Epílogo

Bella estaba recorriendo el inmenso salón, con una bandeja en la mano, sonriendo y conversando con los invitados. Más de doscientos, que se agrupaban también en tomo a la piscina y en la terraza. Todo el mundo en Hidden Bay había acudido a la fiesta, incluso los hermanos de Bella y sus novias. El hijo y el matrimonio de Bella parecían haber decidido a sus hermanos a dar el paso.

Habían tardado un año en construir aquella casa, pero había merecido la pena el esfuerzo. Era el sitio perfecto, alejado de Brisbane, donde podían relajarse en compañía de sus amigos y familia. Tenían pensado pasar allí todos los fines de semana, aparte de las navidades, Semana Santa y vacaciones escolares.

Aunque para las vacaciones escolares todavía faltaba bastante. thomas sólo tenía nueve meses y Bella se acababa de quedar otra vez embarazada.

Pero el tiempo pasa volando cuando eres feliz, pensó Bella. Habían pasado dos años desde que Edward la había vuelto a conquistar. Dos años maravillosos e increíbles, durante los que Edward y ella habían afianzado la relación, que Bella estaba segura de que duraría para siempre. Eran amigos y amantes a la vez. Habían juntado, no sólo sus cuerpos, sino sus mentes y sus corazones.

De pronto, sintió las manos de un hombre en su cintura. Bella no tuvo que darse la vuelta para saber a quién pertenecían. Porque inmediatamente reconoció el aroma a pino, que tanto le gustaba.

—Parece que te gusta servir comida, ¿no? —le susurró Edward al oído—. Carlisle acaba de llegar —añadió.

—¡Qué alegría! —exclamó ella—. Confiaba en que pudiera venir.

Los tres se habían convertido en amigos, durante las seis semanas que Edward había pasado en Broorne. Carlisle se había partido de risa, cuando le contaron la verdad. Pensó que los dos estaban locos. Lo cual era cierto. Locos de amor el uno por el otro.

—¿Te ha dicho si ha tenido problemas para traer ese viejo cascarón hasta aquí?

—Me ha dicho que ha venido sin problemas. Llegó por la mañana, pero prefirió echar el ancla y arreglarse un poco para la fiesta. No quería aparecer aquí medio desnudo y con barba de cinco días. ¿Adivina con quién está?

—¿Quién?

—Nada más ver a Esme, se fue directo a por ella.

—¡No! —exclamó Bella con sorpresa.

—Sí. Compruébalo tú misma. Mira allí en la terraza.

Bella miró y vio que Edward decía la verdad. Un Carlisle elegantemente vestido, estaba conversando con Esme, que lo estaba mirando a los ojos como si él acabara de bajar del cielo.

—La verdad es que no me sorprende —dijo Bella—. Esme está muy guapa. Ha perdido peso y le favorece el color rubio. ¡Y tiene cincuenta años! No creo que haya estado con un hombre desde que hace quince años dejó a su marido.

—¿No crees entonces que ya le ha llegado la hora?

—Sí, sí, claro.

—Pues deja esa bandeja y llévales champán.

—Buena idea.

Pero pasaron varias horas y se tuvieron que tomar varias copas de champán, antes de que Carlisle consiguiera llevarse a bordo del Zephyr a Esme. Bella los vio marcharse con cierto nerviosismo. Edward le dijo que no se preocupara.

—¿Crees de verdad que hemos hecho lo correcto? —le preguntó Bella, cuando todos los invitados se marcharon—. A Carlisle lo único que le interesa es acostarse con las mujeres.

—Eso es precisamente lo que Esme necesita —contestó Edward con firmeza—. Y hablando de hacer el amor…

Sus ojos verde esmeralda se entrecerraron y sus dedos le desabrocharon el camisón, cayendo al suelo y quedándose desnuda y sin respiración por un momento. Los latidos de su corazón se aceleraron, cuando él le acarició los pechos.

—He visto que hoy habías puesto una marca en el calendario. ¿Es que estás embarazada otra vez? —le preguntó, mientras le besaba los pezones.

—Sí —le respondió con voz ronca, agarrándole la cabeza y poniéndosela contra su pecho, para que se los besara con más fuerza. Aquella sensación era increíble. Erótica y primitiva.

Edward se levantó y empezó a besarle la cara.

—Dime que me quieres —insistió.

Le dijo que le quería, como se lo había dicho cada vez que habían hecho el amor. Parecía que necesitara oír de forma constante aquellas palabras. Y ella se las decía, de todo corazón. Porque lo amaba de cuerpo y alma, como siempre lo había amado.

El ciclón tropical Michelle sopló en la costa aquella noche, pero nada comparado con el que había pasado por el camarote del Zephyr, ni tornado de pasión por la cama de los Cullen. Un ciclón era, al fin y al cabo, una fuerza destructora. Pero aquellas otras dos fuerzas fueron mucho más creadoras, dejando vida en el cuerpo de una mujer y renovada confianza en la otra.

Nueve meses más tarde Bella y Edward tuvieron una niña. La llamaron Michelle y pidieron a Esme y a Steve que fueran los padrinos.

Los dos nuevos socios de Cullen Enterprises aceptaron y asombraron a todos anunciando su compromiso. Seis semanas más tarde se casaron y a pesar de que había diez años de diferencia entre ellos, los dos vivieron felices y muy enamorados.

Finnenas aqui esta el fin estoy muy emocionados

Toy feliz porq aqui comienzo la nueva q es entre dos tierras nenas nueva historia recuerden esto es una adaptacion

Titulo: la esposa fugitiva

Autor: miranda lee

Adaptada por: Ninisita Cullen Swan.