16. Insecto

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Era otoño, y como era de esperarse los árboles se habían dado a la tarea de cubrir el jardín de hojas de cálidos colores. No esperó a que se lo ordenaran, tomó el rastrillo y comenzó a juntarla todas. Anna lo observó arqueando una ceja, debatiéndose entre romper aquella tarea o dejarlo proseguir.

Yoh no la escuchó llegar, continuó apilándolas con sus ojos ilusionados.

– ¿Qué haces? – preguntó finalmente, echándole una mirada a la montaña de hojas.

– Una cama de hojas – dejando a un lado el rastrillo en el suelo y contemplando su obra con orgullo.

– Una cama de hojas, ¿no estás algo mayor para eso?

– Pero es enorme, seguro hay espacio para ambos – Anna suspiró, no ha captado la idea.

– ¿Ambos? – pero no puede replicar, él la jaló de la mano y ha logrado subirla a la cima de la montaña y si eso no ha sido demasiado, incluso la ha obligado a recostarse en ella.

– ¿No se siente bien?, puedes observar el cielo – no se queja, en su interior puede sentir esa tranquilidad que él ha querido compartirle, aun cuando las hojas secas estén incrustándose en sus piernas y brazos, o ese hormigueo que siente en su tobillo y luego sube a su pantorrilla ¿sigue subiendo?

Grita de forma instintiva, observando a esa cosa negra con patas que sube por su pierna, si gira y abraza al castaño mientras patalea en un intento de quitárselo de encima. Hundiéndose entre las hojas.

Al final el insecto se fue, los dos han quedado a nivel del suelo, entre las hojas, cubiertos de ellas. La rubia tiene el ceño fruncido, la pillaron con la guardia baja y eso no se lo puede perdonar.

– Annita – Yoh la voltea a mirar, notando las hojas enredadas entre sus cabellos. Sus mejillas se inflan y estalla inevitablemente en un ataque de risa.

La rubia volteó a verlo, estaba a punto de reclamar, pero lo observa en tal estado de desaliñó que puede imaginarse como luce ella. No ríe, pero sonríe con tal fuerza que el castaño toma nuevos ánimos para continuar.

Afortunado insecto, se ha salvado.

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Fin.