SIENTO MUCHO LA TRADANZA. TENGO A UN FAMILIAR HOSPITALIZADO Y LA CABEZA NO ME DA PARA MÁS QUE PENSAR EN ÉL. ESTÁ MUY GRAVE Y NO SÉ CUANTO TARDARÉ EN VOLVER A ACTUALIZAR CUALQUIERA DE MIS HISTORIAS. OS PIDO PACIENCIA POR FAVOR A TODAS LAS QUE ME SIGUEN Y MUCHAS GRACIAS POR LEERME.

LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER. LA HISTORIA ES MÍA.

SUMMARY: Bella es la mayor de cuatro hermanos. Su madre muere y su padre los abandona cuando ella tiene veintidós años. Ella se hace cargo de sus hermanos y su vida cambia por completo. Deja sus estudios y se pone a trabajar en varias empresas en las que limpia, todas de el mismo dueño. Edward Cullen.

PARA MAYORES DE 18 AÑOS.

GRACIAS A :
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Y A TODAS LAS CHICAS Y CHICOS QUE ME SIGUEN EN MI PÁGINA Y EN FACEBOOK.

CAPÍTULO TRES

SECRETOS

Tomé el ascensor hasta la planta veinticinco. Todo estaba oscuro y en silencio como el día anterior. Encendí las luces, abrí el cuarto de limpieza, cogí mi carrito y me dirigí a el despacho de Edward.

Quería darme prisa para hoy no tropezarme con él.

La puerta se abrió.

* Hola Isabella.

La suerte no estaba de mi parte.

* Buenos días señor Cullen.
* Isabella, ¿ qué tal está su mano?
* Bien, gracias-mentí. No me puse la venda y me dolía muchísimo-. Lo dejo trabajar-me di la vuelta y me dirigí a el despacho de el señor Whitlock.
* Isabella … -mi móvil comenzó a sonar.
* Perdone – me excusé para atender la llamada y tener una escusa para irme de su despacho.

Edward se quedó allí sentado mirándome mientras salía de su despacho.

* Diga-contesté.
* Hola Bella, soy Clarise.
* Ah, hola…
* Te llamaba para la dirección, ¿ la tienes?
* Sí, es avda de los buscadores número veintiséis segundo D.
* Ok. ¿ Estás en la oficina ya?
* Sí -contesté.
* Esta bien, te dejo trabajar.
* Bien , gracias.
* Adiós Bella.
* Adiós.

Seguí trabajando rápido e intentando no hacer muchos movimientos bruscos con mi mano. No tuve que trabajar mucho en este despacho. Estaba bastante recogido y su mesa no se parecía en absoluto a el desastre de el señor Cullen.

Salí de el despacho de el señor Whitlock y me dirigí a el de Cullen. Entre medio de el camino una chica me cortó el paso.

* Hola soy Jéssica, la secretaria de Edward. Tu debes de ser la nueva chica de la limpieza.

¿ Edward? No pude impedir fijarme en la familiaridad, con la que trataba al señor Cullen.

* Hola- la saludé-. Sí , soy la nueva limpiadora. Me llamo Isabella Swan, pero todos me llaman Bella.
* Claro. Voy a la cafetería a por un café para Edward, ¿ por qué no te vienes conmigo y nos tomamos uno mientras charlamos?
* No sé….es que…. no creo que deba. No quiero que el señor Cullen me llame la atención en mi segundo día.
* Sólo será un momento y seguro que a Edward no le importa.

La verdad es que tenía tiempo y me moría por un café.

* Vale, pero uno rápido.

El recorrido fue corto. Una de las puertas de la izquierda daba a una habitación decorada como una cafetería.

Mesas y sillas blancas llenaban la estancia y en una de las paredes un mostrador con una cafetera eléctrica junto con un tubo de vasos de plástico. Ya conocía esta habitación de haberla limpiado.

* Creí que iríamos a una cafetería de verdad-le dije.
* Esto es todo lo que tenemos-contestó.

Me senté por petición suya, en la mesa más cercana a la cafetera, mientras Jéssica preparaba una jarra de café.

* ¿ Cómo te gusta?-preguntó.
* Mnnnm, con leche y tres de azúcar.
* Oh, vaya, muy dulce-me sonrió.

Se sentó frente a mí y arrastró un vaso hacía mí. Parecía que me fuera a hacer el tercer grado e incluso me sentía muy nerviosa.

* Bella, háblame de ti.

¿ Qué?

* No hay mucho que contar. Soy de Washington. Desde hace cuatro días vivo en Forks. Hoy me acabo de enterar de el nombre de la calle donde vivo y que además de este trabajo necesito otro.
* ¿Muchos gastos?
* Demasiados y no sé si voy a ser capaz de cubrirlos todos. Además necesito dinero urgente para unos gastos imprevistos….necesitaría un trabajo después de este , y que me pagaran diariamente.
* Pues aquí abajo hay un bar y buscan camareras.
* ¿ En serio?
* Sí y conozco a el dueño. Si quieres podría hablar con él.
* Wow, eso sería fantástico Jéssica, pero me quedaría otra cosa.
* ¿ Qué?
* Una canguro.
* ¿Tienes hijos?
* No,….hermanos. Tres hermanos pequeños. Mi madre a muerto hace cinco días y no tenemos a nadie más.
* Ah, lo siento. Pues … si quieres yo podría….
* ¿Cómo?-contesté.
* Bueno salgo de aquí a las cinco, si Edward no me manda nada más, podría estar en tu casa a las cinco y media o seis.
* Eso sería estupendo Jéssica, pero no quiero abusar , que tengas problemas por mí, ni quitarte tu tiempo libre. Necesitas descansar. Además son tres , sería mucho trabajo.
* No te preocupes. Tengo novio, pero trabaja hasta tarde. Tampoco soy una loca, asesina psicópata o algo así, aunque para trabajar con Edward….

Nos reímos.

- También he tenido hermanos pequeños. Ahora estás creciditos.

* Ah, pues entonces estaría bien. Iré cuando salga de aquí.
* No -dijo-,voy a llamar a el dueño y te digo lo que sea. Dame tu número de móvil.

Nos intercambiamos los teléfonos.

* Ahora vamos, Edward se estará preguntando dónde me he metido.
* Claro, tengo que limpiar su despacho y él está dentro….
* No importa, puedes hacerlo con él dentro. A Edward no le importa. Al principio impresiona sobre todo por el aura de fuerza, electricidad y misterio que le rodea. Tiene mucho magnetismo , pero es muy buena persona. Ha tenido malas experiencias con las limpiadoras en particular y con las mujeres en general. Pero no te equivoques , Edward no es ningún santo, ha saltado de cama en cama desde siempre, pero tiene muy buen fondo, con un corazón enorme.

Caminamos hasta la oficina de el señor Cullen y después de llamar a la puerta dando un par de golpes entró dejándome la puerta abierta. Esperé unos segundos y entré con mi carrito.

Él le dio algunas indicaciones a Ángela y esta se marchó regalándome una sonrisa.

* Señor Cullen- me dirigí a él-, tengo que limpiar su despacho. ¿ Le molesto o prefiere que me vaya?
* ¡No! Quédese. Por mí no hay problema, no se preocupe. ¿ Quiere que me vaya yo?
* No por favor, es su despacho. Además me dieron indicaciones de no limpiar con usted dentro y no sé….
* No te preocupes. Haz lo que tengas que hacer como si yo no estuviera y siéntete con el derecho de echarme si fuera necesario.
* Bien, gracias-le sonreí y me la devolvió.

Limpié primero el baño. No lo había utilizado desde que lo limpié ayer , pero aún así le di un repaso no sin antes pararme a oler su colonia. Me encantaba su olor.

Cuanto terminé con el baño , el señor Cullen seguía sentado en su escritorio enfrascado con unos documentos y escribiendo en su portátil.

Su olor llenaba el ambiente por encima de todos los productos de limpieza . La verdades que podía entender como y por qué , las mujeres se le tiraban encima. Era muy atractivo y con ese aire de misterio tan atrayente lo hacía mucho más inaccesible.

Retoqué los cristales y los muebles de alrededor intentando hacer el mínimo ruido para no molestarlo. Lo único que me faltaba era su mesa.

* Señor ….disculpe que lo interrumpa….su mesa….
* tranquila Isabella, deja mi mesa. Es un caos incontrolable.
* Yo podría ordenarlo y archivar lo que necesite.
* Estoy seguro de que serías muy capaz, pero no quiero darte más trabajo, tienes que descansar tu mano. Además eso de archivar es trabajo de Jéssica.
* Está bien señor, entonces he terminado por hoy. Hasta mañana señor Cullen.
* Hasta mañana señorita Swan.

Él no apartó la vista de mí hasta que desaparecí por la puerta tirando de mi carrito.

* ¡ Bella!-gritó Jéssica sobresaltándome-. Ya he hablado con James el dueño de el bar y me dijo que fueras de siete a doce.
* Oh , que bien-contesté.
* Ah y te pagara al final de el día.
* Vaya -suspiré-, gracias Jéssica. ¿ Cómo puedo agradecértelo?
* No es nada tranquila. Sólo dame la dirección de tu apartamento.
* Bien es avenida de los buscadores número veintiséis, segundo D.
* Bien, intentaré llegar a las seis.
* Gracias . Me voy que tengo que seguir en otras oficinas.
* Vale, adiós-se despidió.

El resto de el día se me hizo muy pesado. Además estaba muy cansada.

Terminé el trabajo, fui a recoger a los niños y fuimos a casa.

* Venid un momento-les ordené-, os voy a explicar algo.
* ¿ Qué pasa Bella?- dijo Paul acercándose y los demás lo siguieron.
* Veréis, tengo que compraros los libros y los materiales para el cole y necesito dinero para eso.
* Lo siento – dijo Seth.
* No, no quiero que te disculpes. Tenéis todo el derecho de el mundo en estudiar e ir al colegio. ¿Vale?
* Vale Bella.
* Bien, pues lo que os quiero decir es que tengo otro trabajo en la tarde y vendrá a cuidaros una chica compañera de el trabajo de por la mañana. Se llama Jéssica. Os dejaré todo preparado. Os daré la merienda y os bañaré. Dejaré la cena preparada también y sólo os tendrá que meter en la cama.
* ¿ Y cuándo volverás?- preguntó Paul.
* Salgo a las doce de la noche, así que supongo que llegaré sobre las doce y media. A esa hora estaréis más que dormidos.
* Bella , no quiero que te vayas-lloriqueó Seth.
* Cariño sólo voy a trabajar. Si de noche os despertáis estaré aquí y mañana yo os despertaré para el colegio. ¿ Vale? No quiero que os preocupéis. No os voy a abandonar.

Todos asintieron con caras tristes, pero ¿qué más podía hacer?

* Venga ahora todos a bañarse-ordené.

Bañé a Jeimy y Seth y dejé que Paul lo hiciera sólo mientras que dejaba la cena hecha.

Me cambié de ropa y antes de que me diera cuenta Jéssica ya estaba en casa. Le di instrucciones y se la presenté a los niños. A las cinco y treinta y cinco me dirigía a mi nuevo trabajo echa un manojo de nervios.

Me daba un poco de miedo dejar a los niños solos con alguien que apenas conocía, pero supongo que si trabajaba con el señor Cullen, no sería una loca.

El bar era bastante decente. No era el típico bar de borrachos. Era uno más exclusivo para personas de alto nivel económico. Todos los tipos que llegaban eran abogados, médicos, empresarios o multimillonarios como el señor Cullen.

* Hola soy James, el dueño y tu jefe.
* Hola-era un chico rubio, pelo largo y ojos azules. Bastante guapo-. ¿Jéssica le habló de mí?
* Sí y por favor no me llames de usted, tutéame.
* Vale.
* ¿ Has trabajado alguna vez de camarera?
* Sí .
* ¿Qué sabes poner?
* Pues desde cafés, cerveza hasta cualquier tipo de cóctel.
* Eso está bien. Pues te quedarás en la barra. Las otras chicas servirán las mesas. Ellas no saben mezclar el alcohol ni poner bebidas.
* Ah … de acuerdo.
* Pues todo tuyo- me ofreció con su mano el mostrador para que entrara en el y me fuera familiarizando con las cosas y ir viendo donde se encontraba cada cosa.

Le sonreí.

Entré y lo fui mirando todo. Buscando las bebidas. Los vasos de diferente tamaño. Los aperitivos, hielo, agitador…..

Después de un café por aquí, una cerveza por allá y unas cuantas horas estaba más que hecha y acomodada.

Zafrina y Selena eran las otras chicas que servían las mesas , pero en vez de eso se contorneaban descaradamente, rebuscando a la caza de un marido millonario o al menos un polvo de una noche.

Un grupo de hombres entró formando un poco de jaleo. Rápidamente observé como las chicas se apresuraban a atenderles. Tendrían que ser muy ricos para que ellas estuvieran interesadas.

* Bella- me llamó Zafrina-, tres whiskys solos con hielo, un ron cola y un coñac.
* Muy bien contesté.

Intenté hacerlo con rapidez. Los fui colocando en la bandeja y con el coñac terminé.
* Aquí tienes- le informé y empujé la bandeja hacía ella. Se la llevó sin decir nada más y yo seguí atendiendo la barra.
* Hola nena-levanté la vista y vi a un tipo un poco ebrio. Detestaba que me llamaran así.
* ¿ Qué quiere?-le contesté educadamente.
* Pon me dos ron cola, tres vozkas y seis chupitos de tequila.

Mientras le servía las copas, el tipo no paraba de mirarme e insinuarse.

* Nena -gruñí-,¿ por qué no sales de ahí y te vienes conmigo? Te puedo pagar lo que quieras.
* No gracias, este es mi trabajo. No soy una puta.
* Seguro que no, pero te gustaría pasar una buena noche. Te lo pasarías muy bien conmigo.
* No lo crea- le hablaba muy educadamente-, soy muy aburrida y le aguaría la fiesta.
* No haría falta que hablaras o hicieras nada, sólo dejarte hacer. Dejar tu cuerpo en mis manos.
* No , gracias-volví a contestar. Pero esta vez me agarró por la muñeca de la mano lastimada.
* No admito negativas -me amenazó.
* ¡ Suéltala ahora mismo si no quieres que te meta la mano por el culo y te arranque la cabeza!-gritó alguien y volví mi cabeza en busca de esa voz que me resultaba un tanto familiar.

Oh mierda, el señor Cullen.

* Amigo no se meta-le contestó el borracho.
* ¡ Ahora!-gritó y todos nos sobresaltamos y el tipo me soltó.

El bar se quedó en silencio y todos miraban a el señor Cullen y a ese tipo borracho.

* Pídele disculpas a la señorita-le ordenó .
* No es necesario…-Edward levantó una mano para callarme y me miró reprendiéndome.
* Perdone señorita-se disculpó, me pagó con un billete de doscientos dólares y se llevó su bandeja.

Poco a poco los demás clientes siguieron con sus conversaciones. Yo seguía callada y el señor Cullen me miraba. Esos ojos verdes que miraban dentro de mí. Esos ojos que me hacían perder la razón y la cordura. Eran muy hermosos.

* Gracias-le dije en un susurro casi inaudible.

En ese momento James se acercó a Edward y le agradeció por defenderme. Le explicó que era mi primer día. Se dieron la mano y mi jefe se metió de nuevo en su despacho.

Edward volvió a mirarme durante unos segundos y luego suspiró agarrándose el puente de su nariz como si estuviera enfadado conmigo. Aunque no entendía por qué.

* ¿ Qué haces aquí Isabella?
* Trabajar .
* ¿ Cuántos trabajos tienes? Y ¿ por qué trabajas tanto?
* Trabajo para usted y aquí para James.
* ¿James?
* Sí – ¿a dónde quería llegar?
* Tienes mucha confianza con él para ser tu primer día ¿ no?

Negué con la cabeza.

* El sueldo que te paga mi empresa es bueno, ¿ tantas deudas tienes?-me preguntó con el ceño fruncido.
* No tengo deudas, sólo gastos.
* ¿ Qué gastos puede tener una chica como tu?
* Se sorprendería.
* Eres muy misteriosa- dijo más para él que para mí-. ¿ Qué ocultas?
* No oculto nada. No tengo secretos . Lo que ve es lo que soy. Lo siento no puedo charlar más, tengo que seguir trabajando a no ser que quiera pedir alguna bebida.
* ¿ Puedo tomármela en la barra?
* Sí , claro- ¿por qué se querría quedar en la barra teniendo a sus amigos en la mesa?
* Pues en ese caso señorita, póngame un whisky con hielo, por favor.
* Ahora mismo señor Cullen.
* ¿ Por qué no me llamas Edward?
* Lo siento pero no podría. Es usted mi jefe.
* James también…

Llevaba razón. Pero no me sentía cómoda llamándolo simplemente Edward.

* Además ahora sólo soy un cliente.

Estaba poniéndome muy nerviosa y como acto reflejo me mordí el labio como era mi costumbre.

* ¿ Qué te parece si cuando ya no estés en mi empresa me llamas Edward?

Estaba dudosa , no creí que fuera correcto. Él vio mi conflicto e insistió.

* Por favor…

Asentí .

* Bien , en ese caso llámeme Bella.
* Gracias y será un placer. Por cierto esa abreviatura te va como anillo al dedo- me ruboricé.

Charlamos un poco sobre cosas sin importancia mientras yo atendía a algún cliente. Cuando nos quedábamos solos , me preguntaba cosas más personales como:

cual era mi color favorito, mi flor favorita, que música escuchaba o que hacía para divertirme.

* Mi color es el verde limón, mi flor los tulipanes y música no escucho nada desde hace mucho tiempo.
* ¿ Por qué?
* Básicamente porque no tengo tiempo.
* ¿ Qué edad tienes?
* Veintidos- le contesté con duda-. ¿ Por qué?
* Eres muy madura… pareces mucho mayor.

Sobre las diez se acercaron sus amigos.

* Hey Edward ¿ qué hace aquí?- le preguntó un hombre corpulento, con hoyuelos y una gran sonrisa.
* Necesitaba un poco de tranquilidad y una buena conversación. La señor… Bella, me lo ha dado. Es una chica muy interesante.
* Que forma más rebuscada de decir que estabas ligando- contestó un chico rubio con ojos color miel.
* Jasper -gruñó.

Recordé que el despacho de enfrente de Edward en la oficina era de un tal Jasper Whitlock y recordé haberlo visto con una chica morena en las fotos de su despacho.
* Yo no tengo que rendir cuentas a nadie. En cambio ustedes ¿ qué hacen aquí? Seguro que Rosalie y Alice os estás esperando. Además no ligaba con Bella, sólo me hacía compañía y conversábamos.
* Bella- se dirigió esta vez a mi y di un brinquito por la sorpresa-. Este es mi hermano Emmet- señaló al chico moreno corpulento y este de aquí es Jasper mi cuñado- lo señaló-. Su despacho que da frente al mío- esto lo dijo en un susurro cerca de mi oído para que nadie más lo oyese-. Es el abogado de la empresa.
* Oh, -sólo pude decir. Sentí un escalofrío que me recorrió toda mi columna cuando su aliento rozó mi cuello.
* Este de aquí es mi padre Carlisle.
* Es un placer conocerte Bella- me estrechó la mano.
* El gusto es todo mío-le contesté y le brinde una sonrisa sincera.

Unos brazos me aprisionaron y me abrazaron.

* eres como una pluma, no pesas nada- me ruboricé y mis mejillas se colorearon.
* Emmet- recriminó Edward.
* Vale , vale, ya me voy.
* Edward ¿ te quedas?-preguntó su padre.
* Sí, me quedaré un rato más.
* Bien en ese caso hasta mañana.
* Adiós papá, mándale un beso a mamá.
* Claro hijo, de tu parte. Adiós.

Se fueron.

La barra estaba ocupada por Edward y otros dos tipos.

* ¿ A qué hora sales?- me preguntó.
* A medianoche- lo miré dudosa y supo que quería explicaciones por su pregunta.
* Para llevarte a casa.
* No gracias-bufó.
* No voy a dejar que vayas a casa sola tan tarde. Podrías encontrarte con otro sin vergüenza como el de antes.
* No es necesario. Tengo coche- pensó unos segundos.
* Pues iré detrás de ti con mi coche hasta tu casa, para cerciorarme de que llegas bien.
* Señor Cullen- reprendí.
* Edward – me corrigió.
* Señor Cullen- puntualicé y el bufó-, no necesito, ni quiero una niñera. Tampoco somos familia, ni amigos. Le he dado las gracias por ayudarme con el hombre de antes, pero usted es mi jefe y un cliente, no somos nada más. No se preocupe por mí, se cuidarme sola. Se lo agradezco pero no necesito su ayuda.
* No quería ofenderte….sólo ayudarte. Sé que soy tu jefe, pero ¿ ni siquiera podemos ser amigos?
* No quiero que quiera que lo vean con una chica de mi clase.
* ¿ Y cuál es su clase si se puede saber?
* Usted es el dueño de una gran compañía y yo soy una simple limpiadora. No sería bueno para su imagen que lo vieran conmigo.
* Te has olvidado de que también eres camarera.
* Esto sólo es eventual.

Su cara se tornó sería y su mandíbula se endureció formando una linea recta con sus labios.

* Ya…sabes….creí que eras diferente y que no te fijabas en las cosas superficiales. Me equivoqué. Sin embargo yo veo a la persona que hay debajo de esa coraza, veo en tu interior. No me importa que seas limpiadora , camarera, cirujana, arquitecta o cualquier cosa, porque seas lo que seas siempre serás tu. Cuando te miro , sólo te veo a ti.
* Yo no soy así, pero sé que una persona de su situación social nunca se mezclaría con alguien como yo. Además no tengo que darle explicaciones. Sé muy bien que soy y que no soy. Sé lo que quiero y lo que necesito. Perdona si te he dado la impresión equivocada, pero lo cierto es que no me importa lo más mínimo su opinión.

Nos miramos unos segundos el uno al otro en silencio.
* Entenderé si quiere despedirme- musité.

Cogió su vaso de whisky y se lo bebió de un trago. Sacó quinientos dólares y los soltó en el mostrador.
* Quédate con el cambio- dijo con un tono cortante y agrio-, tu lo necesitas más que yo-añadió.Se dio media vuelta y se fue de el bar sin decir nada más.

Su cuenta apenas llegaba a doscientos dólares.

Me sentía mal. Me había pasado lo reconocía, pero no me podía permitir tener ninguna distracción. Por no pensar en que yo simplemente sería un capricho o un entretenimiento de una noche para él.

Por fin pasó mis restantes horas de trabajo sin más complicaciones ni incidentes. Me pagaron cuarenta dólares por el día y me informó el viernes se repartirían las propinas entre las tres. Cogí mis cosas y llegué a casa. Si esta mañana cuando me levanté me sentía cansada, ahora había llegado a cotas desconocidas de la extenuación. Sentía dolor en partes de mi cuerpo desconocidas hasta ahora. Besé a cada uno de mis hermanos y rendida, me metí en la cama.

ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO.