SHE'S THE ONE
Robbie Williams

Seth Clearwater

Me había despertado por los chillidos de Leah. La chica no había parado de chillar, al parecer un tal Mark había llegado, y Leah no conseguía encontrar algo. Creo que fue mi madre la que encontró lo tan deseado, porque mi hermana inmediatamente dejó sus chillidos a un lado y salió pegando un fuerte portazo. Y solo cuando sonó por tercera vez el despertador decidí que era el momento de levantarme de la cama.

–Buenos días mamá… –dije mientras bajaba desperezándome las escaleras.

–Buenos días –me sonrió con una bandeja en las manos, llena de un buen desayuno, al menos para una persona normal– y feliz cumpleaños.

–Gracias mamá –dije sincero, me acerqué a abrazarla, y me senté enfrente de la azafate– ¿y Leah?

–Ha ido al aeropuerto… Ha llegado Mark.

La miré porque realmente no sabía de qué estaba hablando, aunque era extraño, ya que aunque mi hermana y yo compartíamos en cierto modo el pensamiento, nunca sabía nada de ella.

–Su amiguito.

Mi madre. Leah ya con veinte años, y aun así llamando "amiguito", al que probablemente sería su novio.

Cuando acabé de desayunar salí de casa en dirección al instituto. No llevaba dos segundos caminando cuando mi vecina salía de su casa.

–Hola Nicole –le sonreí.

Era una chica más bien bajita de un pelo anaranjado pero sin llegar a ser completamente pelirroja, de piel casi nívea.

–Hola Seth –dijo mientras bajaba las escaleras del porche. Y cuando estuvimos suficientemente cerca vi que estaba completamente sonrojada– ¡Feliz cumpleaños!

–Ah sí, gracias.

Su padre apareció en la puerta.

–Buenos días Seth –dijo.

–Buenos días.

–Oye, tengo que irme o llegaré tarde a clase, nos vemos luego –dijo Nicole mientras su padre y ella se dirigían al coche.

–Sí, claro. Hasta luego.

La vi subirse al todoterreno negro e irse. Seguí el trayecto que había seguido el coche hasta el final de la calle, y fui en dirección al instituto.

Al final de las clases, mientras estaba en la taquilla, vi a Jacob junto al grupo, a los que no había visto en todo el día.

–¡Jacob! –Chillé. Este se giró y vino hacia mí.

–Hola, Seth. ¿Qué tal?

–Bien, ¿qué vais a hacer hoy?

–Oh… Bueno, cada uno ha hecho los planes por su cuenta, ya sabes…

Sí, sabía. Era lo que llevaban haciendo meses. Cada uno con su respectiva pareja. Y hoy, que era mi cumpleaños, nadie quería pasar una mísera tarde conmigo.

–Tranquilo, ya quedaremos otro día…

Me marché hacia mi casa, y de camino se me ocurrió que podría llamar a Embry. No me contestó ni al móvil, ni a su casa, así que le envié un mensaje, diciéndole que le esperaría en la playa si quería venir.

Paré por casa antes, y enseguida fui a la playa, esperando encontrarme a Embry allí, cosa que no fue así. Me tumbé en la arena, y vi como unas cuantas chicas jugaban al voleibol. Estuve un rato mirándolas, una, la más guapa, me pilló en una mirada, supuse, bastante descarada, se rio y me saludó, le sonreí y le iba a devolver el saludo cuando una sombra se puso delante de mí. Era Embry. Me extendió la manó y me levanté con su ayuda.

–Hola tío –estaba sonriente y parecía muy feliz.

–Hola –dije medio cabreado, de que interrumpiera mi "táctica de ligue".

–¿Vamos a echar unas partidas a la play?

–Claro –le sonreí, y me olvidé completamente de la chica, que seguía esperando mi saludo.

Fuimos en dirección a mi casa, ya que vivía realmente al lado de la playa. Cuando llegamos a la calle donde vivía, de nuevo, volví a encontrarme a Nicole, esta vez llegando a su casa.

–Hola Nicole –dije cuando salió del coche.

–Ah, hola Seth.

Se acercó a nosotros mientras le indicaba a su padre que ahora le seguía.

–Quédate si quieres –le dijo–, tengo trabajo que hacer.

Y entonces me di cuenta. Como se acababan de mirar Embry y Nicole, y me maldije a mí mismo. Miré a Embry y le dije:

–¿Enserio?

Ni si quiera me contestó, y vi como se truncaba mi plan, de palomitas, cerveza y play.

–Nicole, este es Embry. Embry, ella es Nicole, mi vecina.

–Hola, encantado –le dijo.

–Igualmente –se sonrojó ella.

Como vi que pasaría la tarde de aguanta-velas decidí dejarlos a solas.

–Acabo de acordarme de que tenía que hacer algo importantísimo, que es… –dije, y pensé un instante, y decidí no inventarme nada. Total, a ninguno de los dos les iba a importar–. ¿Por qué no vais a la playa a dar un paseo?

–Sí claro, sería muy guay –dijo Embry.

¿Mi amigo acababa de decir "guay"? Sí que debía estar imprimado, sí.

–Está bien –secundó Nicole–. Hasta luego Seth.

Seguí recto, en dirección al final de la calle, pasé de largo por mi casa y salí corriendo, camino al bosque.

Me deshice de cuanto llevaba encima, entré en fase, y me volví a mi forma lobuna.

Corrí por el bosque, en busca de un claro al que tiempo atrás me había llevado mi padre. Al fin lo encontré, después de lo que creí fueron dos horas. Me acerqué a beber agua al riachuelo que corría por ahí. Y de repente noté algo. Me giré para observar qué era.

Una chica rubia de ojos claros me observaba asustada. Era preciosa. Me quedé mirándola. No se movía, estaba quieta por el miedo. Entonces me di cuenta, en cuanto reaccioné, de que había estado llorando. Me pregunté si estaría teniendo miedo de mí. Pero aunque me mirara de forma extraña, demostraba que yo no era el causante de su miedo. Me fui acercando a ella lentamente, para que no se asustara. La chica se sentó en la hierba y se quedó quieta. Fue retrocediendo poco a poco hasta que no pudo más porque un árbol le oprimía el paso.

Sigilosamente movía una pata tras otra, y otra y otra. Y sin mucho pensarlo me coloqué enfrente de ella, me senté sobre mis cuartos traseros y la observé. De cerca era aún más bonita. Su piel era blanca y sus cabellos dorados. De repente su suave mano rozó mi pelaje y un escalofrió me recorrió el cuerpo. Esa sensación fue extraordinaria.

La chica sollozó de nuevo. No entendía por qué. Me acerqué a ella, no quería que su rostro se bañara en lágrimas. Era tan perfecto. Si no hubiera estado en forma lobuna la hubiera abrazado para poder tenerla cerca de mí. No sé qué era lo que sentía en ese momento, pero me gustaba y ni se me hubiera ocurrido alejarme.

–¿Por qué me ha tenido que hacer esto? –Respiró hondo, me acarició el pelaje y prosiguió–. Yo le quiero.

Esas palabras me dolieron. Pero, ¿por qué dolían? Instintivamente me acerqué a ella para darle mi calor, que no llorara, para que no se sintiera sola. Su mano recorrió mi cuerpo y noté algo frio. Rebusqué en su mano y lo encontré. Tenía una ponzoña. Una media luna dibujada le marcaba su muñeca. Su brazo no era del todo frío pero tenía una temperatura baja en comparación a la gente normal. No era un vampiro. No olía mal, y tampoco su piel era fría, restando el antebrazo. Quizás la habría mordido un vampiro. Y cuando iba a sacar mis conclusiones, algo irrumpió en mi pensamiento.

Era la voz del Sam.

Seth, reunión importante. Ven ¡ya!

Dios, Sam me había escuchado. Estaba claro. Un aullido me alarmó. La chica se asustó. Se aferró con fuerza a mí. Tenía que irme ya. Lamí su brazo y se apartó. Entonces pude salir corriendo.

Cuando acabó la reunión yo seguía pensando en esa chica, es más, no había dejado de hacerlo. Jacob me miró confundido, y me hizo una señal de que me podía ir.

Afirmé con la cabeza y me fui. Quería llega al claro de nuevo, quería encontrarla, conocerla. Pero sabía que cuando llegara al claro, ella se habría ido. Y se confirmaron mis sospechas cuando llegué al lugar, y no había nadie más que yo.

Decidí volver a mi forma humana para que nadie me leyera el pensamiento. Me puse los pantalones que colgaban de mi tobillo y fui directo a casa. Caminaba pensando en aquella chica, necesitaba verla, no entendía por qué, pero lo necesitaba.

Ya en casa, encontré una nota en la nevera, aguantada por un imán que rezaba:

"Charlie me ha invitado a cenar, hay comida congelada en la nevera. No me esperéis despiertos. Besos, Mamá."

Me encantaba que Charlie y mamá estuvieran juntos aunque ellos lo negaran. Cuando murió mi padre, ella se sintió sola, y gracias a Charlie salió adelante. No esperé que Leah viniera a casa, me había dado a entender que se iría con su "amiguito" como decía mi madre. Y de nuevo ahí estaba yo. En la noche de mi diecisiete cumpleaños, solo, y esperando a la chica rubia. Eso sí, en mis sueños.