Chicas no saben lo emocionada que estoy en este momento termine..

aquí viene el ultimo capitulo nenas y saben que es lo mas lindo que hay 17 reviews de ustedes

y a 11 personas les a gustado mi historia ademas de que hay 2674 visitas estoy emocionada

gracias por estar aqui y nenas mañana sale el epilogo pero tambien mi segunda adaptación las adoro

espero sus comentarios nenas los dejo con un acompañamiento musical de una de las nanas que.

Carter Burwell realizo y a mi parecer era la mejor para la película

POR FAVOR ESCÚCHENLA: /B8De0f6gzug

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EN CUALQUIERA DE ESTAS DOS

TITULO DEL LIBRO: ABRAZADOS POR LA PASIÓN

AUTORA: DAY CLAIRE

ADAPTADA POR: NINISITA CULLEN SWAN

BYE LAS QUIERO NENAS.

Capítulo Once

Los siguientes tres días fueron un infierno para Bella, llenos de horas interminables en que repasaba cada decisión tomada, cada palabra de cada conversación, y también los últimos minutos con Edward. Analizó todas las elecciones alternativas que hubiera podido realizar y todos los escenarios posibles que hubieran resultado de dichos cambios. Pero sin importar el camino tomado, no se le ocurría ni uno solo que hubiera mejorado el resultado final.

Salvo si le hubiera dicho a Edwardque lo amaba.

Cerró los ojos angustiada. Quizá eso hubiera marcado una diferencia. Quizá eso lo hubiera enfurecido menos. Tal vez entonces el Infierno no hubiera sido una montaña insalvable entre ellos. Sólo el tiempo revelaría si serían capaces de encontrar un modo de escalar esa montaña. Pero con cada día que pasaba, las dudas se incrementaban y la esperanza decrecía.

—¿Bella? —Jasper se apoyó en el Edward de la puerta de su despacho—. Anthony me ha dicho que tenía que venir a hablar contigo. Que es urgente.

Ella no se molestó en ocultar su alivio.

—Nadie ha estado predispuesto a escuchar, y no queda mucho tiempo.

—Sí, bueno —se encogió de hombros—. Algunos de nosotros no estamos muy contentos con tus esfuerzos de salvarnos de Tania.

—¿En serio? —quizá, si no hubiera estado tan cansada, preocupada o, simplemente, indignada, no se habría permitido perder el control. Pero habían sido unos días duros y la expresión de Jasper la enfadó. Fue hacia él—. ¿No es interesante que ninguno de vosotros lograra descubrirla y ocuparse de ella? Ninguno de vosotros se vio obligado de forma repentina a trazar un plan para frenar a Tania. Sin embargo, os mostráis encantados en señalar cada uno de mis errores. Después de cometerlos, por supuesto —plantó las manos en las caderas—. Bueno, pues yo no pienso que haya cometido un error. ¿Qué te parece eso? Y ahora, ¿quieres entrar y enterarte de lo que tengo en mente para salvar esta situación? ¿O vas a dejar que gane The Snitch?

Una leve sonrisa apareció en la expresión severa de Jasper.

—De acuerdo —entró y ocupó el sillón frente a su mesa—. Siempre me interesa escuchar soluciones creativas para problemas imposibles. Cuéntame tu idea.

En vez de regresar detrás del escritorio, se dejó caer en el sillón al lado de él.

—Es bastante sencilla. El día en que salga la revista, el mismo día, emitimos un comunicado de prensa. Aceptamos todo lo que expone The Snitch: Que existe un Infierno. Que cuando golpea los Cullense unen de por vida y que es una conexión entre almas gemelas.

—Siento curiosidad —ladeó la cabeza y clavó sus penetrantes ojos en ella—. ¿Has perdido la cabeza?

—Espera, Jasper—soltó. Para su sorpresa, fue lo que él hizo—. Y luego decimos que el Infierno es parte de lo que hace que las joyas Cullens sean tan espectaculares y especiales. Le decimos a todas esas mujeres que darían cualquier cosa para experimentar el Infierno que no sólo es real, sino que todo lo que Cullens toca está impregnado con su pasión... desde el brazalete y el collar que adornan el brazo y el cuello de una mujer, hasta los anillos de pedida con diamantes de fuego que un hombre pone en el dedo de su prometida.

Jasper se irguió y su mirada se agudizó.

—Maldición.

—Exacto.

—No, en serio. Maldición. Eso podría funcionar —reflexionó y asintió—. ¿Se te ocurrió mientras negociabas con esa mujer? ¿Al vuelo?

—Sí.

—¿Sabes lo que pienso?

—Ni idea.

La sonrisa de él se amplió.

—Creo que tu talento está completamente desperdiciado en el departamento de finanzas.

Edward llegó a San Francisco tan agotado que apenas se podía mantener en pie. En la semana que llevaba ausente, su furia se había enfriado, pero no el dolor causado por la decisión de Bella. Había soportado innumerables llamadas de sus hermanos, al igual que de Rosalie, Carlisle y Esme. Todos habían sido claros en exponer que Bella había tomado medidas desesperadas para proteger Cullens . Y hasta el último de ellos apoyaba la decisión de su esposa.

Y al final tuvo que reconocer que también él lo hacía. Después de todo, la amaba y estaba decidido a encontrar una manera para que el matrimonio funcionara.

Para su alivio, Anthony lo esperaba más allá del control de aduanas, aunque el alivio se convirtió en irritación cuando se puso a hablar de Bella nada más arrancar el coche.

—Lo que pareces no entender, Edward, es que tenía un plan para hacer que cualquier cosa que publicara Tanua sobre el Infierno se volviera a nuestro favor. Bueno, ésa es Bella. Siempre tiene un plan.

—¿Y cuántas veces voy a tener que decirte —repuso Edward con frialdad— que el Infierno no es un ardid de marketing?

—Todavía no has oído su idea.

Se pasó la mano por la cara para tratar de eliminar el cambio horario y centrarse.

—No, tienes razón. Cuéntamela —Anthony le dio los detalles y Edward apoyó la cabeza en el respaldo mientras los absorbía—. No está mal —concedió al final.

—¿No está mal? ¿Bromeas? Las mujeres correrán a las joyerías —afirmó Anthony con entusiasmo—. Todas querrán su pequeña parte del Infierno. En The Snitch se pondrán furiosos por cómo le hemos dado la vuelta a la situación.

—Aun así... —Edward movió la cabeza—. Ya sabes lo que pienso acerca de beneficiarnos del Infierno. Y te garantizo que Carlisle siente lo mismo.

Anthony estudió a su hermano.

—Lo he estado meditando. En serio. La idea de Bella no es un ardid grosero y temerario. Es más delicada que lo que tú insinúas. Es casi...

—¿Qué?

—Es como si creyera en el Infierno.

—Hablamos de Bella, ¿verdad?

—Es lo que hace que resulte asombroso —confirmó Anthony—. No es una campaña dura de ventas. Es dulce y romántica. Y honesta.

—¿Honesta? ¿Cómo? —quiso saber Edward, intrigado.

—Bueno, para empezar, si de verdad crees en el Infierno...

—Creo.

—Entonces debes creer que nuestras joyas están imbuidas de un destello de la pasión del Infierno. Piénsalo. ¿Rosalie no ideó los diseños más espectaculares después de enamorarse de Emmet ? ¿Carlisleno le atribuye a Esme la inspiración de sus mayores logros? ¿No crees que el Infierno influyó en ellos, aportó algo de pasión a la obra que crearon?

Edward no pudo negarlo.

—¿De verdad piensas que fue lo que la inspiró para inventarse esa campaña de marketing?

Anthony se encogió de hombros.

—¿Tienes una explicación mejor?

—No.

De pronto, tuvo una idea. Cuanto más reflexionaba en la posibilidad, más viable le parecía. Le ofrecía lo mejor de los dos mundos, y también una vía para solucionar los problemas de ambos al tiempo que convencía a su esposa de que no sólo la amaba en cuerpo y alma, sino que también ella lo amaba.

En cuanto perfiló todo mentalmente, se volvió hacia Anthony.

—Hay algo que debemos arreglar, un pequeño apéndice a la idea de Bella.

Su hermano lo miró.

—Diablos, Edward. Conozco esa expresión. Se la veo a Jasper cada vez que se le ocurre algo descabellado. Sea lo que sea, olvídalo.

—Ni lo sueñes. Si funciona, aparte de garantizarnos el éxito de Cullen, le demostrará a mi querida, terca y pragmática esposa, diablos, a todos los incrédulos, que el Infierno existe de verdad.

Anthony suspiró.

—La idea no me va a gustar, ¿verdad?

—Ni un poquito —pero era el plan más importante que había trazado jamás... con la excepción de la noche en que convenció a Bella de casarse con él—. La sincronización es vital.

—Es lo mismo que dijo tu esposa.

—No, hablo de que necesitamos calcular el momento de nuestra llamada a Tania Denali con sumo cuidado.

—¿Qué llamada? —preguntó Anthony alarmado.

—Esa en la que le doy un adelanto de nuestro nuevo plan de marketing.

—¿Qué?

—Si Tania responde del modo en que espero que lo haga, no sólo se duplicarán nuestras ventas, sino que mi esposa comprenderá que el Infierno no es ninguna fantasía.

Los acontecimientos tuvieron lugar tal como Bella predijo. El comunicado de prensa de Cullens horas después de que saliera la revista invirtió toda la marea negativa. De hecho, la historia despertó la atención de los medios y recibió una cobertura sin igual. Gracias a ello, los departamentos de marketing y de relaciones públicas organizaron una conferencia de prensa a la que asistieron todos los Cullens, incluida Bella, quien sabía que tendría que soportar su buena dosis de preguntas.

Lo que no había previsto era ver a Tania entre la prensa, acompañada de un fotógrafo de The Snitch. Su ex amiga la saludó con un gesto de la mano y pareció encantada ante la consternación que detectó en ella.

—No le hagas caso —le recomendó Rosalie—. Sólo está aprovechando sus cinco minutos de fama. Ni siquiera gozará de los quince minutos habituales.

—Después del resultado de la historia del Infierno, habría pensado que éste sería el último lugar en el que desearía aparecer —giró la cabeza—. Anthony da la impresión de que desea matarla. Creo que la traición lo afectó tanto como a mí —se mordió el labio—. ¿Sabes cuándo vuelve Edward de Italia? Esperaba que estuviera aquí para ver esto.

Rosalie la miró de forma extraña.

—Emmet me comentó que había regresado anoche. ¿No te...? —calló al ver la expresión de su cuñada—. Oh, no. ¿No fue a casa? Belle, lo siento mucho.

Como si la conversación lo hubiera invocado, apareció en el extremo opuesto del estrado. Ni siquiera miró en su dirección, y Bella contuvo el aliento. Se afanó en refrenar las lágrimas. Necesitaba calmarse. No se atrevía a revelar delante de tantos testigos la angustia que la embargaba.

Los siguientes minutos pasaron como en una neblina, entre preguntas y respuestas. Hasta que Tania se adelantó y Bella recuperó de repente toda su concentración.

—Hola, Edward —lo saludó Tania—. Sólo quería darte las gracias por tu llamada de ayer.

Bella miró en la dirección de él.

—¿Sabías algo de esto? —le susurró a Rosalie.

—No —murmuró su cuñada—. Emmet no me dijo ni una palabra. Y a juzgar por la expresión de la cara de mi querido marido, tampoco él lo sabía.

Tania siguió dirigiéndose a Edward.

—Una de las cosas que dijiste durante nuestra conversación era que no había ninguna manera de probar o refutar el Infierno. Veamos. ¿Cómo lo expusiste? Algo así como que ahí radica la belleza del engaño de tu familia —rió—. Perdón. Me refiero a la leyenda de tu familia.

—Creo que dije que tú no podías refutarlo. Deberías esforzarte en ser más precisa cuando citas a las personas. He notado que es un problema constante en ti.

Bella cerró los ojos. ¿Es que no sabía aún lo vengativa que era Tania?

Como si le leyera los pensamientos, Tania mostró los dientes.

—Bueno, sorpresa, sorpresa. He encontrado una manera de refutarlo. Tu departamento de marketing afirma que un poco de ese Infierno impregna cada pieza de joyería que vendéis... —se tocó los pendientes—. Pero no creo que puedas demostrarlo conmigo.

—Supongo que hay algunas personas a las que ni siquiera el Infierno puede ayudar —replicó Edward.

La sonrisa de Tania se desvaneció.

—Bueno, pues a mí me gustaría que demostraras el Infierno aquí y ahora.

Edward se cruzó de brazos.

—No seas ridícula, Tania. ¿Cómo se supone que vamos a hacer eso?

—No, no, no —musitó Bella —. Le está haciendo el juego.

Para su sorpresa, Rosalie comenzó a sonreír.

—No estés tan segura. Tengo la impresión de que tu marido tiene calada a esa mujer mejor que tú.

Tania subió al estrado con expresión satisfecha.

—Da la casualidad de que tengo la respuesta aquí mismo —abrió un bolso muy voluminoso que llevaba al hombro—. Sugiero que hagamos una sencilla prueba. Anthony y tú sois gemelos. Me gustaría ver si tu esposa reconoce quién es quién con el único recurso del Infierno.

—Puedo hacerlo —le dijo Bella a Rosalie—. Es sencillo.

Como si Tania hubiera oído, sacó una capucha y unos tapones para los oídos.

—Sin el uso de sus ojos u oídos, desde luego —los allí reunidos mostraron su interés y Tania se dirigió a ellos—. Yo misma los he probado. No podrá ver ni oír nada. Entonces quiero que Edward y Anthony se pongan delante y, si ella es capaz de elegir al hermano correcto, me retractaré de todo lo negativo que haya dicho alguna vez sobre los Cullens.

—Interesante, pero... —Edward movió la cabeza—. No es un trato demasiado interesante. Creo que deberíamos ir por todo.

—¿Oh? —preguntó entre curiosa y divertida—. ¿Quieres subir las apuestas?

—Por supuesto. ¿Qué opinas de esto? Si pierdes, quiero hasta la última pieza de las joyas Cullens que posees. Incluso te retribuiré lo que pagaste por ellas —tapó el micro con la mano y el tono ligero se desvaneció y adquirió un deje peligroso—. Verás, Tania, no quiero que luzcas nada creado por nosotros. Más aún, a partir de hoy tienes prohibida la entrada en cualquier tienda Cullens.

La humillación le encendió los pómulos.

—Y si gano yo, quiero que todos reconozcáis que este asunto del Infierno no es más que un fraude publicitario —anunció con voz sonora—. Y que rompáis mi acuerdo de confidencialidad. He decidido que hay algunos artículos más que quiero escribir sobre los Cullen.

—No tengo ningún problema con eso —dijo, encogiéndose de hombros.

Miró a Bella por encima de los hombros de Tania. Ella le devolvió la mirada, esperando ver la furia y la desilusión de cuando se habían separado a comienzos de la semana. Pero no encontró ni rastro. En su lugar vio una certeza serena que volvió a humedecerle los ojos. No le cupo duda de que Edward creía en ella, sin vacilaciones o excepciones. Antes de poder hacer otra cosa que mirarlo aturdida, Tania se plantó a su lado.

—Voy a poner a Anthony y a tu marido delante de ti. Cuando te toque el hombro, señalarás a la izquierda o a la derecha a tu marido —entonces susurró para que nadie pudiera oírlas—: Cuando pierdas, lo primero que verás será mi expresión de triunfo y lo primero que oirás será mi carcajada.

Entonces, supervisó que le colocaran los tapones y la capucha antes de situarla en el centro del estrado.

Hubo una demora interminable en la que Bella percibió movimiento a su alrededor. Y durante todo ese tiempo, permaneció totalmente paralizada por el pánico.

¿Qué pasaría si elegía mal? Laboralmente, todo se desmoronaría. Pero lo peor de todo era que Edward comprendería que no era su novia del Infierno.

¿Por qué lo había hecho? Porque la había mirado con suma seguridad, a rebosar de... amor. Se puso rígida. Eso era lo que había visto cuando la miró. No sólo confiaba y creía en ella, sino que la amaba. Y debido a ese amor, ese hombre chiflado estaba convencido de que podría sentirlo a través de la capucha y de los tapones para los oídos, a través de todo lo que los separaba. ¿Se había vuelto loco?

Únicamente se le ocurría una manera de que eso pudiera funcionar. Sólo podía confiar en sí misma para percibir a su marido, como había hecho el día en que había almorzado con Esme y Rosalie. Y esperar que el Infierno la ayudara milagrosamente a distinguirlo de anthony. Entonces comprendió que depositaba su fe en algo que siempre había insistido en que no existía.

En algún momento de su matrimonio, había empezado a creer en el Infierno. A aceptarlo como una realidad en vez de una ficción, un cuento de hadas. Fuera lo que fuera, podía sentir que la conectaba con Edward como un medio vivo de transmisión.

Tania le tocó el hombro. Bella no tenía ni idea de por qué había tardado tanto, aunque no importaba. Cerró los ojos a pesar de llevar la capucha y se centró en Edward. Al hacerlo, la invadieron los recuerdos.

Edward ofreciéndole la mano en el vestíbulo de Cullens y los dos experimentando aquella sorprendente descarga eléctrica inicial. Edward en la terraza de Le Premier, besándola por primera vez mientras fingía ser Anthony. La boda, momento en que la miró con tal pasión que temblaba con sólo recordarlo. La noche nupcial, tan hermosa que formaría parte integral de ella hasta el día de su muerte. Todas las noches de intensa pasión vividas desde entonces. Y, por último, Edward mirándola antes de que Tania le pusiera la capucha.

Lleno de fe. De amor.

Se abrió a su marido y se sintió confusa al no sentir a ninguno de los hermanos delante de ella. Y entonces experimentó el cosquilleo de percepción, pero a su derecha. Se volvió. Titubeó. Sintió el nítido palpitar en la palma de la mano. Y entonces ya no vaciló más. Fue en línea recta hacia su marido.

Los brazos de Edward la rodearon y la alzaron. Luego le quitó la capucha y con gentileza le sacó los tapones de los oídos.

—¿Alguna pregunta más acerca de si el Infierno existe? —le preguntó con una amplia sonrisa.

—Ninguna —le rodeó el cuello y lo besó mientras a su alrededor los vitoreaban—. Te amo, Edward.

—Yo también te amo, cara, desde el primer momento en que nos tocamos. Para el resto de nuestra vida, eres mi esposa del Infierno.

—No querría ser otra cosa —apoyó la cabeza en su hombro—. Sólo tengo dos preguntas.

—¿Cuáles?

—¿Por qué no viniste a casa anoche?

—Porque habría querido demostrarte de una vez por todas que te amo y que el Infierno existe. Pero comprendí que era más importante que lo descubrieras por ti misma. Necesitaba que confiaras en mí sin las palabras. Que confiaras en tus sentimientos por mí.

—Confío en el Infierno.

—Sí —le apartó el cabello de la cara—. ¿Y la otra pregunta?

—¿Por qué tardasteis tanto en iniciar el experimento de Tania?

—Oh, eso. Mis hermanos no estaban muy contentos con que Tania cambiara las reglas en el último instante. Cuando colocó a Anthony y a jasper delante de ti, casi se monta un disturbio. Los presentes incluso abuchearon.

—Pero tú no —conjeturó con perspicacia.

—Sabía que me encontrarías.

Lo abrazó con más fuerza.

—Y ahora que lo he hecho, no pienso dejarte ir nunca.

NENAS MI ULTIMO CAPIIII DE AQUI QUEDA EL EPILOGO... LAS QUIERO

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