Cosas que me pertenecen: 25 reviews con saludos de cumpleaños recibidos en el último capítulo y cinco libros que me regalaron mi familia y mis amigos físicos.

Cosas que no me pertenecen: la saga Los Juegos del Hambre, por desgracia. Ya que no conseguí que me regalaran los derechos para mi cumpleaños, voy a insistir en Navidad. Mientras tanto, sigo escribiendo sin fines de lucro con personajes que tomo prestados de la talentosa S. Collins.


Mensaje para Lily Mellark: leí tu pedido, ¡y lo apruebo! Cómo voy a decirle que no al rewiev número 100 de Apenas un Fantasma. Es que como dejaste los comentarios como usuario no registrado, no tenía forma de contactarte…


.

Capítulo 17: …y sólo quedaron seis

.

Antes de lo que yo puedo o quiero acordarme, son ocho los tributos que quedan en carrera: Glow y Marvel del Distrito 1, Cato del 2, Finna del 5, Rue y Tsam del 11, y Katniss y Nigel del 12. Éste es el momento en que se realizan las entrevistas a las familias y amigos más cercanos de los "semifinalistas", como los llama el Capitolio. En los distritos los llamamos "supervivientes".

Los familiares y amigos de Glow y Marvel parecen bastante estirados y engreídos. Es asombroso lo parecidos que son entre sí, pese a que los tributos no están emparentados y de acuerdo a sus familiares ni siquiera se conocían antes de la Cosecha. De cualquier manera, sus familiares están unánimemente convencidos de que será ella o él quien gane, y no dudan en responder arrogantemente cuando se les pregunta al respecto.

El padre de Cato, el muchacho del Distrito 2, es un hombre de aspecto tan brutal que a su lado su hijo parece todo un compuesto y atildado señorito. El padre de Cato gruñe que más le vale a su hijo no deshonrar a la familia dejándose matar. La madre tiene una expresión pétrea y no dice palabra. No parece particularmente cariñosa o… maternal; de hecho, me recuerda un poco a mi propia madre. Cato tiene además un hermano menor, que no hace otra cosa que despotricar sobre todo lo que Cato hace mal, hasta que el padre de ambos se cansa del parloteo y golpea al chico tan fuerte que lo tira al piso, ante la mirada impasible de la madre, que no interviene. El niño, que debe tener unos siete u ocho años, aprieta los puños y los dientes, pero no llora. A juzgar por los muchos moretones que cubren su cuerpo, no es la primera vez que algo así sucede. El padre gruñe algo sobre hacerlo hombre a los golpes.

La tía de la pelirroja del Distrito 5 no es muy habladora, la chica no tiene aparentemente más familia, y la gente parece evitar las cámaras a toda costa, por lo que no hay amigos o vecinos que digan mucho. Sí nos enteramos que Finna, tal es el nombre de la tributo, es sobrina bisnieta del primer Vencedor que el Distrito 5 tuvo.

Los padres de Rue hablan con lágrimas en los ojos lo orgullosos que están de su hija, cuánto la extrañan y que desean poder verla pronto. Ninguno de ellos dice que creen que ganará, pero parecen estar siendo cautamente optimistas. Los hermanitos y hermanitas de Rue sonríen tímidamente y saludan hacia la cámara con la mano. Tengo un nudo en la garganta durante todo el segmento referido a la niña. Ella me recuerda incómodamente a Mellie, mi compañera de distrito, a la que yo había prometido cuidar y a la que mataron casi en mis narices. Dos años más tarde, sigo teniendo pesadillas con ese momento, y ver a otra niña de casi la misma edad en la arena no ayuda a disiparlas.

El padre y la abuela de Tsam, el chico del Distrito 11, tienen un aspecto rudo pero en realidad son muy tímidos. Parecen pensar cada cosa tres veces antes de decirla, lo que a ojos de algunos puede hacerlos parecer retardados, pero yo creo que sólo tienen mucho miedo de decir o hacer algo que se considere incorrecto o rebelde. Siento una mezcla de rabia e impotencia ante el hecho que estas personas tengan que pasar por una situación semejante, viendo a su único hijo y nieto en la arena.

Llega el segmento sobre Katniss, y otra vez hay una entrevista conmigo, donde no dudo en alabar lo maravillosa que es ella, algo que me sale con gran naturalidad después de pensar eso sobre ella desde hace años. Luego las cámaras muestran el material recogido en el Distrito 12, donde Prim, desde la cocina de su casa, encandila a las cámaras con su dulzura y su absoluta convicción de que Katniss va a ganar y a volver a casa. Tiene en sus manos un rectángulo plano cubierto con una tela un tanto descolorida, pero impecablemente limpia.

—Me lo prometió —explica Prim en un tono que da a entender que eso es razón más que suficiente para estar seguros de que su hermana será la Vencedora—. Katniss siempre cumple sus promesas. Antes de que los Agentes de la Paz la llevaran al tren, ella me prometió que ganaría y volvería a casa conmigo.

—¿Qué opinas de que Peeta Mellark declaró su amor por tu hermana? —le pregunta la reportera enviada del Capitolio, que le habla a Prim como si fuese idiota, probablemente porque la reportera lo es, pero a la vez con cierto afecto. Es imposible no tomarle cariño a Prim.

Prim suelta risitas antes de taparse la boca con la mano. Sus ojos azules brillan.

—Me parece muy lindo. Peeta es tan bueno y tan dulce, me alegra que Katniss lo tenga como novio. ¡Estoy segura de que van a ser muy felices juntos! —suspira Prim, sonriente.

Me produce un retortijón de culpa viéndola actuar tan infantil e ingenua, porque sé que está actuando: Prim será muy niña, pero no es tonta, por más que suelte risitas y hable con voz aguda de las promesas de Katniss como si eso fuese todo lo que hace falta para que su hermana regrese. Es todo parte del show.

—Peeta va a mover cielo y tierra para ayudarle a ganar —sigue Prim, segura—. Todos sabemos que ella le gusta desde hace años, o él no habría pintado este cuadro. ¡Miren qué bien que pinta, y qué bien que retrató a Katniss!

Prim quita la tela, descubriendo la famosa pintura que hice de Katniss niña en mis primeras semanas después de mi regreso al Distrito 12. Eran días realmente malos en que yo casi no dormía por las pesadillas, aún no me había acostumbrado del todo a la pierna ortopédica, todo el mundo me evitaba como si fuese un Agente de la Paz de los crueles, y no había nada que me ocupara las horas del día. Me la pasé pintando esas primeras semanas, tratando de plasmar en imágenes todas las buenas memorias que podía retener, tratando con todas mis fuerzas de convencerme que había razones para seguir adelante.

—Mi mamá dice que es idéntica a como mi hermana era de chiquita. Si hasta la reconocimos en el cuadro antes de saber que Peeta la había retratado a ella —completa Prim, sonriente.

La reportera alaba la pintura, hace un par de comentarios sabihondos sobre la técnica y el manejo de los colores que demuestran que no tiene la menor idea ni de cómo se sostiene un pincel, y el segmento termina con una toma del cuadro.

Luego vienen unas preguntas para la señora Everdeen.

—Sé muy bien qué hija crié. Katniss es inteligente y tiene recursos para mantenerse con vida, de modo que confío que saldrá adelante —afirma la señora rubia con aplomo.

—¿Qué opina de Peeta Mellark como candidato a yerno suyo? —quiere saber la reportera.

—Es un buen muchacho, no lo pongo en duda —responde ella, algo lánguidamente, supongo que pensando con cuidado la respuesta—. Sin embargo, comprenderá que desde que perdí a mi marido y padre de mis hijas, yo debo ser madre y padre a la vez, y por eso preferiría que Katniss sea algo mayor antes de tener novio. No es nada contra Peeta, es sólo que… me cuesta dejar ir a mis niñas —explica. Su segmento es más bien breve, aunque impecable.

Justo cuando creí que la cobertura de Katniss había concluido y le tocaba a los familiares de Nigel, de pronto Gale aparece en escena, explicando que es su primo.

—Ahora, escúchame muy bien, Mellark, porque sólo pienso decirte esto una vez, y confío en que no hará falta que lo repita —dice Gale con su mejor tono amenazante, el que me hacía palidecer de miedo antes de conocer más de cerca a Gale y saber que bajo esa coraza de dureza él tiene un corazón de oro, mirando directamente a la cámara—. Katniss es una chica maravillosa, que sufrió mucho al perder a su papá, y merece que la traten como a una princesa. De manera que si llego a enterarme que la hiciste sufrir, no hablemos de llorar, no sólo te haré lamentarlo de todo corazón, sino que además te quitaré para siempre la posibilidad de tener hijos, de un modo doloroso. ¿Entendiste?

Aún sabiendo que no es más que actuación por el bien de Katniss, me siento muy recto en mi silla. Me detengo cuando de pronto noto que estoy asintiendo silenciosamente a la pantalla. Menos mal que Haymitch está dormido, o no dejaría de burlarse de mí por esto durante años. Haymitch siempre duerme cuando llega el programa que presenta a los familiares de los tributos.

—¡Actúas como todo un hermano mayor! —suspira embelesada la reportera, acariciándole el antebrazo a Gale, que se aparta discretamente medio paso—. Sin embargo, creí escuchar que eres amigo de Peeta…

Gale parece contrito por un momento, pero finalmente asiente con una pequeña sonrisa.

—Sí, es mi amigo, pero eso no significa que no vaya a golpearlo tan fuerte que le dolerá a sus bisabuelos si no es un perfecto caballero con mi prima Katniss —advierte Gale, antes de sonreír más ampliamente—. En realidad, como amigo debo felicitarlo. No cualquiera consigue enamorar a Katniss Everdeen —Gale dice el nombre con el mayor de los respetos, como si fuese una eminencia—. Ella es una de las chicas más lindas del Distrito, pero muy tímida. Estoy segura que ni se había dado cuenta de cuántos chicos están locos por ella.

Mal que me pese, debo reconocer que es cierto. Muchos chicos consideraban atractiva a Katniss, y no tenían reparos en hablar de eso. Ese aire de guerrera fuerte, independiente, su cuerpo firme, sus rasgos suaves, su cabello oscuro y sus ojos tan grises hacían que yo no fuese por lejos el único que la deseaba. Pero al mismo tiempo que su independencia y sus habilidades de caza la hacían deseable, también la hacían intimidante. Me incluyo entre quienes la considerábamos tan maravillosa como inalcanzable… aunque al menos mis intenciones eran considerablemente más nobles que las de muchos otros, que no querían un Tueste exactamente, sino lo que venía después.

—Ooohhh, ¿Katniss tenía muchos admiradores? —pregunta intrigada la reportera.

—Más de los que me hubiese gustado —admite Gale, ceñudo—. Era todo un trabajo mantenerlos a raya. Afortunadamente ella nunca estuvo muy inclinada a andar de novio, siempre se preocupó más por su hermanita y sus estudios —añade Gale con una sonrisa un poco torcida.

No puedo evitar sonreír yo también cuando pienso en los "estudios" de Katniss… estudios de la anatomía de las vísceras de las ardillas, quizás.

—De manera que lo que dijo Nigel Herbheart en la entrevista es mentira —concluye la reportera, convencida por fin.

—¡Por supuesto! —ruge Gale, indignado—. Claro que no faltaron nunca personas envidiosas, tanto chicas que se sabían menos hermosas e interesantes que Katniss, como chicos a los que Katniss no les prestaba atención, y que se dedicaron a desparramar todo tipo de rumores malintencionados. Nigel es un tonto por creerlos.

—Muchas gracias por tu tiempo, Gale —le sonríe coquetamente la reportera. Gale esboza una semi sonrisa, la misma que suele poner cuando está incómodo y queriendo huir lo antes posible pero por alguna razón no puede.

De pronto quien está hablando es Darius, el joven Agente de la Paz pelirrojo que suele comprarle a mi papá bollitos de canela, y me felicita por haberle ganado.

—Bueno, qué puedo decir, Mellark me ganó de buena ley —admite con un suspiro—. Si sólo hubieses esperado un par de años más… yo sólo estaba esperando a que ella fuese un poco mayor. Estoy seguro que Katniss me hubiese al menos tenido en cuenta. Pero está bien —aclara rápidamente Darius, encogiéndose de hombros—, en realidad me gustan más las rubias. Aunque por Katniss, hubiese hecho una excepción. Buena suerte, muchacho, y ya sabes a quién pedirle consejo sobre cómo cortejar debidamente a una señorita —añade con un guiño cómplice—. Sin rencores, Peeta.

La boca me queda colgando abierta. ¿Desde cuándo Darius quería algo más que un faisán o un pavo salvaje de Katniss? Nunca se me hubiese ocurrido que había algo entre ellos, y de hecho sé que no lo había. Más actuación para engrandecer a Katniss.

Luego es Sae la Grasienta quien tiene la palabra, y en tono satisfecho declara que siempre supo que Katniss y yo éramos el uno para el otro. Minna, que corretea por ahí en su andador, parlotea en su media lengua sobre que "Niss, Íita… ¡muack!", dice imitando un sonido de beso entre risitas. No sé quién le enseñó eso, pero la ternura de la niña ayuda. Sae dice que el andador de su nieta fue un regalo mío y que está en mí cuidar a otros, de modo que no tiene dudas que Katniss y yo seremos muy felices juntos.

Luego es el turno de Madge y Delly de dar su veredicto en su, para mí insospechado, rol de mejores amigas y confidentes de Katniss. Amigas, de acuerdo. Mejores amigas, es posible, no estoy seguro qué tipo de amistad tienen las chicas entre ellas. Pero, ¿confidentes? Katniss confiándole algo a algún otro ser vivo… es difícil de creer.

—¿Qué opinan de Peeta declarando su amor en televisión nacional? —pregunta la reportera.

—Oh, Peeta nunca hace nada a medias —suspira Madge, sonriente—. Cuando se decide a declarársele a una chica, lo hace en televisión. Él es así.

—¡Es lo más increíblemente romántico del mundo! —suspira Delly, excitada—. ¿Qué chica no sueña con un chico tan enamorado que no lo avergüenza contarle a todo el país qué es lo que siente? ¡Mi primo es tan romántico! Bueno, primo segundo, pero somos tan cercanos que de pequeños parecíamos hermanos.

¿Yo, primo de Delly? Oh, ya veo, otra mentira piadosa para las cámaras. Supongo que a los ojos del capitolio una amiga es algo inapropiado de tener cuando se está enamorado, o alguna otra cosa igual de absurda.

—Conocen a Katniss, ¿creen que ella querrá a Peeta? —inquiere la reportera.

—¡Claro que lo querrá! Ella no sabía que él ya la amaba, pero estoy segura que en cuanto lo sepa, se arrojará a sus brazos —declara Delly con absoluta convicción y una mirada soñadora—. Katniss nunca se fijó en los otros chicos, pero yo creo que es sólo porque estaba esperando al indicado. ¡Que es Peeta, por supuesto!

Lo que dijo Delly es lo que el Capitolio quiere oír, y no puedo evitar estarle agradecido por saber decir lo que los poderosos quieren oír. Hasta que no tenga a Katniss segura a mi lado, o preferentemente en mis brazos, no pienso mover un músculo para hacer nada que irrite a quienes podrían acabar con ella.

—Creo que le tomará un momento asimilar la situación —señala Madge, más calmada—. Katniss no tiene idea todavía de lo que siente Peeta por ella, y se sorprenderá cuando lo sepa… pero estoy segura que una vez que tenga tiempo de comprender que es verdad tanto amor y devoción, ella lo amará con la misma intensidad.

La voz de la razón. Madge sutilmente está preparando el terreno para el shock que le sobrevendrá a Katniss al enterarse no sólo de mi declaración de amor, sino también que el Capitolio está preparando una película basada en nuestra romántica historia, que ya está confirmado incluye nuestra boda y los nacimientos de nuestros seis hijos. Katniss querrá matar al guionista cuando se entere.

—¡Katniss es tan afortunada de tenerlo! Peeta es tan cariñoso, leal, todo un caballero… tiene alma de artista, ¡todos vimos esa maravillosa pintura! —parlotea Delly, entusiasmada.

—Peeta es el afortunado, Katniss es la chica más trabajadora, honesta y responsable que conocí —señala Madge—. Espero que él tenga bien en claro que ella merece nada más que lo mejor, y que nunca se olvide de dárselo.

—¡Claro! Peeta siempre se preocupa antes por lo demás que por sí mismo, Katniss estará cuidada y mimada por el resto de su vida —asegura Delly, radiante.

Las dos siguen así por varios minutos, Delly de mi lado, hablando sobre lo maravilloso que soy yo y lo afortunada que es Katniss, mientras que Madge se pone de lado de Katniss y enumera todas las razones por las que yo debería considerarme el hombre más feliz del mundo. Tiendo a concordar más con Madge que con Delly, pero no puedo negar que el ida y vuelta entre las dos acaba mostrándonos, tanto a Katniss como a mí, a la mejor luz posible, y a nuestra futura relación como el sueño del matrimonio perfecto.

¿Quién habrá organizado a esta gente? Cada uno de los entrevistados dijo exactamente lo correcto, casi no hubo deslices o cosas que podrían malinterpretarse, y todos se las arreglaron para engrandecernos tanto a Katniss como a mí. De no ser por Haymitch está aquí, sospecharía de él, pero no puede ser… ¿quién habrá sido entonces?

Un último breve segmento está dedicado a los padres de Nigel. Ambos no saben bien qué decir sobre las acciones de su hijo, desde el mentir en su entrevista a su alianza y traición a los otros tributos, hasta su alianza con los profesionales. Los pobres señores Herbheart se limitan a mascullar algo sobre Nigel queriendo regresar a casa a cualquier costo y que su desesperación por sobrevivir lo vuelve imprudente.

.

.

.

Ser mentor no es un trabajo grato. Nadie excepto un psicópata como Brutus podría disfrutarlo. Dado que yo no me considero un psicópata, no sólo no lo disfruto, sino que lo sufro a cada instante.

Pero hay momentos en que es especialmente terrible ser capaz de ver todo e incapaz de intervenir en absoluto. Por ejemplo, ahora mismo, cuando veo a Katniss a unos trescientos metros de donde Cato, furioso, hambriento y armado hasta los dientes, la está buscando para masacrarla.

Los Profesionales apenas si pararon a descansar en toda la noche, sino que se la pasaron rastrillando el bosque en busca de tributos. Después de un par de discusiones sobre si girar a la izquierda o a la derecha, si mantenerse cerca del arroyo (donde tienen agua a su disposición pero no pueden ocultarse) o adentrarse en el bosque (donde alguien podría emboscarlos y no tiene agua, pero es más probable que encuentren otros tributos), el grupo decide dividirse. Cato y Glow marchan colina arriba, hacia donde los árboles son más densos, mientras que Nigel y Marvel se encaminan colina abajo, hacia el valle en el que está el arroyo. Los cuatro acuerdan encontrarse al anochecer de vuelta en su antiguo campamento junto al lago.

Pese a que perdieron los suministros de comida y casi todas las armas de reserva, los profesionales habían amontonado en su campamento unas cuantas trampas. Cuerdas, redes, alambres, trampas de lazo, incluso un par de trampas de metal, con afilados dientes metálicos y un aspecto mortífero. Comparadas con las rústicas trampas que Gale pone en el bosque para cazar animales, y que hasta ese momento eran las únicas que yo conocía, éstas parecen misiles nucleares. Considerando que las trampas de Gale ya son mortalmente efectivas, prefiero no pensar demasiado en éstas.

Antes de abandonar su campamento, los profesionales lo vaciaron de todas las trampas y se las echaron al hombro. Ahora, a medida que van caminando, ponen las trampas en puntos que consideran estratégicos.

Los observo con temerosa atención. Cato y Glow pasan a cinco metros escasos de donde está oculta la chica pelirroja del Distrito 5, tan inmóvil y silenciosa que los otros ni siquiera notan que hay otro ser vivo en las cercanías. Colocan una trampa sencilla y sin duda efectiva, que deja a la víctima colgando cabeza abajo por un tobillo, a poca distancia de donde está oculta la chica, quien los observa con enorme atención. Sin saberlo, la pusieron sobre aviso.

Nigel y Marvel colocan algunas trampas aquí y allá. Nigel, debo admitirlo, es mucho más hábil que Marvel para esto, pese a que por lo que sé no tiene experiencia en armarlas. Sin embargo, posee un sentido práctico y una intuición especial para saber dónde tienen la mayor probabilidad de funcionar que me ponen la piel de gallina.

Mientras con un ojo mantengo la atención puesta en Nigel y compañía, con el otro vigilo a Katniss. Por lo visto, afortunadamente no quedó sorda por completo, aunque por sus gestos y movimientos, está claro que si es capaz de escuchar algo con el oído izquierdo, es poco. Ella está tomando un camino que le evitó cruzarse con cualquiera de las trampas, lo que me tranquiliza mucho. No dudo que sepa cómo evitar este tipo de trampas, pero Katniss ignora que están ahí y no sabe que debe prestar atención…

Después de un día muy tranquilo, cerca del atardecer varias cosas ocurren en un lapso muy corto de tiempo.

Primero, ambos sub grupos de profesionales dan media vuelta y se encaminan en dirección al campamento original. De paso, van revisando las trampas con la esperanza de haber capturado a alguien. Hasta ahora, no tuvieron suerte.

A la par, la pequeña del Distrito 11, llamada Rue, empieza a dirigirse al punto de encuentro a reunirse con Katniss. La oscuridad y los profesionales merodeando los bosques la mantuvieron anclada en un árbol hasta hace muy poco. Katniss ya está esperándola en el lugar.

Unos minutos después, de pronto Marvel del Distrito 1 saca un cuchillo y apuñala a Nigel en el costado. Sin embargo, Nigel nota el movimiento y alcanza a evitar en parte la estocada. La peor parte no se la lleva su vientre, donde el corte hubiese sido mortal, sino sus costillas, lo que lo hace doblarse sobre sí mismo de dolor pero aparentemente evita que algún órgano fundamental sea alcanzado por el cuchillo. Marvel sonríe maliciosamente mientras apunta la lanza, que estuvo usando a modo de bastón de senderismo, para ultimar a su rival. Nigel, caído de espaldas, lo mira con fuego en los ojos.

—Traidor —le escupe.

—Mira quién habla —sonríe Marvel perezosamente, desde su lugar de superioridad de pie—. ¿Acaso no traicionaste a todos esos tributos de los otros distritos? ¿Quién es el traidor aquí, eh?

Nigel gruñe de dolor y consigue sacar una navaja de su bolsillo, pero Marvel es más rápido y le atraviesa la mano con la lanza a su adversario. Nigel grita de dolor y sorpresa, mientras yo siento el poco pan que comí dando vueltas en mi estómago. Ver la mano literalmente clavada en la tierra por la lanza que la traspasa es espantoso.

—Como si no tuvieses planes de traicionarnos a nosotros también —sonríe Marvel con prepotencia—. ¿Fastidiado porque te ganamos de mano?

Nigel gruñe, lo único que puede hacer en esa posición. Llegado este punto, sé que sólo puedo rogar por una de dos cosas posibles: una, que Marvel quiera monologar hasta que Nigel encuentre un modo de superarlo, pero considerando la lanza clavada en su mano, no se me ocurre un modo en que el chico de mi Distrito pueda superar al otro. La otra… que Marvel le conceda una muerte rápida y lo más indolora posible.

Está claro que Marvel quiere seguir echándole en cara su propia superioridad a Nigel, pero un grito agudo que tiene algo de infantil lo interrumpe. Ambos miran en dirección al camino que deberían estar desandando para llegar al campamento.

Mi corazón casi se para. Rue está atrapada en una de las trampas, una red.

—Lo lamento, tengo asuntos que atender, gente que matar y todo eso. Espérame aquí, que ya regreso, ¿sí? ¡No te vayas! —añade Marvel burlonamente, antes de tomar la lanza que dejó caer Nigel ante la sorpresa del ataque, dejándolo clavado al suelo con la otra lanza, y salir corriendo en dirección al grito.

Marvel va corriendo hacia donde está Rue por un lado; Katniss, por el otro.

Marvel está más cerca. Katniss corre con desesperación.

Marvel sonríe, Katniss luce aterrada.

Marvel llega antes.

Katniss llega justo a tiempo para ver al otro chico apuñalando con la lanza a su aliada, su amiga.

Marvel tiene una flecha clavada en el cuello antes de notar siquiera que Katniss llegó. Se arranca la flecha al tiempo que Katniss corta las mallas de la red que mantiene prisionera a Rue.

Segundos después, Marvel muere. Normalmente la muerte de un tributo, aún de los que no sean de Distritos cuyos mentores son mis amigos, me causa dolor. Pero esta vez ni siquiera llego a sentir nada, estoy demasiado absorto, demasiado perdido, demasiado distraído, demasiado concentrado.

Katniss coloca la cabeza de Rue en su regazo. Hablan quedamente, con suavidad.

—Canta —le ruega la pequeña con lo que probablemente sea su último aliento.

Katniss duda, eso está claro. Pero entonces tose un poco, traga saliva, y empieza a cantar:

· En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce,

· hay un lecho de hierba, una almohada verde suave;

· recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedo

· y, cuando los abras, el sol estará en el cielo.

Rue cierra los ojos. Apenas si respira. Katniss empieza a llorar silenciosamente, pero continúa cantando. Estoy absorto por la canción… hace años que no oigo cantar a Katniss, y aunque no me alegro que sea en estas circunstancias que me permiten oír su melodiosa voz, su canto siempre me hace sentir mejor.

La canción sigue, hablando de un lugar tranquilo, donde descansar seguro y a salvo…

Me recorre un escalofrío cuando la otra lectura posible del canto llega a mi mente, y es que la canción está hablando de un cementerio, o al menos, de una tumba.

Katniss acaba de cantar. Todo queda en silencio por unos segundos. Entonces, inesperadamente, los sinsajos repiten la canción. La voz de Katniss es tan melodiosa como yo la recordaba, o incluso más aún. Al igual que su padre, las aves se detienen a escucharla, y en el caso de los sinsajos, hasta repiten su canto.

Las lágrimas de Katniss caen sobre la cara de la niña moribunda. Suena el cañonazo que marca el fallecimiento de Rue. Katniss se inclina sobre ella y le da un beso en la sien. Despacio, como si no quisiera despertarla, deja su cabeza en el suelo y le suelta la mano.

Ya está. Rue se ha ido.

Sólo tenía doce años, cinco hermanitos y hermanitas menores, lo que más le gustaba era cantar, se parecía a Mellie, y está muerta. Muerta. Igual que Mellie. Es como verla morir de nuevo.

Rue. Mellie. Tan pequeñas, tan niñas, tan… inofensivas… muertas… por algo que ninguna de ellas hizo… por entretenimiento para unos pocos… por un retorcido sentido de la venganza…

Me cuesta respirar, casi no consigo aire, y me toma un momento comprender que es porque estoy sollozando ruidosamente. No hay lágrimas escapando de mis ojos, pero los sollozos sacuden todo mi cuerpo. No puedo respirar, no me alcanza el aire, siento como si me estuviesen apretando el pecho...

Oigo un suave ¡ploc! a mi lado, y me giro con curiosidad hacia la fuente del sonido, sólo para encontrar a Haymitch completamente inmóvil mirando la pantalla con ojos algo desenfocados, y ríos de lágrimas corriendo por sus mejillas y cayendo en su camisa. No emite sonido alguno, pero las lágrimas ruedan sin parar por su rostro.

Toda la Sala de Mentores del Cuartel General de los Juegos está inusualmente silenciosa. Ni siquiera Brutus o Enobaria, que festejan cada muerte de un tributo de los otros distritos, son capaces de celebrar esto. No digo nada, y me giro a volver a mirar a la pantalla, esforzándome en respirar.

Nigel, con los dientes muy apretados y una expresión de dolor intenso que está consiguiendo controlar apenas, rueda sobre su costado derecho y trata de arrancar con la mano izquierda la lanza que atraviesa su mano derecha y lo clava al suelo. Su costado izquierdo está herido también, de modo que realmente no es muy rápido ni muy ágil al intentar liberarse. Además que el dolor que debe estar sufriendo no le facilita el trabajo.

Al mismo tiempo, Katniss está recogiendo flores de vivos colores violeta, amarillo y blanco, y las lleva a donde está Rue. Cubre la herida del vientre, le rodea la cara de flores… la hace parecer dormida en lugar de asesinada.

—Por fin nos sacamos de encima esa basura del Doce.

El tono satisfecho de Cato me hace girarme tan rápido a su pantalla que siento un tirón en los músculos del cuello. Él y Glow siguen marchando hacia el campamento junto al lago, ajenos a la tragedia que se desarrolló a un par de kilómetros de distancia. Seguramente escucharon los cañonazos, pero no tienen modo de saber por quiénes fueron.

—Espero que Marvel haya montado un buen espectáculo —completa Cato.

—Hubo dos cañonazos —musita Glow, desconfiada—. ¿Se habrán matado entre ellos?

Cato se encoge de hombros.

—Tal vez encontró a otro tributo y lo mató también. Sólo espero a que no haya sido la chica del Doce —gruñe Cato, repentinamente feroz—. Ella es mía.

—¿Cómo estás tan seguro de que Marvel mató al Doce? —inquiere Glow.

—Fue el trato que hicimos —explica Cato, satisfecho—. Doce desconfiaba de mí, y nunca hubiese bajado la guardia si hubiésemos formado pareja. Pero sospechaba mucho menos de Marvel, de manera que acordamos que en un momento nos las arreglaríamos para que los dos se quedaran juntos y solos, y entonces Marvel lo mataría.

—¿Tenían un pacto para matarlo? ¿Por qué yo no estaba enterada? —protesta Glow.

—Porque cuantas menos personas supieran, mejor. Y por supuesto que teníamos un plan para sacar de en medio al Doce —replica Cato como si fuese algo obvio—. No íbamos a dejarlo vivo el tiempo suficiente para que nos traicione también. Él nunca perteneció con nosotros, de todos modos, los del Distrito 12 no merecen estar en nuestra alianza. Bastante tiempo lo toleramos, con tal que nos ayudara a encontrar a la chica del Doce, y ni para eso sirvió. Era más que tiempo de liquidarlo, sobre todo si vamos a andar escasos de comida.

Un poco más lejos Katniss trenza el cabello de Rue con flores de múltiples colores, mientras contiene apenas las lágrimas. Por fin, se despide de ella con el mismo gesto con que la gente del Distrito 12 le dijo adiós a Katniss. Un susurrado y suavísimo "adiós, Rue", como si temiera despertar a la niña que parece dormir, y Katniss da media vuelta y se aleja sin mirar atrás.

Nigel, con un reprimido grito de dolor, consigue sacar finalmente la lanza que le atraviesa la mano. La herida de su costado está sangrando seriamente, y su mano tiene un aspecto horrible, desgarrada, cubierta de sangre, con un agujero en el medio. Se queda un momento acostado, pálido y traspirado, respirando profundamente. Debió estar a punto de desmayarse, entre la pérdida de sangre y el dolor.

—Quedan los dos del Distrito 11, o uno de los del 11 y la chica del 12… y alguien más, pero no recuerdo quién —enumera Glow, pensativa—. ¿Dónde se habrán ocultado?

—Tendremos que encontrarlos cuanto antes. No quisiera que se nos venga encima un nuevo incendio, aunque serviría para sacar a esos animalejos de sus madrigueras —gruñe Cato—. O una inundación…

Más lejos, un aerodeslizador se lleva el cuerpo de Rue. Katniss sigue caminando lentamente, con la mirada fija hacia adelante, sin volverse a mirar atrás. Un joven sinsajo, con aspecto de pichón crecido, silba desde una rama baja la melodía de cuatro notas que Rue le enseñó a Katniss, ladeando su cabeza para mirar a la humana debajo de él.

—Sana y salva —musita Katniss al pasar por debajo de su rama—. Ya no tenemos que preocuparnos por ella.

Mientras Nigel corta un pedazo de su camisa y se venda torpemente la mano herida, Katniss deja lentamente la escena en que perdió a su amiga. Paralelamente, Glow y Cato discuten qué más va a pasar.

—No habrá otro incendio, ya hubo uno. No van a repetir eso —discute Glow, sacudiendo la cabeza—. Y no hay agua suficiente para una inundación. Pero sí hay colinas, quizás preparen un alud.

—Un alud serviría para matar a alguien, no para empujar a esos inútiles a nuestro camino así los matamos nosotros —gruñe Cato—. No quiero un alud. Entonces, mejor que sea… no sé… ¿una sequía? —sugiere Cato—. Si se quedan sin agua, estarán obligados a acercarse al lago, donde está nuestro campamento, y podremos liquidarlos.

Cato y Glow siguen discutiendo qué estrategias utilizarán los Organizadores de los Juegos para reunir a los tributos restantes, suponiendo que ellos no los encuentren primero.

Katniss sigue caminando sin dirección aparente, con la mirada algo perdida, los ojos secos y movimientos mecánicos.

Nigel se termina de vendar la herida del costado con el resto de la camisa. No soy un experto en el tema, pero el corte tiene mal aspecto: no da la impresión de ser muy profundo, pero sí largo, zigzagueante, y sin duda doloroso. Además, como Nigel no tiene vendas limpias, antisépticos, antibióticos ni nada parecido consigo, si no lo mata la herida lo matará la infección que sólo está aguardando a desarrollarse.

Reviso la cantidad de dinero de patrocinadores que tiene Nigel, y cuándo cuestan las cosas que necesita. Mala suerte: los precios son altos a esta altura de los Juegos, y Nigel tiene relativamente poco dinero, de manera tal que sólo le alcanza para el antiséptico o las vendas o los antibióticos, no las tres cosas a la vez. El problema es que las vendas no le servirán de mucho si no puede limpiar la herida, y el antiséptico no tiene mucho sentido si tiene que usar una camisa sucia para vendarse. Y los antibióticos no tendrán sentido si la herida no puede cicatrizar correctamente.

Eso, sin considerar el estado en que está la mano derecha. No sé a qué tipo de daño a nivel muscular, nervioso ni óseo nos estamos enfrentando, pero Nigel es diestro, de manera que perdió el uso de su mano hábil. Desgraciadamente, en vez de reunir patrocinadores dispuestos a ayudarle, estas heridas lo harán ver débil y como alguien que es poco probable que gane.

—¿Qué hacemos? —le pregunto a Haymitch en voz baja.

—Rogamos que lo encuentre Katniss —responde él, tipeando algo en la computadora que tiene ante sí.

—¿Katniss? —repito, sin entender—. ¿Crees que ella sabrá cómo sanarlo?

—No. Pero ella le concederá una muerte rápida y bastante indolora —replica Haymitch, presionando una última tecla antes de cruzarse de brazos.

En la pantalla veo como un paracaídas plateado vuela hacia Nigel. Él lo toma con sorpresa y un poco de desconfianza.

—¿Qué le enviaste?

—Alcohol etílico. Es todo lo que podemos hacer por él —responde Haymitch con un suspiro agotado, como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros.

Observo de reojo, en la pantalla de Haymitch, el estado de cuenta de Nigel. Le quedan dos Oros. A esta altura de los Juegos, eso no le alcanza ni para un pedazo de pan.

No me agrada Nigel, pero tampoco quisiera que pierda la vida. Y sin embargo, en este momento hasta yo sé que es, a ojos del Capitolio, un hombre muerto caminando.

.