chicas les tengo noticias solo queda un capitulo y el epilogo... porfis haganme saber si quieren que adapte la de jasper y alice y la de emmet y rose... las quiero y no saben lo feliz que me hacen sus reviews lean con calma analicen y disfruten... y que nos consuma el infierno...
Capítulo Nueve
Edward sintió una furia ciega. Luchó para no hacerle a su hermano algo tras lo cual uno de ellos no sobreviviera para lamentarlo. Bella era su esposa. Suya. Anthony no pintaba nada tocándola y así se lo explicaría con un idioma que su hermano no pudiera malinterpretar.
—No seas ridículo —dijo Bella .
Le dedicó una mirada fugaz.
—No. No te comportes como si la culpa fuera mía cuando entro y te descubro en brazos de mi hermano —trasladó la atención a su gemelo—. Por algún motivo realmente irritante, sigues tocando a mi esposa.
Maldiciendo, Anthony alzó las manos y dio un paso atrás.
—¿Estás satisfecho ya?
—No lo estaré hasta que te haya arrancado de la cara parte del parecido que compartimos.
—¿Para que Bella pueda diferenciarnos? —Abthony contuvo una carcajada—. Créeme, no está en absoluta confundida en ese campo.
—Creo que me cercioraré de que así sea —cerró las manos con fuerza.
Bella se interpuso entre ambos, siendo ése el sitio que menos le correspondía.
—¿Podríamos bajar un poco el nivel de testosterona, por favor? Anthony , no estás ayudando nada. Edward , hay una explicación muy simple para esto.
—¿Cuál es?
—Bueno...
Miró a Anthony con una ceja enarcada, pero él negó con un gesto de la cabeza. Un destello de irritación pasó por la cara de ella, aunque no pudo compararse con la irritación de Edwad al ver que necesitaba la aprobación de su hermano para explicar la situación.
—No puedo contártelo —esa declaración logró disparar el mal humor de su esposo—. Pero te aseguro que es algo estrictamente laboral.
—¿Anthony con los brazos a tu alrededor era algo estrictamente laboral? —luchó por frenar su cólera—. ¿Algo «estrictamente laboral» fue lo que te hizo llorar?
—Eso fue... —titubeó—. Eso fue por otra cosa.
—Creo que es el momento de que aclare las cosas —intervino Edward —. Por si quedan algunas cuestiones flotando en el aire.
—Edward ...
La cortó con un movimiento de la mano.
—No, esto hay que decirlo. La herida no podrá sanar hasta que se extraiga el veneno —se volvió hacia su hermano—. Por si te perdiste el anuncio, Bella y yo estamos casados ahora, Anthony . Nos encontramos en proceso de construir una vida juntos, y no dejaré que nadie, y menos mi propio hermano, quite siquiera un solo ladrillo de lo que Bella y yo nos hemos afanado por levantar. No debes volver a interferir en nuestro matrimonio. ¿He sido claro en este punto?
Bella observó en las facciones de su hermano la guerra que libraba por dentro. Aunque entendía por qué le resultaba tan difícil a Anthony olvidar el tema, había que ponerle fin, en ese mismo momento y lugar. En el pasado jamás había tenido que cuestionar la lealtad y el apoyo incondicionales de la familia. Quería recuperar esa certeza y no tener que vigilar su espalda por la posibilidad de que alguien quisiera clavarle un cuchillo.
Aguardó la respuesta de Anthony . Aguardó que saliera el veneno al que se había dado demasiado tiempo para propagar su infección. Y al final estalló en oleadas desordenadas.
—Me la quitaste. ¡Le mentiste! —lo acusó Anthony —. Fuiste tras ella como un ladrón en la noche y la engañaste para que se casara contigo. Debería tener la elección de dejarlo, si así lo quiere.
Edward inclinó la cabeza.
—Estoy de acuerdo. Pero lo que no entiendes, lo que te empeñas en ignorar, es que siempre ha tenido la elección de marcharse. No obstante, se queda conmigo. Hay una razón para ello, Anthony . Y esa razón es la causa por la que debes hacerte a un lado —dejó que asimilara su comentario antes de agregar—: Nunca fue tuya. Intentaste convencerte de lo contrario, trataste de atarla a ti. Pero desde el instante en que la viste, ya fue demasiado tarde.
—¡Planeaba casarme con ella!
¿Es que su hermano no lo entendía?
—Aunque Bella me abandonara ahora, seguiría sin ser tuya jamás. No del modo en que quieres, no del modo en que debería serlo una esposa. Yo siempre me interpondría entre vosotros. Y si no soy yo, el fantasma de nuestra relación.
—¿No es eso lo que estoy haciendo yo? —replicó Anthony —. ¿Interponerme entre los dos? ¿No es ésa la causa de que estés tan celoso, que yo tuviera una relación con ella?
Edward movió la cabeza.
—Tú sabes que no fue una relación verdadera. Bella y yo zanjamos ese asunto hace tiempo. No formas parte de nuestro matrimonio, Anthony . Lo que tuviste con ella no fue más que una ilusión.
La obstinación apareció en la cara de Anthony .
—Sólo porque te inmiscuiste en nuestras vidas.
Edward volvió a intentar llegar hasta su hermano.
—Si hubierais llevado la relación más allá de esos primeros pasos, con el tiempo se habría roto. La mujer predestinada a ti aún no ha llegado a tu vida. Pero te juro, Anthony, que en cuanto lo haga la reconocerás. Y cuando eso suceda, te darás cuenta de que lo que sientes por Caitlyn es una pálida imitación de lo verdadero.
—Es suficiente, Edward. Has establecido tu punto —una vez más Bella se interpuso entre los dos hombres—.Anthony l comprendo que es tu despacho, pero, ¿podrías darnos un minuto, por favor?
Titubeó un momento, luego asintió.
—Claro.
En cuanto quedaron solos, Bella tomó la mano de Edward .
—Escúchame. Te prometo que la información que le transmití a anthonyera confidencial y absolutamente relacionada con el trabajo. Si quieres saber más, tendrás que discutirlo con él, ya que es información que le pertenece y, por lo tanto, es Anthony quien tiene que decidir si quiere compartirla.
—¿Por qué estabas llorando? —aún podía ver vestigios de las lágrimas—. ¿Era por nosotros? ¿Por nuestro matrimonio?
—Lloraba... porque era feliz.
Pudo ver que se reservaba algo, y que tampoco eran lágrimas de pura felicidad.
—Entonces, respóndeme a esto, cara: ¿por qué llorabas de felicidad con tu cuñado en vez de hacerlo con tu marido?
—Porque la sentí en ese momento —lo miró con absoluta sinceridad—. No lamento nuestro matrimonio. No deseo haberme casado con Anthony en vez de contigo, por si aún albergas alguna duda. Pero hay una cuestión que debemos aclarar.
—¿Cuál?
—Se trata sobre este proyecto que me has asignado y cómo surgió.
Lo sorprendió con el cambio de tema. Pudo adivinar la dirección que deseaba seguir y no era un lugar al que le apetecía ir.
—¿Y?
Ella titubeó, organizando sus pensamientos.
—Deberías saber que mi carrera me aporta seguridad e independencia, y tengo serios problemas con que me mantengan en la oscuridad acerca de las decisiones que afectan mi trabajo.
—Creía que eras feliz con tu nuera tarea —dijo con cautela.
Un destello de fuego se encendió en los ojos chocolates de Bella .
—Evitas la cuestión... creo que adrede. Me encanta mi trabajo, tanto el antiguo como el nuevo. Pero me he esforzado mucho para llegar hasta donde estoy y me niego a dejar que me aparten de mi objetivo. Mi carrera me asegura no tener que depender de nadie ni de nada. Siempre sabré que, si sucede algo en algun momento, como pasó con la abuela, puedo cuidar de mí misma.
Él apretó los labios.
—¿De dónde has sacado la idea de que intento interferir con tu seguridad laboral?
—Dime una cosa, Edward. ¿Quién arregló que yo dirigiera este nuevo proyecto, un proyecto que supuestamente nadie es capaz de completar con éxito salvo yo? —lo miró fijamente—. Fuiste tú, ¿verdad? Le pediste a mi supervisor que me empleara en esta tarea.
En los últimos días había empezado a descifrar los distintos estados de ánimo de su esposa. Los ojos le brillaban siempre que algo la satisfacía. Y adquirían una tonalidad casi índigo siempre que el dolor la amenazaba. La preocupación hacía que se mordiera el labio inferior... algo que él siempre contenía con un beso. Pero lo más inquietante de todo eran las señales de peligro que centelleaban como advertencia de la furia que la dominaba. Y en ese momento eran de un rojo intenso.
—Sí, pedí que te asignaran ese nuevo proyecto —le informó.
—¿Con el fin de mantenerme alejada de Anthony?
—Mmm —fingió meditarlo—. Si ése fue mi objetivo, no parece haber funcionado, ¿verdad? Porque estás aquí.
Su frivolidad estaba fuera de lugar.
—Hablo en serio, Edward . La mañana siguiente a casarnos me dijiste que querías que mantuviera la distancia con Edward y que te cerciorarías de que así fuera. ¿Es ésta la manera en que te cercioras de ello? Hasta ahí llega la confianza.
Respondió con sinceridad.
—No es en ti en quien no confío. Es en mi hermano. Por si no lo has notado, ahora mismo se siente un poco traicionado. No te quiero en medio, a pesar de lo a menudo que sientes la necesidad de ponerte allí. Este proyecto lo organizarás en sólo uno o dos meses y, para serte sincero, no se me ocurre nadie más cualificado que tú para llevarlo a cabo. Cuando lo tengas bajo control, y a propósito, se trata de un proyecto crítico, no de algo insignificante, la dinámica familiar se habrá asentado y regresado a la normalidad. En especial después de nuestra pequeña conversación de hoy en este despacho. Entonces, tendrás plena libertad para reanudar tu antiguo trabajo.
—Es gracioso. No recuerdo haber participado en esa charla cuando se produjo.
—Sí —se pasó una mano por el pelo—. Es posible que no recibieras el memorando. Lo siento, cara. Debería habértelo dicho.
—Deberías haberlo hablado conmigo —lo corrigió—. Permitido que tuviera voz en la decisión final.
—No habría cambiado nada —le informó con suavidad—. Habríamos discutido... pero al final habría ganado yo.
Se puso rígida.
—¿Es así cómo van a tomarse todas las decisiones en nuestro matrimonio?
—Sólo intento protegerte.
—Eso no ha contestado mi pregunta, y no necesito tu protección —protestó.
—Sí la necesitas. Te casaste con un Cullen, Bella , y, al hacerlo, sabías que tu vida cambiaría debido a mi familia. Sólo las historias que aparecen en The Snitch deberían habértelo indicado.
—¿Y parte de casarme con un Cullen es que tomen mis decisiones por mí? —espetó acalorada—. Gracias, pero no.
—Ya basta, Bella. He prometido consultar contigo en el futuro. Y lo haré. Así como tú vas a prometerme que no volverás a usar el hombro de mi hermano para más lágrimas de felicidad.
—¿Sólo puedo recurrir a tu hombro?
—Intentaré soportar la tensión —titubeó. Como estaban despejando la atmósfera, era un buen momento para advertirle sobre su propio cambio laboral—. Hay otra noticia que debería comunicarte.
—¿Comunicarme... o advertirme?
—Supongo que un poco de ambas. Yo las considero buenas noticias, aunque conociendo cómo trabaja The Snitch, ya encontrarán un modo de darle un sesgo negativo —la observó con atención—. He decidido pasarle mis obligaciones internacionales a Anthony. Como él ya ha dedicado mucho tiempo a ocuparse de nuestras oficinas en el extranjero, era lo más lógico.
Ella mostró cierta preocupación.
—Pero ¿por qué? Creía que te encantaba tu trabajo
—Y me encanta. Por desgracia, significa que estoy más tiempo fuera del país que en casa. No me importaba antes de conocernos, pero no me gusta estar lejos de ti tan a menudo o tanto tiempo. No es bueno para un matrimonio.
Bella fue a recoger la carpeta del escritorio de Anthony y se la acomodó bajo el brazo.
—¿Esta decisión tiene algo que ver con mantenernos alejados a Anthony y a mi?
—Considerémosla una bonificación añadida.
Ella cerró los ojos unos instantes.
—Oh, Edward—luego lo miró con gran pesar—. Después de todo lo que se ha dicho hoy aquí, todavía no se ha acabado, ¿verdad?
—¿Lo tuyo con Anthony ? Acabado y olvidado. ¿Algunos de nuestros asuntos? —no podía mentirle—. Digamos que aún nos queda cierto camino por recorrer.
En los días siguientes, Bella tuvo claro que entre Edward y ella se había formado una grieta. Para empeorar las cosas, Edward anunció que Anthony y él irían a Europa unos días con el fin de ayudar a suavizar la transición en el traspaso de tareas.
—Volveré el viernes por la noche. Cuando regrese, arreglaremos esto de una vez por todas.
Antes de marcharse, la tomó en brazos y le dio un beso que derribó todas las barreras y le potenció la esperanza de que tal vez el matrimonio terminara por funcionar. Entonces él se fue.
La semana transcurrió con lentitud y Bella aprovechó para avanzar en el proyecto del almacén. A mediados de semana había logrado que su equipo estableciera la transferencia de papel a soporte digital en un tiempo récord. En unos días dispondría de tiempo suficiente para revisar con más cuidado la caja de archivos personales.
El viernes por la mañana fue más contenta al trabajo, ya que esperaba la vuelta de Edward esa misma noche. Había llegado el momento de enfrentarse a los hechos. Lo amaba con todo su corazón. Ya no importaba cómo se había producido su matrimonio. Lo que importaba era adónde fueran a partir de ese punto.
Al entrar en el despacho, alzó la caja con documentos y la dejó sobre su mesa. Fue en ese instante cuando la vio. Alguien se había presentado antes que ella con el fin de dejarle la última edición de The Snitch. Estuvo a punto de tirarla sin abrirla. Pero un titular captó su atención y se sentó a leer. Veinte minutos después salía volando del despacho. Con Edward en Europa, tenía el coche de él a su disposición. Enfiló directamente hacía el edificio principal de la empresa. Una vez allí, fue al escritorio de Tania , que encontró ocupado por Angie.
—¿Dónde está tania ? —preguntó.
Angie la miró confusa.
—Pensé que contigo. Me pidió si me hacía cargo de su puesto mientras iba al almacén.
El almacén. Donde sobre su escritorio había documentos que representaban una mina de oro literal en información para The Snitch, Luchó por mantener la calma. Lo primero era buscar ayuda. Edward y anthony se hallaban fuera del país. Emmet se había ido a Nuera York con Rosalie. Eso dejaba a Jasper.
Una llamada le confirmó que aún no había llegado; sólo quedaba ella. Pensó con celeridad y fue hacia el departamento legal, con la esperanza de que Edward ya los hubiera puesto a trabajar en aquel acuerdo de confidencialidad. Podría haberle dado un beso al hombre que se lo entregó sin ningún reparo. Luego pidió que localizaran a un notario y lo enviaran al almacén. De regreso a su oficina, luchó para no dejarse dominar por el panico.
Ya sabía lo que iba a encontrar, a pesar de rezar para equivocarse. Tania estaba sentada en su sillón, con los pies sobre el escritorio y uno de los documentos personales abierto sobre el regazo.
—Déjalo —espetó con autoridad.
Tania simplemente sonrió.
—Vaya. Se te ve de mal humor. ¿Una mañana difícil?
—No te lo volveré a pedir, Tania .
—Es gracioso. No recuerdo que me lo pidieras la primera vez —bajó los pies al suelo, pero no cerró la carpeta—. Es una lectura fascinante.
Bella extrajo el documento que había recogido del departamento legal y lo plantó frente a ella.
—He solicitado la presencia de un notario. Llegara en los próximos minutos. Cuando llegue, vas a firmar eso.
—A ver si lo adivino. Se trata de un acuerdo de confidencialidad —movió la cabeza—. Me temo que es demasiado tarde.
—Ya lo veremos.
—¿Sabes?, algo ha estado fastidiándome.
Bella enarcó una ceja.
—¿Fastidiándote hasta lo más hondo? ¿No fue una de las frases que utilizaste en tu último artículo para The Snitch? Nada más leerlo, supe que tenías que ser tú. Utilizaste esa expresión la última vez que hablamos.
—Lo descubriste, ¿eh? —se encogió de hombros.
—¿Qué hiciste? ¿Escuchar detrás de la puerta cuando Anthony , edward y yo tuvimos nuestro desacuerdo? Hay demasiadas citas precisas en el artículo para que pueda ser de otra manera.
—Todos me lo habéis puesto fácil. ¿Por qué no iba a aprovechar la oportunidad? —lo descartó con un gesto—. ¿Sabes?, durante un tiempo sentí curiosidad de por qué todo el mundo se agitaba tanto por mis historias. Quiero decir, ¿a quién le importa lo que publique The Snitch acerca de los Cullen ? Es publicidad gratuita. Desde luego, por lo que he visto y oído, no ha perjudicado las ventas.
—Está afectando la expansión de los Cullen en el mercado europeo.
—Sí, Anthony fue lo bastante amable como para explicarme esa parte. Pero lo que más tardé en comprender era por qué le importaba a los Volturis lo que apareciera en la revista. ¿Qué más les da a ellos?
—Están protegiendo su reputación.
Tania chasqueó los dedos.
—Nunca se han pronunciado palabras más ciertas. ¿Y te gustaría saber exactamente lo que protegen? —se inclinó sobre la mesa y murmuró—: Los Voltiris están en quiebra.
—Te lo estás inventando.
—No. Irónico, ¿verdad? —volvió a reclinarse en el sillón con las manos en la nuca—. Edward ha dedicado todo este tiempo y dinero para ganarse su patrocinio y los Volturis no pueden permitirse ni el lujo de comprarse un anillo bañado en níquel, mucho menos un Cullen original.
—¿Cómo vas a saber tú el estado de las finanzas de los Volturis, Tania?
—Oh, tengo algunos contactos europeos. Según ellos, corren rumores de que Aro Volturi ya lleva un tiempo en la ruina. Sin embargo, todavía tienen mucha influencia en Europa y han logrado acallar todos los rumores negativos. Pero eso no durará mucho —apoyó los dedos en la carpeta que tenía—. A menos, por supuesto, que decidan que Anthony debe respetar el pequeño contrato comercial que firmó su padre.
En ese momento Bella tuvo una idea. No sólo para detener a Tania , sino para usarla tal como ella había estado usando a los Cullen. Únicamente necesitaba unos minutos para organizar las diversas piezas hasta que formaran un todo lógico.
—No creo que a tus lectores les resulte interesante tu próxima historia —dijo con displicente serenidad—. Porqué no vas a publicarla. De hecho, tus días de escribir sobre los Cullen están a punto de acabarse.
—¿Y eres tú quien va a lograr eso? —inquirió con las cejas enarcadas.
—Bueno, tal como yo lo veo, los Volturis, los mismos que tienen tanta influencia, disfrutarán de más contactos aquí de los que tú imaginas. Y adivino que no se van a sentir muy contentos cuando les cuente lo que estás a punto de hacer. Y apostaría que te vas a encontrar en una posición todavía más incómoda ahora que se ha descubierto que eres el topo de The Snitch. ¿De qué le vas a servir a la publicación cuando los Cullen te despidan? ¿O te demanden por difamación?
Tania se encogió de hombros, aunque su cara reflejó cierta preocupación.
—Sigo contando con suficiente munición para vender.
—Terminará por acabarse —señaló Bella —. Y entonces, ¿dónde estarás? Dudo que te mantengan en nómina cuando no tengas nada que ofrecer.
—¿He de pensar que esto conduce a alguna parte? —preguntó Tania con astucia—. ¿Quizá a algún tipo de trato?
Bella asintió.
—Deja en paz a los Volturis , además de olvidarte del contrato que has descubierto, y yo te daré una historia final extraordinaria. Realmente especial.
—No sé... —acarició la carpeta que sostenía—. Esta historia es bastante especial. ¿Por qué iba a abandonarla?
—Ese contrato tiene veinte años. No vale ni el papel en el que está redactado. Y aunque los Volturis sean importantes en Europa, el lector medio estadounidense no los conoce. Tu editor no va a pagarte mucho por esa historia. Créeme, Tania, la que tengo yo en mente es mucho mejor.
La avaricia brilló en los ojos de Tania.
—¿Cuánto mejor?
—Un sueño hecho realidad.
—¿Y por qué estás dispuesta a cambiarla por la de los Volturid ? —preguntó con suspicacia.
—Por un motivo, uno sólo. Salvará el acuerdo de Edward, y yo haría lo que fuera para ayudar a mi marido.
—Más vale que sea algo bueno, o lo contaré todo.
Bella movió la cabeza.
—Vas a firmar el acuerdo de confidencialidad. Después de esta historia, dejarás de escribir sobre los Cullen o sus asociados. Y no pretendas buscar algún resquicio legal para continuar con tu juego. Edward ha hecho redactar un documento hermético. Conociéndolos, es probable que ni siquiera puedas pronunciar el apellido Cullen sin sufrir serias repercusiones.
Tania se humedeció los labios.
—¿Tan buena es tu historia? —al verla asentir, insistió—: Primero necesito una pista.
—Es justo. ¿Alguna vez has oído hablar del Infierno de los Cullen ?
—Una vez —repuso con cierto asombro—. Cuando le pregunté a Anthony sobre el tema, se cerró en banda y no le pude sacar ni una palabra.
—¿Trato hecho, entonces? —preguntó Bella .
—Desde luego.
—Una pregunta más mientras esperamos al notario.
Tania hizo una mueca.
—Me la imagino. Quieres saber por qué. Vamos, Bella , ¿por qué crees? —acarició los pendientes que lucía y sobre los que había alardeado durante aquella comida—. Me enfadé cuando Edward y anthony no querían darme ni la hora y sólo tenían ojos para ti. Entonces llegué a la conclusión de que vender mis historias sería la única manera de tocar las joyas Cullen , aunque no fueran las que en un principio tenía en mente —le guiñó un ojo.
El notario llegó un rato después y Tania firmó el acuerdo de confidencialidad. En cuanto volvieron a quedar a solas, le dijo:
—Para que lo sepas, voy a citarte palabra por palabra. Tu nombre va a aparecer en todo este artículo para que todos conozcan que fuiste tú quien traicionó a Edward y a la familia Cullen . ¿Cuánto crees que durará tu matrimonio una vez que tu marido descubra lo que has hecho?
Bella no albergaba ninguna duda. Duraría tanto como el futuro de Tania en Cullens .
Chicas ya el penultimo capitulo porfis diganme que historia quieren que adapte para seguir... ahora que tengo vacaciones aprovenchenme ls quiero bye...
