4446 palabras

Escribo sin fin de lucro.

Disclaimer: Hetalia Axis Powers y todos sus personajes- quienes tienen su pequeño o gran problema- pertenecen a Hidekaz Himaruya.

Advertencia: algunas malas palabras, escenas muy homosexuales para Arthur, no se burlen de él, e impresiones personales respecto a distintos aspectos de la vida de parte de los personajes NO son necesariamente las verdades de la vida. (opiniones dadas por los personajes no son necesariamente las de la autora)


La Torpeza de tus Pasos: Capítulo 6: Liliam

.

.

.

La belga atravesó la puerta con una bandeja. Tenía sueño; el día anterior regresó tarde a su departamento y hace sólo unos minutos se había desembarazado de las exigencias de Lovino. Ella tenía un horario y punto, que no le buscase la quinta pata al gato. Emma los conocía bien y sabía que no tenían.

A pesar de su cansancio, sonreía como siempre, vigilando con sus verdes ojos la cama de la habitación, el camino que seguía y la misma comida, evitando que tambaleara.

- ¿Cómo te sientes hoy?-

+'+'+'+'+

- Dinero listo, atuendo listo, llaves listo.- Francis se palmeó los bolsillos de su traje con las manos, sintiendo el tintineo de la llaves metálicas y el bulto de su billetera.- Celular listo, rostro... perfecto.- Sonrió al espejo, deslizando sus manos por su barba con un leve gesto de preocupación que quitaba credibilidad a su sonrisa; tal vez estuviese demasiado tupida.

Se dio el tiempo de arreglarla para que fuese descuidada (Francis encuentra cierto malicioso encanto en cambiar el significado original de las palabras) y de comprarle un ramo a la chica.

La encontró en una mesa en el segundo piso de un restaurant, bebiendo un jugo de frutas color rosado. Frambuesa o frutilla. Miraba hacia las mesas vecinas, con un ligero gesto de aburrimiento.

Francis miró de reojo su reloj de pulsera antes de acercársele; veinte minutos tarde no era tanto y en cuanto ella lo vio sus labios se curvaron dejando ver sus blancos dientes.

La chica se había sorprendido cuando él la llamó para quedar. Había dado por hecho que su "dame tu número telefónico, yo te llamo" no era más que una excusa para deshacerse de ella.

+'+'+'+'+

Llamaron a la puerta de su pieza y Cosette se sobresaltó. Cerró rápidamente la página de internet y leyó las primeras notificaciones de Facebook. "Matthew Williams te envió una solicitud de parentesco" ¿Matthew Williams? Tal vez era un pariente por el lado materno... no, ahora que lo pensaba, no lo conocía.

Su madre entró al cuarto y accionó el interruptor de la luz.

- Mi amor, mañana iremos a comprarte ropa.- La voz materna fue dulce, insinuante. Cosette dio un último vistazo a las fotos del tal Matthew Williams, "todas son de un oso. ¿Quién le toma fotos sólo a un oso polar?" y se volteó, sonriéndole a su madre. Le gustaba salir con ella, eran los momentos en que compartían, los que recordaría cuando sus padres fuesen a Francia y la dejasen con su hermano.

- ¿Y a dónde iremos?- Le preguntó, recargándose en el respaldo de su silla, apoyando en éste sus antebrazos.-

La conversación se extendió unos minutos más y al despedirse su madre le aconsejó acostarse temprano.

Cosette se dirigió a "restaurar pestañas cerradas recientemente" y redirigió su atención a la foto que encabezaba un texto. "La pesca artesanal se diferencia de la industrial en que emplea una mayor cantidad de pescadores individuales y..." Era extraño como la idea de estudiar leyes que sus padres habían impuesto en sus expectativas infantiles se veía truncada por un bote. Cosette, dígase en su defensa, no era consciente de este desvió (aunque su subconsciente sí) ni tampoco el por qué de esconderlo. Algo similar le ocurría cuando en la mesa se discutía un tema - generalmente político, económico o moral – y ella notaba que no estaba de acuerdo ni con su madre ni con su padre.

O cuando le hablaban de sus raíces, de como su abuelo materno llegó desde unas islas que hace poco tiempo se convirtieron en un país, de sus abuelos paternos, ambos franceses. Porque, a pesar de que su familia entera residía en Francia y de que su hermano se consideraba francés, ella tenía más recuerdos de Inglaterra que del país del vino. En otras palabras, se sentía en parte británica, aunque de labios hacia afuera dijese que su nacionalidad era francesa.

Una de las cosas que más se planteaba era si existía un modo de juntar ambas identidades, si podía formar la suya sin renegar de éstas.

+'+'+'+'+

Antonio caminaba con una gran sonrisa y las manos -enfundadas en guantes- guardadas en sus bolsillos. Ese día amaneció radiante a pesar de que los anteriores habían sido lluviosos, mas era frío de todos modos.

Su sonrisa se acrecentó al recordar la conversación que tuvo el día anterior con Francis, cuando le hizo notar lo curioso del clima; estando en invierno, ese fin de semana escapaba a la regla. Y Francis compartió con el ibérico su hipótesis: según el francés, ese tiempo sólo podía deberse a la realización de dos amantes. "El clima celebrando el amor. Francis tenía que ser."

Llamó al timbre de una casa, balanceándose hacia adelante y hacia atrás y mirando el marco de la puerta. Un chico parecido a Lovino le abrió.

- ¡Hola! ¿Puedo pasar? Vine a buscar a Lovino.

- Pase.- Feliciano le dejó pasar con un poco de temor. ¿Sería algún contacto de su hermano? ¿Un cobrador, tal vez? Pero Lovino no debía nada, se lo habría dicho.

El español se sentó en la sala de estar, mirando con curiosidad todo lo que había a su alrededor. Desde las escaleras, Feliciano gritó a su hermano avisándole que venían a buscarlo. Antonio seguía la escena con simpatía; Lovino había gritado de vuelta que ya bajaba, que le dieran unos minutos más. ¿Acaso hablaban a gritos siempre? No le molestaría soportar los de Lovino el resto de su vida si era una costumbre.

Feliciano se sentó frente suyo y se presentó.

- ¿Cómo te llamas tú?-

- Antonio Fernández Carriedo.- Le contestó, para inclinar su torso y agregar con voz baja y enamorada- y espero que pronto puedas llamarme hermano Antonio.-

+'+'+'+'+

Mirábase en el espejo de cuerpo completo. Sus ojos olvidados de como parpadear, sumida en sus pensamientos... su hermano estaría tan orgulloso. Ya le había fallado bastante; su puntería era buena, pero no gustaba de las armas, las clases de defensa personal que le pagó acabaron con su instructor dejando el oficio y volcándose al estudio de aves, y por mucho que intentase concentrarse en sus explicaciones sobre el funcionamiento de los bancos y los tipos de inversiones, ella se distraía pronto con los dibujos del borde de su cuaderno - Lily pensaba que si comprase un cuaderno normal en lugar de uno de Winnie the Pooh podría solucionar lo último- de modo que siempre le fallaba. En todo.

Menos en aquel arte que redescubriera a los once años y en que sería la mejor. Sería un motivo para que Vash inflase el pecho y la mirase satisfecho, para que notara su talento. Era su deseo, su más grande deseo.

Se había tranquilizado después de darse cuenta de que Francis no la había delatado, e incluso llegó a creer que nunca lo haría. Pero ese domingo fue diferente.

Normalmente Lily llegaba junto con Francis y se iba a las cinco; almorzaba con el francés o bien se quedaba en el local, practicando o almorzando. Pero, desde hace un mes aproximadamente, Francis no le permitía quedarse sola. Más bien, no le permitía no acompañarlo. Lily adivinaba que el gabacho se preocupaba por su salud y la vigilaba aquel día que estaba a su cargo.

Solían ir a comer a un restaurant cercano, o bien Francis cargaba con su propio almuerzo y lo compartía con ella.

Tomó entre sus dedos el cuero de sus costillas, y lo apretó, mirándolo con obstinación en su reflejo.

Ese domingo fue diferente porque el francés acabó por delatarla.

Se comportó con normalidad durante las clases, incluso compartió con ella su idea de enseñar al chico punk a usar la viga de equilibrio. Pero cuando su hermano fue a buscarla, se encerró con él para conversar. Ella sabía de qué trataba tal conversación y cuando llegó Arthur, se sentía arrinconada. Por más que el varón intentó alegrarla, no lo consiguió.

Era un chico dedicado. Cuando notaba que lo miraban se cohibía y cualquier avance que hubiese mostrado desaparecía. Con el tiempo se había acostumbrado a su presencia y juntos se entretenían bastante conversando y moviendo sus cuerpos.

Aún recordaba la primera vez que el inglés pudo levantar una pierna y sujetarla con una mano mientras con la otra movía una cinta que encontraron en la bodega. Ella se había reído por la gracia mientras el inglés continuaba moviendo la cinta y volvía a una pose normal, para luego girar y dar un salto hacia el lado, volviendo luego a girar, recorriendo el perímetro de la pieza con aquella combinación. Arthur aún no lograba abrir sus piernas al máximo, pero estaba bastante cerca de hacerlo ese día. Para cuando Francis volvió, ya habían devuelto la cinta a su lugar y Arthur practicaba a levantarse del suelo sin usar sus manos y sin perder la compostura y ella estiraba una mano por enfrente de su cuerpo al tiempo que levantaba una pierna formando una línea recta e inclinando su tronco.

Pero ahora su hermano la miraba con una mezcla de abatimiento, tristeza y preocupación. Le había fallado nuevamente. Pero no se rendiría.

+'+'+'+'+

Arthur cruzó los brazos, apoyándose en la viga y recuperando el aliento. Francis miraba hacia un lado, ya repuesto del ejercicio físico que era levantar y arrastrar en una posición sumamente incómoda una viga.

- ¿Para qué la quieres?- Le preguntó el británico.

- ¿Recuerdas que dijiste que querías avanzar más deprisa?-

- Yes…- El británico continuaba sin comprender.

- Súbete.-

Arthur se quedó mirándolo un momento. Apoyó sus manos y se subió.

- Sostente con tus manos y levanta tus piernas.- Arthur apoyó sus manos, deteniéndose antes de tomar impulso. Aguanto la respiración antes de subir sus piernas de un único movimiento.

- Baja tus pies.- Arthur no lo obedeció inmediatamente. Sentía que su posición era incómoda, pero le gustaba más que la posibilidad de no acertarle a la viga y caer. Dobló sus rodillas con la intención de dar el paso de a poco. Estiró un pie buscando la madera y al encontrarla bajó el segundo. Pero al intentar incorporarse y todavía con el cuerpo en forma de arco, cayó hacia atrás, dándose un buen golpe por más que Francis intentó sostenerlo.

- Vamos, levántate. Si no duele, no sirve.-

Arthur lo miró con odio.

- ¿Te das cuenta de que pude haberme roto la cabeza?-

- Arriba, inglés. Eso es lo más fácil que aprenderás aquí.- Francis le tendió la mano y lo ayudó a levantarse. –No lo pienses, sólo hazlo. Yo te recibiré si caes-

- Como hiciste recién.- Le recriminó Arthur, volviendo a subir.

- Ayer eras mucho más lindo. Y antenoche lo eras incluso más.-

Arthur lo fulminó con la mirada, sin saber si considerar eso como una insinuación de que algo hubiese sucedido.

- Camina de un extremo al otro hasta que puedas hacerlo con los ojos cerrados.-

Arthur se sintió ridículo únicamente caminando, pero cuando aumento la velocidad de sus pasos y resbaló varias veces, se dio cuenta de que necesitaba aprender a seguir esa línea recta. Aplicar la teoría en el suelo, o incluso sobre una línea dibujada en el piso, era sencillo. En cambio, con el vació a ambos lados de su camino la tarea se complicaba.

Francis envió un mensaje de texto a la chica del día anterior, apoyado en una pared mientras su alumno se caía por vez decimosexta.

+'+'+'+'+

- Ché, apurate.-

- Ya te he dicho que no me hables en castellano-aru. No entiendo nada de lo que dices-aru.- Wang Yao, un chino de veintiocho años volvió al mostrador con una caja.

- Aquí tienes-aru.

- Gracias, ché.- Martín se inclinó sobre la caja para revisar los objetos que estaban en su interior. –

- Se los compré a un hombre hace pocos días. Me debes dos libras-aru.

- ¿Tan poco por tanto? No te creo.-

- Lo que oíste-aru.- El mayor se sentó detrás del mostrador con un gesto de cansancio.- Parecía contento de deshacerse de ellos-aru.

El argentino sacó los objetos de la caja; unos barcos y trenes de juguete con partes rotas o abolladuras, libros con las cubiertas desgastadas, espejos rotos… todo lo que él podría arreglar y después vender. En una mesa alejada de Yao, en medio de muchos adornos, un hervidor se apagó con un clic. Con un pequeño suspiro el de cabello negro se levantó y sirvió agua en una taza para sí y en un mate para su acompañante. Cuando se devolvió, Martín ya había cruzado el mesón que se supone los separa y ocupado la silla a su lado. Recibió el mate con cuidado de no quemarse y lo dejó a su lado por un momento para poder abrir el cajón del asiático sin peligro de voltear el agua hirviendo. Sacó sus herramientas y principió a quitar los espejos rotos de sus marcos con cuidado de no cortarse. Luego limaba el marco para quitarse los restos de pegamento o cola y los dejaba a un lado, listos para usarse como marcos de fotos. Yao lo miraba.

- ¿No deberías irte-aru?

- Si me contrataras no tendría que hacerlo.-

- No puedo, ya lo sabes-aru. No tienes los papeles-aru.

- Y sí, pero no sería por mucho tiempo, che. Sólo hasta que Manuel me acepte.- El chino apoyó su mentón en su mano.

- Tú no te rindes-aru.

- Mientras tenga un modo de vivir y Manuel no se devuelva conmigo, no me rendiré.-

- ¡Aiyaaaaaa! Eso es lo mismo que decir que ganarás.- El mayor levantó la mirada hacia los peluches de panda que colgaban del techo con enfado, para luego bajar el tono a uno agotado.- Y mientras el único que debe soportarte soy yo-aru.

Ambos guardaron silencio unos minutos, mientras Martín continuaba reparando los objetos de la caja.

- El amor no es un juego-aru. Sino ganan los dos, entonces no es amor-aru.

Martín se detuvo un momento, pero sacudió la cabeza y continuó trabajando con un reducto de su sonrisa anterior en el rostro.

+'+'+'+'+

Manuel se levantó tarde. Con los párpados prácticamente pegados por culpa de las legañas y un ligero dolor de cabeza que no era mayor porque se había moderado la noche anterior al beber con el objeto de evitar que cierto argentino se sobrepasara con él. Otra vez.

¡Otra vez que se moderaba, no que se sobrepasaban con él, obviamente!

Su preciado sábado libre fue opacado por el rubio de ojos verdes. Podría no haberle abierto la puerta, podría haber fingido que no estaba en casa, podría haberle tirado un balde de agua fría, pero Manuel no era tan malo, y después de tres cuartos de hora llamándolo a través de la puerta, al celular, tocando el timbre, chocando sus nudillos contra la madera y cantando a toda voz "sho quiero ser tu profe, mejor dicho profesor. El que te enseñe del amor, lo que sabés y disimulas" Martín logró que le abrieran. Por supuesto la cara del chileno distaba mucho de ser la del feliz enamorado que ve a su media naranja después de una guerra, pero para Martín bastaba. Aunque González no lo notase, su gesto se había suavizado con el tiempo.

Pasada la tarde, el argentino se auto invitó a cenar y para no echarlo a patadas Manuel había destapado la primera cerveza. Le habría gustado tomar vino, pero allí el francés era más abundante que el chileno y por amor patrio lo evitaba.

A la mañana siguiente, se despertó sentado en el sillón y en una pose en la que parecía vigilar la puerta. Martín no estaba. Y ahora por su culpa tenía sueño por haber dormido en una posición tan incómoda.

Como aún tenía tiempo antes de su turno, se debatió entre dormir, hacer su tarea y escribir. Pensando que luego no tendría tiempo buscó su mochila y de ella sacó el libro que había conseguido hace pocos días y del que debía hacer un resumen. Se sentó con el libro en las manos y nada más abrirlo, lo volvió a cerrar. Se levantó, hirvió agua para prepararse un té y se volvió a sentar para leer. Dos páginas después volvió a levantarse, esta vez para prepararse el té y no volvió a sentarse; recogió unas monedas que se le habían caído, guardó los vasos que estaban en el lavaplatos, abrió las ventanas aprovechando el inusual sol y barrió. Pero cada vez que habría el libro postergaba la tarea de leerlo.

"Ya Manuel, no podí ser tan pajero. Ponté a leer miéchica." Y entonces, cuando al fin se decidió a no quitar ojo de los párrafos hasta avanzar que fuese un capítulo, una avecilla entró por la ventana abierta.

- Pío, pío, pío, pío, pío…- Manuel soltó un suspiró y dejó caer su cabeza.

- ¿Y a qué chucha vení tú?- El pajarito caminó por el respaldo del sillón hasta llegar junto a su frente y comenzó a picotearlo. El chileno intentó espantarlo sin conseguirlo. Se incorporó para tener una mejor posición cuando vio el papelito que tenía Gilbird atado a su pata. Le quitó la misiva y la leyó.

"Manuel, kesesese~"

Ese era el límite para el chileno. Se iría a tomar una siesta después de encargarse del mensajero.

+'+'+'+'+

Vash se sentó junto a Lily en el balcón de su departamento, mirando hacia el parque que tenían enfrente. Su hermana cosía en silencio y con una suave sonrisa en su rostro.

- Es un bonito día.- Le comentó, sin detener la aguja ni el hilo. Vash se tomó su tiempo antes de responder, dejándola durante breves segundos con incertidumbre.

- Sí, lo es.- Lily se relajó. Continuó hasta que incluso las luces del departamento fueron insuficientes para trabajar bien y entró tras pedir permiso a su hermano para retirarse. En su pieza abrió su cuaderno de matemáticas y leyó el primer ejercicio. Consistía en el dibujo de un círculo dentro de un triángulo equilátero y debía obtener el área de éste último. Intentó un momento por sí misma buscar el resultado; intentó conseguir el largo de las bases del triángulo mediante el cálculo de sus ángulos, pensó en calcular primero el área del triángulo y luego restarle los cachitos que sobraban fuera del circulo –notando que le faltaban datos para sacar el área de estos últimos- y por último usó un compás intentando acertar al centro justo del círculo con uno de sus extremos para calcular el radio del círculo, todo infructuosamente.

Vash escuchaba música cuando su hermana menor se detuvo a su lado, acompañándolo unos minutos mientras la pieza musical terminaba con una mano tapando la otra a la altura de su cadera.

- Bruder, ¿puedes ayudarme con una tarea de matemáticas, por favor?-

- Ja.- Vash se levantó con los labios en una línea en un gesto serio, mas Lily sólo le sonrió, sabiendo que el mayor gustaba de ayudarla y lo guio a su habitación.

- No entiendo de qué me sirven los datos que me entregó el profesor.- Vash se inclinó sobre el dibujo, leyendo el problema escrito con la pulcra letra manuscrita de la menor de los Zwingli y sonrió para sí, cerrando los ojos con un ligero deleite.

- Utiliza el punto medio entre esquinas y luego únelo con una línea con la esquina contraria. Al dibujar las tres líneas encontrarás el punto central de círculo y a partir de él obtendrás el radio. Luego sólo debes usar esta formula; Vash le escribió sobre el cuaderno unas cuantas letras y un símbolo que parecía dos palos parados con una ola encima. –Si tienes problemas no dudes en volver a llamarme.- Agregó el mayor, sonriéndole levemente.

- Danke, bruder.-

Su hermano siempre la ayudaba. Ojalá algún día ella pudiese serle útil.

+'+'+'+'+

- Apoya el pecho… así, bien.- Francis estaba parado al lado de Arthur, indicándole lo que tenía que hacer y guiándolo con las manos. El británico tenía el cuello estirado y su mentón apoyado en la viga, al igual que su pecho y su cadera. Pero sus piernas eran sostenidas por Francis de modo que casi apoyaba sus pies en su cabeza, provocándole un obvio temor por caer. Se sostenía con ambas manos a la viga, pero aún así se sentía inseguro.

- Suelta tus manos y mantente en ésta posición hasta que cuente diez.- Le soltó las piernas y Arthur comenzó a temblar, nervioso y sin soltar sus manos.

- Suéltate.-

- ¿Y arriesgarme a caer? Dudo mucho que realmente sepas enseñar.- Le respondió con enojo. Francis, cansado, acercó su mano a la oreja izquierda de Arthur y se la apretó en la punta.

- No permitiré que repitas eso, petit.- Le dijo con falsa ternura, retorciéndole la oreja con suavidad y firmeza, provocándole un punzante dolor a Arthur en el sector perforado hace sólo unos días.

- I-idiot…- Le respondió, cerrando sus ojos y soltándose de a poco. Su cuerpo temblaba y amenazaba con irse hacia un lado u otro. Respirar le parecía un peligro, pero Francis ya había soltado su oreja y comenzaba a contar.

- … nueve y diez. ¿Ves que no era tan difícil? Me alegro de haber encontrado un método para que no te resistas tanto. Ahora quiero que me ayudes con una idea que tengo para alegrar a Lily, ¿te parece?-

Arthur se bajó de la viga con el corazón extrañamente acelerado y se apoyó en éste.

- Depende de que se trata, frog.- Francis rápidamente le llevó la mano a la oreja y se la apretó en su sector sensible.

- Por hoy dejaremos ese desagradable apodo, ¿bien?-

- ¡Maldito, te aprovechas de la debilidad ajena!-

- Yo no hago tal cosa, sólo te pido que te calles.-

- Hiciste lo mismo con Lily, ¿qué te importa a ti lo que haga con su cuerpo? Cada quien es libre de tratar el propio como le venga en gana.-

- Ella tiene un serio problema y no permitiré que un… - Francis se detuvo un momento- que tú opines al respecto.-

Arthur comprendió que se refería al poco cuidado que tenía con su cuerpo y que había podido comprobar por si mismo los días anteriores. Pero Francis sólo lo utilizaba como un arma arrojadiza, no podía saber si era o no una costumbre suya el meterse sustancias en el cuerpo… ¿o sí? Además de que no era algo malo, era su decisión. Y estaba seguro de que la rana no podía arrojarle la primera piedra, ¡que le presentasen al hombre que nunca se hubiese drogado para darle una medalla! Además, por el olor a vino que a veces le sentía, se podía deducir fácilmente que gustaba de beberlo.

- No escucharé tu bloody idea. Tú arréglatelas solo con ella, no pienso ayudarte. Yo no fui el que la delató.- Dicho lo cual, Arthur se fue antes de que Francis pudiese detenerlo. El francés no supo como responderle, él había procedido como era correcto, ella todavía era una niña. Y alguien que no respeta su cuerpo no puede hablar sobre el de los demás. O eso opinaba Francis.

+'+'+'+'+

Arthur faltó a la siguiente clase y a la que le siguió. El domingo siguiente se presentó para cancelarlas definitivamente.

Pero cuando abrió la puerta, se encontró con Clarisa. Esta le comentó que debía pausar sus clases porque se había roto un tobillo en un ascensor. Le dijo entre risas que se trataba de un ascensor antiguo y que las puertas corredizas de éste eran gruesas y pesadas y que se cerraban velozmente. Debido a una coincidencia se había tardado un poco más de lo normal en bajar y las puertas se habían cerrado sobre su pie. Para su suerte Lie la había llevado al hospital para revisar la herida.

- Y por eso no podré venir en un tiempo… espero. Todavía están examinando los daños que hubo en el ligamento, pero no pueden ser tan malos.- Le sonrió. Arthur desvió distraídamente su mirada hacia el pie de Clarisa, pero sólo se encontró con unas disimuladas gazas.

- No parece muy dañado.-

- No duele, pero mi médico me prohibió practicar danza o ciclismo por varios meses.- Francis abrió la puerta seguido de Lily, quien acababa de aceptar su oferta de descansar un momento con una bebida caliente para compensar el reincorporado frío de la estación.

- Te tengo un poco de envidia, Arthur. Tú aún puedes practicar lo que te gusta sin que te lo impida una razón de peso.- La chica se levantó del sillón en cuanto vio a Francis, apoyándose en el hombro de Arthur con delicadeza.

- Clarisa, mon fleur. Pensé que tú también habías desaparecido.- La saludó el rubio de cabellos largos, al tiempo que desde atrás Zwingli le hacía una seña de saludo a Arthur, con una sonrisa y un sonrojo notorio. "¿A qué se deberá ese sonrojo? Espero que esa rana no…"

- ¿También? ¿Alguien más se retiró?-

- Bueno, Arthur…- El inglés lo interrumpió levantándose inmediatamente e interponiéndose entre los dos camino hacia la suiza.

- Yo he tenido cosas que hacer y no he podido venir.- Dijo cortante, plantándose entre Francis y Lily. – Pero ya regresé.- "Aunque sea para velar por las buenas costumbres entre alumna y profesor."

+'+'+'+'+

- Hermano, iré a comprar queso.- Lily se detuvo en el umbral de la puerta, abrigándose con una chaqueta.

- No tardes y no hables con desconocidos. Y si intentan estafarte has lo que te enseñé.-

- Lo haré, adiós.- Vash dejó caer su cabeza hacia atrás en el sillón, feliz de que su hermana comenzase a interesarse en mejorar su dieta.

Lily cerró la puerta tras de sí y el viento la empujó en su camino, sacudiendo sus trenzas y colándose debajo de su falda. Utilizó un camino por un parque, deteniéndose breves minutos para observar la estatua que la decoraba. Representaba a una cabra y le gustaba mucho.

A la salida de la tienda chocó con un chico que entraba a ésta, provocando que se cayese un ave que llevaba escondida entre las ropas. El chico, de cabello blanco y ojos lilas, se apresuró a recogerla.

- Discúlpeme.- Le dijo la muchacha, inclinando la cabeza.

- ¡No es nada!- Le dijo el muchacho en una mezcla de confusión, enojo y miedo.- Yo no he hecho nada.- Agregó, calmando su tono e intentando utilizar uno más inexpresivo.

- Es un ave muy bonita.- Le comentó la niña, corriéndose de la entrada para dejar pasar a un hombre. -¿Cómo se llama?-

- Mr. Puffin.- Le respondió el chico.

- ¿Y tú?- Le preguntó, curiosa e inocente.

- Emil.- Le respondió, buscando un punto entre la suiza y el suelo en donde posar la mirada.


.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Intento de Glosario (no tan extenso como el anterior)

Buscarle la quinta pata al gato: Justificar con un argumento rebuscado. También, reclamar hasta el más mínimo detalle.

Chilensis:

Ya Manuel, no podí ser tan pajero. Ponté a leer miéchica: Ya Manuel, no puedes ser tan flojo (desganado).Lee, mierda. (Pajero viene de paja, palabra con dos connotaciones; de paja (flojera) o de correrse la paja (masturbarse). En éste caso, se trata de la primera aceptación)

¿Y a qué chucha vení tú?: ¿Por qué puta razón viniste?

Argento:

Ché: tiene el mismo uso que "tío" en España, "Weón" en Chile y "güey" en México. Es como decir "tú". No es despectivo.

"sho quiero ser tu profe, mejor dicho profesor. El que te enseñe del amor, lo que sabés y disimulas": Canción del grupo argentino Miranda y cuya letra es muy... ¿sucia? El "sho" es como Martín pronuncia "yo". En ocasiones la "LL" y la "Y" en Argentina se pronuncian como "sh"

Alemán:

Bruder: Hermano

Ja: Sí (en el tercer capítulo, cuando Gilbert le dice a Eli "Ja, ja" le está diciendo "sí, sí", no se ríe)

Danke: Gracias

Francés:

Mon fleur: Mi flor

Bueno, no sé si se nota, pero Emil es Islandia y Cosette, Seychelles (¿se nota, verdad?) Emma es Bélgica y... eso.

Cada vez que no comentan, un poco del autor muere. ¿Por qué? Porque si no nos interesara su opinión no publicaríamos.

A well rounded critique is often the most rewarding gift a reader can give . Please use this golden opportunity to offer a well deserved praise and/or tips for improvement.

O eso dice FF cuando dejas un review, ¿lo han leído? Gracias a todos.

Próximo capítulo: Cosette

Y el que le sigue ¿adivinan cuál es?