15. Educación

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Colocó la mochila en el suelo, cansado del pésimo día de clases y pensando desanimado en el entrenamiento que le espera. Su madre debía estar esperándolo ya en el jardín, recuerda que ese día es de meditación, ya puede imaginarse castigado por quedarse dormido.

Iba a irse directo a su habitación, con la idea de mudarse de ropa y bajar resignado rumbo al jardín. Pero cuando escuchó la música amortiguada por las paredes no pudo evitar ser atraído. Detrás de la puerta, mirando solo por una apertura, observa a su padre, que perdido en la melodía lee esa vieja bitácora que un día el podrá también leer y que su padre en ocasiones le recita de memoria. Y sigue leyéndola aun cuando se sabe cada signo y mancha.

Sabe que perteneció a un hombre que pudo ser su tío, una persona que a quedado grabada en la mente de muchas personas, que a pulso se ganó ser la pesadilla mas persistente de todo chaman que logró conocerlo. También sabe que su partida significó algo distinto para una persona, aquella que se empeña en no olvidar.

Su padre conoce el dolor, conoce la alegría. Sabe de cómo a veces las lágrimas no pueden retenerse y de cómo a veces se mezclan con la risa. Ha visto la cara mala y la cara buena de este mundo y aun así sigue siendo aquella misma persona que no juzga ni condena.

Que es la sonrisa eterna y la mirada amable que no se pierde con los días.

Es quien le ha enseñado sobre la entereza, sobre el valor y la verdadera justicia.

Es el ejemplo y la meta que quiere –debe— alcanzar.

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Fin.