13. Piel

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Cuando le tocó por primera vez alejarse fue su reacción, era como rozar la superficie ardiente del sol, su mano duró caliente incluso minutos después de ese atrevimiento nocturno.

A partir de ese suceso no pudo quitarse de la cabeza el calor de esa piel, y así descubrió lo mucho que temía que ese mismo fuego fuera a consumirla, a ella que era puro hielo.

No deseaba quedar expuesta, liberar a su yo interno y luego caer en un agujero negro sin salida. Pero Yoh seguía ahí, como una fogata inextinguible, derritiendo con lentitud su capa de hielo, debilitando el delgado equilibrio de su mente.

Sin embargo descubre que otra vez está sentada en la habitación de su prometido, observándolo dormir exhausto del entrenamiento del día que pasó, y su mano, blanca y fría, anhela recorrer el pecho desnudo del castaño, tocar cada centímetro de esa piel morena quemada por el sol.

Quiere contagiarse de ese mismo calor, abrigarse con él y convertirlo en su propia esencia. Aceptando el precio que tiene que pagar, permitiendo que la densa capa fría que le cubre se difumine.

Pegando su piel a la suya en un abrazo secreto, recibiendo sin rechazar los brazos del castaño que entre sueños le dan la bienvenida.

Y sonriendo ante la sonrisa que él le regala.

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Fin.

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