11. Caramelo
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El desastre era lo inevitable, se precipitaron y no siguieron las instrucciones, terminando con la cocina hecha un desastre y ellos mismos cubiertos de la viscosa sustancia.
No suelen ser muy dados a los festejos, pero para ese día del niño, Hanna ha pedido que su padre le preparé caramelos.
Anna protestó cuando escuchó tal petición dirigida solo a su marido, ella también podría cumplir tan sencillo deseo. Su hijo solo a torcido la boca cuando ella se ofrece a realizarlos y suplica a su padre que cuide que todo llegué a buen fin.
Por eso esa mañana iniciaron desde temprano, la rubia con mandil puesto y su esposo a un lado de ella dispuesto a auxiliarla. Pero ella no necesita tal supervisión, comenzó siguiendo las instrucciones escritas en la caja, en secreto revisando la expresión del castaño, por si está haciendo algo equivocado.
Fue justo al momento de calentar que la tragedia sucedió, Yoh no se fijó, confiado que la rubia preparó de forma adecuada la llama, Anna desesperada por la lentitud cambió a último minuto la potencia. Solo han volteado cuando ven una enorme burbuja color miel emanar de la olla. Anna intentó apagar pero fue demasiado tarde, la burbuja explotó cubriéndolo todo.
– Tu culpa – murmura Anna agradeciendo en sus adentros que realmente no esté tan caliente el caramelo, aunque no le gusta la consistencia tan solida que ha tomado sobre su piel en tan poco tiempo.
– Pero tu estabas cuidándolo – se queja el castaño, sintiéndose ajeno a las consecuencias.
– Y tú cuidándome a mí – no se detiene a mayores explicaciones, tiene que recoger antes de que alguien se enteré del desastre y la misión fallida.
Yoh la mira curioso, el rostro de ella esta casi cubierto por completo y su estomago le gruñe. Retira un mechón de su cara y le lame la mejilla.
– ¿Ahora te crees perro? – pregunta ella alejándose de forma instintiva.
– Sabes rico – responde Yoh con falsa inocencia.
– Eso no tiene nada que…. – la besa lamiendo al final sus labios, y con eso ella se rinde, también gusta probar. Y comienzan un juego que se antoja apetitoso, comenzando a buscar lugares de su piel mas escondidos hasta que…
– ¿Qué ocurrió? – pregunta Hanna con sorpresa, asustándolos, obligándose a alejarse uno del otro – ¡la cocina está llena de caramelo!
El niño no ha visto el juego, está distraído con el resto del escenario. Ambos padres lo agradecen, reduciendo su expresión a un par de sonrojos.
Van a necesitar más caramelo.
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Fin.
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Estoy comenzando a ver que esto tiene más consistencia cítrica de la que yo pensaba. Creo que voy a tener que cambiar el rating de las viñetas.
