mujer del estudio central.

—Y dijo que usted también la vio —añade Peluca Violeta.

—La noche que la vimos salir del dormitorio de Peeta, él se había ido a dormir antes que el resto de nosotros. Los médicos le habían dado calmantes por el asunto de su pierna, y él ya estaba medio dormido en la cena. Estoy seguro que ella fue a ver cómo estaba él, la chica siempre se preocupó por Peeta, pero debe haberlo encontrado dormido —descarta Haymitch—. Yo ni siquiera me había puesto a pensar nada al respecto. La madre de Katniss es sanadora y la chica aprendió de ella, era lógico que fuese a ver a Peeta sabiendo que tiene problemas de salud.

—¿Peeta tiene problemas de salud? —pregunta la mujer de pelambre violeta con horror.

—Nada que le cueste la vida —Haymitch se encoge de hombros, indiferente—. Sólo le causa terribles dolores. Tiene problemas con la pierna amputada. Él trata de parecer fuerte, pero sé que en el Distrito 12 a veces pasaba noches enteras sin dormir, masajeando la cicatriz y apretando los dientes de dolor. Pobre chico —añade.

Hay veces que quisiera poder regalarle a Haymitch todo el licor del mundo en agradecimiento por lo que dice o hace. Esos momentos no son frecuentes, para nada, pero éste es decididamente uno de ellos. No sólo dejó en claro que Katniss es una chica decente, además me hizo parecer lo menos atractivo y deseable posible. ¿Quién en el Capitolio querría tener a su lado a un amputado que tiene problemas con el muñón? Haymitch es un genio por traer el tema a colación.

—¿Y Katniss fue a confortarlo? —quiere saber la mujer con una sonrisa enternecida.

—No debe haber encontrado mucho para hacer. Aquí los médicos le dieron unas pastillas o algo que por fin le permiten dormir tranquilo, pero lo dejan comatoso. No hay forma de despabilarlo por horas.

—Muchas gracias por su aporte, Haymitch. Volvemos a Estudios —declara la de pelo violeta con una sonrisa.

Corte. Vuelta al estudio de televisión, donde aparece la periodista del inicio.

—¡Estamos a minutos del inicio de los Septuagésimos Cuartos Juegos del Hambre! Katniss del Distrito 12 se perfila como la clara favorita, seguida de cerca por Cato del Distrito 2…

Dejo de prestarle atención, y me concentro en el hecho que, al menos hasta ahora, todo está saliendo bien. No quiero ni ponerme a pensar en el hecho que un escándalo de tipo sexual está teniendo más cobertura que los casos de corrupción y asesinato, de manera que prefiero quedarme con el hecho que Katniss está entre los favoritos, su buen nombre está a salvo, y tiene cantidad de patrocinadores, además del dinero que recibí por la entrevista. Como un mentor no puede auspiciar a su tributo, hice que el programa lo acreditara en la cuenta de Katniss directamente. De paso, podrán jactarse de haberla auspiciado.

—Va a ganar —dice Finnick en voz baja.

—¿Quién? —pregunto, distraído. Casi no me acordaba que él estuvo todo el tiempo a mi lado.

—Katniss. Va a ganar. Y eso me preocupa —admite él.

—¿Por qué? —quiero saber, más confundido que antes.

—Porque ella me causa una buena impresión, y también me caes bien. Y odiaré ver como los usan al uno para amenazar al otro —declara Finnick lúgubremente.

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diez

Katniss está de pie, con los ojos y oídos muy abiertos, y la boca firmemente cerrada, en su plataforma.

nueve

Examina el bosque, el lago y la Cornucopia con enorme atención.

ocho

Parece dispuesta a correr en dirección contraria al gran cuerno dorado, tal como Haymitch y yo le indicamos.

siete

Le echa una última mirada de nostalgia a los suministros desparramados alrededor del lugar, y de pronto su mirada se fija en algo. No sé qué es, pero la tiene como hipnotizada.

seis

Katniss gira su cuerpo en dirección a la Cornucopia. Se prepara para correr, ahora directamente hacia el baño de sangre. La determinación es evidente en cada gesto.

cinco

—¡No! ¿Qué hace? ¿Qué está haciendo? —me giro hacia Haymitch, desesperado, exigiéndole una respuesta.

Él sólo aprieta los puños, sin quitar los ojos de la pantalla, y suelta una retahíla de insultos y maldiciones.

Nigel se toca la punta de la nariz con el dedo índice de la mano derecha.

cuatro

Katniss mira de reojo a quienes tiene a cada lado: un chico bajo y fornido, musculoso, a su derecha, y una chica alta y muy delgada a su izquierda. Distritos 8 y 10 respectivamente. Clava de nuevo la mirada en los suministros.

tres

—¡NO! —le aúllo a la pantalla. Haymitch me pone una mano en el hombro que me obliga a quedarme sentado en lugar de levantarme y aporrear la pantalla de desesperación.

Varios otros tributos también se tocan la punta de la nariz con el índice derecho. No alcanzo a ver exactamente cuáles o cuántos o de qué distritos, pero no lo hace Katniss y no lo hacen los Profesionales.

dos

Capto por un momento a Nigel, sonriendo en su lugar cinco tributos a la derecha de ella. Eso parece confundir a Katniss, que también lo ve, lo suficiente como para detenerla.

uno

Ella mira, dudando, del bosque a la Cornucopia y de la Cornucopia al bosque…

¡BOOOM!

Los Septuagésimos Cuartos Juegos del Hambre acaban de comenzar.

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Dicen que cada uno de los Juegos es distinto, no sólo porque la arena cambia cada vez y los tributos nunca son los mismos, sino porque las interacciones, las alianzas y las traiciones son cambiantes e impredecibles. Cosas que a los tributos de un año jamás se les hubiese ocurrido hacer, suceden al año siguiente. Soluciones imprevistas y respuestas exóticas para resolver los problemas de la arena son muy frecuentes un año y brillan por su ausencia al siguiente.

Hay algunas constantes, como el núcleo de la alianza de los Profesionales, que siempre abarca los Distrito 1 y 2, y generalmente al 4. Hay sorpresas, como el año que ese tributo Titus empezó a comerse a los chicos que cazaba. Apenas es mi segundo año como Mentor, pero llevo toda la vida viendo los Juegos y tengo alguna idea de la lógica (o falta de lógica) que siguen.

Éste año va a ser uno de los que pasen a la historia por sorprendente, creo yo.

Ni bien sonó el gong, los tributos se lanzaron hacia la Cornucopia. Todos. Inclusive Katniss. Ella consiguió hacerse con una hogaza de pan, un pedazo cuadrado de plástico y una mochila color anaranjado furioso antes de huir. La chica del Distrito 1, una buena lanzadora de cuchillos (no tan formidable como lo había sido Clove del Distrito 2 en mi año, pero cerca) le arrojó uno, que impactó en la mochila anaranjada sin dañar a Katniss. Fue sólo una vez que quedó en claro que la chica que amo con locura está bien, sin un rasguño y prudentemente lejos de los demás, que me atreví a volver a fijarme en los demás tributos.

Estamos en la Sala de Mentores, un enorme espacio oval en la planta baja del edificio del Centro de Entrenamiento. Estamos ubicados con las espaldas hacia el centro y mirando a las paredes, donde tenemos docenas de pantallas en las que observar en todo detalle cómo nuestros tributos se masacran entre ellos. Para colmo, aunque el espacio es amplio, no hay paredes o divisiones sino estamos todos juntos, con lo que el mentor del asesinado y el mentor del asesino tienen que coexistir a lo largo de los Juegos. Según Haymitch, no es infrecuente que estallen peleas. Supongo que es otra de las no tan sutiles formas del Capitolio de dividir a los Distritos, de evitar que hagan un frente común. Cuanto más lo pienso, más veo cuánta razón tiene Gale cuando dice que el Capitolio busca enfrentarnos entre nosotros.

Haymitch está mascullando insultos uno tras otro, mientras diversos mentores nos fulminan con la mirada. Yo no comprendo qué les pasa, pero una mirada a las demás pantallas además de la de Katniss me saca de mi confusión pronto. Nigel está peleando codo a codo con los Profesionales, exterminando a los tributos de los otros distritos.

La boca me queda colgando abierta. ¿Se unió a los Profesionales? ¿Cuándo? ¿Cómo? Nadie del Distrito 12 había hecho algo así antes. Siento vergüenza ajena por el comportamiento de Nigel, y cómo está haciendo quedar al Distrito 12 frente a todo el país. Está bien que quiera sobrevivir, pero esto…

—Idiota… estúpido… hijo de mala madre… —Haymitch le quita el tapón a una de las botellas, bebe un largo trago y fulmina a Nigel con la mirada en la pantalla—… le dije que no lo hiciera… un doble traidor… estúpido, estúpido y orgulloso…

No me atrevo a preguntarle a Haymitch, en parte porque cuando está furioso no es el momento ideal para preguntarle nada, y en parte porque en realidad no quiero ni saber qué estuvo pasando mientras yo estaba pendiente de Katniss.

Afortunadamente, el baño de sangre concluye pronto. Aunque parece durar horas y horas, en realidad no son más que unos pocos minutos lo que dura. Claro que no hacen falta más de diez minutos para que doce chicos pierdan la vida, como en esta ocasión. Empiezan a sonar los cañonazos, y cada uno me hunde un poco más en la desesperación y el dolor. Doce muertos… doce familias que están de luto… Hace menos de media hora del momento en que los Juegos empezaron, y ya la mitad de los tributos están fuera de carrera.

Los Profesionales, que se quedaron cerca de los suministros, se apartan para que el aerodeslizador pueda recoger los restos, y de paso aprovechan a ir al lago a lavarse un poco la sangre de sus víctimas. En una de las muchas pantallas comienza para la audiencia el primer recuento de muertes.

Los chicos del Distrito 1 y del Distrito 2 sobrevivieron, y dejaron vivir al chico del Distrito 3. Su compañera yace a un costado de la Cornucopia, con la garanta rebanada. Me sorprende que el chico del Distrito 4 no sobrevivió, aunque sí lo hizo la chica. También cayó el chico del Distrito 5, pero no la chica, una pelirroja de apariencia inteligente y calculadora. Los dos del Distrito 6 y los dos del 7 murieron. Uh, eso quiere decir que Johanna no tendrá nada que hacer y se dedicará a pelear con los otros mentores. Los dos del 8 están muertos, al igual que ambos del 9 y la chica del 10.

Mientras Cludius Templesmith comenta en off sobre el emocionante comienzo de los Juegos, y qué impresionante cantidad de tributos han caído ya, en pantalla aparece el listado de los supervivientes y a cuántos tributos mató cada uno de ellos.

Glow, tributo femenino del Distrito 1, tiene apuntados dos nombres. Marvel del Distrito 1 también tiene a dos en su conciencia. Calila, del Distrito 2, tiene uno, mientras que Cato, su compañero de Distrito, tiene tres. Chip, del Distrito 3, tiene cero, y Cora del Distrito 4 tiene uno. Finna, la pelirroja del 5, tiene cero. Derek del 10, el chico rengo, tiene cero muertes apuntadas. Rue del Distrito 11 tiene cero, igual que Tsam, su compañero de distrito. Katniss también tiene cero. Y por último, Nigel tiene tres.

—¡Realmente impresionante! Volvamos a ver estos primeros minutos, ¡hasta a mí me cuesta creer lo que vi! —farfulla Templesmith, excitado.

Entonces veo lo que me negué a mirar la primera vez. Nigel tocándose la punta de la nariz con el índice derecho. Varios otros tributos también se tocan la nariz con la mano derecha: el chico del 5, los dos de los distritos 6, 7, 8 y 9, la chica del 10. Nigel sonríe. Suena el gong, todos se abalanzan sobre los suministros. Nigel consigue hacerse con un garrote y golpea en la nuca al chico del Distrito 4. Casi puedo oír los huesos rompiéndose. El chico cae al suelo, si no muerto al instante, al menos agonizante.

Los Profesionales se quedan inmóviles un momento, incrédulos. Envalentonados, los otros que habían tocado sus narices también se hacen de armas y atacan a los Profesionales. Algo en su rapidez de movimientos y en la determinación con que se dirigen a sus objetivos me hace creer que esto estaba planeado. Evidentemente, ahí hay una alianza previa.

Aunque me esfuerzo en no mirar más adentro de sus motivaciones, no puedo evitar una minúscula sonrisa. Los distritos más pobres y débiles, o al menos la mayoría de ellos, se aliaron y están luchando con enorme coraje contra los más fuertes y poderosos, los que habitualmente ganan y son los perros falderos del Capitolio.

Desde luego, los Profesionales luchan ferozmente. Son buenos, pero los otros tributos son más. Cato y Calila del Distrito 2 se defienden espalda contra espalda, mientras que Marvel del 1 tiene a la Cornucopia a sus espaldas y Glow del 1 se las arregla para aparentemente nunca dejar de girar, a la defensiva, cubriendo todos los ángulos. Cora del 4 tiene una espada en una mano y un cuchillo en la otra, y pelea con los dientes apretados de furia. La batalla parece ser pareja, cada uno de los profesionales lucha contra al menos dos chicos de los otros distritos, cuando Nigel de pronto acuchilla por la espalda al chico del Distrito 8, que había estado peleando con Marvel. Éste, a su vez, le rebana sin demasiado trámite la mitad del cuello a la chica del Distrito 9, la otra contra la que luchaba.

Yo no entiendo más nada. ¿Qué rayos está pasando? ¿Qué hace Nigel? ¿Qué significó esa seña? ¿Y por qué está atacando a sus aliados?

—¿De qué lado está Nigel? —pregunto en voz baja, casi hablando solo, atónito.

—Del suyo propio —responde Haymitch a mi lado, con un eructo. Ya vació tres cuartos de la botella de vino desde que empezaron los Juegos, hace veintinueve minutos, de acuerdo al cronómetro de la pantalla.

Observo con horror e impotencia cómo Nigel aniquila a otros dos chicos, ambas veces a traición, por la espalda. Los otros tributos notan que Nigel se pasó de bando, y eso o los asusta tanto que pierden la concentración y son aniquilados, o tratan de huir, sin éxito.

Cuando la carnicería acaba, el chico del Distrito 2 llamado Cato se vuelve hacia Nigel con una mirada de aprecio.

—El trato no era que mataras a Rick, pero bien por el resto —asiente, aprobador.

—Tenían dudas de si me atrevería a hacerlo —se encoge de hombros Nigel, señalando a los cadáveres con indiferencia—. Mejor él y no alguien importante.

Cato suelta una carcajada y palmea a Nigel en el hombro.

—Bueno, ya nos sacamos de encima a la mugre, estamos más cerca de terminar. ¿Cuántos son?

—Doce —informa Calila con satisfacción.

—Nosotros somos siete. ¿Quiénes se escaparon? —pregunta Cato con el entrecejo fruncido.

—Los del 11, la del 5, el del 10… y la del 12 —gruñe Glow—. ¿Por qué nadie liquidó a la del 12? Dijimos que era importante sacarla de en medio cuanto antes.

Me recorre un terrible escalofrío al escuchar a esa chica quejándose de que nadie matara a Katniss, en un tono no muy diferente del que alguien usaría para protestar por un aumento en el precio del pan o para rezongar por el frío. Como si fuese una complicación molesta el que Katniss haya escapado con vida.

—Bah, ninguno de ellos vale gran cosa —descarta Nigel con suficiencia—. Los del 11 son unos niñitos llorones, no durarán nada. El del 10 es rengo, lo alcanzaremos en un cualquier momento. Y la del 5… bueno, ¿a quién le importa ella? ¿Qué puntaje tenía, un cinco? Va a morirse sola.

—¿Y tu compañerita, la que anda metiéndose en la cama de su mentor para ganar? ¿Tampoco durará nada? —señala Marvel con aspereza—. Sacó un once en el entrenamiento. ¡Un once! Algo debe saber hacer.

—Los Organizadores de los Juegos estaban medio borrachos cuando yo entré, seguro que estaban completamente ebrios cuando fue su turno —descarta Nigel, desinteresado—. No pudo haber hecho gran cosa.

—¡Pero sacó un once! —insiste Cato, furioso e incrédulo.

—Oh, quién sabe, quizás se desnudó para ellos —se ríe Nigel, malicioso—. Suena como algo que ella haría…

Mi único consuelo al escuchar estas cosas es que Nigel está diciendo todas las cosas incorrectas. Criticar a los Organizadores de los Juegos, decir que estaban borrachos y que le dieron esa nota a un tributo que no sabe hacer nada, no puede ser nunca una buena idea. Respecto a insistir con que Katnis es una mujer de mala vida, como solía llamarlas mi mamá (sobre todo usaba el término para referirse a chicas de la Veta), tengo esperanza que lo haga quedar como el maldito mentiroso que es.

Cato se encoge de hombros respecto al comentario de Nigel. No parece interesarle si Katniss vende su cuerpo, da la impresión que sólo le importa matarla.

—Vamos hacia el lago, así pueden llevarse los cuerpos antes de que empiecen a apestar —ordena Cato, encabezando la marcha hacia el lago, antes de detenerse en seco y girarse a enfrentar al chico del Distrito 3—. Oh, y Tres, más te vale que hagas algo para ganarte tu supervivencia. ¿Decías algo sobre que podías mantener nuestra comida a salvo? Ponte a trabajar en eso, ¡lo quiero listo para ayer!

El chico del Distrito 3 tiembla como una hoja y asiente, intimidado. Cato se gira sin dedicarle una segunda mirada y se encamina hacia el lago, seguido de los demás.

—¡In–cre–í–ble! ¡Nigel del Distrito 12 está mostrando una estrategia que privilegia la supervivencia por sobre cualquier cosa! —exclama Claudius Templesmith, de regreso a la pantalla central, mientras las periféricas siguen mostrando a los tributos en sus diversas actividades, mayormente poner toda la distancia posible entre ellos y los demás tributos, o lavarse la sangre de sus manos y armas.

—Nigel formó una alianza… con los chicos de los otros distritos… les prometió que matarían a los Profesionales… —empiezo a entender, horrorizado y asqueado.

—Y al mismo tiempo, hizo una alianza con la Profesionales para sacar de en medio a los tributos de los otros Distritos —gruñe Haymitch, dejando a un lado la botella ahora vacía que tiene en la mano y quitándole el corcho a la siguiente—. Le dije que no lo hiciera. Nadie respeta a los traidores, y menos a quienes demuestran ser capaces de un doble juego.

Me encojo otro poco en mi asiento, comprendiendo cada vez mejor las miradas de furia y decepción de los mentores de los otros distritos. No sé cómo puedo volver a mirarlos a la cara después de lo que hizo uno de mis tributos. Se supone que al menos los que venimos de los distritos más pobres y ridiculizados estamos del mismo lado, pero Nigel acaba de destruir incluso eso.

Templesmith sigue parloteando sobre Nigel y el inusual modo de asegurarse una alianza. Tres panelistas invitados están ahí para opinar discuten su estrategia, y cuál será el siguiente paso de Nigel. La opinión pública está dividida: algunos creen que atacará a los Profesionales en cuanto se ponga el sol, mientras que otros creen que los Profesionales lo matarán para prevenir que se vuelva contra ellos, ahora que demostró que su palabra no sirve en una alianza, y ciertamente no tiene otra cosa que dar como garantía.

Con desaliento, noto que apenas si hay una mención a Katniss. La gente está mucho más interesada en Nigel. Algunos programas de chimentos siguen ocupándose del romance que, según decidió el Capitolio, Katniss y yo tenemos, pero el foco de la atención pública sigue puesto en Nigel y cuál será su próximo movimiento. Por una parte, me alegro que a Katniss no le haya pasado nada que la convierta en centro de atención, pero por otra parte, que la gente ya esté olvidándola son malas noticias.

Los tributos 'prescindibles' mueren mucho más fácilmente que los que son estrellas…

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