4910 palabras. Disculpen que aquí no aparezcan ni Kiku ni Herácles, aunque deberían :C pero igual en el próximo capítulo se sobreentenderá su situación por lo que no importa... creo.

Escribo sin fin de lucro.

Disclaimer: Hetalia Axis Power y todos sus personajes -los preocupados por una u otra razón- pertenecen a Hidekaz Himaruya.

Advertencias: Insultos por parte de... bueno, de todos, todos están estresados, hay que entenderlos. Alemanes con bocotas. Italianos molestos. Ingleses hastiados. Bielorusas y una micro-uzi. Rusos espectadores.

PD: Ya recordé por qué el capítulo anterior se llamaba Manuel... originalmente Matt traducía un poema de los que le robó y se lo leía a Alfred y cosas... pero me dio vergüenza (la poesía es complicada) y no lo quise poner aunque ya estuviese escrito.


La Torpeza de tus Pasos: Capítulo 15: Iván

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Sus brazos y su espalda temblaban en sacudidas rápidas e informes. Sus párpados también tiritaban mientras la mezcla de la luz de los focos de un auto y la oscuridad de la noche se alternaban en sucesiones rápidas. El miedo le engrifaba los músculos. Su cuerpo pesaba y lo sentía caer, mas él no debía caer; si lo hacía sería aplastado por las ruedas. Apretó las manos sin sentir ningún manubrio, llegándole los temblores a éstas nuevamente.

Abrió sus ojos, más lentamente de lo que hubiese querido. Los antebrazos le cosquilleaban y todo su cuerpo pesaba. Estaba tendido: eso fue lo primero que logró comprender. Antes de establecer donde se encontraba, el cuerpo comenzó a dolerle: en un principio fue un leve calor, luego incrementó hasta ser más fuerte de lo que esperaba. Se quejó como un perro herido y le respondió el ruido de una silla al ser corrida.

- ¿Arthur, despertaste? Despertó, mierda, llamar a Matt, llamar a Matt, mi celular. No te muevas, llamaré a Matt.-

Puta. ¿Y cómo holy shit esperaba que se moviera?

- No te muevas, dijeron que no podías, el médico. Arthur no te mue… Matt, ya despertó, ¿qué tengo que hacer? Sí, pero nunca me han pasado esta clase de cosas… ¡yo no sé, no me grites, mamá te va a oír!-

Oh, el ruido. Ese era Alfred gritando. Arthur no quería que gritara, quería verlo claramente, sin que se moviera de un lado a otro. Alfred podía parar esa sensación, ¿o no? ¿Qué estaba pensando? El corazón se le contrajo: tenía miedo y sentía la adrenalina correr por su cuerpo otra vez.

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A Iván le gusta el blanco. Le recuerda la nieve, el hielo, y el calor compartido con alguien más.

A Iván le gusta el rojo. Le recuerda la sangre, la vida y las marcas que pueden dejar las caricias.

A Iván le gusta el rosado. Le recuerda su vieja bufanda, las flores y los botones del delantal que vestía Ekaterine dieciocho años atrás.

Pero por sobre todo, a Iván le gusta ver el blanco, el rojo y el rosado unidos en un único cuadro, recordándole la nieve, el hielo, el calor compartido, la sangre, la vida, las marcas que dejan las caricias, su vieja bufanda, las flores y los botones del delantal de su hermana.

No fue su culpa.

Gilbert fue quien le pidió que lo fuese a buscar. Por supuesto que podía hacerlo, pero debía esperar a que le devolvieran su camioneta. Si estaba manchada, eso sí, tendría que lavarle el parachoques primero.

Fue Gilbert quien decidió movilizarse por su cuenta, contactar nuevamente a Manuel y a otras personas, quien llamó a carabineros, quien decidió pasar la angustia de buscarlo. Fue Gilbert el que acompañó a quienes recibieran una llamada sobre un choque en la carretera.

Y fue Gilbert el que volvió a casa en ese estado nervioso. El simplemente lo ayudó.

Con ese "mierda, mierda, mierda, de ésta no se salva dos veces" se vio obligado a apoyar a su amigo.

Tal vez debió detenerse con el décimo "no". Pero debía estar seguro que el albino no se fuese a arrepentir luego de sus palabras, por lo que prefirió esperar al décimo quinto no. Hay que asegurarse.

- Ya me disculpé.-

- Ya lo sé.-

- Pero, Gilbert, ya me disculpé.-

- ¡Ya sé, deja de insistir! No me molesta lo que hiciste, me molesta el momento. Entiendo que no hayas podido resistirte a mi atrayente persona, pero, ¿tenías que decírmelo cuando Arthur podría morirse? ¿En serio? Esto no es un juego, Iván.-

- Sé que no es un juego, pero no había nada más que pudieras hacer. Te veías muy mal, muy tenso.-

- ESTABA muy mal y muy tenso.-

- ¿Entonces actué bien?-

- Sí, Iván, tanto que me dejaste sin habla.-

- Pensé que fue mi lengua la que te dejó sin habla, ¿eso que dijiste es bueno o malo?-

- Fue SARCASMO.-

- Ah… ¿pero estuvo bien, cierto? ¿Te gustó? ¿Saldrías conmigo? Si te gustó y sales conmigo puedo besarte muchas veces al día y cada vez que lo desees.-

- No quiero salir contigo, Iván… tengo una novia.-

- Es la primera vez que escucho eso, ¿no que no te gustaban las mujeres?-

- Pero ella es la excepción, es tan marimacha que parece hombre.-

- Creo que te estás inventando todo.-

- Sal de mi cuarto.-

- Es mi casa.-

- Es mi aire.-

- Es el aire de todos.-

-…-

- El otro día mirabas a mi hermana. Mi cuerpo es como el de mi hermana.-

- Largo, me duele la cabeza.-

Lo miró con tristeza, esperando captar la mirada del albino, mas Gilbert tenía la cara cubierta con la almohada. No le creía su discursito. Si sinceramente le hubiese molestado, no le habría correspondido ni al beso ni al abrazo ni a las palabras.

- Creo que no has comprendido bien lo que te digo. Me gustas, y si tengo que picarte en trocitos y guardarlos en el refrigerador para tenerte, lo haré, ¿me comprendes? Dime que comprendes.-

Dios, la locura obsesiva amorosa era un mal de familia.

- Te comprendo, Iván. ¿Comprendes que vuelvo a mi casa en unos días más?-

Iván bajó aun más la comisura de sus labios, se arrodilló en la cama de su huésped y se inclinó sobre él.

- Pero mientras World Reference exista, nos seguiremos viendo, ¿no es así, Orden? Planeamos ensayar mañana y discutir si aceptar los miércoles de cover.-

El alemán respondió, pero Iván no le prestó atención. Con ambas manos a cada lado del torso ajeno, sonreía para sí, hasta que Gilbert sintió una presión extraña en el colchón y se interrumpió.

- ¿Estás encima mío?-

- Da!- Exclamó Iván, dejándose caer sobre su amigo, quitándole todo el aire y buscando abrazarle.

Gilbert se rindió y lo abrazó. Al menos debía agradecerle de algún modo el tiempo que le permitió vivir bajo su techo.

- Si es verdad eso que tienes el mismo cuerpo de tu hermana…-

- La belleza es de familia, pero a mí me faltan dos senos y me sobran hombros y un pene.-

- Más te valía.-

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Aquél día Lovino se dirigió a Glance Flash con paso firme y su mejor cara de mafioso. Emma continuaba desaparecida, mas él debía guardar la calma y seguir adelante. Lo primero era reestablecer uno a uno los puntos de venta de la belga, aunque tuviese que conseguirse a otro trabajador para ello. Es más, los expandiría, quedarse en ese sector era demasiado poca cosa, él ya estaba a la altura de los grandes –no tan grandes- aunque su labor fuese más minimalista, si así puede llamársele. Los Bálticos siempre trabajaron con poca cantidad y gran calidad. El podía llegar a tener la misma calidad y una cantidad mucho mayor. Podría partir con una única área para crecer. Llevar varias al mismo tiempo lo agotaba; no concebía la idea de un grupo reducido dedicándose a varias áreas a la vez. ¿Sería la organización jerárquica? El podía lograrlo, no por nada era Lovino Vargas.

Se sentó a la barra. Por el momento necesitaba mantener sus ingresos. Una pena tremenda la pérdida de Emma, mas no debía ser demasiado difícil suplirla. Ekaterine estaba descartada, por lo que el mayor de los Vargas pidió un capuchino y se sentó a esperar y a observar.

Le pareció el mismo lugar tranquilo que conociera la primera vez que entró allí. En aquel entonces trabajaba solo y su hermano lo ayudaba de vez en cuando. Los empleados eran otros, lo que era comprensible si pensaba en el tiempo transcurrido.

- ¿Lo conoces?- Preguntó Densen a Martín.- Lleva allí ya demasiadas horas.-

- Yo no sé, recién pidió algo y no lo podemos echar si consume.-

- Lo vi hablar con una mujer.-

- No sabes contar, fueron dos… o tres. Y un caballero.-

- Déjense de cuchichear.-

- ¿No te intriga, Ludwig? Es sospechoso, parece de película, como uno de estos tipos que esperan a que les cambien un paquete, ja, ja, ja.-

- Si crea problemas lo expulso, éste es un lugar tranquilo.-

- Tú no has venido de noche, ¿o sí?-

- ¿Y si vino a buscar alguna mujer fácil?-

- Ese eres tú que re-coge chiquillas de la calle.-

- ¡Berit es una buena chica, y me ama! Claro, no lo dice, pero es por su hermano, se avergüenza.-

- Sí, claro, y yo soy Maradona. Ni siquiera sabes de donde es.-

- Noruega.-

- ¿Y qué hace en Reino Unido?-

- ¿De paseo?-

- ¿Con el hermano? No, allí hay algo raro, yo que tú la investigo.-

- Mira, otra chica.-

- Vaya que es bueno para hablar con la gente.-

Alguien levantó la mano en una mesa y Martín se le acercó. Ludwig hacía rato que estaba detrás de la barra, secando las copas y vasos y mirando furtivamente a Lovino. Densen se rascó la cabeza y suspiró.

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Francis durmió mal.

Cualquiera a quién se le acerque una muchacha extremadamente guapa la invitará a un lugar más tranquilo para conversar. Además, había sido un día magnífico, el anglocejón no se veía por ninguna parte y aquella compañía era el broche de oro, ¿no?

Le preguntó si deseaba comer algo, y ante su negativa, le sirvió una copa de vino. Conversaron un poco, él coqueteando a pesar de los estridentes chillidos de Pierre, quien sentía nuevamente profanado su hogar.

- ¿No hay modo de callarlo?- Preguntó Natalia Alfronskaya, o así decía llamarse la joven.

- No le gusta que traiga invitados.- Contestó Francis, recordando a las únicas cuatro personas aparte de él a las que el ave estaba acostumbrada. De pronto, sintió la ausencia de Arthur y un mal presentimiento lo embargó. Se levantó a lavar las copas mientras le preguntaba a Natalia si quería algo más. Ella no respondió, demasiado preocupada en realizar movimientos tranquilos que no le provocaran dolor en las zonas de su cuerpo en que se incrustaron las balas al sacar su micro-uzi y desplegar su culata.

- ¿Entonces, que dices?- Preguntó dándose la vuelta, encontrando el cañón apuntándole. Si hubiera reaccionado de manera más calmada, tal vez hubiese notado la falta de un supresor de sonido, lo que volvía inverosímil la actitud de Natalia si pretendía que nadie se enterara.

- Los hombres como tú son una mierda, Bonnefoy. Te dispararía con mucho gusto en las bolas, pero mi encargo es otro.-

Se dio un tiempo para que la palidez de Francis se acentuara, su respiración se cortase y sus palpitaciones resonaran en la cocina.

- A alguien no le gusta tu promiscuidad, Bonnefoy.- Prosiguió con un deleite frío.- Como todo puto seguro ni sabes con quien te has enemistado. Posiblemente alguna antigua conquista, o algún marido engañado, o un hermano celoso… ¿quién sabe? Son tantas las posibilidades que me das pena.-

Francis fue incapaz de tragar saliva.

- El mensaje es éste: "o uno o ninguno". Como pareces ser lento te lo explicaré con claridad. Por alguna extraña razón no te haré nada, pero en este momento un amiguito tuyo está siendo llevado al hospital. Si vive o no, no puedo adivinarlo, pero ten por seguro que el que debería estar en su lugar eres tú. Si tanto amas a la gente, déjala tranquila.-

Lo surrealista de la situación lo confundió. Cuando se recupero del susto, Natalia no estaba y podría haber jurado que nunca estuvo allí.

Eduard la esperaba en un taxi, pero eso el francés no podía saberlo.

Por si las dudas, sin embargo, llamó a Antonio, preocupado y evitando que el miedo se notase en su voz.

Luego llamó a Gilbert, mas el albino no contestó, demasiado ocupado en besar a Iván como para escuchar el tono de llamada de Dragon Force.

Pensó un momento, si existía alguna otra persona a la cual llamar. ¿A Vash? ¿A Liliam? ¿A Cosette? ¿A Arthur?

El último nombre fue el que más miedo le causó.

Marcó el número con malestar, pero saltó el buzón de voz.

Tamborileó con los dedos sobre la mesa del comedor sintiendo el día recién comenzado, mientras Pierre saltaba de un lado al otro en su jaula. Entonces Gilbert le devolvió la llamada con su antiguamente usual buen humor.

- ¿Pasa algo Fran?-

- Eh, nada, Gil.- Comenzó a caminar, acercándose hasta su emplumada mascota.- Quería saber si estás bien.-

- Cla-claro que… bueno, sí, estoy bien.-

- ¿Pasó algo? Recién te oías muy alegre y de pronto cambiaste el tono de voz.- Dijo, abriendo la puerta y metiendo la mano a la jaula para acariciar a la avecilla.- ¿Estás con alguien?-

- No… con nadie. Voy saliendo a ver a un amigo, anoche tuvo un accidente.-

Francis se detuvo un momento, instancia que aprovechó Pierre para picotearle los dedos con suavidad.

- ¿Qué amigo?-

- Un amigo, Fran. No creo que quieras saber quien es.-

El rubio apoyó la frente en las paredes metálicas de la habitación de Pierre.

- ¿Arthur? ¿Es él?-

-… Ja, no pensé que fuera a importarte, ustedes se la viven peleando según nos has contado.-

- ¿Qué… le pasó?- Se decidió a preguntarle, retirando la mano de la jaula y dejando a Pierre asomarse con su cabecilla ladeada.

- Lo chocaron cuando iba en su moto, algo así. No le he preguntado, la última vez que lo vi despierto gritaba. Lo llenaron de morfina.-

- A ese drogadicto seguro le gustó.- Comentó intentando sonar ofensivo y no tremendamente culpable como realmente se sentía.

- Arthur no es un drogadicto, Fran. En este momento no me gusta oírte hablar así de él.-

Ambos sabían que mentía en gran parte. Cuando finalmente colgó, minutos después, se dejó caer sobre el sofá. Se sostuvo el cráneo con las manos, sin saber que hacer. Más asustado que nunca. Necesitando a Arthur más que nunca.

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Ambos hermanos se miraron.

- Nos dijiste que no le dijéramos.- Habló Matthew.

- Mamá ni sabe que estamos aquí, yo le dije que acompañaría a Matt a sus clases de español.-

- Reaccionabas cuando te hablábamos ¿realmente no recuerdas nada?-

Arthur estaba recostado; ninguno de sus hermanos se atrevió a ayudarlo a sentarse. Tenía vendas en todo su cuerpo y tenía la impresión que sin ellas se desarmaría en trocitos.

Una hora después un médico fue a revisarlo –literalmente- antes que volviera a dormir.

Durante el tiempo que permanecía despierto solía estar alguien a su lado, normalmente uno de sus hermanos.

Lo que podía sentir –escuchaba bastante, razonaba muy poco y no hablaba nada- era que tenía un trauma cerrado en alguna costilla. Le costaba demasiado respirar. Tenía un yeso en la pierna que recuerda haberse roto cuando el parachoques del auto le dio de costado. Una de sus manos también estaba enyesada, pero no podía precisar la razón, hasta donde sabía sólo se la había torcido al caer. Sentía un dolor bajo y continuo en diferentes áreas de su pecho, abdomen y piernas. Un hombro le dolía.

Eso era lo que él podía sentir.

Al menos la cháchara de Alfred lo mantenía entretenido y conciente de estar vivo.

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Cuando Feliciano entró en la casa del alemán, saludó con una sonrisa a la chica allí presente, iluminándosele los ojos al reconocer a Elizabeta.

A pesar de las caras que ponía Ludwig, Gilbert le agradó. Era ruidoso y egocéntrico, sí, pero también muy divertido y amigable.

Feliciano homenajeaba a la diosa Fortuna con su risa, por mostrarle que las cosas mejoran.

Hasta que Gilbert les pregunta, con un tono de voz que demuestra su irritación, si Lovino sabe de su relación.

Feliciano lo mira con una sonrisa boba, mientras el alemán golpea la mesa con la cuchara. Tal como los dos días anteriores, había visitado a Arthur y era la primera vez que llegaba a almorzar a su casa, por la razón exclusiva de la visita de Feliciano.

Cuando lo niega, hablando en lugar de Ludwig, éste juraría ver en Gilbert el mismo gesto adusto de su padre. Menea la cabeza, desaprobando esa actitud de su hermano mayor.

Y tal vez porque Gilbert quiere lo mejor para su hermano o tal vez porque quiere mejorar sus relaciones con Lovino, deja entrever en su comentario posterior que deberán hacérselo saber.

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A pesar de no conocer al chico que acompañaba a Gilbert, Francis le está muy agradecido. Porque de no ser por ese tal Iván, no lo habrían dejado pasar; nadie paraba las palabras de Gilbert al vuelo con tanta facilidad. Aunque ahora el personal creyese que se trata del novio del inglés.

Pensándolo fríamente, puede que no estén tan alejadas de la realidad (aunque probablemente si le pidiese al mismo Arthur que los catalogara "fríamente" éste diría todo lo contrario).

Gracias a este chico que el supone –su sexto sentido se lo dice- es la pareja del albino –se lo llevó de la mano, no es muy difícil- puede estar sólo con Arthur. Al menos hasta que llegue alguien más, a quién tendrá que decirle que se trata de un amigo o lo primero que se le venga a la mente.

A pesar de haber esperado impacientemente a que ese momento llegara, se siente extraño. Y solo. Terriblemente solo.

Quizá se sentiría mejor si hubiese podido estar con el inglés antes, cuando estaba realmente bajo peligro, e incluso siendo un poco más realista, cuando lo trasladaron a ese cuarto.

O no quizás, sino seguramente, se sentiría mejor si la noche del acto hubiese invitado a Arthur a comer con ellos, o si lo hubiese retenido al menos un minuto para felicitarlo por su buena interpretación –creó la danza a partir de lo que veía en el inglés, después de todo-, o si lo hubiese tenido con él esa velada, haciendo el amor. O teniendo sexo, daba lo mismo el contexto con tal de no tener que verlo así ahora.

Arthur no despertó ese día, o al menos no lo hizo mientras Bonnefoy estuvo allí. Francis, por ello, tuvo mucho tiempo de pensar. ¿Por qué estaba allí? ¿Se sentía tan culpable? ¿Era un mero acto de apariencias? A esas alturas no se creía esas mentiras ni el mismo.

El hilo de sus ideas lo llevó a una muchacha cuyo nombre no recordaba en ese momento –Marianne, Miriam, María, algo así- pero por la que había llegado a tener una discusión con Arthur. A éste no le pareció bonito que el francés estuviese cortejando jóvenes para desvirgarlas –"desflorar, Arthur, son como flores que se abren tímidamente a los primeros rayos del sol"- y luego dejarlas como si nunca hubiesen existido. Esa idea lo llevó a otra mujer, y luego a otra, siendo éstas no más que el recuerdo de algún hecho en específico.

¿Debería decirle a Arthur que ya tenía aprendida la lección? Seguramente se reiría en su cara con palabras denigrantes, lo acusaría de corto de luces por tardar tanto en notarlo y se mostraría altivo por haber vencido moralmente a la rana.

Y Francis, viendo a aquel que era más vendas y sábanas que piel, aseveró para sí que ese precio era completamente justo, si el inglés le daba la oportunidad de estar con él para plantearle su derrota.

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Al despertar, aún con los párpados cerrados (el color blanco del hospital lo abruma) escucha un tecleo incesante a su lado.

Intenta girar la cabeza, descubriendo nuevamente que tiene inmovilizado el cuello, pero quien sea que está tecleando a su lado nota sus –intentos- de movimientos y deja el computador de lado para acercar una silla y sentarse junto a él.

Un índice recorre su nariz rota (Arthur sabe que tiene algodón en los orificios nasales, aunque no se ha visto el rostro todavía) y sus pómulos. Y es tal la costumbre de aquel tacto, que Arthur no puede menos que sorprenderse ante sus elucubraciones e intentar enfocar a la persona en cuestión.

- Bonjour, petit monstre.-

Arthur cerró los ojos. Francis se inclinó sobre él y lo besó con cuidado.

- Vous, mon garçon, êtes un problème. Peut-être que j'aime un problème. Mon...coeur...-

Arthur inhaló profundo por la boca, interrumpiendo al gabacho. Lo miró con intensidad, con unas ganas de echarlo a patadas (como si eso fuese posible) tan grandes como sus ganas de abrazarlo.

- Si hubieses muerto habrías sido demasiado tarde para decirte esto, y sé que tú no tienes ningún interés en mí, pero de todas las personas a las que he amado por juego, eres la única a la que Pierre acepta. ¿Me aceptas tú a mí?-

- De-debo ser un imbécil para aceptar al culpable.-

Francis tomó la mano libre del inglés y la acarició con cuidado. No sospechó lo extraño de que Arthur supiese que él era el culpable, ni de lejos vislumbró la verdadera implicancia de sus palabras.

- Pero… quiero creer.-

- ¿Quieres creer qué? Petit, se te cierran los párpados.-

- We… you and I…-

- Arthur, jamás te lo he dicho, pero me encanta verte dormir.-

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El día en que Gilbert le pasó la propiedad del local a Lovino, era su cumpleaños. Gilbert, con rigidez y lentitud, se aseguró de no dejar nada de lado, desde impuestos hasta promesas escritas sobre el acto en sí.

Fue una acción tan poco personal, que no fue necesario demasiado diálogo de las partes al momento de transferir definitivamente la propiedad. No fue necesario ni hubiese sido necesario. Pero como siempre, Gilbert debía tener la última palabra.

- Adiós Lovino, saluda a Feliciano de mi parte.-

- Claro que lo haré, como si fuese a darle los saludos de una patata podrida a mi hermano, hijo de puta, ¿a nombre de quién se los doy? ¿De tu orto mal follado? Aléjate de mi hermano, pedazo de mierda.-

Gilbert, picado, contestó sin pensar.

- Yo me acerco si quiero, no dejaré que alguien de tu familia arruine a mi hermano, por muy amable que luzca.-

- Me vale verga tu hermano.-

- Al tuyo parece importarle la verga del mío.-

Lovino, ya de por sí bastante irascible, estaba rojo de la rabia.

- ¿Qué insinúas, Beilschmidt?-

- Pregúntale a tu hermanito.-

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Arthur y Gilbert discutían. Manuel miraba por la ventana, ya acostumbrado a las conversaciones del baterista y del guitarrista desde que Arthur comenzó a hablar fluidamente. E incluso de antes. Eran el alemán y el inglés después de todo, y el primero quería celebrar su cumpleaños el dos de septiembre.

- Faltan siete meses para eso, no tiene sentido, Gilbert.- Regañó amenazando con golpear al albino con su mano buena.

- Me gusta la fecha, ¡y mi cumpleaños merece ser celebrado!- Insistía el mayor arrodillado junto a la cama (Arthur, a estas alturas, odiaba las camas).

- Nadie te dijo que no lo festejaras.-

- Pero tú estás aquí.-

- Y seguiré aquí hasta que decidan que no tengo nada en el cerebro y me pueda parar. No creo que vayan a tardar tanto…- Se escuchó como llamaban a la puerta. Gilbert se levantó y fue a abrirla.- y aunque lo hicieran, qué importa si falto.-

Gilbert saludó con un gran abrazo al recién llegado, Manuel, con un escueto hola y cohibiéndose al ver el ramo de flores. Inventando una excusa tomó al albino de la muñeca y le pidió que lo acompañara.

Al quedar solos, Francis se agachó a besar al británico en los labios, mas éste los frunció, dando a entender su desagrado. Se rió por lo bajo y le besó el puente de la nariz.

- No quiero saber nada de ti, rana inmunda.- Sentenció el enamorado.- Llévate tus mugrosas flores.-

- Son de parte de Lily, te extraña.-

- Ella puede venir cuando quiera.-

- Acéptalas.- Sonrió de medio lado.- Es un gesto de cariño de su parte.-

- No son un gesto de su parte.- Acusó frunciendo el ceño.- Hablé con ella ayer: no ha enviado ninguna flor y prometió traerlas ella misma.-

Francis, que hasta entonces diera la espalda al menor para arreglar las flores, detuvo el movimiento de sus manos. Dejó la idea flotando en el aire y cambió el tema.

- ¿Vas bien con la abstinencia?-

- Si te refieres a la abstinencia sexual; muy bien, gracias.- Respondió mordaz.

- No me refiero precisamente a esa abstinencia.- Francis se dio la vuelta y se apoyó en la mesilla.- Aunque, si te sirve de consuelo, me encargaré con gusto de tus necesidades sexuales cuando salgas de aquí.-

- Imposible, ese trato ya caducó. No quiero volver a verte en mi vida, Bonnefoy.-

- ¿Por qué tan agresivo?- El francés habló con un tono de sorpresa fingido: era el mismo cuento todos los días que iba a visitarlo.- ¿No te gusta que te hable de tu adicción o de verdad ya no quieres continuar con nuestra relación?-

- Esta bloody relación se acabó.-

- ¿Y si te dijera que me gustas?-

Arthur continuó mirando al frente, sin buscar al gabacho con la mirada.

- Lo mismo dijiste ayer. Y antes de ayer. Y el antes, antes de ayer.-

- ¿Y si hoy dijera que te amo?-

Arthur frunció aún más el ceño.

- ¿Puedes explicarme cuál es la lógica? De la nada me dices que quieres estar conmigo, que quieres algo serio, que me amas. Explícate.-

- Te quedarás dormido antes que lo haga. Mira, ya se te caen los párpados otra vez.-

El menor parpadeó con velocidad para espabilarse.

- Te escucho.-

- Te extraño.-

- Extrañas que te follen.-

- Te extraño a ti.-

Kirkland no respondió. No necesitaba nuevas falsas esperanzas. Ya veía a donde podía llevarlo.

- Fui a la carretera- empezó a confesar tras un momento.- Porque de todas las putas personas yo era el único hombre haciendo el ridículo, y tú no fuiste capaz de felicitarme.-

- Pensé que no querías que lo hiciera.- Francis movió rápidamente la cabeza, acomodando su cabello.- Siempre dijiste que no te gustaba la idea de bailar frente a mucha gente. ¿Y cómo es eso que fue porque no te felicité? Eso no es importante.-

- Yes, it is.-

- Estabas con tu familia, con tus amigos. ¿Para qué me querías? No era algo importante.

- Yes, it was, bloody hell.-

Arthur apretó los ojos, sintiendo escozor en su garganta, tal como cuando su madre fue a verlo porque el idiota de Alfred no pudo mantener la bocota callada.

- Arthur, respóndeme una sola pregunta y te dejaré tranquilo.-

El anglosajón levantó las cejas, dando a entender que tenía su atención.

- ¿Soy importante para ti?-

Y el inglés, con cierta rabia por la pregunta estúpida (estaba en un hospital por la importancia que le daba a Francis) contestó con más naturalidad de la que se esperaba.

- Yes.-

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Gilbert tocó el timbre, entrelazando sus dedos con los de Iván. Elizabeta abrió la puerta y los ojos le brillaron al ver a ambos hombres. Gilbert se le acercó y le besó los labios con inocencia, sonriente como hace mucho no se le veía, y tirando de Iván para que entrara mientra él iba por una bufanda y un gorro.

Iván saludó a la húngara con educación, como cada vez que la veía, y mientras esperaban a que el albino eligiera qué usar, se sentaron a conversar.

- Apuesto a que en este momento está buscando en mis cajones a ver si encuentra algo que le guste.- Le confió la mujer.

- ¡Te escuché, demonio con senos!-

- Es muy ruidoso.- Contestó Iván.- Me gusta que esté tan lleno de vida.-

- No se te vaya a poner mañoso, oye, mira que se porta como un niño.-

- Sabré controlarlo.- Iván miró a su interlocutora con perspicacia.- Además, yo también me comporto como un niño a veces, puedo perdonarlo.-

- Cuida que no se meta en problemas de nuevo, por favor.-

- ¿Problemas?-

- Como el que tuvo con Vargas.- Bajó la voz ella.

- Vargas no es un problema.-

- Tenía una amiga que trabajaba con él. Hace un mes que no sé nada de ella. Desapareció de Londres, se esfumó.-

Iván escuchó con atención, aunque su semblante no cambió.

- ¿Desapareció?-

- Absolutamente. No contesta el teléfono, se mudó, nadie sabe nada. Sus vecinos tampoco pudieron precisarme cuando se fue. Por eso hay que cuidar a Gil, que es de armar problemas.-

Iván sopesó las palabras de la húngara. Recordó las conversaciones con Gilbert respecto a las amenazas de Lovino y a su hermana mayor confiándole sobre lo nervioso que estaba éste. Y sus planes. Toris no era tonto y sabía lo arriesgado que era que una de sus subordinadas viviera con el subordinado de la competencia.

¿Significaba eso que debía temer por su familia?

No, a Toris no le agradaba la violencia. Menos si conocía a los afectados. El y Ekaterine no eran precisamente unos desconocidos para Los Bálticos. Prácticamente fundaron el grupo con ese chico finlandés y el sueco, aunque fuera Félix luego el que ingresara por recomendación de Toris y el que llevase las cosas a otro nivel con su iniciativa.

Sentía que algo, una posibilidad se le estuviese pasando. Elizabeta le sirvió un café antes de pegarle un grito a Gilbert diciéndole que podía tomarse todo el tiempo del mundo porque ya estaban cómodos.

Iván no sintió miedo. Al menos su pareja ya no estaba relacionado de ningún modo con el descendiente de italianos.

De todos modos, si algo sucedía, se enteraría tarde o temprano.


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Creo que, entre mis partes favoritas, está Naty con su repulsión, Iván siendo "romántico", el beso de saludo de Eli y Gil y las cavilaciones de Iván. Y, por sobre todo, la imagen de Arthur incapacitado de moverse. En especial por el collar, que no le deja mover el cuello. Verlo hablando con los demás así me da risa y ternura y, al mismo tiempo, me sorprende su temple para no sentirse disminuido.

Iván consigue lo que quiere *dedito arriba para el ruso*

Muchísimas gracias a elizita 95, a mi amante Van *corazón*, a DouceDouceLuni y a Miss Androgeny por sus comentarios el capítulo anterior. Lamento no poder darle PruHun a quien lo pidió, pero es que Gil ya estaba reservado para alguien, aunque bueeeeenoooo,igual se besa con Eli (?) pero son besos de hermanos.

Ah, y el francés es muy rancio porque no sé francés e intenté usar la lógica. Me pelee un momento con mi diccionario de francés y sus ejemplos.

Algunas explicaciones: micro uzi no es la más pequeña que existe, pero entra en un bolso de mano cuando se le repliega la culata.

Tras un choque (aparte del estado de shock) una persona puede reaccionar a los estímulos, como sonidos. Eso es relativamente bueno. Sin embargo, no razonan por obvias razones. Se deben hacer examenes para determinar el dañoproducido por el choque y es posible que la sacudida lastime la corteza cerebral. Eh... Bueno, aquí hago una confesión. Una semana antes de publicar el capítulo anterior, crucé una avenida (en un sector en que los autos toman velocidad) con luz roja. Dos segundos después, la chica que venía detrás mío fue atropellada. El sonido del golpe es horrible, ver a un cuerposiento convertido (su peso) en nada por una masa mayor en movimiento también es horrible. Desgraciadamente (la avenida es de doble tránsito con dos carriles por lado y un bandejón central) yo era la más cercana (estaba en el bandejón y ella tirada en un carril de al lado) por ello fui la primera el llegar y reaccionar y ver la sangre (Era Un Charco De Sangre) y sus ojos en blanco, su cuerpo tirado y fue horrible. Quise detener la hemorragia con una blusa pero alguien me gritó "no la muevas" y allí me quebré, porque contradecía todo lo que yo sabía sobre qué hacer. Horas después entendí que era mover, no tocar, porque yo no pensaba moverla (eso habría sido huevón).

En fin, que me siento culpable por ello. Luego despertó y empezó a gritar. Algo horrible. Pasaron muchas cosas ese día.

Sé que muchos no se tomarán cinco minutos para dejar un comentario, pero no importa. Usen esos cinco minutos para anotar como contactos en sus celulares los tres números básicos. En el momento se olvidan.

Volviendo al fic.

De verdad que estoy muuuuuuuy emocionada porque en el próximo capítulo... bueno, pasan cosas. ¿Quieren confesiones amorosas, momenntos melosos y toda esa parafernalia? Un comentario podría bastar ;D

Próximo capítulo: Félix