Chicas me tienen abandonada con sus reviews ... comenten para saber q historia quieren que siga adaptando... nenas
Y dejen sus recomendaciones que hice bien y que hice mal en la historia...
Capítulo 11
—No, por favor —le dijo Anthony, apartando su cuerpo, cuando Bella intentó tocarle la cicatriz con el dedo.
—Pero si no me parece que sea horrible, ni nada parecido —murmuró ella—. Nada de ti es horrible.
Estaban tumbados en la cubierta de babor, al lado del timón. Bella había subido unas colchonetas, donde estaban tumbados, viendo las estrellas. Anthony estaba tumbado de espaldas y ella de costado, apoyada en un codo.
—Quiero mirar todo tu cuerpo —murmuró ella, con voz ronca—. Tocarlo, besarlo…
Bella había querido hacer todo eso mientras se estaban duchando juntos, pero el espacio era muy reducido para ello. Anthony era un hombre grande y al final se tuvieron que duchar por separado, con lo cual todas las fantasías que Bella se había imaginado tuvo que dejarlas para otra ocasión.
Pero en aquellos momentos tenía a Anthony a su entera disposición.
Anthony se quejó, cuando ella acercó su mano a su sexo. Una vez más se acordó de Edward.
Edward nunca se había quejado cuando habían hecho el amor. Nunca había hecho ningún ruido. Los quejidos, los jadeos, los suspiros, había sido ella la que los había exclamado. Bella decidió que le gustaba oír a Anthony quejarse y empezó a provocarle.
Empezó a acariciarle con la uña todo el cuerpo, muy suavemente. Al oír su quejido, Bella sintió un escalofrío por la espalda. Empezó a tocarle de nuevo, pero esa vez no con las uñas. Primero le acarició con los dedos y luego con la mano, jugueteando con su sexo, atormentándole.
Al oír los quejidos de placer de Anthony, Bella se excitó. Sintió fuego entre sus piernas y sus pezones se endurecieron, impacientes por que alguien se los acariciara. Se puso encima de él y los restregó contra su pecho, moviéndose hacia arriba y hacia abajo. Oyó sus jadeos, sintió la excitación de su sexo y se dejó llevar por sus emociones.
Los dos alcanzaron el clímax al mismo tiempo, sin que él le pusiera una mano encima.
Pasados los minutos, Bella seguía tumbada a su lado, aturdida. Anthony estaba refrescándola con una toalla humedecida que había traído del baño. Cuando vio que su cuerpo se estremecía, la tapó con una sábana y la abrazó.
—¿Estás bien? —le preguntó, con mucha amabilidad.
—No sé… —se sentía como si se estuviera deshaciendo. Era sorprendente, pero todavía lo deseaba, quería seguir haciéndole cosas, cosas que nunca había pensado hacer con Edward y cosas que nunca había hecho. ¡Dios mío, se había convertido en una ninfómana!
—No sientas vergüenza, Bella —le murmuró—. Lo que has hecho ha sido maravilloso. A mí me gustó. A ti te gustó. Y eso es porque los dos nos queremos.
Ella se dio la vuelta para mirarlo y vio que lo que decía era verdad.
—Me enamoré de ti desde el primer momento que te vi —confesó Anthony.
Los ojos de Bella se arrasaron de lágrimas, al recordar esas mismas palabras en boca de Edward. La diferencia era que Edward no había sido sincero.
—¿Lo dices en serio?
—Nunca he dicho algo tan en serio en mi vida. Dime que tú también me quieres, Bella.
—¡Oh Anthony! —exclamó ella, agarrándose a su cuello—. Te quiero —sollozó—. Te quiero tanto como a mi vida, tanto que me asusto yo misma.
—Yo también siento lo mismo por ti. Sólo quiero amarte y cuidar de ti. Te lo digo de verdad.
—Yo te creo. Tú nunca harías lo que hizo tu hermano. Nunca me mentirías —se agarró a él y le besó el pecho, el cuello, la barbilla.
—Bella…
—¿Sí? —lo miró, sonriendo y vio que estaba muy serio—. ¿Qué te ocurre?
No dijo una palabra, pero parecía que algo le atormentaba. Bella supo que estaba pensando en Edward. Le había dicho que no le preocupaba su hermano, pero ella sabía que sí le preocupaba. Pero ella ya había decidido qué hacer con Edward.
—No pienses en Edward esta noche, Anthony —le aconsejó—. Ya hablaremos de él más tarde.
—Mas tarde —repitió él—. El problema es que tarde o temprano tendremos que hablar de él.
—¿Qué quieres, que vayamos ahora mismo y se lo digamos a Edward?
Su cuerpo se estremeció. Bella le dio un beso en la boca.
—Como tú dijiste —le susurró—. Llevo seis meses sin aparecer. No creo que unas semanas más importen mucho —pero ella ya estaba haciendo planes para poner fin a aquella desaparición y a su matrimonio.
—Puede que tengas razón. Lo que pasa es que…
—¿Qué?
—¿Te das cuenta de que no nos hemos puesto ningún preservativo, Bella? Puedo asegurarte que no te he contagiado ninguna enfermedad, pero no sé si no te habré dejado embarazada.
—Ya lo había pensado. Pero no creo, porque hace un par de días que tuve la regla.
—¿No estás tomando nada?
—No. Antes tomaba la píldora, pero dejé de tomarla cuando abandoné a Edward. No quería tener hijos —le dijo con amargura, recordando que le había dicho que quería tenerla para él sólo.
—Pues yo si quiero tener hijos contigo, Bella —le aseguró Anthony—. Y cuanto antes mejor.
—¿No quieres esperar a que nos casemos?
—No —contestó él.
—Un bebé —musitó ella, sintiendo un cosquilleo en el estómago—. No creo que me haya quedado embarazada esta noche. A lo mejor dentro de unos días es posible.
Anthony le acarició el cuello, bajando poco a poco su mano hasta ponérsela en sus pechos.
—Entonces dentro de unos días haremos otra vez el amor toda la noche —le prometió—. Bésame, Bella. Bésame todo el cuerpo. Llévame a ese sitio donde nada existe más que tú y yo.
Y empezó a besarle todo el cuerpo, hasta que él empezó a gemir de placer otra vez.
—Me encanta que me hagas eso —susurró, acariciándole con una mano el pelo—. ¡Cómo me gusta! ¿Me quieres? No pares… no pares…
Pero ella paró. No por mucho tiempo. Sólo para ponerse encima de él y llevarlo al mundo perfecto donde sólo ellos dos, juntos, existían.
Y fue perfecto.
Bella recordó lo que le había dicho Carlisle, de que a la mañana siguiente de una noche de pasión, sabría a cual de los dos prefería. Para ella ya no había ninguna duda. Estaba enamorada de Anthony. El era la realidad, sus sentimientos por Edward la ilusión. Edward sólo era el capricho de una jovencita que cayó en las garras de un hombre dominante y muy atractivo.
Pero había dejado de tener el poder sobre ella que tenía. Estaba segura. Se había enamorado de Anthony, que tenía las mismas virtudes que su hermano y ninguno de sus defectos.
—Oh Anthony —le susurró, encima de él—. Mi amor… Anthony le dio la vuelta y se puso encima, estrechándola entre sus brazos.
—Te quiero —murmuró y le abrazó—. Te quiero —repitió, y se quedó dormida en sus brazos.
