4648 palabras y nada de FrUK. Tal como lo oyen ¡Pero no me linchen! Les tengo un regalo en el rating "M" de FF, se llama "Cuarto menguante, Marea creciente", pero esta historia va lentamente y, aunque no lo crean, es multiparing, además de que trata de algo más que sólo FrUK. Perdón.

Escribo sin fin de lucro.

Disclaimer: Hetalia Axis Powers y todos sus personajes- quienes tienen su pequeño o gran problema- pertenecen a Hidekaz Himaruya.

Advertencia: NADA DE FRUK, tal vez el leer este fic te insite a drogarte, tatuarte o perforarte, no hagan caso a esos impulsos, italianos leeeeeeentos, adolescencia (?)


La Torpeza de tus Pasos: Capítulo 7: Cosette

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- ¡Cosette!- La mulata volteó y buscó entre la multitud a su madre. La mujer madura se abría paso entre la multitud sin ninguna bolsa, lo que desconcertó a la muchacha, puesto que Marianne se había alejado con la intención de, según ella, comprar unas pantallas de lámparas que había visto en una tienda y quería para la habitación matrimonial de la casa.

La menor logró localizarla cuando ya casi estaba junto a ella. Levantó ambas cejas en un gesto de grata sorpresa y la abordó para indagar donde estaba la supuesta compra. La mujer, de unos cincuenta años, se sentó enfrente suyo.

Estaban en el sector externo de una cafetería; la particularidad residía en que el sector estaba rodeado de cortinas de cuencas que caían, dándole un ambiente privado pero abierto a las pocas mesas que allí había. Marianne llamó la atención de un mozo para que se acercara y pidió un café para sí y un chocolate caliente para Cosette. A pesar de que dentro del edificio la temperatura era agradable, ambas vestían chalecos y abrigos por la lluvia que caía afuera; la madre se quitó el suyo y lo dejó en el respaldo de la silla colocada entre ambas y jugando con las flores que adornaban la mesa, buscó el momento, las palabras y el tono adecuado para dirigirse a su hija y darle la noticia de su próximo viaje.

Les sirvieron su pedido y unas galletas como cortesía junto al chocolate de Cosette. La chica miró agradecida al mesero y éste le dedicó una sonrisa. Marianne dejó de jugar con su cabello y le robó una galletita.

- ¿No tenían las pantallas que querías?- Le preguntó la mulata menor a su madre, llevándose el chocolate a los labios. Su francés, fluido, tenía un ligero acento británico provocado por los años vividos en Londres.

- No fui. Me entretuve en el camino y luego lo olvidé.- La mujer, en cambio, pronunciaba cada vocal e de las palabras. Un acento cantarín del sur de Francia que se acentuaba cuando discutía con sus hijos o con su marido. –En cambio te traje esto.-

Cosette esperó pacientemente a que le entregaran el objeto enunciado, inclinándose para observarlo mejor. Su madre le mostró una cajita que había sostenido sobre su regazo y tapado con sus dedos; era de un color azul oscuro y la muchacha se entusiasmo con la idea de su contenido. ¿Un collar? ¿Un anillo? ¿Aros? Su madre le dio un momento para que la curiosidad mellara en la chica y el momento fuera más dramático, antes de abrir con cuidado la cajita y mostrarle un hermoso anillo con una pelotita de oro que simulaba ser un diamante. El trabajo era tan perfecto que parecía serlo realmente.

Cosette sintió un rictus en sus labios al disimular su decepción y aceptó el obsequio. Era bellísimo, nadie podía negarlo, pero ella no lo quería. Eso no evitó que se sintiese sorprendida ante la actitud materna; se preguntaba a qué se debería el detalle. Se lo preguntó.

- Eres una señorita y deberías usar joyas de señorita.-

Cosette asintió, dándole la razón y deslizando el anillo por su dedo medio, observándolo con aires de presunción, a pesar de saber que no encajaba dentro de la imagen que su madre tenía de una "señorita".

Acabaron con sus bebidas y Marianne se recostó en su asiento, lista para comunicarle a su hija su decisión respecto a las navidades que se acercaban. Llamó su atención con un gesto de su mano.

- Mi vida, ¿qué opinarías de que tu papá y yo pasásemos Navidad en Francia, en casa de los abuelos?-

- ¿Van a ir?- Cosette se extrañó. Sus padres nunca faltaban a las fechas importantes para la familia, y aunque Francis estaba exento de la responsabilidad, ellos siempre la acompañaban.

- Iremos. Y queremos que nos acompañes.- Su madre le sonrió; un gesto que mantenía el fantasma de años de retozos inocentes y juveniles que sirvieron de taladro para el corazón de su compañero de vida.

Cosette no veía el país en que naciera desde los ocho años de edad.

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Francis miraba su computador portátil, escribía un poco, borraba, abría Facebook, twiteaba algo tan útil como "Mi vecino parece olvidar que no a todos nos gusta escuchar rock pesado tan tarde" y revisaba su correo sólo para retrasar el final que debía escribir.

Pero, observado desde un punto de vista más desinteresado, podría decirle a su hermana que había olvidado la historia con los años y no molestarse en escribir, no tenía mala redacción pero le molestaba no ser lo suficientemente creativo para terminar la historia.

"Se acurrucó un poco más bajo esas alas protectoras, intentando olvidarse de sus vestimentas pomposas, de su gracioso modo de mover la cabeza, balanceándola de un lado para otro, pero era imposible. Esa curvatura que su actual amante no podía tener lo cautivaba incluso después de la certeza de que no le pertenecía… tres hijos tenía, prontos a abandonar el nido, y un macho a su lado para protegerla.

Más él sabía que era su error, nunca debió ir contra la naturaleza y perseguir a esa parlanchina. Debía quedarse con alguien que, como él, tuviese una melodiosa voz… por más que varios se atreviesen a mentir y decir que era molesta. Eran unos envidiosos.

A su lado, Gilbird se despertó ante su continuo movimiento. Con su propio pico, corto y recto, le acarició el plumaje de la cabeza, invitándolo a dormir. Ya estaba bien por una noche, podía seguir rompiéndole el corazón recordando a su antiguo amor, pero que fuese otra noche. No hoy, cuando le acaba de regalar una larva que el mayor aceptó fingiendo alegría en su piar. Gilbird había temido que esa lora de plumas rojas y azules impidiese su compromiso con Pierre, pero éste había comido la mitad de la larva, tal como hacía siempre que compartían un gusano a la hora de comer.

Las aves tienen un modo muy especial de casarse; a diferencia de los humanos, que parecen separar o intercambiar al momento de unir sus vidas, ellas comparten su alimento. Pero no se trata de un alimento cualquiera, sino de una larva de libélula. Pierre cortó con su pico el último bocado, permitiendo a Gilbird terminarse la comida que los declaraba pareja de por vida.

Pierre enterró su cabeza en el pecho emplumado del ave amarilla, ocultando la pena que sentía al recordar como la mascota de ese pirata se había ido, dejándolo.

Seguramente ella estaba en las alas de otro en ese momento, tal como él. Otro estaría apreciando la hermosa curvatura de su pico, su porte único."

Francis releyó y releyó el final de la historia, a veces encontrándolo bueno, otras, malo. Se trataba de un cuento que había hilado en los años en que Cosette era una niña y se quedaba a su cargo. Era una historia sin final, porque la muchacha había perdido el interés en los cuentos de hadas antes de que le encontrase un fin. Trataba de un ave llamada Pierre que se enamoraba de la lora que acompañaba a un corsario inglés en sus viajes, pero que debía dejarla ir y aceptar que él no era más que un amor de puerto. Despechado, le entregaba su vida a Gilbird un ave que siempre lo acompañó. Los nombres los había robado de su propia mascota y del pollito de su amigo albino. El nombre de la lora era un misterio que Cosette siempre quiso desvelar.

Dejó soltar un suspiro; la música en casa de su vecino no le permitía concentrarse. De mala gana se levantó y bajó hasta el primer piso utilizando las escaleras. Al llegar a la calle el molesto ruido aún no terminaba, sintiéndose por sobre el rebote de la lluvia en el pavimento. "Mon Dieu, como puede gustarle esa clase de música a Gilbert". Caminó cobijándose de las gotas en las salientes de los techos y el follaje de los árboles hasta el edificio responsable del estrépito; la música provenía desde uno de los primeros pisos, por lo que se paró frente a una ventana abierta y gritó con la esperanza de que lo oyesen.

- The music is so noisy!- Mas los ocupantes del departamento parecían no oírlo. Volvió a gritar, esta vez más fuerte. Al parecer lo escucharon, porque vio como una sombra se acercaba a la ventana abierta y sintió como las voces en el interior se callaban un momento, antes de que un balde de agua fría cayese sobre él, mojándolo al tiempo que las risas estallaban en el interior del departamento.

Resistió a tentación de lamerse los labios mojados, quieto en la sombra proyectada por el edificio.

Regresó a su departamento, con el propósito de bañarse y acostarse. Al llegar sentía el frío de la camisa empapada y el agua escurriendo entre sus cabellos. Estornudó antes de comenzar a quitarse la ropa. Al momento de secarse el cabello, recibió un llamado a su celular. Era de su hermana.

- Cosette, petit femme.- La saludó, sentándose resignado en una esquina de su cama. Las cortinas, abiertas como era lo usual en su departamento, permitían ver la caída de la lluvia, que había aumentado su volumen de precipitación considerablemente en los últimos minutos, como queriéndole decir que, si su vecino del edificio continuo no lo hubiese mojado, la lluvia lo habría hecho; como si le advirtiese que no era posible sustraerse de lo que irremediablemente sucedería con la inoportuna intervención de su hermana –inoportuna para Francis, oportuna para nosotros- justo cuando necesitaba secar su cabello mojado.

Las gotas mojaban su polera recién cambiada, robándole a su espalda el poco calor que había recuperado luego del chapuzón.

-Oui, oui. Il n'y a pas de problème.- Se levantó con el objeto de cerrar las cortinas, impaciente por pronto dar término a la conversación, caminando de un lado para otro al tiempo que movía nerviosamente sus piernas; se detenía un momento con un paso a medio dar, antes de retomar la caminata, miraba hacia el cielo del departamento, buscando distraerse.

- Pierre ça va bien.- Entró al baño y tomó el secador de cabello, prendiéndolo con el mínimo de potencia para poder escuchar a su hermana, pero con el sonido la mitad de las palabras eran confusas. Estornudó, creándose la vital necesidad de sonarse.

Con tanta distracción aceptó la imposibilidad de continuar ese intento de diálogo y de manera un tanto descortés pero comprensible por su situación se despidió de la menor atropelladamente y colgó.

- Achú… - estornudó. - Horreur-

Se secó el cabello con la mente positiva, él no se resfriaría, tenía muchas citas en los días venideros, debía asistir a sus clases, debía llevar a Pierre al veterinario para que le hiciesen su revisión semestral.

Volvió a estornudar y fue a la cocina a comer algo, sin dejar de estornudar cada pocos minutos. Pensó en revisar por última vez el texto, empero desechó la idea.

Pierre, con la cabeza un poco ladeada y una mirada curiosa, le pió en demanda de alimento.

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- Algún tiempo atrás, pensé en escribiiiiirleeeeee. Que nunca sortee, las trampas del amor.-

Yao miró con cara de fastidio al argentino, llevaba un buen tiempo cantando. Partió como un tarareo en voz baja y fue aumentando el volumen hasta el tono actual. Martín no cantaba mal, pero Wang deseaba relajarse un poco con la música tradicional de su cultura.

- Ya que el amooooor.-

- ¡Silencio-aru!- Explotó el chino, levantándose y dirigiéndose a una ruma de CD's en la trastienda. Martín, consternado por haber sido detenido en plena canción, enmudeció y enderezó la espalda, sacando pecho. No le molestaba que lo hiciesen callar, pero no comprendía –o fingía no comprender- como alguien podía desperdiciar la oportunidad de escuchar su grossa voz.

Se levantó y siguió a Yao, quien ya elegía la canción que quería para ambientar el local. Buscó una escoba en un diminuto armario en silencio y con la cabeza gacha, a pesar de que una sonrisa se dibujaba en su rostro. La arrastró con cuidado y buena voluntad por el local bajo la desaprobatoria mirada del mayor, quien pronto soltó un bufido y le quitó el objeto de las manos.

- ¡Ya lárgate-aru y ve a saciar tu hambre de locura-aru!-

Martín lo miró sonriente, sin irse.

- Sho quiero quedarme y ayudarte. En serio que no hay nada más zarpado que acompañarte.-

- Volverás después-aru.- Yao dio por terminada la conversación y le golpeó la espalda con la escoba, apurándolo a irse. –Estos niños de hoy no respetan lo que les dicen sus mayores-aru.-

Martín fue empujado a escobazo limpio fuera del local. Yao le cerró la puerta y bajó las persianas, impidiéndole ver el interior de la tienda. Cuando el argentino intentó abrir nuevamente la puerta, descubrió que estaba cerrada.

- Yao, che. ¿De verdad no querés compañía?- Nadie le contestó.- Yao, sho sé que podés entenderme, abrime la puerta. Quitá el pestisho.- El argentino, rendido, probó a hablarle en inglés. Era una lástima, estaba casi seguro de que el chino comprendía lo que le decía. – Let me stay with you, Yao.- Esperó unos minutos más, pero nadie le abrió. Resignado y con tristeza por los sentimientos del asiático, se alejó.

Yao Wang, recostado sobre el mesón y ocultando el rostro entre sus brazos, intentaba olvidar que hace diez años había llegado a ese país maldito del que nunca lograría salir por una estafa. Intentaba olvidar que hace diez años perdiera el contacto con su hermano.

(A veces Yao no podía evitar preguntarse si el chico todavía vivía en el sector de Hong Kong o si había desecho el camino que ambos recorrieran para salir del país al no regresar su hermano mayor.)

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Arthur estaba feliz; le habían encargado que realizara una segunda edición de un libro de Muriel Barbery; había leído la traducción; un buen trabajo considerando lo poético que es el idioma francés y la cantidad de comparaciones y menciones que hacía el libro. Su labor era la de realizar una edición más simple. Un resumen, a fin de cuentas.

Se sentía dichoso por el nivel del encargo; no era cualquier libro y sería un trabajo titánico simplificarlo; las menciones podía dejarlas fuera, pero eso quitaría parte del encanto central del narrador. Otra opción era quitar los capítulos o los sucesos que no fueran relevantes, mas existían capítulos que eran bastante puntuales, además de que debía tener en consideración el cambio de narrador que sucedía constantemente. Realmente algo difícil, pero lo atraía; significaba que su trabajo era bien evaluado por sus superiores.

En el camino se detuvo enfrente de un hospital, donde un chico de cabello castaño conversaba con las personas que entraban y salían, escuchando sus dolencias e intentando reconfortarlos. Abrió su billetera y contó el dinero que llevaba encima.

- ¡Feliciano!- Lo llamó. El menor se sobresaltó al oír su nombre. La mujer con la que conversaba le agradeció su buena disposición y se alejó, al tiempo que Kirkland caminaba hacia el asustado italiano.

- Tú… eh… Arthur, ¿no? El cliente de Emma…-

- Sí, yo.- Arthur se detuvo en frente suyo, mirando en diferentes direcciones por si a algún guardia o policía se le ocurría aparecer de improviso y cumplir con su trabajo. – Vengo por un poco de verde.-

- ¿Verde?-

- You know.-

- Eh… ¿Un qué perdón?-

- Mota, retrasado.-

-No sé de que me habla.- Arthur se masajeó los ojos, por eso no le gustaba comprarle a Feliciano.- Y no es necesario insultarme.- El italiano sonrió.- Sin insultos y con mucha pasta el mundo es un lugar feliz en que no se necesitan drogas.- "¿Tú quieres vender o trabajar en un centro de rehabilitación?"

- Pasto.-

-…-

- Porro.-

- P-perdón, no-no entiendo.-

- ¡Cannabis Sativa!- Le gruñó, exasperado. No entendía como Emma y Lovino podían trabajar con gente de tan pocas luces. Pero al menos ahora Feliciano había comprendido…

- Tal vez lo que me intentas decir es que quieres una exquisita pasta con salsa de verduras~- Arthur casi desfallece. Le daba un poco de vergüenza decirlo de manera tan directa frente a alguien que apenas conocía –casi siempre le compraba a Emma- y se sonrojó imperceptiblemente al quemar su último cartucho.

- M-marihuana.-

- Ah, podrías haberlo dicho antes.- Feliciano sonrió más ampliamente mientras abría su mochila y buscaba dentro. – Debo tener por aquí… no se vende mucho, ¿sabe? Viene gente con nombres raros, parecidos a los que usted mencionó, pero nosotros no vendemos esas cosas.-

Arthur suspiró, intentando olvidar su exasperación. Volvió a mirar en todas direcciones, mas nadie parecía reparar en ellos.

- Mira, aquí hay.- Feliciano le mostró una bolsa de papel. –Pero si lo que quieres son cogollos no puedo darte… para la salsa no importa de todos modos.-

- Yo no los quiero para…-

- Quedan bien con la salsa de champiñones… ¡Para la lasaña es lo mejor! –

- Comprendo, pero yo no… olvídalo.- No era deber suyo rendirle cuentas al menor de los Vargas sobre lo que haría con la hierba. Feliciano se disponía a darle el vuelto cuando Arthur lo detuvo, impulsado por el recuerdo fugaz de la sensación que tenía en su cuerpo la noche en que ayudó a Ekaterine. – Dame un mefobarbital.-

Feliciano buscó entre sus cosas y sacó una pastilla.

- ¿Sólo una?-

- Yes… is for try.- Arthur se la arrebató de la mano y se fue sin despedirse, confundido por la razón que lo llevó a gastar dinero en una droga que no estaba en sus planes comprar. "Es para dormir. Las discusiones del departamento de al lado no me permiten dormir." Se auto convenció.

Feliciano lo vio alejarse, cuadrando los precios en su mente.

- No me pagó todo, ve~.-

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Se sentía mal. A pesar de que era tarde no se había podido levantar, la frente le ardía y su boca se sentía pastosa; por más que bebiera agua, su saliva continuaba espesa. Cosette entró con una bandeja y el desayuno.

- Merci.- le agradeció, incorporándose y cruzando las piernas para recibir el alimento. Cosette se sentó a su lado y picoteó un poco de su plato.

- ¿Algo más que quieras que haga?- Francis se dio el tiempo de beber de su taza de café antes de responder.

- ¿Podrías ir a mi local y avisar que no habrán clases por una semana?-

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Arthur empujó la puerta, sin encontrar a nadie más que a Lily practicando a esa hora. Había salido de su casa más temprano de lo habitual por los acontecimientos que se sucedieron a su encuentro con Feliciano.

Caminó a su departamento se detuvo en un pequeño local para comprar ingredientes para las comidas de la semana. En caja se dio cuenta de que el dinero no le alcanzaba para pagar todo, rumió unas cuantas maldiciones en contra de los italianos y de como te hacen gastar más dinero del que te puedes permitir; estaba seguro de que Feliciano había armado todo ese teatro sólo para sacarle más dinero. Tuvo que devolver algunos alimentos –principalmente tallarines, después del discurso de Feliciano y de su supuesta usura ya no quería comerlos- y decidir que era lo más urgente por conseguir. Más importante que eso, debía llevar su ropa a casa de Manuel para lavarla.

Una vez en su departamento, no alcanzó a sacar el libro que debía resumir de su bolso cuando su casero tocó a la puerta. Le abrió de mala gana; el arriendo lo tenía al día, eso no podían negárselo, lo que se podía traducir como una visita por quejas. Tal vez fuera el volumen de la música, o nuevamente Caroline había atacado a algún perro faldero del bloque.

Abrió la puerta y la gata, como previendo que la amonestación sería referente a ella, se escurrió por entre sus piernas, escapando.

- Caroline… ¡Tante Meggie!- La minina se detuvo, incapaz de ignorar el segundo llamado. Se devolvió, al tiempo que Arthur intercambiaba saludos de buenas costumbres con e hombre.

- Vengo por un asunto muy puntual.- Le explicó.- Queremos fumigar el bloque y para eso necesitamos que los habitantes se desplacen por un pequeño periodo de tiempo.-

- ¿Me está echando, caballero?-

- No, le aviso que en dos días a más tardar deberá tener todo ser vivo o alimento fuera del bloque, por su propia seguridad.-

- Es usted muy oportuno por avisarme con un plazo tan amplio, gracias.- Ironizó.

- Usted es el único que no parecía enterado.-

-No recuerdo haber aceptado algo como una fumigación. Aunque me gustaría deshacerme de ciertos seres molestos- Arthur lo miró con disgusto, recogiendo a Caroline del suelo.

- Se encuentra establecido en los gastos comunes de este mes.-

- Yo ya pagué la renta, ¿significa que el contrato se detiene temporalmente? Supongo que me cobraran menos.-

- Fue aceptado en la junta vecinal.-

- Igual que el derecho de venir con idioteces, si claro. Que tenga un buen día.- Arthur le cerró la puerta en la cara, sabedor de que su casero había cumplido con informarle y que no podía vivir en su departamento mientras durase el proceso de fumigado.

Como no tenía plantas en su departamento –de tenerlas no le llenaría los bolsillos a Lovino- devolvió las bolsas con los alimentos recién comprados a su mochila y partió con varias horas de antelación a sus clases de baile, dispuesto a tener toda la tarde libre para buscar un hogar temporal.

"Gracias a La Reina; ahora tengo la tarde libre." Pensó, para luego darse cuenta de que había caminado hasta allí por nada. Al verlo, Lily se acercó para saludarlo y comunicarle que Francis todavía no llegaba.

-Seguro está atrasado, los franceses tienen una peculiar percepción del tiempo.- Lily se rio con sus palabras, al tiempo que sostenía el extremo de una de sus trenzas y buscaba puntas partidas. Arthur se sentó en la viga de equilibrio y Lily continuó elongando. De pronto, Arthur cayó en la cuenta.

- ¿Cómo entraste?-

- Tengo copias de las llaves.- Lily abrió sus piernas, bajando su cuerpo hasta tocar el suelo. Luego estiró sus brazos hacia el frente, su cuerpo en paralelo al piso. Cuando su mejilla tocó la superficie, agregó.- Francis me las dio.-

Arthur asintió, separándose de la viga y colocando un pie sobre ella, para luego tomarse la punta del mismo con la mano contraria.

- Es extraño que falte, suele avisar cuando eso sucede.- Le informó Zwingli, levantándose y dando saltitos con las manos en la cintura, sin doblar las rodillas; debía darse el impulso únicamente con los tobillos. Arthur cambió de pierna.

- ¿Cómo has estado de… tu sabes, eso?-

Lily, sin detener sus saltos y con la respiración levemente agitada, le respondió.- Mi hermano me ayudó a superar la anorexia. –Arthur se tensó al escuchar la palabra; sentía que, al tener el caso de Lily cerca suyo, el término era fuerte de oír. Pero la rubia no mostraba signos de molestia.

- ¡Qué rápido! Apenas han pasado unas cuantas semanas.- Arthur sonrió, aliviado por la menor.

Lily no respondió tras la aceptación de su mentira. Su hermano creía que estaba mejor, pero su intento por ayudarla había devenido en un trastorno peor. Excusándose, salió del local con su mochila en la mano, cerró la puerta tras de sí y se dirigió al patio pequeño de la galería. Allí, un niño de cabello blanco y ojos púrpura la esperaba, arrojándole piedras al animal que había robado del zoológico para que éste se las trajera.

- Disculpa, ¿te hice esperar mucho?-

Emil la miró intentando no mostrarse efusivo.

- No demasiado.-Lily se le acercó y puso en sus manos una cajita de plástico con su almuerzo.

- Ten, devuélvemela sin nada, por favor.- Lily intentó sonreírle, antes de alejarse corriendo. -¡Considéralo un regalo!-

El chico, nada más desaparecer ella de vista, se sentó en el suelo, con un leve sonrojo. "¿Esto está bien?"

Lily se apresuró en entrar al local. Cuando cerraba la puerta, una chica de piel mulata la detuvo. La dejó pasar, pensando que era otra alumna.

- ¿Hay alguien más aparte de ti?-

- Sí, un chico…- Sin dejarla terminar, Cosette entró a la sala de prácticas, casi traumándose con lo que allí encontró.

Arthur, con unas calzas negras, calcetines blancos y una polera deportiva y ajustada de color también negro, sujetaba una de sus rodillas a la altura de su oreja, con las piernas completamente abiertas. El de ojos verdes inmediatamente bajó la extremidad, mirándola en una mezcla de bochorno y enojo.

- ¿No te enseñaron a tocar?-

Cosette, incluso repuesta de la impresión, olvidó darle el espacio necesario a la menor para pasar, quedando Lily en la habitación de espera, mirando la espalda de la mulata y las coletas que caían.

- P-p-permiso…- Intentó decir, cuando la de cabello negro habló.

- Tanto como a ti te enseñaron a ser hombre. Hasta yo soy más masculina que tú, y esa posición la hago mejor.-

Una chispa pareció crearse entre ambas miradas, sin saber Arthur como redirigir el insulto. Le había herido su orgullo el comentario respecto a ser poco hombre.

- Eres una… bloody…- Lily los interrumpió.

- ¿A qué vino, señorita?- Bonnefoy se volteó y se hiso a un lado para dejarla pasar, o al menos, para permitirle la vista de todos los interlocutores.

- Ah, sí.- La chica de coletas, miró el techo, dirigiéndose a la de trenzas.- Francis no podrá venir hasta nuevo aviso. Está resfriado.-

- Eso explica el que tardara tanto.- Lily se dirigió a Arthur con sus ojos abiertos y sin pestañear.

- Yes… I'll leave.- Le respondió, sentándose en el suelo y principiando a calzarse las zapatillas. –Bloody french.- lo oyeron murmurar, claramente molesto por haber hecho el camino para nada.

- ¿Y tú quien eres?- Inquirió Arthur.

- Es la hermana de Francis.- Le contestó Lily en lugar de la francesa, quien tras el "bloody french" lucía entre contrariada y enojada. Tras la respuesta de la rubia, Cosette sonrió.

- Bien, yo sólo vine a eso, el último en salir cierra la puerta.- Cosette no pudo salir inmediatamente, puesto que la menor de los Zwingli le tapaba el paso.

- ¿Te recogerá tu hermano? ¿Tienes como llamarlo?-

- N-no tengo celular, pero gracias por su preocupación, lo llamaré desde un teléfono público. Adiós, Arthur.- Lily se despidió y se salió del camino de la mulata adentrándose en la sala de espera. Recogió sus cosas y salió a la par que Cosette. Afuera, ambas chicas pensaron en despedirse, pero la mayor se ofreció a acompañarla hasta que su hermano fuese a recogerla.

A medida que se alejaban por el pasillo, Emil Bornjen las espiaba desde el patio final, debatiéndose entre seguirlas para devolverle a Lily su lonchera o no. Cuando ya sus voces no se oían, se decidió por lo primero, ya incapaz de seguir fingiendo despreocupación. Espantó a una gata que se agazapaba cerca de Mr. Puffin y corrió en dirección a la salida.

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Arthur se vistió de mala gana; de haber sabido que el idiota de Francis no iría no se hubiese cambiado cuando Lily abandonara por unos minutos la habitación. Recogió sus cosas y cerró con llave el local, acercándosele con sigilo Caroline.

La gata saltó a sus brazos.

- Vinimos por nada, Caroline.-

- Miau.-

- Se supone que los horarios eran flexibles y no sé que otro cuento.-

- Miau.-

- Tienes razón, no pienso pagarle para nada.-

- Miau.-

- Si soy capaz de imponerme. Contraté un servicio y no consentiré que no me lo den.-

Caroline calló, sabiendo que su amo estaba lejos de escuchar cualquier razonamiento. Mas comprendía que, después del aviso sobre fumigación, Arthur no estaba de humor.

Y sin nada más que maullar, Caroline dejó que Arthur la llevase hasta el departamento de Francis.


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Intento de Glosario

Mozo: Tal vez lo hayan (¿de haber?)oído, también se les dice meseros o garzones.

Parlanchina: ¿es una palabra usada en todas partes, no? Habladora.

Polera: Remera, camisa.

Muriel Barbery es una escritora francesa, un libro muy conocido suyo es "la elegancia del erizo"

Arthur utiliza muchos términos para referirse a la marihuana, tal vez conozcan alguno (depende del país en que vivan) Y lo que dice Feli sobre como usarla en salsas es invención mía... creo.

Argento:

La canción que canta Tincho es "Música ligera" de Soda Stereo. (Grupo argentino muy conocido)

Grossa(o): bakán, chévere, que la lleva, que es la neta, algo que es muy bueno.

Zarpado: Genialoso (?)

Yao, che. ¿De verdad no querés compañía? Yao, sho sé que podés entenderme, abrime la puerta. Quitá el pestisho: Yao, ¿de verdaad no quieres compañía? Yao, yo sé que puedes entenderme, ábreme la puerta. Quita el pestillo.

Inglés:

The music is so noisy!: ¡La música está muy fuerte! (Literalmente; la música es tan ruidosa. No soy una experta en inglés, lo siento Uu)

Let me stay with you: déjame quedarme contigo.

Yes… I'll leave. Bloody french: Sí... me voy. Maldita francesa.

Francés:

Petit femme: mujercita

Oui, oui. Il n'y a pas de problème: Sí, sí. No hay problema (¡Gracias tío por a traducción!)

Pierre ça va bien: Pierre está bien.

Horreur: Horror.


Sé que va lento, pero este fic es de varios personajes con historias paralelas, además de que la trama no es exactamente el romance. Recibo sumarios, puesto que ¡al fin empezó a verse la real trama de la historia! Espero que se den cuenta cuál es... irá empeorando y empeorando. A partir del próximo capítulo habrá más FrUK.

Próximo capítulo: Ludwig

Y el que le sigue... exacto, ese mismo.