CALLED OUT IN THE DARK
Snow Patrol

Seth Clearwater

El sonido de la puerta me despertó. Había dormido varias horas, pero aun así no eran más que las diez. Me levanté del sofá y fui a abrir la puerta, ni pensé en echar un ojo por la mirilla.

Abrí la puerta de par en par, y con una velocidad increíble alguien, a quien identifiqué como Quil, me puso una bolsa de tela en la cabeza. Otro alguien, que no era más que Embry, me empujó y me hizo subir a una furgoneta, y segundos después esta se ponía en marcha. Jacob conducía.

–Chicos, ¿enserio hace falta todo esto? –les dije cuando llevábamos diez minutos en la carretera.

–Sí –dijeron los tres a la vez.

No volví a abrir la boca en el resto del viaje, pero no quería imaginar la clase de locuras que se les podía haber ocurrido.

Jacob paró el coche en un suelo de gravilla, que enseguida reconocí como la casa de los Cullen. Me hicieron subir a rastras las escaleras, aun con la bolsa en la cabeza.

–¿Esta es forma de tratar al cumpleañero? –dijo Alice cuando abrió la puerta, me hizo pasar dentro y me quitó la bolsa de la cabeza.

–¡SORPRESA! –Gritaron un gentío que había aglomerado en el salón. O eso me pareció a mí.

Mis amigos, mi familia, todos allí, para felicitarme. Una fiesta sorpresa. Para mí. Vaya.

–Joder gracias, esto es genial. Muchas gracias –dije completamente sonriente.

Todos sonrieron. Alice me cogió del brazo y me llevó delante de todos los presentes. A los que tuve que saludar uno a uno.

Se hizo tarde muy pronto, mucha gente se había ido ya, incluida mi madre y mi hermana, por lo que decidí acoplarme en el siguiente coche que se dispusiera a ir hacia La Push.

Y ahí estaba yo, en el coche, con Tyler Brum. Un chico, que pronto formaría parte de la manada, y con el que había compartido gran parte de mi infancia.

–¿Qué tal Seth, como te va todo? –me preguntó cuando llevábamos un tiempo en el coche.

–Todo genial, la verdad es que la fiesta no me la esperaba ni por asomo.

–Me alegra que te gustara.

–Y tú, ¿qué tal?

–Psé…

–¿Va algo mal? –pregunté un poco por curiosidad.

–Ayer discutí con mi novia, ya sabes… –el ya sabes de siempre, que nunca conocía–. Ahora mismo andamos un poco mal.

–Ahja –dije ya sin mucho interés, al ver que aquello iba de "chicas".

–La verdad es, que he intentado arreglarlo, pero es una tozuda.

–Jmmm…

–Y no se puede hablar con ella…

Se quedó en silencio varios segundos y prosiguió:

–Aunque si hubiera alguien delante, no se comportaría como una loca.

–Ajam… –seguí murmurando sin prestar atención.

–¡Y ese alguien puedes ser tú!

–Claro tío –contesté, sin realmente tener idea a lo que respondía.

–¿Enserio? ¿Me ayudarás?

–¿Eh? ¿Qué?

–¿Me acompañarás a hablar con ella ahora, y así estando tú delante, no se pondrá como un histérica, y podremos hablar?

–¿Qué? No, no, no, no –dije negando con la cabeza–. Soy un negado para los problemas del corazón.

–Por favor, Seth…

No esperó ni una respuesta, dio un volantazo y se puso en dirección a Forks, de nuevo. Condujo hasta un parque, donde había una serie de adosados, a los que nos dirigimos hasta llegar a el último de la calle. Cogió una piedra dispuesto a lanzarla hacía una ventana, pero de pronto, de detrás nuestro, apareció una mujer en bata, bastante joven, que parecía haber salido a tirar la basura.

–Hola Tyler –dijo un tanto con rencor, la mujer–, ¿qué haces aquí? ¿Y a estas horas?

–Hola Helen, venía a ver a Meg… ¿Está?

–Sí, pero no sé si es conveniente… Es que es muy tarde –dijo mientras abría la puerta de la entrada.

–Ya lo sé, pero no puede esper…

Una chica bajaba las escaleras e interrumpió a Tyler.

–Da igual mamá, será solo un momento, no te preocupes.

–Está bien, pero no os enredéis.

La chica salió, su madre entró y la última cerró la puerta de un fuerte portazo.

–¿Y bien? –dijo la chica.

Hasta entonces no la había visto bien, pero de pronto, la luz del porche se encendió y la vi, a ella. Ella. Mi chica. La chica. La que lloraba en el claro. ¡La había encontrado! Pero había un problema técnico. Ella era la novia, del que se suponía mi amigo… Quizás si consiguiera que rompieran… Pero, ¿qué estaba pensando?

–Oye mira, quiero que arreglemos las cosas. No me gusta estar así contigo –le dijo Tyler a ella.

–¿Crees que a mi si? ¡Eres tú el que se vuelve loco, cada vez que anda una chica a menos de 1 km a la redonda!

–¿Quieres hacer el favor de no chillarme?

–¡Tyler no me hables así! –chilló enfurecida.

–En primer lugar es tarde. No querrás levantar a todo el vecindario, ¿no? Y en segundo lugar, vengo con un amigo, y estás quedando como una loca.

Yo en todo este tiempo había estado callado, mirando a la que se suponía, era la novia de mi amigo. Embobado como un gilipollas.

–Hola –dije medio tartamudeando.

–Perdona –dijo Megan algo enrojecida, lo que no sabía era, si me lo decía a mí, o a él.

En ese momento nos miramos a los ojos y juré que jamás había estado tan emocionado en mi vida. Mi corazón iba a cientos de quilómetros por hora. Y su mirada brillaba, pese a estar medio a oscuras.

Nos quedamos en silencio los dos, mientras Tyler se dedicaba a hablar solo.

–¿Y bien? –dijo este a Megan.

–¿Qué? –dijo ella saliendo de su ensimismamiento.

–Quiero que volvamos y nos dejemos de gilipolleces.

–¿Crees que es este el momento para hablar? ¿Con tu amigo aquí delante?

–Oye que a Seth no le importa y así hay alguien para testificar en mi favor en caso de homicidio.

Megan rio entre dientes, y ambos se miraron. Tyler se acercó al rostro de la chica y le plantó un beso en los labios, al que ella respondió con otro beso.

Ya por descontado me sentía fuera de lugar, pero más aun, cuando ves a la chica por la que sientes "algo" besuquearse con otro, que no eres tú. Celos, creo que se llaman.

Ella se separó de él entonces, y le susurró al oído:

–Odio que me hagas esto.

Tyler la abrazó y ella hizo otro tanto, agarrándole de la camisa con fuerza, y pareció que se ponía a llorar, o al menos eso me pareció a mí.

Estuvieron teniendo una conversación, que creían mantener privada. Y lo hubiera deseado, antes que escucharles, pero me era inevitable.

Él le decía lo muy arrepentido que se sentía. Que lo que les había pasado estas últimas semanas jamás se volvería a repetir. La quería a ella más, de lo que ella pudiera imaginar o fuera él capaz de demostrar.

Ella le reprochaba que fuera incapaz de demostrárselo. Que las personas no podían cambiar, solo afrontaban lo que son. Que a la primera de cambio la dejaría plantada a un lado.

Él le explicaba que las personas sí podían cambiar, lo hacían para conseguir algo.

Ella le dijo que el problema era que él ya la tenía. Pero que le quería, y mucho.

Él finalizó la conversación diciéndole que aunque la tuviera no estaba dispuesto a perderla. Que las cosas irían para mejor.

Me dediqué a mirar el reloj como un tonto, y pensando en cuales podrían ser sus problemas, cual debía ser el "cambio", que ella no esperaba de él. Pensando, en lo estúpido que podía ser alguien como para plantearse alejarse de una chica como ella.

Se separaron de nuevo, y como acto reflejo me volví para mirarla. Ella me sonrió y le devolví la sonrisa, como un tonto. Ahora era Tyler quien se debía sentir fuera de lugar, o eso era lo que esperaba yo.

Se despidieron con un beso largo y apasionado. Como me hubiera gustado a mí besarla. Entró en su casa, dejándome como recuerdo un tímido saludo y una sonrisa, y se apagó la luz del porche.

Nos fuimos alejando, en dirección al coche. Quería volver a mi casa. Por hoy, ya había tenido suficientes sobresaltos.

Andábamos conduciendo ya, cuando me dio las gracias.

–Tú me has obligado a ir –le dije, un tanto con reproche.

–Si pero si no hubieras estado ahí, probablemente no lo hubiéramos "arreglado" –dijo remarcando las comillas.

–¿A qué te refieres?

–Ya sabes... –no, no sabía, el "ya sabes" de siempre. Le miré expectante, esperando una respuesta–. Esto solo es una pataleta. En dos semanas ni se acordará de nada. Y habremos discutido para nada. Y todo volverá a ser como antes. No es la primera vez que nos pasa.

No le insistí, pero no acababa de comprenderle, acaso, pretendía que todo fuera igual que antes, ni tampoco le pregunté por el antes, pero creí pensar que las personas sí cambiaban. Y creía pensar que ella lo había hecho, pero él se había quedado estancado, por decirlo así, en el pasado.

Pero tampoco entendía, como ni se planteaba hacer el esfuerzo. Estaba él seguro de que todo volvería a ser como antes, pero yo no lo creía igual. Aunque no los conociera a ambos, sí me conocía a mí.

Me fui a la cama medio cabreado, pero pensando en ella, y pensando en ella me dormí.

Megan Reeves

Todo había pasado muy rápido. Y me había dado cuenta de que lo había hecho muy mal. Lo había arreglado con Tyler de aquella manera, pero no estaba segura de haber hecho lo correcto. Ciertamente él no iba a cambiar. Porque realmente había sido yo quien lo había hecho. Aunque mi madre lo llamaba madurar. Quizás fuera el momento de decir adiós a todo eso. De empezar algo nuevo, volver a ser "libre". Aunque me costaba hacerlo, porque de veras le quería, y aunque solo tenía quince años, me costaba entender, como ambos podíamos sentir tan profundo. Pero, ya nada volvería a ser lo mismo. Pero me costaba tantísimo alejarme de él.

Mi madre apareció por el pasillo.

–Buenas noches, cariño –dijo, e iba a cerrar la puerta cuando un hilo de mi voz la retuvo.

–Mamá.

–Dime hija… –se sentó a mi lado, aunque ella no lo necesitaba pero yo sí. Su fría mano recorrió mi brazo.

–Mmm… –no sabía cómo debía empezar la frase, esperaba que ella lo presintiera.

–Antes de que digas nada, debo decirte algo –me agarró de la mano y lo soltó–. No me gusta Tyler, nunca me gustó, te hará sufrir como sigáis con este estira-y-afloja.

Mi madre, aunque no lo fuera biológicamente, me entendía a la perfección.

–Lo sé…

–Me alegro que lo entiendas Megan, ahora mejor descansa.

Apagó la luz, y se fue, fugaz como siempre.

Pero yo no dormí, seguía un poco alterada, tras las cosas que hoy habían pasado. Y aun así, había una cosa que me intrigaba. Ese lobo que estuvo conmigo esa misma tarde, como consolándome, tan humano. Y creí ver a ese mismo lobo, en los ojos del amigo de Tyler, Seth. Me tenía embelesada. Esperaba volver a verlos, tanto a él, como al lobo. Y pensando en ellos me quedé dormida.