19. Conejo

.

..

– No puedo, Annita – ella puede creer que es débil o muy compasivo, pero sinceramente no puede. Solo ver ese cuerpo tembloroso color canela y esos enormes ojos que suplican una segunda oportunidad.

– Te lo estoy ordenando, Yoh, debes hacerlo, tengo hambre – él también la tiene, perdidos a mitad de la nada, en ese bosque sin nombre, han soportado demasiado tiempo sin ningún alimento. Aquella criatura es el primer ser vivo que se encuentran en horas.

– No, debe haber otra cosa que comer – Anna gruñe, expresando su negativa a optar por otra opción.

– Es el único comestible que hemos encontrado, no se puede desaprovechar la oportunidad – y no miente, ese bosque parece una cascara vacía de plantas y solo plantas, hierbas que no pueden consumir y sin frutos.

– Pero… -- no sabe que alegar, ese desafortunado conejo parece cada vez mas cerca de terminar en la hoguera.

– ¿Pero? – el castaño analiza a la presa, parece un animal adulto, ¿podría ser hembra? Cruza los dedos.

– Podría tener crías – el ceño de la rubia se frunce, Yoh solo se une al temblor del conejo.

– ¿Y donde consiguió las crías? Aquí no hay otro condenado animal – sus manos hechas puños contra la cintura parecen listas para atestar un golpe.

No sabe que decir, abraza al indefenso animal buscando un plan B, Anna se acerca peligrosamente, con el plan secreto de quitárselo y eliminar tan pequeña existencia.

La tensión aumenta, él está listo para salir corriendo, ella ya está preparando su brazo para que funcione como palanca y propine el golpe más contundente que se haya visto en la historia. Un segundo mas y….

– ¡Chicos! ¡Yoh, Anna! Por fin los encontramos – miran hacia el cielo, un helicóptero vuela 5 metros sobre su cabeza, Manta se asoma por la puerta abierta del vehículo volador, saludándoles con la mano.

Yoh aprovecha, suelta a la mayor victima de todo este embrollo, el animalito no se detiene a dar las gracias, Anna lo ha visto de reojo y ha hecho que la sangre del pequeño se hele como suele suceder con ese tipo de miradas.

– Que suerte ¿no? Nos encontraron – luego Yoh comparte el mismo sentimiento del conejo, pero él no puede correr y huir de la situación.

– Eso parece – ella ya se había hecho a la idea de cenar conejo, por lo que no se lo perdonará.

El castaño ríe nervioso. Trata de recordar la razón por la que siguen juntos. No tardará en recordarla, pero mientras tanto no tiene mas remedio que sonreír y envidiar a ese peludo amigo.

.

..

Fin.