Disclaimer: No (suspiro) La Saga Elder Scrolls no me pertenece...
N/A: Comentario al final. Difruten el cap!^^
Abrió los ojos.
La cabeza le dolía más de lo que podía soportar, parecía que alguien la hubiera golpeado con una roca o una maza.
Sus manos estaban sujetadas con firmes correas de cuero. Se sentía entumecida, veía borroso y los sonidos le llegaban distorsionados.
¿Qué había pasado? Trató de recordar pero eso sólo logró incrementar el dolor de cabeza.
¿Era un carro de madera en lo que estaba? Debía serlo, el traqueteo de las ruedas, el aire helado…Respiró profundamente, como para calmarse…Aire helado. Skyrim.
—Ey, tú, al fin has despertado—le llegó una voz masculina. Dirigió su vista hacia un hombre nórdico, con el cabello hasta los hombros,rubio, que estaba sentado frente a ella. Tenía las manos atadas también. ¿Acaso estaban prisioneros? —Intentabas cruzar la frontera ¿no? Fuiste a caer en la emboscada imperial, como nosotros y ese ladrón de ahí.
¿Los imperiales? Ella era una fiel ciudadana del Imperio, no…no habría hecho nada en contra de su propio hogar…
La vista se le fue aclarando y pudo ver que el nórdico vestía la armadura de los Capas de la Tormenta. "Rebelde" pensó. Pero el líder de los Capas de la Tormenta no tenía mucho poder…no hasta donde ella recordaba.
¿Cuántos años había estado fuera de su región? ¿Tres, cinco? ¿Tal vez más? Diez...¿verdad? Había dejado Riften a sus trece, se había ido con su hermana a Cyrodiil y después había crecido y había vivido en Morrowind…un par de años.
—Oh, malditos Capas de la Tormenta, Skyrim estaba muy bien hasta que vinieron. El Imperio era perfecto. Si no te buscaran, podría haber robado ese caballo y ya estaría a medio camino del Páramo del Martillo—los ojos de la muchacha miraron al costado del rubio. Otro hombre, de cabello castaño, era quien le hablaba. —Ey, tú y yo no debemos estar aquí. Es a esos Capas de la Tormenta a los que quiere el Imperio —el hombre indicó con un movimiento de cabeza al rubio.
—Atados, todos somos hermanos y hermanas, ladrón.
—¡Silencio, ahí! — la seca y rasposa voz del soldado imperial que conducía la carreta, resonó.
—¿Y qué pasa con él? —preguntó el ladrón en voz ligeramente más baja. Miraba al costado de ella.
Ella miró al hombre a su costado, era alguien importante. Tenía una mordaza en la boca y sus manos al igual que la de los otros prisioneros estaban atadas. Lo distinto era el traje: piel como capa y una armadura fina bajo esta.
—¡Cuidado con lo que dices!¡Estás hablando con Ulfric Capa de la Tormenta, el veradero rey supremo de Skyrim! —advirtió el rubio, con repentina furia.
—¿Ulfric, el jarl de Ventalia? —el ladrón de caballos estaba más horrorizado que nunca—Tú eres el líder la rebelión. Pero si te han capturado…¡Oh, dioses!¡¿A dónde nos llevan?!
—No sé a dónde vamos. Pero Sovngarde aguarda. —le espetó el nórdico rubio.
—¡No, no, esto no está pasando!¡No está sucediendo!
—¿De qué pueblo eres, ladrón? —preguntó el rebelde de pronto.
—¿Por qué quieres saberlo? —le respondió el otro.
—Todo nórdico debe dedicar sus últimos pensamientos al hogar. —dijo el rubio en voz baja.
—Paraje de Rorik. Soy del Paraje de Rorik.
Ella miró el panorama. Se acercaban a lo que evidentemente era un pueblo con un puesto imperial. Se veía un arco, parte de una muralla de piedra, a la entrada. Más allá parecía haber unas cuantas casas y una torre.
Los dos carruajes entraron.
—General Tulio, lo están esperando, señor. —alcanzó a oír a un soldado.
—Bien, acabemos con esto. —respondió el general.
El ladrón se puso a orar a los dioses.
—Míralo, el General Tulio, gobernador militar. —Por lo que ella pudo observar en los pocos segundos que lo vio, el general Tulio era alguien entrado en años, un veterano de guerra. Y sacando conclusiones, debía de ser el líder de los Imperiales por la deferencia con que lo trataban. —Y parece que los elfos lo acompañan. Seguro que esto tiene algo que ver con ellos. —Mientras se alejaban, logró ver a tres aldmers.
Altos elfos en Skyrim.
Imposible. ¿De cuándo acá los aldmers tenían voz o voto en las decisiones militares?
—Esto es Helgen— dijo el rebelde— Solía llevarme muy bien con una chica de por aquí. Me pregunto si Vilod aún hará esa aguamiel de frutos de enebro…Es gracioso, de niño las murallas y torres imperiales me hacían sentir a salvo.
El carruaje dobló una curva, y dejó de verlos. Escuchó como un niño pedía ver lo que les iba a pasar a los prisioneros. Se preguntó cuán cerca estaría de la muerte. Y si es que realmente iba a morir así. En su hogar…y sin recordar casi nada.
Entraron a lo que parecía una pequeña plaza. Los soldados imperiales abundaban. Una soldado que parecía ser la capitana gritó algunas órdenes. Y antes de que ella pudiera darse cuenta, la estaban obligando a bajar del carruaje.
El dolor de cabeza aumentó considerablemente y se sentía mareada. Pensó en escapar, pero estaba demasiado débil. Llamaron a los otros prisioneros por nombre y lugar de origen.
Ulfric Capa de la Tormeta, de Ventalia. Lokir, de Paraje de Rorik, el ladrón trató de escapar y fue muerto casi en el acto por un par de arqueros. La visión se le nubló un poco ante la posibilidad que le aguardaba si es que ella imitaba al Lokir.
Ralof, de Cauce Boscoso. El rebelde se adelantó al oír su nombre y fue dirigido al costado de los carruajes, junto a los otros prisioneros.
Su nombre no estaba en la lista, pero evidentemente eso no detuvo a la capitana, porque dio un par de órdenes terminantes y ella fue dirigida junto con los demás. Al tajo.
Escuchó a una sacerdotisa que al parecer era la encargada de darles los últimos rituales previos a la muerte, pero en medio de su discurso, un joven soldado la interrumpió.
—Mis ancestros me están sonriendo, ¿pueden decir lo mismo, imperiales? — gritó el chico antes de que el hacha del verdugo cayera sobre su cuello.
Los soldados rebeldes lanzaron un par de imprecaciones contra los imperiales.
—Valiente en la vida como en la muerte. — dijo Ralof.
Ella miró adelante. El cadáver decapitado del chico había caído hacia ella y podía ver la sangre mojando el suelo lentamente. No le dio nauseas, sólo sintió aún peor el dolor de cabeza. Era demasiado como para que pudiera manejarlo. Acababa de despertar y lo primero que hacía era asistir a una ejecución.
—Ey, tú, prisionera. Al tajo. —la señalaron.
Fántastico,eso era lo que hacía, asistir a su ejecución.
Un rugido atravesó el aire.
—¿Qué fue eso? —preguntó alguien.
—Nada. —replicó la capitana cortantemente. —Siguiente. Tú.
El soldado que llamaba la lista le dijo algo, a lo que no prestó mucha atención. De todas formas, la información se estaba procesando realmente lento en su cerebro.
La obligaron a arrodillarse y a poner su cabeza en el tajo. Su visión se limitaba al verdugo, la torre y un pedazo de cielo.
Otro rugido. Casi como alaridos de alguna bestia…
El verdugo alzó su hacha.
Desde su punto de vista vio una sombra. Veloz.
Algo así como un…
—¡¿Qué ,por Oblivion, es eso?!
El verdugo perdió el equilibrio en el instante que un dragón negro aterrizó bruscamente sobre la torre.
El dragón la miraba.
Ella escuchó unas palabras. Raras. Antiguas.
Y cayó desmayada a un costado del tajo.
Bueeenooo, lo siento mucho por la espera. Pero las buenas noticias es que ahora la publicación es semanal. (Me encanta complicarme la vida…^^)
Ok, sí, sólo por si acaso, mi protagonista sí tiene amnesia. Pobrecita...
En fin, espero que les haya gustado, lamento mucho si en un momento la lectura se volvió como que muy pesada, lo que pasa es que quería hacerlo fiel al juego…pero ya veo que no me está saliendo así que voy a cambiar de estrategia. También lamento si es que hay alguna oración cortada, o en alguna parte la descripción se corta como si nada. Por algún motivo, el editor de fanfiction no me deja corregir esos errores. Si alguien sabe como hacer que eso pare, le agradecería un montón que me lo dijera.
Siguiente cap: Liberación.
¿Review?
