21. Sangre
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El alboroto alrededor de él resultaba lejano para sus oídos, el dolor solo una extraña sensación que no alcanzaba a reconocer, la lluvia un alivio para el calor que sentía en cada fibra de su cuerpo y la visión frente a él solo sombras irreconocibles.
Sintió que lo elevaban, su espalda se vio recargada sobre alguien, eso hizo que su cabeza se ladeara haciéndolo voltear hacia el suelo, mirar el liquido rojo que minutos antes circulaba por su cuerpo.
– Yoh.
Sus ojos lejos de buscar el origen de aquella voz solo tenían intención de seguir el camino que recorría su propia sangre.
Si hablara con sinceridad, si al menos pudiera hablar, confesaría que ese final no era el que esperaba.
– ¿Dónde está Fausto?
– Está en camino.
Apenas unos minutos atrás se encontraba peleando contra Hao, uno contra uno, llevando un ritmo armónico entre ambos hermanos. Sin embargo su objetivo nunca fue destruir a su hermano mayor, oculto para sus amistades se mantenía el deseo de cambiar su forma de pensar. Perderse en ese pensamiento, aunque fuera por solo un segundo, fue el causante de su actual estado.
– Aléjate.
– No te acerques más.
La persona que lo sostenía lo apretó más hacia su pecho, le podía sentir temblar bajo su cuerpo. Y de pronto sintió que su mentón era tomado con brusquedad obligándolo a mirar hacia una sombra indistinguible.
– ¿A esto querías llegar?
El reproche le hizo desear tener control sobre su rostro para dibujar una sonrisa.
– No me hagas arrepentirme.
Se encargaron de cerrar sus ojos, obligándolo a ceder a la oscuridad, a solo concentrarse en el latido que recorría su cuerpo por entero, perdiéndose en un sueño del que tal vez no regresaría.
Como su instinto se lo dijo aun antes de iniciar la batalla, tuvo oportunidad de ver la luz de un nuevo día, recostado en un futón reconoció la habitación que ocupaba con su equipo durante el torneo.
– Fuiste afortunado – Anna estaba enojada, lo cual no le iba a discutir – fue él, te quiere en el juego.
Sin importarle parecer un demente, se rió, aun cuando Anna se quedó mirándolo fijamente. ¿La razón? Pensar que había utilizado una excusa como aquella, y que se la creyeran, no era mas que una medida desesperada de Hao.
Él no lo necesitaba, de eso ya se había dado cuenta con el tiempo. Pensaba desde entonces que solo era un entretenimiento para él, pero después de enterarse que era por su hermano que estaba aun con vida…
No podía evitar pensar que el lazo de sangre que los unía era mas estrecho de lo que ambos quisieran admitir.
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Fin
