SUBREPTICIO

CAPITULO 4

OCASO DE RECUERDOS

Cuanto siento defraudarte
Y me puedes despreciar
Pues de pronto se que debo dejarte
No lo puedo remediar

Todo resultaba perfecto, no había tarea y tampoco lecciones para el siguiente día. Las clases ya habían terminado y todos se dirigían a sus hogares, el frió invierno le pisaba los talones al verano anunciándole su llegada.

El día del incidente no tuvo la oportunidad de agradecerle, tampoco de hablarle durante las horas clase; ninguno de los alumnos sabía que habían involucrados del Shirshu Bar en el colegio a excepción Haru y Suki.

No se molestó en guardar sus útiles, posó los ojos sobre el escritorio del maestro y allí aún descansaban sus libros, los de Biología especí no tardaría en pasar por ella para irse juntas a casa, y decidió salir para avisarle que no la acompañaría por esta ocasión.

—Suki, vuelve a casa…necesito hablar con el profesor de Biología— Dijo, apenas la muchacha de cabellera roja se acercaba.

— ¿Tu héroe?—. Burló mientras soplaba sus manos para calentarlas con el cálido aliento.

—No digas esas cosas, no es por eso, es porque creo que recibiré clases extras—Mintió, tratando de sonar lo mas convincente posible, sin titubear.

—Ah, entiendo….entonces…nos vemos mañana—

—Si, seguro…que tengas un buen día— Una abrazo reconfortante por parte de su mejor amiga e ingresó nuevamente al salón. Deslizó la puerta y se sentó en el primer pupitre a esperar hasta que Aang llegara. Admitía que los nervios la comían entera.

—Que tarde es…— Susurró, sin darse cuenta de la otra presencia en el salón. Guardó los libros que reposaban sobre el escritorio y se lanzó al hombro la mochila.

— ¿Tiene unos minutos, profesor?— Interrogó enfatizando la ultima palabra.

— ¿Katara…aun estas aquí?—

—Si…solo buscaba la oportunidad para darle las gracias…por lo ocurrido, siento haberlo metido en problemas—. Le dijo siguiéndolo con la mirada.

—No te preocupes, quizás no fue un error tuyo…— Ella enmudeció y agachó la cabeza, porque justamente en ese momento él sonrió cándidamente.

—De todas formas muchas gracias—. De su mochila extrajo una pequeña y delicada funda verde y se la llevó hasta el escritorio.

— ¡¿Son para mi?!— Exclamó con felicidad —No te hubieras molestado— De inmediato la abrió y sonrió, se llevó varias galletas a la boca. Galletas en forma de animalitos. dulces que se deshacían en su boca

—Se que le gusta la soja además tienen un ligero toque de miel— Desvió la vista avergonzada con las mejillas arreboladas.

—Están deliciosas—Tragó la masa disfrutando del sabor con una agradable expresión—Me conoces muy bien— Dijo con serenidad, aseverando su comentario.

—Todos saben que usted es vegetariano—

—Pocos saben que me gustan las galletas de animalitos, ¿Perdió usted la confianza en mi?, es extraño cuando me tuteas— Sentenció acercándose a ella y sonriendo con ternura.

—Debo irme, Suki me espera…— Katara rodó los ojos y mintió, cada vez que se acercaba a él su moral ocupaba el ultimo lugar de la lista de prioridades.

—Katara… ¿por qué me mientes?, los amigos no lo hacen—

— ¿Por qué habría de hacerlo?, no tengo razones—

—Sé de sobra que Suki ya no está, hace poco regresé de regar el jardín y ella se despidió de mí, un poco triste porque por esta ocasión no la acompañarías hasta su casa—

— Bueno…en realidad no quería mentirte—

—Lo hiciste…—

—Acabo de decir que no quería hacerlo Aang— Katara agachó la cabeza resoplando sonoramente un suspiro cansado. —Siempre me dejas todo lo difícil—

— ¿Solo me dirás eso?—Sus ojos lucían apagados y su voz como un susurro que el viento se llevaba a su paso. Esperando una razón de su comportamiento. La forma hiriente en la cual le evitaba.

—No se que mas podría decirte… ¿Qué me dirás tu?—Preguntó.

—Una carrera hasta el Bar de Bobby's, quien llega último tendrá que confesar un secreto— Respondió con una sonrisa de oreja a oreja brillándole los ojos como si estuvieran cubiertos de escarcha.

— ¡Pero odias ese lugar!, además no podemos correr; estamos en el colegio…—

—Es verdad….bajemos… ¡yo no te conozco y tu tampoco!, nos encontramos en la calle principal Pensilvania y la meta serán los ventanales del restaurant Bobby's—

—Realmente eres un lunático—

—Tu tienes cara de luna— Sonrió — ¡Nos vemos Katara!—

Aang salió primero, pero ella se detuvo a guardar sus cosas. Recordando segundo antes el cosquilleo en su estomago cuando él sonreía.

Que le corten la cabeza a la reina de corazones Katara, más mentirosa y su tumba está cavada en el núcleo de la Tierra… ¿Cómo podía negar que amaba estar con Aang?, si disfrutaba cada momento a su lado, en las ocurrencias y en la seriedad. Como aquella vez del incidente, que Aang mostró un grado de preocupación al punto de llamarle la atención.

¿Quién es el adolescente?...el que adolece y el de menor de edad, es la respuesta obvia…pero los papeles se cambian, nada está dicho. Era él, el caprichoso y era ella quien a veces se aburría de sus ocurrencias. Como en estos minutos eternos de adrenalina. El llevándole ventaja de distancia y ella tan atrás como para perderlo de vista. Como un par de ladronzuelos, que al final iban a llegar a la misma guarida.

Parece mentira que hace seis meses lo conoció, parece mentira que creía que el amor verdadero era solo el primero. Y ese primero tenía nombre, con jota mayúscula. Pero hasta ella no era tan benevolente, lo olvidaba; el mundo tampoco no era el gran despertador de la nube de fantasía en la cual poco a poco se inmiscuía, éste no era esa alarma que le recuerde con un cartel en la frente, "KATARA TU NOVIO SE LLAMA JET", cuando estaba con Aang, no se trataba de infidelidad…aún, porque Aang y Katara no tenían otra relación mas que amigos, profesor y alumna. Pero a veces se es ciego, al extremo de encerrase en una burbuja y no ver lo que hay en el exterior.

De eso se había convencido Aang, que tan difícil es ser su amigo y que tan fácil es cometer errores si piensas con el corazón.

Pero el cinismo humano llega tan lejos, Katara estaba segura de eso. La calle principal era empinadísima y la cima sería Bobby's que se encontraba en la punta.

—Ya estamos aquí, suerte para mi adversario— Su voz sonaba maliciosa sin perder la dulzura y decidida a ganar, ella no era quien debía confesarse.

—Que lástima que tenga que ser contra mí con quien te enfrentes—. Y diciéndolo tan arrogantemente Aang se echó a correr a toda prisa hasta la avenida Pensilvania.

Quizás el llevaría ventaja era más alto y tenía piernas largas, sin mencionar que su peso promedio rodeaba el de una adolescente, pero ella era más joven. Así emprendió su carrera tras el.

— ¡Eh, no vale, así no vale! ¡Yo he regresado para ver como estabas!—

—¡¿Y quién te lo ha pedido?! —Aang soltó una carcajada y continuó corriendo.

— ¿Y qué quiere decir eso de el secreto?—

—Te lo explico cuando lleguemos, ahora necesito todo mi aliento para ganar. —

Aang aceleró pasó corriendo junto a los árboles de Ficus más allá de la florería, casi cerca de la punta de la avenida.

Su teléfono sonó Aang sin mirar la pantalla contestó, aminoró su paso pero no se detuvo. Miró la pantalla, en verdad ella era muy astuta, increíble. Volvió la mirada hacia Katara, que se le aproximaba cada vez más, sonriendo socarronamente.

— ¡Eres tú quien me está llamando, señorita trucos!—

—Por supuesto Aang, aquí todo se vale… ¡recuerda es un secreto!, no se confiesan secretos todos los días—

— ¡No te daré clases de Química nunca más!— Se regañó por ser tonto, quien diría que su propio número de teléfono le plantara una puñalada trapera.

—Pero fue idea tuya ¿Lo recuerdas?— Ya llevaba a su lado aunque se encontraban al extremo de cada vereda.

— ¡Es que no se puede ser buena persona contigo!— Y siguen corriendo jadeantes y tomando grandes bocanadas de aire.

—Eso lo veremos en la meta—

Katara salió corriendo, fresca, alegre, con sus pantalones a cuadros, su mochila saltando sobre la espalda, su pelo castaño al viento. Y los ojos azules vulnerables a la luz, Aang se quedó contemplando. Sonrío para sí y de repente, como si decidiera echárselo todo a la espalda, salió detrás de ella, corriendo como un loco. Adelante, siempre adelante, con la gente que lo miraba a cada momento, que sonríe, que siente curiosidad, que deja de hablar por un momento antes de volver a su propia vida. Aang siguió corriendo tras Katara.

Ya casi la alcanzaba. Vaya, pensó Aang, parece una de aquellas viejas películas en blanco y negro, estilo Guardias y ladrones con Totó y Aldo Fabrizi, cuando corrían por la vía férrea en medio del complot. Sólo que Katara no le ha robado nada. Y no sabe que, en realidad, le está regalando algo.

Katara ríe sabiendo que perdería, pero no se dio por vencida.

— ¡Primero! —Aang se apoyó en el cristal del restaurant.

— ¡Claro, me has engañado, eres un tramposo!—

— ¡Pero fuiste tú quien jugó sucio!— Se quedaron los dos en la puerta, doblados sobre si mismos, intentando recuperar el aliento.

—Sea como sea, la carrera ha estado bien, ¿eh?, te saliste con la tuya—

—Sí, y pensar que tienes pulmones más saludables que yo, creí que ganarías—

—Vamos no seas tan dramático — Aang se levantó y arrimó su espalda al vidrio.

—Lo siento, cinta rodante en casa. Veinte minutos cada mañana... Con una pantalla delante para simular bosques y montañas, paisajes que ayudan a mantenerse en forma y, sobre todo a derrotar a una como tú—

—Eso fue gracioso, pero en realidad eres capaz de eso— Aang sonrió y esperó a que ella se compusiera, se acercó y con su pañuelo arrugado secó las gotas de sudor que caían por la frente de Katara, ruborizándola.

—Me confesarás que tienes seis dedos en el pié derecho y usas lentes de contacto— Rió ya contento por su victoria y relajado.

—Esos son rumores, mis ojos son reales y no; no tengo seis dedos en el pié derecho—

— ¿Quieres tomar batidos conmigo?—

—Gracias Aang, en verdad lo necesito— Su garganta se encontraba seca y rasposa como si un huracán haya pasado por ella.

Frente al restaurant Bobby's existía una fuente de soda, el Marilyn Coke famoso por sus combinaciones y brebajes de frutas.

Cruzaron la calle mientras el semáforo cambiaba, Aang abrió la puerta y ella entró tomándose unos segundos en la entrada, en donde una ráfaga de aire acondicionado le dió de lleno en la cara, refrescándola.

Aang sonrió viéndola disfrutar aliviada con el pecho subiendo y bajando como una esponja al ser exprimida de algún líquido. Alcanzaron una mesa disponible, curiosamente para dos con las carpetas del menú descansando sobre la plancha de mármol.

—Veamos…me gustaría uno de papaya—

—Igh! Odio la papaya— Katara esbozó una expresión de desagrado, como aborreciendo la fruta.

—Es mi favorita, ¿De qué pedirás tú?—

—Mango, prensado de mango—

Al poco rato llegaron los batidos y los dos como hienas atacaron la pajita y sorbieron hasta inflarse las mejillas con el líquido.

—Te escucho Katara— Aang tragó toda la bomba de un solo tajo.

—Resulta que una vez eructé en la iglesia cuando todos oraban ¿Entiendes… el silencio?— Más que vergüenza eran recuerdos gratos, desagradables pero gratos.

—Oh vamos todos… ¿lo hacemos?— Objetó Aang removiendo el contenido del vaso con la pajilla.

— ¿Has eructado en la iglesia?—

—No eructado exactamente…fue peor— Respondió acercándose a ella y mirando a todos lados tapándose de un costado la boca para que la voz no se filtrara.

—Rayos, ¿En verdad no había un baño?— Katara soltó una risa, muy reveladora.

—Vamos no me ralles— Dijo encogiéndose en el asiento. — ¿Recuerdas cuándo nos conocimos?—

—Si…claro que lo recuerdo, estuve apunto de llorar…lo iba a hacer—

—Esos libros me guiaron hasta ti—

—Bueno…eres mi profesor de Biología de cualquier manera te hubiera conocido— Katara llevaba sus manos extendidas sobre la mesa, el sudor se había secado, pero sentía su cuerpo desfallecer en agua por dentro, al momento en el que Aang entrelazó una de sus manos con la de ella.

—No quiero seguir con esto…— Apretó la cálida mano, arrepintiéndose de cada palabra que decía, admitió que era débil…como todas las cosas en el mundo; era triste aceptar que pensaba con el corazón y que la falta de raciocinio era un enorme cráter lleno de vacíos del corazón.

Es cierto que nunca había sufrido decepciones, la vida no lo había tratado tan mal; pero ahora pensaba lo contrario lo que no lo sufrió de joven, lo hace ahora. Fijándose en una niña, con aspiraciones y deseos.

—Si lo haces tendré problemas— Ella trató de zafarse pero Aang estaba aferrado a su mano.

—No seas tan malévola conmigo—

—No quiero sonarlo…pero me arrastraste hasta ti, y yo no pude hacer nada— Su mirada fueron como garfios clavándose en su corazón, Katara parecía tener una mirada de lástima. ¿Realmente sentía lástima de él?


La biblioteca lucía vacía, siempre lo había estado era el ultimo lugar que visitar en el colegio y realmente no tenía la culpa, el peso caía sobre los vetados textos que ya nadie usaba, ni siquiera los diccionarios, de ediciones de las décadas de los sesenta y ochenta.

Mientras recorría las estanterías sacando de su lugar los libros que yacían en lecho de muerte una sombra delgada se asomaba en la estantería de enfrente, asomó su cabeza hacia atrás para verificar si tenia compañía o era un caso de paranoica soledad, efectivamente alguien estaba allí; ella delineaba con sus dedos las cubiertas de los libros que se descascaraban al solo toque.

"Disculpa, ¿necesitarás alguna edición de allí?" le preguntó una vez cruzó a la otra estantería, ella dió un respingo y con afán se llevó las manos al pecho asustada por la repentina intervención.

"No…realmente no…pero…". Ella lucía triste, observando los libros viejos que apenas podían sostenerse con su columna tejida.

"A mi tampoco me agrada la idea de que sean desechados". Dijo él, acomodando sus gafas mientras se esforzaba al sostener la caja en donde se encontraban los libros que tendrían un paradero desafortunado.

"¿Por qué lo hace, no cree usted que es una crueldad?". Ella lo miró con desagrado, su voz se escuchó en un sutil elevo de tono.

"No soy el indicado en responderte…pero…quiero creer en la posibilidad de que alguien los encontrará y les dará un buen uso, más triste es saber que están solos aquí".

"Serán arrojados….a la basura". Arrastró sus palabras como indecisa de su respuesta.

"Literalmente… en realidad no tenía planeado que su destino fueran las afueras de la ciudad". Viendo la angustia de la muchacha se dispuso a dejar la caja sobre una de las mesas de lectura. Y se acercó a la estantería a hurgar.

"¿Cuál será su destino?". Preguntó ella mientras tomaba un libro sin cubierta y sacudía a palmadas el polvo contenido en las hendiduras." Supongo que si me podría responder"

"Mi casa, por el momento". Sonrió, "Esa sí esta fuera de la ciudad, pero no es una coladera". Rió con gracias, ella no lo miró seguía con la mirada fija en el libro.

"¿Crees que pueda quedármelo?". Ella llevó un mechón de su cabello tras la oreja.

"Seguro…puedes hacerlo…estoy convencido de que no me haría falta". Aquella muchacha no parecía de la ciudad, una esencia de flor del campo le abrigó…hasta hora ella le había parecido más que una adolescente.

"Gracias, me gusta éste libro".

"¿Qué…libro es?" Preguntó, aunque esa interrogación resultara ser básica siempre se consideraba un nexo para entablar una conversación más intima.

"La Duquesa de Aquitania". Ella guardó el libro en su mochila, y sacudía sus manos cubiertas de polvo.

"¿Te gusta la historia?".

"Sí, es un libro muy difícil de encontrar, ¿Cuándo te graduarás?" A juzgar por su apariencia tenia la pinta de ser un próximo egresado, llevaba pantalones negros y camisa mangas larga recogidas en los puños, el suave cabello negro cayendo por su frente en un mechón rebelde. Su amplia sonrisa y dos astros como ojos.

"Soy el profesor de Biología".

"¿Es cierto?...es decir….todos los maestros son mayores…adultos… ¿Me doy a entender?" Petrificada, como duro tronco. Sí, admitía que la había sorprendido la noticia. Y ella que a su simple impresión lo juzgaba como un alumno más.

"Claro que sí, llevo cinco años como egresado de la universidad y tres años de docencia, si te dijera mi edad no lo creerías"

"Entiendo, eso es secreto de estado" Rió con premura.

"¿Cuál es tu nombre?".

"Katara, mi nombre es Katara"

"Mucho gusto Katara, soy Aang". El estrechó su mano, callosa y grande.

"En tu casa has de tener una buena colección de clásicos, aquí hay muchos ¿Te gustaría ayudarme a limpiar la biblioteca?"

"Si eso no influye en mis horarios, estaré gustosa de hacerlo".


—Lo sé…en verdad lo siento—

El atardecer ya se asomaba por la ciudad, palabras duras, palabras hirientes pero más certeras que la misma verdad.

Aang buscó sus ojos, los azules que se perdían en su tristeza y que lo devoraban con tan solo una mirada.

Katara sintió desfallecer sintiendo como ligeras gotas resbalaban por sus mejillas golpeaban mojando su cuello.

—Se me hace tarde, nos vemos mañana— Katara no supo que articular, solo el tiempo se detuvo en la mirada triste de Aang.

—Yo pago la cuenta— Susurró al asiento vació de enfrente, en donde antes Katara estaba sentada. Nunca sintió tanta desesperación, era como si su mente se quedara tras los barrotes de una celda. Atrapado y sin la oportunidad de ir por ella, Katara se marchó. Aang apretó el puño, como si tratase de conservar la sensación cálida de la mano de Katara bajo la suya.

Luego de conocerse, frecuentaron aún mas…ella le ayudaba con la ardua tarea de limpiar la biblioteca, propuesta por parte de él, que ella al escucharla tan tentadora accedió. Todos los días, después de clases…en la biblioteca. Gracias a ellos también ganó puntos extras, que aunque no los necesitaba, no estaba demás tener una provisión.

Luego de eso, las clases extras, el número del móvil de Aang guardado en su agenda telefónica del celular. Las continúas risas y expresiones ensoñadoras que surgieron a flor de piel, transformándose en amor. Como el capullo de una mariposa, una metamorfosis completa. Lastimosamente la severidad del destino le había roto las alas a la mariposa que murió en cuanto tocó la realidad.

"Me di cuenta"

"Me di cuenta"

"¿Realmente lo amo?"

"¿Realmente la amo?"

"No, por supuesto que no puedo amarlo"

"Quizás me atreva a decírselo, quizás me atreva a callarlo; no estoy seguro de lo que Katara siente"

"Solo seguiré a su lado como amiga, porque así es como la vida me lo presentó"

"El mundo me juzgará…pero estoy seguro que ella jamás, aunque no comparta lo mismo que yo"

"El no entendería, su condición se lo impiden…no estoy segura si actúo con madurez"

Aang Pensó que la felicidad, era ver a Katara sonreír. Pero comprendió que no era la expresión humana ante un estímulo exactamente la felicidad. Todas las cosas que se hacen, cada respiro, cada paso sobre los adoquines de las calles, cada parpadeo, cada risa. Todo conforma una sola cadena que llevaban a un solo propósito. Y que la felicidad se lucha.

Las pruebas de la vidason como un gran escalera, siempre que se sube un escalón hay mas peldaños arriba, esperando ansiosamente mientras creces; creando nexos unos con otros y llevándote a un mismo lugar, después de haberte cansado las piernas de tanto subir…el de la felicidad.

Katara, era su felicidad…"era".

Sonrió con amargura, clavó la daga que causa la herida y desangra al sentimiento, hasta dejarlo morir de hemorragia y Katara sería llevada con el silencio del pasar del tiempo hasta que en su corazón no quedara rastro de ella. La lluvia empezaba a caer, las gotas chocaron sobre sus gafas y una sensación eléctrica recorrió su cuero cabelludo al ser mojado por estas poco a poco.

Nunca antes se había fijado en los parques de la ciudad, ahora le parecían tan interesantes. Lamentablemente eran poco a poco desocupados mientras la noche caía sobre los hombros del día. Los columpios se mecían, como se mecían sus ojos al brillar, los ojos de Katara tan azules y puros. Los de una niña…

Aún quería tardarse un poco más. Vagabundeando y meditando, seguramente su compañero de piso Lu Ten le reprendería por entrar al departamento con los zapatos chispeando lodo. Llevaba ya una semana sin verlo, sin conversar. No quería molestarlo al parecer Lu Ten ya tenía compañía, pero no había tenido la dicha de conocerlo o conocerla.


—Buenas noches mamá— Sus labios húmedos se posaron en la mejilla de su madre que se encontraba leyendo una revista en el comedor. Kya la miró de soslayo tratando de ocultar las bolsas bajo sus ojos y las venas dilatadas de la esclerótica.

—Buenas noches mi amor…—Susurró Kya carraspeando al hablar, simulando antes su adormecida voz a una jovial y libre de resentimiento.

—Sé que discutieron, puedes mirarme a los ojos mamá— Apartó dos tazas de agua caliente sobre el mesón mientras de la estantería sacaba dos bolsitas de té de manzanilla.

—Ve a cambiarte, ¿Se extendieron los horarios del colegio?— Sabía de sobra que desviar el tema era intento fallido, si de Katara se trataba.

—No, nada fuera de lo común…pero aquí si ocurrió— Por un momento sintió la necesidad de expresarle a su madre lo que sentía…y compartir junto a ella su "dolor". Pero no había ese valor para hacerlo, aquella sensación no pasaba a más de ser una necesidad. Que puede ser reemplazada por otra, la necesidad de silencio.

—Pescarás un resfriado, dame esa ropa húmeda—

—Nada es más importante que mi madre— Sentenció llevando las dos tazas de su té ya azucarado a la mesa.

—Katara…—El gemido de Kya se ahogó en su llanto y el nombre de Katara se perdió junto con él…al pronunciarlo.


Sokka golpeaba la pared con una pelota de baseball. Chocaba, tomaba impulso y nuevamente regresaba a su mano. Tal y como las imágenes de lo ocurrido por la tarde en su casa. Debió haber ido a la universidad. Pero seganó un mal rato por no hacerlo y aquellas consecuencias se presentaron porque el muy perezoso se quedó dormido.

Postrado en la cama viendo la pelota regresar, su laptop descansaba junto a él…el pitido de alerta de mensajes llamó su atención y la pelota rebotó por ultima vez y rodó hasta llegar debajo de la cama.

La luz verde del pequeño botoncito virtual parpadeaba con aceleración. Tecleó el nuevo mensaje recibido y alzó las cejas de impresión.

"Suki aceptó tu solicitud de amistad"

Los ojos se le ensancharon y las pupilas brillaron mucho más. Sonrió, sin saber a conciencia el porqué de aquella sonrisa.


Cada charco reflejaba su rostro, el cabello despeinado y las gafas empañadas, la ligera sombra sobre su labio superior que crecía cada cierto tiempo y que era molesto, más cuando la prestobarba le irritaba. Pero tal y como es natural, aceptar la edad es algo de humanos humildes.

Seguramente sus libros estarían empapados. Mucho más que su cuerpo que era calado por el frio hasta penetrar los huesos.

Faltaba poco para llegar "hogar. Dulce, hogar". Al girar la esquina sus nervios sobresaltaron y su respiración se agitó.

Un cuerpo yacía arrimado a un banco de lata oxidado, bajo las escaleras que daban a su piso. Por la delicadeza de su aurea concluyó que era una chica. Se acercó con recelo, sin ver reacción alguna de parte de la joven. Su cerquillo caía sobre su frente…su cabeza posaba arrimada a la pared de ladrillos mohosos, mirando hacia arriba. Por inercia posó su mirada al cielo buscando lo que ella miraba con afán, pero solo se encontraba la luna y las nueves negras de una próxima lluvia.

—Hey…—

Ella no lo miró, tampoco habló. Estática como un maniquí.

Se acercó un poco más, tampoco parpadeaba. Al contrario, sus ojos destilaban una columna negra, manchando sus pálidas mejillas. Se encontraban muy abiertos y rojos, apagados; se notaba mucho más por el gris de sus ojos.

—Mai…—Susurró Aang asustado. Al juntar las piezas y llegar a la conclusión final de un retrato mostrado.


Siento que me he demorado mucho, la verdad he estado muy ocupada y logré terminar este capitulo gracias a un tiempo libre, disminuido tiempo libre.

Gracias, muchísimas gracias por sus reviews. Estoy encantada de que la trama les sea de su agrado.