26. Pistola

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No pensó que tan inocente comentario ocasionara esa respuesta.

– Liserg – la punta del cañón tiene fijo su objetivo, que resulta ser la mejilla derecha del castaño. El público expectante contiene la respiración.

– Repítelo – sus ojos castaños revisan de reojo a los esmeraldas y luego repasa a su alrededor, en un claro grito de ayuda. Ríe, más por nervios que por el deseo de hacerlo.

– Esto, no tiene balas ¿verdad? – preguntó señalando la pistola que sigue estacionada sobre su rostro.

– ¿Dudas de mis intenciones? – claro que no duda, solo teme que luego se arrepienta de ocasionar su fallecimiento.

– Solo hablaba, no pensé lo que dije, no tienes que tomarlo tan en serio – lo dice con sinceridad, por que su intención lejos estaba de producir tal escenario.

– ¿Seguro? Sabes de lo que capaz – la presión sobre su piel va disminuyendo, asiente, viendo a su amigo a los ojos, el ingles termina por bajar el arma, retomando su lugar en la mesa, cierra sus ojos y suspira, convencido de que tampoco él desea ver a su amigo morir – quedas advertido.

Por supuesto que tomará tal advertencia al pie de la letra. Claro que ello no le impide continuar en su mente con la comparación, y mil veces se seguirá repitiendo que Anna es mucho mas bella que Jeanne, salvo que descubra que Liserg posee el poder de leer la mente.

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Fin.