Hola! Creo que les debo mucho más que una disculpa por haber tenido tanto tiempo suspendida esta historia, no volverá a pasar, me había concentrado en terminar otra antes de continuar con esa. Ahora seguiré actualizando de manera semanal o un poquito más o menos de acuerdo a cómo puedo, pero no volveré a tardar así.

Sí hay quienes aún leen este ff, les puedo decir que este capitulo es lo que han estado esperando, o eso creo así no quiero demorarlas más, lean.

Lo último antes es que me gustaría hacer un mención especial a alguien a quien conocí por esta historia, una buena amiga, Feña este cap va para ti por toda tú paciencia( Y no hablo sólo de la espera por el capitulo)

Nota: Los personajes de Glee no me pertenecen.


Capitulo Ocho:

Los ojos de Santana oscilaban entre el camino y la radiante rubia que estaba a su lado. Los nervios de los primeros momentos habían sido remplazados por el placer que le generaba poder tener su primera cita con Quinn, de tenerla ahí, junto a ella, dispuesta a recibir lo que ella le ofreciera, dispuesta a tomar su mano, a corresponderle en cada sentimiento. Tomar su mano, gesto que para otras parejas era cotidiano, normal, autómata, para ellas significaba ir de a poco asumiendo que estaban juntas, someterse al tan temido escrutinio público. Unirse para enfrentar lo que fuera necesario.

Santana se arrepentía de haber pasado tanto tiempo ocultando lo que era, lo que sentía, lo que la hacía especial, en el buen sentido, no anormal sino que diferente. Se sentía como si ya no llevara el peso del mundo sobre sus hombros. Sobretodo porque pasó lo que ella no creía que pasara, sus sentimientos eran finalmente eran correspondidos. Se lamentaba más por no haber visto antes lo que Quinn sentía por ella, y no asumir sobre si misma que con esa rubia siempre había tenido sentimientos confusos. Confusión generada por su relación fallida con Brittany que la desvió de poder ver a Quinn por lo que era.

-¿En que piensas?- Preguntó la rubia para sacarla de ese embelesamiento-.

-En la suerte que tengo por llevar a una chica tan hermosa como tu a una cita-. Respondió-

-Soy yo la que tiene suerte-. Dijo sonriente-. ¿Puedo saber a dónde me llevas?-.

-No, es una sorpresa, lo único que te puedo decir es que necesito que tengas paciencia porque esta algo lejos- Expresó con confianza-.

-¿Lejos? ¿Esto no es un secuestro, cierto?- Preguntó fingiendo preocupación-.

-En realidad…has descubierto mis planes Quinn Fabray, y cómo me has descubierto, ahora tendré que matarte- Contestó con una expresión seria-.

-¿Y no habría una forma de convencerte de no hacerlo?- Dijo insinuante acariciando lentamente el muslo de la morena-

-Mmm…estás insinuando que puedes ofrecer algún tipo de favor sexual a cambio de tu vida-. Dijo disfrutando de la caricia-.

Quinn rio ante las palabras de su morena. Santana podía ser tan tierna hasta cursi en algunos momentos, pero en su esencia estaban esas declaraciones traviesas que lejos de molestarle le hacían querer más estar con ella.

-Esta noche te puedo dar lo que tú quieras de mi Santana López-. Respondió con seguridad-.

Santana giró para verla a los ojos, ciertamente esa respuesta la sorprendió, ambas sabían a lo que Quinn se refería.

Anduvieron aproximadamente cuarenta minutos para llegar al lugar de destino. Era un pequeño restaurant, rustico, ubicado unos kilómetros adentro hacía una desviación que tomó la latina en la carretera. A Quinn le causo curiosidad porque no lo conocía, pero con sólo ver la fachada le gusto. Santana se bajó y se dio la vuelta para abrir la puerta caballerosamente.

-Gracias- Dijo la rubia ante el gesto-.

-Un placer, entramos- Expresó y le ofreció su mano-.

La rubia la tomó con confianza, no le importo si alguien pudiera verlas, aunque en ese lugar tendría que ser realmente muy mala suerte. Cuando entraron, Santana se acercó a dónde estaba el anfitrión.

-Tienen reservaciones señoritas- Preguntó el joven-.

-Sí, a nombre de Santana López, por favor- Respondió la morena-.

El joven le dio una mirada cómplice y reviso en su lista.

-Señoritas, por favor acompáñenme- Les pidió-.

Si por fuera tenía una fachada rustica por dentro se definía un poco más sofisticado, sin perder su esencia, había parejas de distintas edades cenando y divirtiéndose. El joven seguía avanzando por el local, hasta que llego al final dónde volvían a salir a una pequeña e íntima terraza. Había sólo una mesa, delicadamente adornada y junto a uno de los puestos una rosa amarilla.

-Tal cómo lo pidió señorita López- Dijo el joven-.

-Muchas gracias- Respondió la morena-.

-En un momento vendrán a pedirles sus órdenes, que disfruten su velada- Expresó antes de irse-.

Santana tomó la rosa entre sus manos y se la ofreció a la rubia.

-Siempre me acuerdo de ti con este color-Dijo con algo de vergüenza-.

-Gracias San, es un hermoso detalle de tu parte, no pensé que te tomarías tantas molestias, yo con el simple hecho de estar contigo me hubiera conformado-Confesó y recibió la flor manteniendo la mano de la morena enlazada con la suya-.

-Quiero demostrarte que eres importante para mi Q, que te des cuenta que esto entre nosotras puede resultar, que puedo ser esa persona especial en tú vida…-Expresó demostrando una vulnerabilidad que no era muy característica de Santana López-.

-Ya lo eres San, con cita o sin cita ya lo eres, te quiero más de lo pensé podía querer…-Respondió acercándose-.

-Te quiero… - Le dijo y rompió la pequeña distancia en un tierno roce de labios-.

Las dos sonrieron, se sentía tan bien poder hacer eso. La latina le retiro la silla para que se sentara y luego se ubicó al frente.

-No conocía ese lado tan atento de ti, pero debo reconocer que me encanta, me haces sentir tan especial- Dijo la rubia-.

-Tú eres especial, no es necesario que yo haga cosas para que te sientas así-. Contestó-.

El mesero no tardó en llegar para dejarles la carta. Las chicas estaban mirándola para ver que iban a ordenar, cuando el celular de la rubia sonó, era un mensaje.

-Supongo que estás disfrutando de una hermosa velada con tú fiera latina, espero que salga todo excelente. R-.

Quinn sonrió ante el detalle de su nueva amiga. No sabía como había llegado a tenerle ese cariño a Rachel, y se lamentaba en lo profundo por haberla hecho sufrir en algún momento, la chica había demostrado ser una excelente persona, se había comportado muy bien con ella, dándole todo su apoyo cuando más lo necesitaba. Por lo que se apuró en escribirle una respuesta.

Ese gesto no pasó desapercibido para Santana, quien no quería caer otra vez en ese estado de celos, pero su curiosidad, pudo más.

-Puedo saber quien te envía mensajes a esta hora-Preguntó sin quitar su vista de la carta-.

-Rachel- Respondió sin pensar en lo ocurrido días anteriores-.

La latina cambió la expresión de su rostro por una mas seria. No sabía muy bien porque esa creciente relación entre Quinn y Berry cuando desde siempre no habían hecho otra cosa más que pelear y siendo sincera no le terminaba de gustar del todo. Quinn se dio cuenta pero cuando iba a aclarar el porqué del mensaje, Santana comenzó a decirle su orden al mesero, por lo que ella hiso lo mismo. Cuando la estaban solas otra vez, la morena rompió el silencio.

-¿Desde cuando eres tan amiga de Berry?-Preguntó intentado no sonar celosa-.

-¿Estás celosa de Rachel? preguntó divertida-.

-Ya respondí esa pregunta, ¿recuerdas?, sí, ese día dónde preferiste hacerte arrumacos con ella que ir a almorzar conmigo, así que responde tú la mía ahora-Contestó la morena-.

-Rachel lo sabe- Expresó con calma bajando levemente la mirada-.

La latina frunció el ceño no entendiendo del todo esa respuesta.

-¿Cómo que lo sabe? ¿Qué es lo que sabe?- Interrogó algo perdida-.

-Lo que pasa entre tú y yo- Contestó expectante a la reacción que iba a tener su morena-.

-Tú…se lo dijiste…-Dijo entre sorprendida y preocupada-.

-No, ella se dio cuenta sola, esa noche cuando nos besamos en la casa de Britt, nos vio, yo sabía que nos había visto- Le recordó-.

-Pero… ¿No se lo dijo a nadie? ¿Ni a Finn?...Se supone que ella esta enamorada de ese idiota-Preguntó dudosa-.

-Yo pensé que lo haría al principio, pero esa noche después que te fuiste, ella se quedó conmigo, me llevo a mi casa, hablamos y me dio todo su apoyo, me dijo que contara con ella y que no diría nada, que guardaría nuestro secreto y lo a hecho, por eso mi cambio de actitud con ella, es una buena persona San, porque por como la hemos tratado nos merecíamos que les dijera a todos- Explicó la rubia-.

Santana ahora entendía el porqué de todo y no podía evitar sentirse algo imbécil, por haber dudado de Quinn, por haber dejado que ese carácter tan impulsivo que tenía la dominara y la llevara a hacer cosas de las que ahora se arrepentía.

-Lo siento- Se disculpó sinceramente-.

-No tienes porque San, eso si deberías mejorar tu comportamiento con Rachel-Le pidió la rubia -.

-Lo intentaré, pero es que a veces el Hobbit realmente me saca de mis casillas- Le dijo-.

-Podrías partir por evitar los sobrenombres, se llama Rachel-Expresó-.

-Le diré Berry y es mi última con una sonrisa-.

-Supongo que es lo que más podré obtener de ti- Se resigno la rubia-.

La cena se estaba llevando a cabo entre conversaciones, miradas cómplices, y roces de sus manos sobre la mesa. Era una noche realmente perfecta, una brisa cálida, el cielo estrellado, la comida deliciosa y para ambas la mejor compañía que pudieran desear.

-Me encanta estar aquí contigo…-Se sincero la morena- Nunca pensé que algo así pudiera pasar entre tú y yo-.

-La verdad yo tampoco, siempre creí que esto que siento se quedaría guardado en mi corazón, estaba perdiendo la esperanza…-Le respondió-.

-¿Por qué no me lo dijiste antes Q? Porque si, nos habíamos distanciado , pero hubo un tiempo en que éramos muy unidas- Le preguntó-.

-Por miedo, porque sabía lo que tú sentías o sientes por Britt, no creí tener ninguna oportunidad contigo, además estaba con Finn, no porque lo quisiera realmente, sino por costumbre, por mantener todo eso de la pareja dorada de Mckinley, me ayudaba por momentos a sacarte de mi cabeza, pero nunca pude hacerlo del todo- Respondió sinceramente-. Creo que desde que éramos niñas que despertaste algo diferente en mi sólo que nunca supe cómo asimilarlo-.

-Te entiendo, para mi tampoco ha sido fácil, y tú lo entiendes mejor que nadie, todo eso de mantener una reputación, de tener miedo a lo que dirán, a que te rechacen y claro por todo lo que pasó con Britt, y con eso quiero que sepas que ya no siento lo mismo, quiero que estés segura que es contigo con quiero estar- Expresó con confianza-.

-No es necesario que lo digas y no te voy a presionar al respecto, sé que los sentimientos no se pueden manejar, ni menos puedes olvidar a una personas de la que te enamoraste, tan importante en tú vida, pero tengo la confianza como para decirte que voy a hacer todo lo posible porque me quieras a mi y sólo a mi- Dijo la rubia tomando su mano-.

-Ya te quiero Q, no sé cómo ni en que momento, pero sólo tú estás siempre dando vueltas en mi cabeza, podemos pasar todo el día juntas y pasan unas cuantas horas y ya te extraño- Le confesó-.

-Eso me hace muy feliz, porque a mi me pasa exactamente lo mismo-. Reconoció sonrojándose-.

-Te ves tan adorable cuando haces eso-. Le dijo la morena-.

Quinn se levantó de dónde estaba para acercarse y le dio un beso que Santana comenzó a profundizar, la tomó de la cadera para sentarla sobre sus piernas y así poder besar esos labios más cómodamente. La latina, comenzó a acariciar el muslo de Quinn, subiendo por sus costados. La rubia estaba sintiendo como un calor se hacía presente en cierta parte de su anatomía ante tan intensas caricias de su morena. Lo mismo sentía Santana quien no podía mantener sus manos quietas.

-Podríamos pedir la cuenta para irnos a casa- Susurró Quinn distanciándose levemente-.

-Aún nos queda cita, esta es sólo la primera parte- Respondió intentando componerse-.

-¿Sí? ¿Y que vamos a hacer ahora?-Preguntó curiosa-.

-Eso es sorpresa, así que levanta tu sexy trasero Fabray, para que nos vamos-.

-¿De verdad quieres que me levante?-Preguntó alzando una ceja y susurrándole sensualmente al oído-.

-Ya no me hagas esto- Le pidió soltando un pequeño gemido-Aún nos queda el postre-

-Yo ya sé lo que quiero de postre y tiene puro sabor latino-Susurró mordiendo el lóbulo de la oreja-.

-Quinn…-.

-Te deseo tanto-Seguía la rubia-.

-Y yo a ti Quinn, pero si sigues haciendo eso, nos echarán de aquí por tener conductas inadecuadas-.

Quinn tomó una pequeña distancia para admirar la belleza de su chica y cómo aquellos voluptuosos labios que tanto le gustaba besar estaban levemente hinchados a causa suya y la intensidad que había tenido al besarla.

-Tienes razón-Aceptó no de muy buena gana-.

Santana llamó al camarero que las había atendido para pedir la cuenta y proceder a cancelarla. Tomó la mano de Quinn con propiedad para dirigirse a la salida, le volvió a abrir la puerta de su auto para que la rubia entrara y así hacer camino para llevarla al otro lugar que tenía planeado. Ciertamente nunca se había preocupado tanto de una cita, de hecho no recordaba haber tenido una así, pero era Quinn con quien estaba, esa rubia que cuando estaba con ella le daban ganas de ofrecerle el mundo, de tratarla con una delicadeza única, cómo si fuera una frágil pieza que podría romperse si la abrazaba muy fuerte. Santana sentía que Quinn de alguna manera estaba sacando lo mejor de ella y quería poder retribuirle todo eso.

-Supongo que no me vas a decir a donde vamos- Preguntó Quinn quien no perdía nada con intentar sacarle información.

-Supones bien rubia- Contestó sin mirarla.

-¿Ni siquiera si juego sucio?- Preguntó con esa voz sensual y llevando su mano muy cerca de la entrepierna de Santana-.

-Q, no hagas eso porque puede ser peligroso- Le advirtió intentando controlarse-.

-¿Hacer que?- Preguntó con una sonrisa malévola fingiendo inocencia.

-"Eso" porque me estás desconcentrando y estoy conduciendo-

-Siempre con una excusa López, primero que en el restaurant nos iban a echar y ahora que vas conduciendo, comienzo a pensar que no quieres que te toque- Expresó cruzando sus brazos y con un gesto infantil plasmado en su rostro.

Santana se giró por breves segundos y se dio cuenta del gesto adorable que tenía Quinn. Sonrió de manera idiota, no podía ser que nunca antes haya percibido lo adorable que era, siempre había visto esa parte dura de Quinn, pero ahora todo estaba siendo tan diferente.

-¿Puedes ser más adorables?- Preguntó la latina-.

Quinn giró la cabeza en negación y sonrió.

-Lo mismo me preguntó yo sobre ti-. Contestó-.

La rubia a medida que avanzaban se le fue haciendo familiar el camino, sabía que había estado ahí varias veces antes en su infancia, mucho antes de que se creara todo ese distanciamiento con Santana por sus absurdas peleas sobre quien es más popular, sobre quien gobernaba esa escuela. Se arrepentía de no haber tomado la escuela cómo lo que era, simplemente una etapa de su vida, algo que se terminaría muy pronto dando paso a su verdadera vida fuera la burbuja que había construido. Una vida que esperaba poder compartir junto a esa morena.

Recuerdos se fueron agolpando en su mente al ya estar prácticamente ahí. Imágenes de ellas dos pasando parte de sus vacaciones de verano en aquella cabaña a orillas del lago, contándose secretos a escondidas en el pequeño muelle, tomando el sol en la terraza, muchas nuevas experiencias. Quinn se preguntaba cómo fue que permitió que esa relación se rompiera por algo tan básico cómo una posición en la escuela. Cómo pudo ser tan idiota de perder a Santana, cuando tenía todos esos sentimientos por ella.

-¿Ya sabes a dónde vamos?- Preguntó Santana-.

-Sí, ya lo sé- Contestó-

Santana ya estaba estacionando su auto afuera de la cabaña. Se dio la vuelta para abrirle la puerta y juntas avanzaron hacía la entrada, para ambas significaba que cada paso era en medio de recuerdos, que cada paso las conducía hacía una época feliz. Y ambas querían alojar ahí nuevos recuerdos, de una renovada alianza entre ellas, ahora mucho más fuerte que la amistad.

-Creo que deberías avisar a tú madre que pasaremos la noche aquí- Dijo la morena al entrar-.

-¿Qué clase de cita es esta Santana López?, porque no he escuchado que me preguntes si quiero pasar la noche contigo-Contestó posicionando sus brazos en la cadera-.

Santana la tomó por la cadera posesivamente, para besarla lentamente mientras ningún espacio existía entre ellas.

-Jugaste conmigo en el restaurant y durante el viaje, ahora atente a las consecuencias- Susurró casi sobre sus labios con total sensualidad.

Quinn tragó saliva con dificultad, y sintió cómo se apoderaba de ella un placentero calor corporal que se terminaba por alojar en su entrepierna.

-Dame un segundo- Murmuró mientras buscaba su celular en el bolso-.

-Te espero en la terraza, no tardes- Le dijo depositando un beso en sus labios-.

Santana tenía esa capacidad de que cuando caminaba los ojos de Quinn se quedaban prendados de su cadera, del movimientos armónico que realizaba, de esa magia que desprendía con cada paso que producía en la rubia querer hacer mucho más que mirarla. Así que se apuró en llamar a su madre, le dijo que se quedaría en casa de Santana, y que volvería a casa probablemente después del mediodía.

Cuando salió hacía la terraza vio que su latina tenía la vista fija en el lago que se veía más claro bajo la hermosa luna llena que acompañaba aquella, perfecta noche.

-¿En que piensas?- Preguntó la rubia abrazándola por la cadera y pegándola a su cuerpo-.

-En muchas cosas ¿Recuerdas que aquí te enseñe a nadar?- Preguntó con una media sonrisa-.

-Claro que lo recuerdo, has sido la profesora más efectiva que he tenido, me empujaste desde el muelle para luego gritarme un ¡sobrevive Fabray!- Exclamó recordando-.

-Así aprendí yo, además no fui tan mala porque me lancé por ti, te demorabas mucho en subir a flote- Contestó alzando los hombros-.

Quinn la volteo para verla de frente.

-Tú siempre te has lanzado por mí, lo hiciste esa vez y lo has vuelto a hacer ahora- Susurró a centímetros de distancia-.

-Y lo haré cada vez que sea necesario-Contestó-.

La rubia pasó el dorso de su mano por la cara de Santana, corriendo un mechón de ese oscuro y sedoso cabello por el camino, la morena cerró los ojos para sentir esa caricia, su cuerpo temblaba ante Quinn, su corazón palpitaba más rápido pidiéndole que nunca dejara a esa rubia.

-Te quiero tanto- Dijo Santana con sus ojos cerrados-.

-No más que yo- Contestó Quinn.

Se besaron otra vez de manera menos pasional esta vez pero mucho más profunda, disfrutando del sabor de sus labios, de la respiración agitada de aquella tan singular forma que tenían sus cuerpos de acoplarse sin mediar esfuerzo.

-Vamos dentro, te debo el postre- Dijo la latina.

-Mi postre esta justo aquí- Expresó sosteniéndola para que no se fuera de su lado.

-SI sigues con esas insinuaciones no respondo de mí, así que por favor entremos no quiero que nada quede pendiente en esta cita-

-Te has vuelto una aburrida Santana López- Dijo girándose para entrar a la cabaña-.

Santana sonrió, le encantaban esas actitudes de Quinn, que la hacían darse cuenta cada vez más que su rubia ya no era aquella reina del hielo que tenía miedo de expresar cualquier tipo de emoción. La siguió dirigiendo sus pasos hacía la cocina para buscar el helado que tenía de postre, antes de ir con Quinn.

La rubia había decidido ir a la habitación principal de la cabaña, amaba esa recamara, era espaciosa y el blanco impecable de las sábanas de seda contrastaba con los colores cafés de las paredes de madera, el ventanal daba una vista privilegiada al lago y suponía que los primeros rayos del sol se colaban por las mañanas llenándola de luz natural.

-Tengo helado de frambuesa, tu favorito- Dijo Santana entrando-.

-La única frambuesa que quiero probar es la de tus labios- Contestó volteándose con decisión-.

Quinn tomó el envase del helado para dejarlo sobre el mueble más próximo mientras le devoraba la boca a su latina, quien no se negó a recibirla entre sus brazos. La rubia ya no quería seguir reprimiéndose todas esas ganas que tenía de poseer completamente a Santana por lo que sus manos que en un principio se habían ubicado en la cadera de la morena rápidamente viajaron por ese cuerpo tan bien formado.

Santana emitió un pequeño gemido que no pasó desapercibido para la rubia quien no tenía experiencia pero la estaba compensando con instinto y una pasión desbordante.

-Quinn- Susurró escuchándose más cómo un gemido-.

-¿Qué pasa ahora?- Preguntó distanciándose levemente para verla a los ojos-.

-Quiero que estés segura, no quiero que te sientas presionada a hacer algo de lo que después te arrepientas, podemos llevar esto con calma, yo puedo esperarte todo lo que necesites- Expresó ocupando toda su fuerza de voluntad.

-No tienes idea todo el tiempo que he soñado con estar contigo, te quiero cómo a nadie he querido jamás, por favor San, hazme tuya, hazme el amor cómo nadie nunca lo ha hecho- Contestó con sus ojos verdes desprendiendo un brillo que Santana no había visto antes.

-Dios Q, no hay nada que quiera más en este momento-.

Esa fue la confirmación que Santana estaba esperando, no fueron las palabras de Quinn, fueron sus ojos verdes, el brillo, la sinceridad, esa trasparecía que la hacía darse cuenta que no había ninguna duda en la rubia de querer entregarse a ella por primera vez.

Con su mano derecha buscó el cierre del vestido, para una vez encontrado bajarlo con delicadeza y lo que vio cuando la prenda cayó al piso fue simplemente perfecto. No era primera vez que veía a Quinn en ropa interior, pero sí era primera vez que la veía sólo para ella, que la veía dispuesta a entregarse en cuerpo y alma.

-No creo que haya visto algo más hermoso antes- Murmuró-.

Quinn se sonrojó por el comentario, sabía que Santana había tenido a otras chicas antes y que le dijera eso la hacía sentir muy especial. Quiso estar en igualdad de condiciones así que buscó en el costado de Santana el cierre para quitarle cuanto antes el vestido. Admiró su cuerpo, ese color tan particular de su piel, sus rasgos, lo sexy que la hacía ver ese conjunto de ropa interior roja.

Ya no podía soportar ni siquiera un centímetro de distancia de Santana así que la volvió a besar de manera necesitada y provocativa, siguiendo con sus manos un camino hacía el broche del sujetador para desabrocharlo y poder tener acceso a esos dos perfectos pechos que por primera vez tocaba, disfrutaba pasando lentamente su dedo pulgar por los erectos pezones de su latina, descubriendo lo que producía con sus caricias, escuchando los gemidos que se filtraban entre los besos.

Besos que siguió por su cuello, hasta llegar al valle de sus pechos para degustar con calma cada espacio de piel.

-Quinn…- Gemía Santana-.

Santana se estaba dejando besar y acariciar por su rubia pero ella también tenía ansias de conocer el sabor de su piel, por lo que con habilidad le quitó el sujetador para acariciarla ella también.

-Vamos a la cama- Murmuró Santana en su oído tomándole la mano.

La rubia obedeció y Santana la acostó para ponerse sobre ella. Comenzó a besar desde su mandíbula, pasando por su cuello, mordiendo la parte del pulso lo que produjo que la rubia soltara un gemido y alzara sus caderas de manera inconsciente. La latina sonrió y siguió con sus caricias muy despacio, deteniéndose para darle la merecida atención a esos pechos que sentía que la llamaban rogando por su boca, los besó, pasó su lengua y los mordió delicadamente. Para luego seguir su camino hacía dónde quería.

Quinn estaba perdiendo la razón, nunca se había sentido tan excitada ni necesitada del cuerpo de otra persona cómo en ese preciso instante quería a Santana. Sentía cómo la humedad se había apropiado completamente de su sexo.

Santana retiró la última prenda que cubría el cuerpo de Quinn y el calor que emanaba de su entrepierna la hiso sin pensarlo mucho llevar su boca buscando el clítoris hinchado de su rubia que al sentir el calor y la lengua de su amante emitió un sonoro grito de placer.

-¡Dios San!- Exclamó alzando sus caderas ahora tomando un ritmo-.

Santana acelero sus movimientos dentro de su chica, ayudándose con su dedo índice para profundizar.

-Ven…aquí…-Le pidió con esfuerzo la rubia-.

La latina fue devuelta hacía sus labios pegando su cuerpo al de Quinn.

-Hazlo, te necesito dentro…-Murmuró mirándola a los ojos-.

La imagen de tener a Quinn entre sus brazos, con algunos mechones de cabellos pegados a su frente por el sudor, mirándola fijamente y con esa voz más ronca de lo normal que desprendía sensualidad la excitó más de lo que su cuerpo era capaz de soportar.

Deslizó su mano hasta llegar a dónde quería e introdujo un dedo para comenzar con pequeña embestidas, mientras Quinn atrapaba su labio inferior mordiéndolo cuando sintió que ya estaba dentro de ella. Santana no se pudo contener e insertó otro más acelerando la entrada y salida de sus dedos, mientras que con el pulgar estimulaba el clítoris. Quinn no reprimía ninguno de los gemidos que ya se habían transformados derechamente en gritos.

-¿Estás bien?- Preguntaba Santana-.

-Sí…mmm…continua…más rápido…-Le contestaba con la voz entrecortada-.

La latina se ayudaba con la cadera para profundizar los movimientos, sus pechos chocaban produciendo una fricción exquisita, las voces de ambas dejaban escapar palabras inconexas, entendibles solamente por el momento de pasión en la que estaban insertas. La rubia se aferraba a la espalda de Santana pasando sus uñas que dejaban pequeñas marcas, mientras que la latina escondía su rostro en la curva de su cuello mordiéndolo.

-Ya...ya…casi…- Gemía Quinn.

Santana buscó la mirada de Quinn, porque quería memorizar cada expresión en el rostro de su chica para cuando llegara al clímax. Lo que no tardó mucho en ocurrir, la morena sintió cómo se contraria en sus dedos, arqueaba su espalda, cerró los ojos para al segundo abrirlos brillantes y que un liquido cubriera su mano.

Se puso a su lado y Quinn se acomodó rápidamente apoyando su cabeza en su pecho.

-Nunca me había sentido así- Expresó la rubia una vez que recuperó el habla y su respiración- Siento que esta fue mi primera vez, eres simplemente alucinante.

-Tú también lo eres-Contestó con algo de duda en su voz-.

Quinn lo notó así que levantó levemente su cabeza para mirarla.

-¿Pasa algo?- Preguntó preocupada-.

-Hay algo que quiero preguntarte-.

-Dímelo-

-Yo quería preguntar esto antes de que estuviéramos juntas por primera vez…- Decía nerviosa-Pero las cosas se han dado así y…

-Ya dímelo-Presiono imaginándose cosas que no le gustaba debido al tono de voz nervioso de su latina-.

-Quinn…tú… ¿Quieres ser mi novia?-Preguntó desviando levemente la mirada-.

La rubia sonrió tontamente, feliz. Buscó sus labios nuevamente para responderle de esa forma.

-Nunca vuelvas a asustarme así, no puedes hacerle el amor a una chica y luego poner esa voz seria, ¡Me imagine lo peor!- Le dijo-.

-No me has respondido-.

-De verdad es necesario responder, me tienes desnuda en tus brazos, después de haberme hecho sentir cómo si miles de fuegos artificiales explotaran dentro de mí y…

-Sólo dilo- La interrumpió-.

-Sí Santana López, quiero ser tú novia- Respondió sonriente-.

Santana la besó para sellar de esa manera aquella perfecta noche, pero para Quinn eso aún no terminaba por lo que se posiciono encima de la latina y de inmediato bajó su mano.

-Quiero sentirte… - Susurró la rubia-

La latina notó a dónde se dirigía la mano de su ahora novia y no hiso más que ayudarla a quitarle la ropa interior que quedaba para que pudiera acariciarla con mayor libertad. Quinn aprovechó esa libertar explorando poco a poco eso que se sentía ardiente, suave y húmedo, tanto que dos de sus dedos no tuvieron problemas para entrar.

Todo eso para Quinn era totalmente nuevo, nunca antes había tenido ese control, esa sensación de plenitud al ver cómo Santana se retorcía bajo su cuerpo, rendida ante sus caricias, pidiéndole que estuviera más dentro, que la necesitaba justo ahí dónde su intimidad estaba siendo solamente suya.

Los movimientos de entrada y salida se fueron acelerando, Santana había ubicado su muslo hábilmente para que se friccionara con la entrepierna de la rubia lo que estaba produciendo que ambas lograran una armonía de sonidos agitados que se iban intensificando con cada movimiento. Una ligera capa de sudor las envolvía mientras el espacio entre ella era sólo el necesario para que la mano de Quinn pudiera seguir penetrando con sus dedos el sexo de su novia.

Se acoplaron perfectamente, danzando al mismo ritmo, intensificando para lograra llegar las dos al mismo tiempo al preciado orgasmo.

Quinn se quedó escuchando el corazón de Santana que latía acelerado, la mescla de aromas era sólo igualada por la mescla de sus esencias al haber llegado juntas al clímax.

-Dios Quinn, eso fue sensacional…- Murmuró Santana con clara dificultad al no poder controlar aún su respiración-.

-Lo fue, creo que esto es de lo que siempre hablan las personas cuando dicen lo que es hacer el amor- Contestó-

El gasto de energía les pasó la cuenta, por lo que se fueron quedando dormidas, abrazadas sin poder dejar de sentir el cuerpo desnudo de la otra, conectadas ya no sólo por los "te quiero", que se habían dicho, sino por haber compartido el acto más intimo que dos personas enamoradas pueden compartir.


Quinn abría los ojos con dificultad muy despacio para que los rayos del sol no le dieran de lleno. Sonrió al ver que era tal y cómo ella lo había imag"nado. Aquella habitación se llenaba de luz natural a esa hora de la mañana.

Su cuerpo lo sentía tibio, se giró con cuidado de no despertarla para observarla mientras dormía. Se veía más hermosa si eso era posible, irradiando serenidad. Le acarició el rostro con delicadeza para retirar algunos rebeldes mechones de cabello azabache.

-No ha sido el sueño más hermoso que he tenido, tú eres mi hermosa realidad-.


Espero haya sido de su agrado y dejen sus comentarios para saber si aún hay quienes leen. Gracias por su paciencia chicas!

Y nos estamos leyendo pronto!

Les dejo mi twitter para que me presionen si demoro mucho jaja

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