Disclaimer: Los personajes y lugares que reconozcan son propiedad de Jane Austen y sus descendientes.
Y la canción del día de hoy es "Every Rose has its Thorn" de Poison. Si ya la conocen, pueden imaginarse de qué va este capítulo. No, no es bonito.
Toda rosa tiene su espina
Después de dos años en la Real Academia de Música, Darcy estaba seguro de haber tomado la decisión correcta. Amaba lo que hacía, aunque no fuera a hacerse millonario con eso. No era como si lo necesitara, la verdad; su familia tenía más que suficiente. Pero aunque no hubiera tenido un solo penique, igual habría elegido la música.
Y también estaba Verónica. Habían estado juntos desde los trece años y Darcy era incapaz de verse a sí mismo con otra chica. Él verdaderamente adoraba a la muchacha. No había nada que le gustara más que pasar una tarde lluviosa en el departamento de alguno de ellos, escuchando música y descubriéndose entre caricias juguetonas. El tacto de las manos traviesas de la joven en su abdomen le parecía tan natural como respirar. Verónica era simplemente perfecta para él.
Tras haberse pasado casi toda la tarde corrigiendo los ensayos de la asignatura de la cual era ayudante, Darcy se disponía a pasar el resto con su novia. Era una costumbre que ambos habían establecido en los últimos años; tres noches a la semana (al menos), los dos cenaban juntos. Lo habían acordado porque no querían que su relación se enfriara por no verse. Aunque Fitzwilliam dudaba que su relación fuera "enfriable"; cada vez que veía a Verónica usando una de sus camisetas demasiado grandes para ella, sentía lo mismo que había sentido durante los últimos años. No había otra mujer como Verónica.
Pasó por una pequeña panadería que quedaba cerca del departamento de su novia. Su postre preferido eran los brownies y cada vez que iba a visitarla, Darcy le llevaba algunos. Después de la pastelería, se encaminó al edificio donde vivía Verónica.
Y entonces su mundo se vino abajo.
En el portal del edificio, una pareja se besaba apasionadamente. Las manos del joven aferraban la diminuta cintura de la joven y ella se apretaba contra él como si eso fuera lo único que le permitía vivir. Darcy, incluso a la escasa luz de las lámparas de la calle, no tuvo dificultad para reconocer el pelo color miel de Verónica. Vio como la pareja se separaba, mirándose a los ojos como si no hubiera nada más en el mundo.
Eso le dolió más que el beso que había presenciado. Había visto esa mirada muchas veces en los ojos de Verónica. Dirigida a él. Verla mirando a otro de esa misma forma era devastador.
Y fue aún peor cuando vio que el destinatario de esa mirada era el maldito desgraciado de Wickham. Al verlo ahí junto a su novia, la angustia que invadía a Darcy por momentos, se transformó en una cólera helada.
Sin apenas saber qué hacía, corrió hacia la parejita. Con una fuerza que ni él sabía que tenía, apartó a Wickham de Verónica y lo estampó contra la pared.
—¡Aléjate de ella, hijo de puta! —espetó. Cualquier que hubiera visto la cara del joven se hubiera sorprendido. El joven Darcy nunca se ponía lívido de ira, pero en esos momentos su rostro estaba absolutamente pálido.
—¡Fitzwilliam! —chilló Verónica —. ¡Suéltalo!
—Hey, ¿por qué no escuchas a tu novia? —Wickham usó un tonito irónico que hizo que Darcy lo apretara aún más fuerte contra el muro.
—No te acerques a ella, imbécil —siseó amenazante.
—Oye, que fue tu novia la que se me acercó —dijo Wickham —. No es mi culpa que tú no puedas darle lo que necesita y necesite recurrir…
George no terminó su oración porque Darcy le propinó un puñetazo en plena cara. El arrogante joven se llevó las manos a la cara y se dejó caer de rodillas, quejándose sonoramente. Darcy se alejó un par de pasos, confundido. Él nunca había sido una persona violenta, prefería ahorrarse conflictos de esos. Pero había algo dentro de él que le había obligado a actuar.
—¡Darcy! —chilló nuevamente Verónica, agarrando el brazo de su novio, que estaba dispuesto a darle otro golpe a Wickham. Romperle la nariz no le parecía una mala idea.
—¿Cómo pudiste hacerme esto? —murmuró él tomándola por los hombros. Ella le devolvió una mirada triste.
—No lo sé —susurró bajando la vista —. Todo empezó de repente y cuando me di cuenta…
—Ya era demasiado tarde —completó Darcy —. Pero sigo sin entenderlo. ¿Por qué?
—¡No lo sé, Fitzwilliam! —exclamó la chica con los ojos llenos de lágrimas —. Sólo sé que lo hice y ya. ¡Lo siento!
—¿Sólo lo hice y ya? —repitió el joven —. No puedo creerlo.
—Pues será mejor que lo creas, niño bonito —se burló Wickham levantándose del suelo. Un hilo de sangre se escapaba de sus labios, pero no había perdido la expresión de superioridad que lo caracterizaba. Darcy hizo el ademán de lanzarse a golpearlo, pero Verónica se lo impidió.
—Por favor, no lo hagas más difícil.
—¿Más difícil que qué? —rugió Darcy al oír esas palabras —. ¡Acabo de descubrir que estás metiéndote con ese montón de mierda! ¿Cómo carajo pretendes hacerlo más fácil?
Verónica se acercó a su novio, poniendo sus manos a ambos lados de la cara del joven e intentó besarlo. Darcy se apartó bruscamente, obligándola a soltarlo.
—¡No! Esto se acabó, Verónica.
Y le costó todo un mundo decir eso.
Sin mirar atrás, Fitzwilliam Darcy se alejó de los dos jóvenes. Tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol y dignidad para no devolverse y darle un nuevo puñetazo a Wickham, quien estaba haciendo comentarios burlones a sus espaldas. Había recobrado toda su "valentía" cuando vio que Darcy se iba.
Lo único que quería en esos momentos era mandarlo todo a la mismísima mierda.
Quizás podía ir a algún bar y bebe hasta vomitar su primera papilla. Tal vez así podría olvidar a Verónica y lo que acababa de ver.
Sí, esto tenía que pasar (¿cómo va a estar con Lizzie si no termina con Verónica?); un trago amargo para Darcy y, por desgracia, les puedo decir que no será el último. En cierta forma, creo que su actitud en Orgullo y Prejuicio se debe a alguna decepción amorosa. Es posible, ¿no?
En fin, muchas gracias a todos los que han leído esta historia, en especial a quienes comentan o la agregan a sus alertas/favoritos.
¡Hasta la próxima!
Muselina
