Disclaimer: Personajes y ambiente pertenecen a J.K Rowling, Warner Bros. Pictures, Emecé, Salamandra propietarios de los derechos reservados de autor, nombre, imágenes. Sólo Matt es mío, y ahora si aparece... un poquito pero en fin...
Chicle y Chocolate
Cáp.
2: Todo comienza
Levantarse temprano no era su costumbre. Le gustaba acostarse tarde y levantarse cuando el sol ya había salido, mucho tiempo antes. Tenía todo arreglado para levantarse a las nueve, ir al ministerio y comenzar a trabajar a las diez hasta las cinco.
Pero como tampoco era su costumbre unirse a grupos clandestinos en contra de magos oscuros, había decidido hacer un esfuerzo y cambió turno con Kingsley para hacer el de las siete y media y poder tener el resto de la tarde libre, y así evitar llegar tarde a la oficialmente segunda (primera para ella) reunión de la Orden.
Por culpa de Scrimgeour ella no había ido, él muy insoportable se había aparecido en su casa buscándola a ella y a Kingsley, había pasado por la casa de éste, pero al no encontrarlo se apareció en la de ella.
En realidad, el causante de todo, había sido Fudge, que se había dejado llevar por los rumores de que Dumbledore estaba reorganizando la Orden del Fénix para luchar contra el ministerio y había obligado a que vigile a todos sus aurores en busca de algo sospechoso. Y al tipo le había parecido demasiado sospechoso que dos de sus aurores pidieran el día libre al mismo tiempo. Luego de haber descartado la hipótesis de que estuvieran involucrados emocionalmente, decidió investigar personalmente. Por eso había ido a la casa de Shackelbot, y cuando no lo encontró, marchó a la de Tonks, que estaba a punto de salir. La tuvo media hora preguntándole sobre Kingsley hasta que ella pudo zafarse por un momento e ir a buscarlo.
Cuando ambos volvieron, comenzó un discurso sobre la fidelidad al ministerio, sobre que Dumbledore era un anciano senil que quería llamar la atención, hasta Sirius Black entró en el discurso. En ese momento acusó a Shackelbot de dejar escapar muchas pistas para atraparlo. Kingsley no dijo nada, pero Tonks estuvo a punto de golpearlo cuando le reprochó que ella se daba aires como para pedirse días libre y que le quedaba mucho por aprender. Comenzó otro discurso acerca de los deberes de un buen auror. Ese sujeto tenía tanta labia que Tonks pensaba que mejor debía haber sido Ministro.
Eran cerca de las dos de la mañana cuando terminó. En todo ese tiempo ni Tonks ni Kingsley habían pronunciado palabra, simplemente se limitaban a asentir débilmente cada vez que creían que se dirigía a alguno de ellos.
Con una sonrisa forzada lo echó amablemente. Scrimgeour pareció no notar su fingida cortesía porque se fue bastante satisfecho. Al salir chocó con Matt, que venía a ver a su novia. Sin siquiera disculparse desapareció.
Luego de saludar a Matt como se merecía y de explicarle porque Kingsley y Scrimgeour estaban allí, salió con Kingsley para arreglar el horario, quien luego de despedirse, se marchó y ellos quedaron solos. Finalmente se acostaron cerca de las cuatro de la mañana.
Y nuevamente por culpa de Scrimgeour, según ella, estaba llegando tarde. Al haberse acostado tarde, no había escuchado el despertador, y ahora tenía cinco minutos para vestirse, desayunar, despertar a Matt para que no se durmiera y para que él también llegará al Ministerio a tiempo. Salteándose el desayuno y tirando a su novio de la cama, en un intento por despertarlo, consiguió llegar a tiempo.
No pudo dejar de bostezar en toda la mañana, tanto por la falta de sueño como por el trabajo que le habían dado. Proudfoot estaba enfermo ("Claro, a él si le dan licencia-pensó molesta") y a ella le tocó hacer todo el papelerío. Hasta la hora del almuerzo, se aburrió como un hongo... Finalmente pudo salir y comer con Matt, en un parque cercano, quien le preguntó porque había salido tan temprano. Era evidente que por la mañana temprano a él no le funcionaban todas las neuronas porque ella le había explicado antes de desaparecer que había cambiado el turno con Kingsley porque más tarde tenía que salir con su madre.
Esa mañana, mientras "trabajaba" se convenció de que no era una mentira. Y por ende, haría un sacrificio e iría a saludarla, aunque sea.
-Oh, tienes razón- le contestó comiendo su ensalada-. ¿Puedo pasar a buscarte más tarde?
-Mmm... No- dijo Tonks. Los ojos azules de Matt la miraron extrañados- Mmm, tu terminas tarde y... yo no estaré hasta la medianoche con mi madre- se apresuró en agregar, sintiéndose un poco mal por mentirle.
Matt se encogió de hombros y siguió comiendo, Tonks hizo lo mismo y mordió con saña su sándwich haciendo que parte de la mostaza saltará y cayera en la túnica del moreno. Ambos estallaron en carcajadas cuando se acercó para limpiarlo y terminó volcándose encima la mitad del jugo de calabaza que él estaba bebiendo.
Dieron por finalizado el almuerzo, cuando al intentar besarse, los sándwiches que Tonks tenía en su falda cayeron al piso.
-Bueno,
tengo que irme- dijo él, levantándose y se estiró.
-Yo
también- exclamó Tonks levantándose
atropelladamente dejando caer la poca comida que aún no había
volteado al suelo.
Rieron un poco más mientras recogían los restos de su almuerzo y se despidieron cariñosamente. Tonks vio alejarse a grandes zancadas el cabello enrulado de Matt.
James Matthew Care, guapo y veinticuatro. Guapo, simpático y el mejor partido en los últimos meses que Nymphadora había encontrado. De ojos azules y moreno, con el cabello enrulado que caía sobre sus ojos era todo un caballero, el príncipe azul perfecto. Pero últimamente, las cosas no estaban tan bien como siempre.
Discutían por todo y eran escasas las horas que pasaban juntos; sus trabajos los absorbían. Pero, ambos, luego de haber terminado la relación unas cinco veces en el último mes, decidieron intentarlo una más. Y si las cosas seguían como estaban, no les iba a quedar otra más que, bueno, acabarlo de una vez por todas...
Suspiró aburrida, observando a su alrededor y se extrañó de que no hubiera nadie en el parque. Quizás tenía que ver el hecho de que apenas pasaba el mediodía y hacía un calor sofocante; pero no había nadie, ni siquiera niños. Se oía un silencio insoportable, roto muy de vez en cuando por el andar lejano de algunos coches. Se sintió en una dimensión aparte, extraña y como si alguien la observara...
Caminó un poco, ya sin poder seguir quieta en el lugar, intentando apartar el presentimiento de que la seguían, estirando las piernas y reconoció que era aún temprano para aparecerse en la mansión Black. No estaba tan loca como para hacerse presente en la vieja casa a la dos de la tarde, sólo por no llegar tarde a una reunión que empezaba al anochecer. Recordó el lugar, mejor dicho, los gritos que la despidieron con un pequeño escalofrío.
Volvió a mirar a su alrededor, al no ver a nadie, cerró los ojos avanzando con decisión y desapareció.
Cuando dejó de sentir la horrible presión alrededor de su cuerpo, abrió los ojos y sonrió satisfecha. Había llegado al lugar donde quería ir. Estaba parada frente a una casa blanca, rodeada por una pequeña verja blanca que saltó ágilmente. No tuvo la misma suerte al caer, ya que resbaló en una baldosa suelta del sendero que atravesaba el cuidado jardín repleto de rosas, desde la verja hasta los escalones de la entrada. Saltó los escalones de dos en dos ruidosamente y empujó la puerta con fuerza, entrando estrepitosamente a la casa de sus padres.
-¡HOLA!- exclamó al entrar.
Siguió caminando en silencio, bueno no tan en silencio, pues no dejaba de chocar con todo lo que sus pies encontraban en su camino por la hermosa sala, de colores claros y pasteles que contrastaban enormemente con el rosa chicle que ostentaba aquel día.
Se sorprendió de no encontrar a nadie, pero no le dio mucha importancia. Supuso que su madre estaría descansando arriba y su padre en el ministerio. Se dirigió velozmente hacia la cocina; desde el momento en que cruzó la puerta de entrada se le antojó un poco del delicioso helado de frutilla y chocolate que su madre siempre tenía en la heladera. Ya estaba con una mano en la manija de la puerta de la heladera, cuando una voz la detuvo.
-Pequeña- llamó cariñosamente.
-Papá- exclamó ella volteándose rápidamente, y se abalanzó para abrazarlo, tirando una silla en el proceso, que con una floritura de varita, Ted evitó que cayera al suelo- ¿Qué haces aquí?- inquirió sentándose en la silla que estuvo a punto de tirar. Su padre hizo otro tanto frente a ella-. Pensé que aún estarías en el ministerio.
Ted rió.
-Deberías
saber que estoy de vacaciones-le contestó risueño-. Se
lo dije a Matt.
-Oh, sí- murmuró la joven
recordando-, mencionó algo hace unos días- ¿Dónde
está mamá?- dijo incorporándose y buscando el
helado. Conjuró dos tazones y dos cucharas y comenzó a
servirlo.
-En... ahí viene- señaló la figura que entraba desde el jardín.
La silueta de Andrómeda Tonks, era demasiado parecida a la de sus hermanas. No era tan bonita como Narcissa o tan impulsiva como Bellatrix, pero en su juventud tenía un algo especial, que aún conservaba, que hacía de ella una mujer atractiva. Con ojos chispeantes y cabello negro como la noche, pero de piel casi tan blanca como su hermana menor, se abalanzó sobre su hija, como momentos antes, había hecho ésta con su padre.
-Nymphadora- dijo Andrómeda abrazando a su hija sofocándola. Estaba muy ocupada en eso, que no pudo ver la mueca que hizo ella al oír su nombre.
-Mamá...-resopló de entre los brazos de su madre-... No me dejas respirar.
Finalmente, cuando la soltó, el cabello de Nymphadora, había dejado de ser rosa para dejar paso a un verde manzana que definitivamente era más llamativo. Era algo que disgustaba enormemente a su madre, y ella disfrutaba haciéndolo. Una especie de venganza cada vez que la llamaba por su nombre. Su madre hizo la misma mueca que había hecho ella momentos antes.
-Nymphadora... Pero si tu cabello normal es mucho más bonito.
-Sí, claro. Igual que mi nombre- contestó Tonks sarcástica.
-Es un nombre con personalidad- contestó sirviéndose helado ella también.
-Sí,
mamá- dijo ella en el mismo tono.
-¿A qué
debemos el honor de tu visita?- preguntó su padre, clavando
sus ojos café en los de ella, que en ese momento eran del
mismo tono, el natural.
-¿Qué una hija no puede visitar a sus padres sin motivo alguno?
-Si, pero tú no eres del tipo de hija considerada que viene a visitar a sus padres sin un interés creado- dijo él sonriendo
Tonks hizo un gesto de falsa incredulidad, pero no agregó nada más, si al fin y al cabo, era más o menos verdad. Siguió comiendo en silencio. Mientras sus padres le comentaban lo que habían hecho desde la última vez que los visitó.
Desde
que comenzó a hablar, Ted no dejó de quejarse de la
nueva política de Fudge de desacreditar a Dumbledore, y de
negarse a creer del regreso de Voldemort.
-¿Y se cree que
el chico Diggory se fue de paseo?- dijo finalmente mientras terminaba
de exponer su punto de vista sobre la manera en que era llevado el
Ministerio en los últimos días.
-Eso me recuerda a que vine.
Andrómeda la miró sorprendida.
-¿No viniste sólo por que tu novio sigue en el trabajo y no querías quedarte sola, y además porque querías helado?
-No- contestó Tonks, sin extrañarse. Desde pequeña, jamás había podido ocultarle nada a su madre. Como seguía mirándola, agregó:- Bueno, más o menos sí, pero... más que nada, tengo algo que contarles- hizo una pausa para agregarle suspenso a la situación- ¡Soy miembro de la Orden!- dijo finalmente.
-¿Qué?-dijo su madre sorprendida.
Ahora sí, Tonks también estaba sorprendida.
-Oups, creo que no debía decírselos.
-¿La Orden del Fénix?- preguntó su padre con un dejo de preocupación en la voz.
-Sí, pero... ¿Cómo saben ustedes sobre eso?- ahora sí estaba confundida, ¿no se suponía que era un grupo secreto?
-¿Cómo no vamos a saber? Éramos parte de esa Orden... somos colaboradores de la Orden-dijo su madre impaciente.
-¿Eran?... ¿Son?
-¿No lo recuerdas?- su padre la miraba un tanto asustado- Cuando teníamos misiones solíamos dejarte al cuidado de algún miembro que estuviera libre. Éramos compañeros de tu tío Sirius y...
-¿Sirius?... mmm... lo vi ayer, me costó reconocerlo... ¿Cuantos años tenía?
-Cuatro, cinco. Tenías siete cuando se disolvió- dijeron a la vez.
-Deberías recordarlo. Pasabas mucho tiempo con él, y con sus amigos-comentó su madre.
Tonks negó con la cabeza, no recordaba mucho de su infancia. A Sirius, apenas lo había reconocido. Claro, que no estaba como ella lo había conocido, pero si su madre tenía razón debería haberle sido fácil reconocerlo, y ciertamente le había llevado su tiempo.
-Mmm... No me acuerdo muy bien de cuando tenía cuatro años, pero eso es normal- dijo encogiéndose de hombres.
-No, no lo sé, pequeña- murmuró su padre-. Deberías recordarlo, quiero decir, pasabas mucho tiempo con ellos. Sirius, Remus, Peter y James, y de vez en cuando también Lily, o alguna de las novias ocasionales de tu tío Sirius... eran casi tus niñeras oficiales, ¿por qué no los recuerdas?
-Mi mente tiene vida propia, y decidió bloquear mi infancia...- comentó ella divertida.
-Tal vez- dijo su madre misteriosa. Nymphadora la miró sorprendida-. Es un pensamiento, pero tú eras muy apegada a Sirius y cuando fue a Azkaban, bueno, tú no lo tomaste muy bien... quizás tu cerebro, tu subconsciente, o lo que sea, no quería que tu corazón sufriera y bloqueo esa parte de tu vida...- agregó comiendo una gran cucharada de helado.
Tonks no pudo evitar una sonrisa en sus labios... Esas respuestas tan propias de su madre... Sonrió asintiendo levemente, no muy convencida e intentó recordar los rostros de aquellos a quienes, aseguraban sus padres, había sido apegada. La cara de Sirius y los Potter, habían sido fáciles de reconocer. Incluso la de ese traidor de Pettigrew, sin saber el porqué. Incluso había muchachas que aparecían fugazmente, las que suponía amoríos de Sirius. Pero el rostro de ese tal Remus, se le hacía difícil.
Se ofendió cuando su padre se rió al escucharla decir que no recordaba a Remus.
-Lo siento- dijo intentando contenerse en vano- ¿Oíste eso, Andie? Olvido al que la inició en el gusto por el chocolate.
Su madre rió también y Tonks se molestó un poco. ¿Cómo podían reírse, mientras ella tenía una especie de laguna que abarcaba siete años de su vida?
Intentó parecer ofendida, pero ellos no le prestaron atención.
-pero, no entiendo, viste a Sirius el año pasado-le recordó su madre.
Tonks negó con la cabeza.
-Fue en julio, más o menos. Estuvo como tres días... Oh, por supuesto. Tú viniste el último y ni siquiera lo saludaste. Además, ya iba vestido como persona, no como ex convicto. Así que te fue fácil confundirlo con alguno de nuestros amigos.
Nymphadora se encogió de hombros y sonrió. No recordaba ese día demasiado bien, durante ese mes había estado corriendo para todos lados, entre Hogwarts que se preparaba para el torneo, y el Ministerio.
Andrómeda suspiró resignada.
-Contigo se aplica bastante bien el "si te he visto no me acuerdo", ¿eh?
Nuevas risas por parte de sus padres, intentó protestar, pero fue en vano; su madre volvió a salir hacia el jardín, murmurando algo sobre los gnomos y sus rosas. Y su padre, luego de servirse más helado, desapareció en dirección al estudio para leer algo.
¿Qué clase de padres eran esos? Primero se quejan de que no va a visitarlos y después la dejan sola, para ir atender sus cosas. ¿Qué cosas eran más importantes que su única hija?
Quedó sola, y empezó a hacer lo usual en ella, se paseó por la cocina, tropezando varias veces con las sillas, y comenzó a abrir y cerrar los cajones buscando algo y nada específico a la vez. En una de las alacenas que abrió, luego de revolverla bien, y volcar el arroz, sobre el fregadero, encontró chocolate, dulce chocolate.
Cuando lo abrió y lo probó, no pudo dejar de pensar en ese tal Remus, si él era el culpable de su mayor vicio, ¿cómo podía ser que no lo recordara? No era tan pequeña como para no hacerlo...
Siguió paseando por la casa, al pasar por el estudio, descubrió a su padre durmiendo con el libro sobre su cara. Sonrió y ya estaba por pasar de largo, cuando vio algo que le llamó la atención.
Entró precipitadamente en la habitación, al descubrir una foto en la biblioteca. Siempre había estado allí, pero nunca había reparado en ella.
Hizo demasiado ruido al entrar, pero su padre ni se inmutó. Simplemente, se dio la vuelta y siguió durmiendo. Cuando Tonks vivía allí, ruidos como ese y peores se escuchaban a cada segundo, por lo que el oído de Ted, ya se había acostumbrado.
Sacó la fotografía del lugar, dispuesta a observarla mejor. Eran dos hombres y su madre con ella. Uno era Sirius, y el otro ¿sería Remus? Seguramente, puesto que su padre no era, ni siquiera se parecían. Era más alto y lucía algo enfermo, pero ciertamente la sonrisa que lucía era de felicidad. A su lado, la de Sirius, irradiaba lo mismo. La carita que ella tenía en esa foto transmitía una ternura... Y ciertamente por la forma en que abrazaba a los dos hombres, debía de haberlos conocido y querido mucho.
Volvió a dejar el portarretrato en su lugar, después de quince minutos de romperse la cabeza tratando de recordar algo, y de ver a las personas de las fotos hacerle burla (resultaba gracioso verse ella misma con veinte años menos sacándole la lengua desde una fotografía), y salió de la habitación.
Pensó en ir al living y usar el televisor. De pequeña le gustaba hacerlo en los días de lluvia, transmitía cosas divertidas. Pero, no había ni un dibujito que le gustará por lo que apagó el televisor y se dirigió a su antigua habitación.
Pósters muggles y mágicos adornaban las paredes, lindos chicos le sonreían seductoramente o le tiraban besos al aire. Tonks pasó por al lado sin mirarlos, ya había pasado esa etapa, la del enamoramiento fácil.
Estaba bastante ordenada, lo que indicaba que la mano de su madre había pasado por allí. A Tonks no le agradaba, le parecía que no era natural tanta limpieza y orden en la habitación de una adolescente. O en la de cualquier otra persona, pero que alguien vaya y se lo diga a su madre.
Se dirigió a su armario y se cambió de ropa, se quitó el caliente uniforme de Auror, y se puso unos jeans rasgados con una remera fresca. Se sentó en el suelo, para revisar debajo de la cama donde guardaba cajas con viejas fotos. Sacó un gran álbum, pero no era el que buscaba, aún así se entretuvo mirándolo. Eran las fotos de las vacaciones que había pasado en la Madriguera, cuando había sido novia de Charlie.
"El
primer gran error amoroso de Nymphadora y la familia de Charlie",
rezaba la portada del álbum, cortesía de su mejor amiga
con los gemelos y la pequeña Ginny.
La verdad que sí
había sido un error. Un inmenso error. Bueno, toda era culpa
de las hormonas, se habían convencido cuando decidieron
terminar, y menos mal que lo habían hecho rápido. Al
menos, no habían tenido tiempo de arruinar tantos años
de amistad por una confusión.
Pasó la tarde mirando otras fotos, olvidando realmente cual era la razón por la que las había buscado. No encontró las que realmente le interesaban, pero como no se acordaba de ellas, no le importó. Se quedó mirando fotos de sus amigos de Hogwarts, de viajes que había hecho al extranjero y demás.
Ya casi estaba llegando a los últimos álbumes, donde se encontraba lo que buscaba, cuando miró el reloj, se levantó rápidamente y salió hacia fuera. No llegaba tarde, pero si no se apresuraba, lo haría.
Corrió escaleras abajo y pasó por el estudio, su padre seguía durmiendo. Salió por la cocina hacia el jardín donde se encontraba su madre.
-Debo irme- le explicó apresuradamente cuando se levantó. Iba tan rápido que piso mal los pequeños escalones que llevaban al jardín, que había caído al suelo-. Si Matt pregunta, dile que estoy aquí. Y si viene, dile que me fui al Ministerio.
-¿Y si viene alguien del Ministerio?- preguntó su madre bromeando, volviendo su atención a las flores.
-No lo sé...- murmuró mordiéndose el labio inferior-. Inventas algo y listo- agregó.
-No olvides entrar sin tocar- advirtió Andrómeda, pero su hija no la escuchó, ya había desaparecido.
Apareció, segundos después sobre un árbol en la plaza frente al cuartel, donde habían decidido que sería el lugar de aparición, para no llamar la atención. No era al lugar donde había querido ir, pero se acercaba. Aprovechó que estaba cubierta y sacó su varita. Se desilusionó, y bajó del árbol rápidamente, rasgando sus jeans en el proceso.
No le dio mucha importancia, una rasgadura más no les haría mucho, y ciertamente quedaban bien.
Iba
tan apurada, que casi logra que un auto la choqué, al ir
desilusionada, debía tener más cuidado. El que no la
vieran, no significaba que no la mataran si la atropellaban.
Subió
por los escalones, que habían aparecido desde el momento en
que se imaginó el cuartel, justo en medio del número 11
y 13 de Grimmauld Place y llamó a la puerta. Le daba cierta
cosa tocar la aldaba, pero que le iba a hacer, si la casa no tenía
timbre.
Instantes después de haberlo hecho, comenzó a escuchar los mismos gritos que el día anterior, y recordó que no debía haber tocado la puerta. Recordó que debía haber posado su varita en la puerta, y ésta se abriría la reconocer un miembro de la Orden. Alguien del otro lado, seguramente la estaría maldiciendo.
Una malhumorada cabeza pelirroja salió a atenderla, luego de diez minutos de espera pensando una excusa.
-¡Tonks!- exclamó Ginny al verla y dejándola pasar- Creí que serías otra persona, llegaste temprano
-¿Cómo que llegué temprano? Son las seis y media ¿Por qué susurras? - se extrañó entrando en la casa.
-Sí. ¿Sirius no te dijo nada? Cambiaron el horario, que raro, él era el encargado de avisar. Cuida...
Demasiado tarde, Nymphadora había chocado contra un paragüero en forma de pata de troll despertando nuevamente a la adorable anciana del retrato.
-GRACIAS, TONKS- gritó sarcástica la pelirroja-. YA ESTABA EXTRAÑANDO SUS GRITOS, AYUDAME A CALLARLA. NO TE QUEDES PARADA AHÍ, AYUDAME.
-¿QUÉ HAGO?- preguntó. Ginny la miró fastidiada-. LO SIENTO, NO TENGO POR HOBBY CALLAR RETRATOS HISTERICOS- agregó riendo.
La menor de los Weasley también rió.
-AYUDAME A CUBRIRLA CON LAS CORTINAS- indicó.
No sin poco esfuerzo, pudieron hacerlo; cuando lo lograron, la vieja al fin se calló. Tonks interrogó a Ginny por el retrato.
-Es la madre de Sirius- murmuró-. No tienes idea, lo que es bajar cuatro pisos corriendo para callarla. ¿No la conociste?- ante la cara de sorpresa de la joven, agregó-: Como eres sobrina de Sirius... En fin, eso es lo que dijo él esta mañana, que la loca que no había entendido que el timbre no se tocaba, era su sobrina Nymphadora...
-Ya sabes que no me gusta que me llamen así- masculló ella-. Por cierto, ¿adónde me estás llevando?
Ya habían subido las escaleras, y Ginny la estaba llevando hacia las habitaciones superiores, pero eso ella no lo sabía.
-Arriba, con los demás. Como eres la primera en llegar. No hay nadie de la Orden. Y créeme, no te gustará quedarte sola con Kreacher...
-¿Quién es Kreacher?
-Es un elfo doméstico, es insoportable. Está loco, te insulta por lo bajo y cree que no lo oyes. Ha pasado diez años aquí sólo, y enloqueció. No lo culpo, pero podría haber limpiado, nos hubiera ahorrado mucho trabajo.
-¿A qué te refieres?- volvió a preguntar. Cada vez entendía menos.
-Nos hemos pasado todo el día limpiando las habitaciones del cuarto piso- explicó con un dejo de fastidio en la voz. Tonks la notó muy enfadada, pero se dio cuenta de que no era por ella, sino por el trabajo que debía hacer-. Hay tres y son enormes, al menos la de Sirius, la limpiaron él y el profesor Lupin... pero las dos que quedaron son enormes y ahora estamos en la del medio...
-¿Profesor Lupin?- preguntó. Ella no tuvo un profesor Lupin, ¿o sí?
-Bueno, técnicamente no es profesor, pero... en realidad no sé porque le seguimos diciendo profesor Lupin- comentó sonriendo, contagiando a Tonks.
-Lupin- repitió, ese apellido le sonaba de algún lado... pero, ¿de dónde?
-Llegamos- anunció Ginny metiéndola por un pasillo y luego en la segunda puerta desde la derecha en una habitación, que a primera vista decía que ahí dormía un varón.
-¡Tonks!- exclamaron varias cabezas pelirrojas al verla la colorida cabellera de la visitante.
-Ron, Fred, George, ¿Charlie? ¡Charlie! Y… ¿Bill? ¡Bill!- dijo saludando uno a uno-. Molly...- esta última la abrazó maternalmente.
- ¿Estás bien?- Tonks asintió- Eres la única de los chicos que han venido aquí, a la que no tengo que decirle que se ve delgaducho. Tú te ves tan llena de vida y alegre, como siempre...- y la abrazó nuevamente, mientras Tonks sonreía y los gemelos se burlaban-. Bueno ¿qué estamos esperando? A trabajar- los chicos se dispersaron incluso los mayores, y comenzaron a juntar diversas bolsas con basura. Bajaron todos en tropel, con Tonks riendo a su lado, ayudando a Ginny con una bolsa especialmente grande. Intentó revisarla, pero Ginny no se lo permitió.
-Está lleno de cosas oscuras- dijo con un dejo de malicia en la voz, como queriendo darle suspenso a los objetos. Luego se puso seria y comentó-: Son artefactos que se están encantados con hechizos oscuros y maldiciones y pueden ser mortales, para aquellos que no son "sangre pura" o Black.
Tonks, era Black, más no era pura. Era mestiza, por lo tanto, no se iba a arriesgar a morir, sólo por curiosidad. Bueno, pensándolo bien, sí. Ya estaba abriendo la bolsa, cuando la mano de Fred apareció delante de sus ojos, estaba llena de furúnculos. Tonks dejó escapar una exclamación de asco que hizo reír a los muchachos.
-¿Te gusta cómo quedó mi mano, Tonksie?- preguntó divertido-. Es una reacción a esas cosas que llevas en la bolsa.
Tonks apartó rápidamente la mano de la boca de la bolsa, provocando más risas
-Jaja, muy graciosos. Pero... Aquí falta alguien- dijo luego de observarlos, la señora Weasley detrás de ella, contuvo la respiración y avanzó con paso rápido metiéndose en la cocina precipitadamente.
-No hables de Percy cerca de mamá- susurró Bill-. El, bueno...- comenzó a explicar ante la muda interrogación de Tonks.
-Él y papá discutieron, porque Percy dice que el Ministerio tiene razón sobre el Innombrable, y que Dumbledore se ha vuelto loco- dijo Charlie mientras entraban al comedor y Bill tiraba las bolsas en el contenedor de basura al lado de la despensa.
-Jamás lo había visto tan molesto- dijo Ron tirando su bolsa también.
-Fue horrible- dijo Ginny, quien ayudada por ella imitaba a Ron y los gemelos.
-Luego de gritar unas cuantas cosas, juntó sus cosas...-dijo Fred sentándose a la mesa junto a George.
-Y se fue- completó George
-¡Wow! Jamás lo hubiera esperado de Percy- dijo mientras apartaba una silla para sentarse. Lo hizo tan extraordinariamente rápido, que consiguió volcarla.
-¡Wow! Veo que la torpeza aún no se ha ido y el gusto por los colores brillantes tampoco- exclamó una voz desde las escaleras.
La chica se volteó para contestar como se merecía. Pero se detuvo al ver que era Sirius, quien venía con una gran bolsa, que arrojó con rapidez al fuego. No sabía porque pero no comentó nada.
-Y veo que Mr. Canoso tampoco- dijo burlona, bueno nada de lo que había pensado en primer lugar.
-Yo no tengo canas, cosa rara- dijo acercándose al grupo.
-¿Y esas cosas blancas que asoman en tu pelo que son?
-Reflejos de la luz- contestó rápido, muy seguro- Mi amigo, aquí presente, si tiene canas- estiró si brazo hacia la persona que se encontraba oculto por la semi-oscuridad del lugar.
Sacó no sin esfuerzo, a un hombre igual de alto que él pero con el pelo castaño, en él que ciertamente sobresalían algunas canas. Remus sonrió tímidamente, al principio pero, luego contagiado por la alegría general, rió junto a los demás.
Sin saber porque, Tonks se le quedó mirando. Al sentir la mirada de la joven, Remus también clavó sus ojos en ella. Lo que primero le llamó la atención fue el verde brillante que llevaba en el cabello, pero la reconoció al instante. Nymphadora Tonks, imposible olvidar la expresión de su rostro. Era la misma que tenía cuando la conoció veintiún años atrás. La curiosidad impresa en cada rincón de su cara.
Tonks, mantenía su vista en él. No podía evitarlo, su rostro le resultaba tan familiar y a la vez, le era completamente desconocido.
Sus miradas, se chocaron. Los ojos miel de Remus, en los café que ese día llevaba Nymphadora. Sintieron una corriente eléctrica recorrer sus espaldas, y se quedaron así, mirándose. De repente, Remus vio los ojos de la joven convertirse en una copia exacta a los de él. Ella no se dio cuenta del cambio.
-¿Nymphadora?- preguntó manteniendo el contacto visual.
-Sí- murmuró-. Es decir... no- Remus arqueó las cejas sorprendido, ella desvió la mirada hacia la mesa-.Digo, si soy yo, pero no Nymphadora sino Tonks.
-Sí- dijo él tontamente, sin despegar sus ojos de ella.
A su alrededor, todo se había parado. No existía nada más que ellos. Tonks había vuelto a posar sus ojos en los de él y los dos podían sentir como sus latidos se aceleraban y su respiración se entrecortaba. No había nada más alrededor. Para ella, sólo existían esos ojos miel donde le gustaría perderse y esa sonrisa dulce, dedicada a ella. Y él, él sólo veía sus ojos y su expresión. Jamás alguien le había parecido tan hermosa.
Desde muy lejos escuchaba la voz burlona de Sirius que lo presentaba.
-Ella es mi sobrina, a quien ya conoces, tiene gustos extraños: colores brillantes, los ruidos y el chocolate. Y éste que acaba de perder el habla y la razón es Remus Lupin, a quien también conoces, pero posiblemente no recuerdes, puesto que si no te acordabas de mí... es imposible que tu mente haya guardado algo de él. Él también tiene gustos raros: leer, estar serio y ¡oh, sorpresa! ¡El chocolate!
De repente la campana de la puerta sonó y conocidos alaridos comenzaron a sonar, sacándolos abruptamente de su ensoñación. Tonks se sobresaltó y se paró rápidamente volteando a uno de los gemelos que se apresuraba en ir a callar el retrato. Cayó sobre él tirando a su vez a Remus junto a ella en un fallido intento de prenderse de las solapas de su saco, que no habían resistido.
Mientras varios reían y algunos corrían arriba, otros se contenían un poco para ayudar a los caídos a levantarse. Sirius tomó la mano de Nymphadora y Remus a la vez y los hizo pararse, a la vez que reía.
-Nymphadora, eso fue lo más gracioso que ha pasado en el día- confesó sentándose a una silla de donde se encontraba ella aún riendo, dejando el lugar para su amigo. Tonks estaba tan ocupada mirando al extraño que no se percató de que la habían llamado por su nombre-. Después de la regañada que le pegó Molly a Remus por haber entrado con los zapatos sucios, claro está.
El más responsable de los Merodeadores, le dirigió una mirada con la que le dejaba claro que de serle posible, lo mataba.
-¿Remus?- repitió la chica- ¡Remus!- exclamó cuando éste asintió. Ese era Remus, fugazmente lo recordó dándole un gran trozo de chocolate y llevándola de la mano a algún lugar que no recordaba y se abalanzó para abrazarlo tirándolo nuevamente al suelo.
Se separó con una agilidad increíble mientras le extendía la mano y lo ayudaba a levantarse. Estaba totalmente avergonzada por su arrebato, muchos rostros la miraban divertidos.
-Gracias- murmuró frotándose la espalda, mientras a su alrededor, todos los presentes reían.
-Lo siento- dijo ella, avergonzada. Su cabello se puso del color del de los Weasleys. Ahora realmente pasaba por una de ellos- Oh, diablos- murmuró al ver el cambio.
-Oh, la pequeña se ha ruborizado- comentó Sirius malicioso.
Tonks había quedado sorprendida, realmente la conocía. Sólo pocas personas sabían que esa era su forma de ruborizarse. Iba a contestarle, pero antes se ocupó de su cabello. Lo dejó tal como estaba pero lo hizo crecer, hasta que alcanzó sus hombros.
-La hermana perdida de los Weasleys ha llegado- exclamó, provocando la hilaridad de los presentes.
-¿De veras eres Nymphadora?- preguntó Remus, mirándola con una sonrisa clavada en la cara. A Sirius, esa sonrisa no le agradaba nada.
Ella lo miró arrugando la nariz.
-No. Soy Tonks- murmuró de mala gana y comenzó a moverse en la silla.
Remus sonrió.
-Ya lo sé-contestó-. Lo que estoy haciendo es confirmar si de verdad eres Nymphadora Tonks.
-O estás pasando mucho tiempo con Ojoloco o te cambiaron por otra persona- intervino Sirius bromeando, temiendo por la vida de Remus; Nymphadora lo había amenazado a él la noche anterior por usar su nombre, y veía las muecas que hacía cada vez que decían su nombre, como para no tomarla en serio-. Te estás volviendo paranoico, amigo- agregó palmeándolo-. Ella es Nymphadora, ¿o acaso conoces otra metamorfamaga fanática de los colores brillantes?
-¿Podrían dejar de usar mi nombre?- dijo con los ojos centelleantes, apretando con fuerza la varita por debajo de la mesa.
-¿Temes que se te gaste?- preguntaron ambos mordaces.
-No- dijo conteniendo una sonrisa-. Temo tener que lastimar a mi tío y a su amigo si siguen diciéndolo. ¿Es que no entienden que no me gusta que me llamen así?
-De entenderlo, lo entendemos- explicó Sirius.
-Pero es que llevamos mucho tiempo llamándote así-completó Remus. (Ni que los hubieran poseído Fred y George)
-Es la primera vez que me ven, después de catorce años- dijo con impaciencia.
-Sí, pero te conocemos desde que eras una cosita rara, que se perdía cada dos minutos, y bueno... la costumbre quedó- dijo Sirius.
-¿Cómo que cosa rara? Mamá dijo que ustedes me cuidaban ¿cómo que me perdía?
-Verás... ¿no te acuerdas?- preguntó Remus extrañado.
-No- dijo sonriendo. Era la segunda vez en el día que se lo preguntaban, ni que fuera tonta y le gustará preguntar...
-Eso es extraño... No eras tan pequeña como para no hacerlo- murmuró Lupin
-Sí, sí. Eso mismo dijo mi padre, creo- dijo moviendo rápidamente las manos-. El punto es que no los recuerdo, bueno brevemente sí. Pequeños fragmentos aparecen, cuando los veo un largo rato y fuerzo a mi memoria a trabajar.
Los dos hombres la miraron extrañados
-No me miren como un bicho raro, es verdad. A ti te recuerdo, en mi casa sentado en el suelo jugando conmigo, y a ti- lo señaló a Remus- llevándome a comer helado y algún lado de la mano. Pero nada más...
-Mmm, yo tengo una teoría- dijo Sirius luego de un rato de observarla en silencio-. Eres rara.
-¡Sirius!
-¿Y qué otra explicación le encuentras? ¿Cómo no te acuerdas de mí? ¡De mí!... y bueno, de él- agregó señalando a su lado, casi despectivamente.
-Gracias, amigo- contestó Remus irónico.
-De nada- devolvió el otro en el mismo tono.
-Lo siento, no me acuerdo.
-¿Es qué acaso no leías el diario? ¿No cruzabas nunca por el cubículo de Shackelbot? Vaya que ha caído el nivel de aurores...
-¡Oye! No insultes- exclamó incorporándose-. Si leía El Profeta, y sí pasaba por el cubículo de Kingsley, pero nunca te asocié en mi vida...- agregó inocentemente y se volvió a sentar.
-Tu madre es mi prima favorita, pasaba todas las tardes en tu casa. ¿Cómo no te acuerdas de mí?- preguntó poniendo una cara de perro atropellado que hizo reír a Nymphadora.
-Lo siento, no recuerdo.
-Muy bien, me ofendí- exclamó Sirius cruzándose de brazos-. De ahora en adelante, no me hables, Nymphadora.
-No
me llames Nymphadora- susurró entre dientes, dividida entre la
risa y el enojo.
Remus que hasta ahora había observado la
escena divertido, le preguntó:
-¿De veras no te acuerdas?
-No- dijo ella, y para demostrar que era sincera lo miró a los ojos.
Los
apartó rápidamente, prometiéndose a sí
misma, evitarlo en futuras ocasiones. Había algo en ellos, no
podía especificar exactamente que, pero la hacían
perder el aliento.
Dumbledore acababa de llegar y la reunión
no tardó en comenzar. Los demás miembros habían
ido llegando cuando ellos charlaban/discutían.
Buscando alejarse un poco de Remus, Tonks ayudó a Bill y Charlie a deshacerse de sus hermanos. Sacarlos afuera no fue fácil, y no lo culpó, de haber estado ella en la misma situación, hubiera buscado formas de escabullirse para escuchar una reunión clandestina. Molly se quedó con ellos, asegurando que no escucharan algo que ella no consideraba apropiado para su edad.
Volvió a su lugar, evitando la mirada de Remus. Charlie y Bill se sentaron a la izquierda. Venían conversando de Quidditch, lo que la distrajo y le permitió relajarse un poco.
Antes de que el viejo profesor hubiera empezado a hablar, Sirius se levantó y pidió la palabra, Dumbledore asintió con la cabeza y se sentó nuevamente en el extremo de la larga mesa, mirándolo con atención y su usual sonrisa.
-Quiero dar un anuncio, para aquellos que no se han enterado. No deben tocar la puerta para que los atiendan. El timbre de la puerta, ignórenlo, por favor. Se los agradeceré enormemente. No es agradable escuchar gritos histéricos cada vez que alguien llega. Creo que todos- dirigió una mirada severa a Tonks y Mundungus aficionados a tocar el timbre-, le dieron su varita al profesor Dumbledore, para que él hiciera que la puerta reconociera cada una de sus varitas, y así entrar sin problemas, sólo apoyándola sobre ella. Eso es todo —agregó y se sentó-. Gracias, Dumbledore
Dumbledore, se levantó otra vez y dio una vista rápida al salón antes de hablar. Ya no sonreía y tenía el semblante serio.
-Creo que todos sabemos porque estamos aquí. El ministerio se niega a creer que Voldemort ha vuelto- un estremecimiento recorrió la mesa, Tonks asombró a Remus, ella simplemente se limitó a mirar a Dumbledore-, y no quiere entender que estamos en peligro inminente, que él está juntando fuerzas y que hay que detenerlo ahora que está más vulnerable.
"Aún no tenemos claro, que es lo está buscando, además de Harry Potter, pero fuentes confiables informan, que se encuentra en el Ministerio, y para ser exactos lo que quiere se encuentra en el departamento de Misterios. Pero, como no sabemos que es lo que hay en dicho lugar y el Ministerio momentáneamente no colaborará con nosotros, lo único que podemos hacer es custodiar el lugar y evitar que cualquier mortífago.
"También debo decir, que Harry necesitará custodia, no es seguro por ahora que este sin protección. Necesitaremos formar guardias que protejan a Harry y el departamento de Misterios, pero de eso hablaremos en un momento.
"A mis oídos ha llegado que jóvenes han entrado a las filas de Voldemort -nuevo estremecimiento general-. Es imprescindible tener un contacto con ellos, que suelen ser los más débiles, por así decirlo. Generalmente, no saben exactamente que hacer y terminan involucrándose en una horrible matanza, por una cuestión de apellido y creencias antiguas. Muchas veces, son más fáciles de manipular, tanto por el bien como por el mal. Por lo que suelen ser convencidos rápidamente de volver al camino que sería considerado correcto.
"Me atrevo a decir que los que estamos aquí, estamos en este lugar no sólo porque el Ministerio no nos cree, sino también porque entendemos que ya no estamos seguros y que no nos vamos a quedar de brazos cruzados esperando que alguien muera y Fudge por fin entienda que no es atención lo que busco. Hay que juntar refuerzos aquí y en el extranjero, aliarse con aquellos con los que tenemos la seguridad que Voldemort intentará crear lazos -¿de que tienen tanto miedo? Es sólo un nombre-. Criaturas que los propios magos hemos dejado a un lado y, tal vez, inconscientemente, los hemos puesto en nuestra contra.
"Por esta razón y por que los consideró grandes personas, se encuentran aquí Rubeus Hagrid y Madame Olympe Maxine".
Ambos se pararon, pero debieron agacharse por lo bajo del techo, y caminaron hacia Dumbledore, colocándose a su derecha. Varias personas se quedaron boquiabiertas al ver a Madame Maxine, jamás pensaron conocer a alguien tan grande como Hagrid.
-Ellos emprenderán una misión que les encargué al final del pasado año escolar- dijo el anciano director señalándolos con un gesto-. Irán hacia el oeste, y tratarán de formar una alianza con los gigantes. Ya han aceptado de antemano, pero yo los he obligado a venir a conocer al resto de la Orden, porque ellos también son parte de ella, desde el momento en que aceptaron realizar tan temeraria expedición.
Recibieron unos cálidos aplausos, que hicieron sonrojar a Hagrid. Madame Maxine, simplemente sonreía y se inclinaba respetuosamente.
Cuando los aplausos terminaron, ellos se marcharon agradeciendo y alegando que debían prepararse. Al irse, Dumbledore volvió a hablar:
-Con respecto a las guardias del Ministerio, debo decir, que todos participarán excepto algunas personas como la señora Arabella aquí presente- señaló a una anciana al otro lado de la mesa sobre la derecha, que saludó sonriente a Sirius y Remus que le devolvieron el saludo-, por razones obvias. Ella se encargará de cuidar a Harry, trabajo que ha hecho impecablemente bien, desde hace catorce años. Pero necesitará ayuda, así que se aceptan voluntarios- varias manos se levantaron, incluso la de Sirius, pero éste la bajó rápidamente al ver las miradas que le dirigieron Dumbledore, Molly y Remus-, ah Mundungus-, dijo finalmente- tú serás perfecto, y tú también Emmeline, creo que con ustedes tres será suficiente. Pasarán desapercibidos- los tres asintieron.
"Volviendo sobre las del Ministerio, necesitaremos los planos, pero eso no es imprescindible en este momento. Hay lugares donde nos podemos ubicar sin ser detectados. Y tengo entendido, Alastor que una de tus capas esta a disposición de la Orden- el aludido asintió y le pasó una capa. Varios miraron asombrados, era la primera vez que veían una capa de invisibilidad-. Confió que cuento con varios voluntarios- nuevamente varias manos se levantaron, y otra vez la de Sirius bajó rápidamente-. Muy bien, lo que nos lleva a organizar los horarios...
-Déjeme hacerlo, Dumbledore- pidió Sirius alzando su mano-. Para hacer algo, porque al parecer me pasaré la vida encerrado aquí.
-Muy bien- accedió-, debes hacer guardia de dos personas cada doce horas. Turnos rotativos. Procura que se lleven bien y que esos horarios no interfieran con otros asuntos. Porque tenemos aquí varias personas que pertenecen al Ministerio, y le resultaría muy sospechoso al ministro que muchos de sus trabajadores le faltasen sin razones convincentes- Sirius asintió y se levantó en busca de pluma y pergamino para anotar a los voluntarios- Además de eso, nos quedan varias cosas- y se volteo para dirigirse directamente al segundo de los Weasley-. Tengo entendido, Charlie, que te marchas mañana.
-Así es, señor- confirmó el pelirrojo- Por lo que quería preguntarle por que me llamó aquí. Yo no puedo hacer ninguna guardia.
-Yo no te llame precisamente para eso- le explicó sonriendo- Vuelves a Rumania, ¿no es así?- Charlie asintió- Eso es perfecto, allí siempre ha habido seguidores del lado Oscuro, por eso es necesario que "reclutes" gente de confianza que pueda luchar con ellos.
-Genial- murmuró él, mientras Dumbledore le alcanzaba un trozo de pergamino a la vez que decía:
-Es una vieja amiga de Minerva y afortunadamente, está de nuestra parte. Cuando llegues comunícate con ella y luego de hacerlo mándanos un informe.
-Así lo haré, señor- contestó Charlie, sonriendo de satisfacción al darse cuenta que tenía una misión prácticamente para el solo. Posiblemente no muy peligrosa, pero era una misión al fin y al cabo.
En ese momento se dirigió a las dos personas que estaban a su lado: Bill y Tonks. Alegando que eran jóvenes y que Nymphadora, fácilmente podía cambiar su aspecto, ellos y varios más se encargarían de involucrarse con las nuevas adquisiciones de Voldemort- ¿si no dejan de estremecerse, para que lo escuchan?-. Tarea que comenzarían la semana siguiente.
Muchos se marcharon ni bien les asignaron sus actividades. Cuando apenas quedaban unos veinte, Dumbledore le pidió a Molly que hiciera pasar a Ron y a Hermione que acababa de llegar, según tenía entendido.
-Ronald, Hermione- llamó amablemente cuando asomaron sus cabezas a la puerta. Sirius los saludó efusivamente y los apremió a bajar, saludaron a Lupin con la cabeza y Hermione devolvió tímidamente la sonrisa a Tonks-. Tengo que pedirles encarecidamente- dijo luego de que tomarán asiento-, que en sus cartas a Harry cualquier comentario a las actividades que se están llevando aquí. Desconfiamos, que su correo puede estar siendo vigilado, y queremos evitar cualquier roce con el Ministerio. Lo mismo para ti, Sirius- agregó cuando los chicos escaparon escaleras arribas cuchicheando algo. Sirius no comentó nada, pero se lo notaba contrariado-, ahora sí, no los distraigo más, me marchó y los dejó que disfruten de la deliciosa cena que seguramente ha preparado Molly. Antes de retirarme, permítanme recordarles discreción ante todo. Bueno ahora así, adiós- y se escabulló rápidamente.
-¿Te quedas a cenar?- preguntó Charlie a su supuesta hermana perdida.
-Por supuesto- dijo de inmediato y se levantó de un salto. Estaba que desbordaba de entusiasmo por tener en sus manos tanta responsabilidad. Y para descargarse un poco, salió para ayudar a la señora Weasley.
Hubiera sido mejor sino lo hubiera hecho, pero no hubo que lamentar ningún daño, gracias al ágil reflejo de Fred que detuvo la inminente caída de la olla con comida.
La cena transcurrió sin mayores percances (descontando que Sirius le pasó azúcar a Remus, en vez de sal cuando éste se la pidió y miraba distraído a Tonks y que ésta volcó la mitad de la jarra de jugo de calabaza sobre Sirius, en semi- venganza, semi-descuido por haber hecho un comentario no muy gracioso, para ella, sobre su nariz)
Nymphadora no tardó en trabar amistad con Hermione, que la miraba divertida con los diferentes cambios que le hacía a su aspecto. Y finalmente, se ganó todo el cariño de la metamorfamaga cuando quejándose de los profesores de DCAO que habían tenido, le contó que el mejor que habían tenido fue él licántropo sentado a su derecha. No se acordaba bien, con sinceridad, no se acordaba para nada, pero estaba segura que Remus, era una de las mejores personas que conocía.
A medias escuchaba la conversación que mantenía con Sirius y a su lado. Hablaban sobre la impresión que les había dejado la reunión.
-Apuesto lo que quieras a que la fuente confiable es Snape- masculló Sirius- Y ese de confiable tiene lo que tenía de lindo en el colegio- agregó comiendo con saña un trozo de pollo.
-Sí, lo sé-murmuró Remus, sirviéndose ensalada-Pero si Dumbledore confía en él... a mí tampoco me cae bien, pero que pudo decir me ha estado pasando la poción...
-Si- dijo Sirius- Pero, ¿estás seguro que el veneno no es uno de los ingredientes?
-Bueno, estoy aquí aún ¿no?
-Sí, pero eso no significa que no esté usando un veneno de efecto tardío.
-Ajám. Después soy yo el paranoico...
-No te burles, lo conocemos muy bien. Y no estábamos entre sus amigos en el colegio.
-Eso pasó hace años- luego meditó un poco-. Tienes razón, creo que la próxima vez haré que Ojoloco la revise...
Pasaron unos segundo en silencio, y como Sirius se aburría, pensó que sería divertido ver la reacción a la pequeña treta que acababa de armar. Su sexto sentido, había descubierto una pequeña cosa que no podía esperar. Esas dos personas a su lado debían estar juntas, y cuanto antes.
-¿Quieres qué te diga cuando es tu primera guardia?- preguntó Sirius extendiendo los pergaminos sobre la mesa.
Como estaba muy ocupado con la cerveza de manteca, Remus asintió con la cabeza.
-En dos horas, con la chica que tienes al lado.
Casi simultáneamente, ambos se ahogaron con lo que estaban bebiendo y lo miraron incrédulos.
