23. Cartas

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Esta harto, por que lleva una semana solo, incluso el abuelo lo ha dejado por un par de días para atender unos asuntos y para colmo le ha dejado una hoja con las instrucciones del entrenamiento que debe llevar en su ausencia.

Sin embargo, su abuelo o el entrenamiento, no son lo que lo molestan. En realidad lo que despierta esos sentimientos tan impropios en él son esas malditas cartas, esos sobre blancos que aparecen con mayor frecuencia, que se acompañan de mañanas sin desayunos y de noches silenciosas.

Por que cada carta significa un día que Keiko no está, y tomando en cuenta que su padre nunca se ha quedado en casa, una cosa sumada a la otra lo hace sentir huérfano.

No le gusta ponerle nombre a otros sentimientos, no quiere sentirse miserable, pues ya ha aprendido a hacer lo que su madre hacia en casa. No va a retraerse ni a quedarse quieto presa de lagrimas.

Él continua, con la sonrisa en alto y el ánimo al máximo.

Solo cruza los dedos, para que el día de mañana no haya carta y en lugar de eso vea a su madre.

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Fin